Un abrazo
25.04.08 @ 00:45:19. Archivado en Artículos
Por José María Arévalo

(Mi esposa, Concha María. Óleo de José Mª Arévalo, 1988. 64 x 54. Al fondo, vista de Sevilla desde la terracilla de su casa en Plaza de Cuba. La flor que prende en el pelo es la que llevó en nuestra boda).
Cuando se publicó, el pasado viernes, 18, el artículo “Tiempos de independencia”, de mi compañero Carlos Bustamante, que recogía mi petición de que encomendara a mi mujer, Concha María, que estaba muy grave, y les pedía a ustedes también lo hicieran, ella había fallecido ya, el día anterior, 17, a las siete de la tarde. Han pasado tantas cosas positivas que voy a necesitar varios artículos en este blog de Tres Foramontanos para contarlas, y también explicar lo muy agradecido que estoy al Señor por cómo se llevó a Concha María. Bien decía Carlos que Dios es Padre y sabe hacer las cosas como más nos conviene, aunque no sepamos por qué, y que en sus manos estamos. La verdad es que su fallecimiento fue tan bien, consciente del todo y aceptándolo, y dulcemente y sin dolor, que estos primeros días lo he llevado con mucho ánimo, por momentos “como una moto”, que dicen mis hijos, o “borracho, pero del Espíritu Santo” que me dijo un amigo -ya quisiera yo que fuera verdad-. Tanto que el sábado por la noche me puse a escribir este artículo, pero no llegué a comenzarlo porque no me funcionó el wifi, de lo que me alegré porque así estaré más moderado escribiéndo. Ahora ya empieza a costarme su ausencia; así que espero sigan echándome una mano. De momento tiramos para adelante, así que entre el comienzo del papeleo, el martes me fui a pintar al campo con los compañeros, y hoy tengo previsto hacer lo mismo. Bueno, empiezo a contarlo –no digo todo, pero sí lo más importante- reproduciendo el emilio que envié a familia, amigos y compañeros acuarelistas horas antes del fallecimiento, lo que me permite sea más fácil este primer artículo, y un desahogo.
Aquel, como casi todos los días de hospital, me había ido a casa a comer y dar una cabezadilla, lo que me dejaba como nuevo, gracias al turno que me hacía el numeroso grupo de amigas de Concha M., a las que estoy agradecidísimo porque para ellas era la peor hora y obligaba a desatender a sus familias -algo más contaré de esto-. No podía dormir así que abrí, por primera vez en las dos semanas que llevaba de hospital, el correo electrónico, y escribí y remití – que me perdonen los que omití en el envío, por falta de orden en mis relaciones de emilios, y los que lo recibieron por desvelar mensaje tan personal- lo siguiente:
“Como en dos semanas, desde que ingresaron a mi mujer, Concha María, no he podido abrir el correo, veo ochenta mensajes que no podré contestar de momento, así que os informo a todos de que ahora mismo está ya terminal, casi en coma, pues la metástasis se ha expandido por todas partes. No tiene dolor, aunque acaban de ponerle un poco de morfina porque tenía ya la respiración dificultosa.
Cuando hace cuatro años supimos de su cáncer, pedimos al Señor, por intercesión de D.Alvaro del Portillo, prelado del Opus Dei en proceso de beatificación, una prórroga para acabar de « criar » a nuestros hijos, y nos la concedió. Se han casado tres de ellos y justo antes de ingresar Concha M. fuimos abuelos de una niña riquísima. O sea, misión cumplida para Concha, que ha aceptado todo como la mujer fuerte de la Biblia, un ejemplo para todos nosotros, y espero le sirva para saltarse el purgatorio a la torera, como decía San Josemaría.
A la familia que no vive cerca les he propuesto que, en vez de venir al funeral –donde no podré atenderles casi porque estará a tope, ya que Concha fue directora de colegio y conocida por medio Valladolid-, les vaya yo a ver pasadas unas semanas, y lo celebremos, que es lo que creo lógico hagamos los católicos. Hago extensiva esta oferta, y además dispuesto a llevarme los trastos de las acuarelas bajo el brazo, y pintar con los de vosotros que compartís la afición, y reanudar así mi profesión de jubilata.
Bueno, no está todo resuelto aún, así que encomendad fuerte, cada uno según su convicción, para que se cumpla todo ello, especialmente lo de que disfrute del Señor lo antes posible.
Un fuerte abrazo.”
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