Tras mi vidriera

Ha muerto Carlos Muñiz

01.12.18 | 18:45. Archivado en Acerca del autor

Hace ya algunos días que murió este jesuita singular, pero no quiero dejar pasar la ocasión sin decir una palabra sobre él. Merece la pena.

Gran escritor
La singularidad mayor de Carlos Muñiz era que fue un gran escritor, mejor de lo que él por supuesto aparentaba y de lo que la fama externa le solía reconocer.

Cuando leí un primer libro suyo, quedé del todo sorprendido de lo bien que usaba el lenguaje. El libro creo que fue Los caballeros del hacha, una novela ambientada en Lima, donde tuvo un corto tiempo de destino como jesuita, pero que es un claro libro de autor andaluz, que le valió el Premio Angel Ganivet de la Universidad de Granada. En ese libro demuestra ser un escritor de raza, con ambición creativa y poderío de la lengua.

Pero en lo que llegué a descubrir más su potencia literaria es en algunos de sus cuentos. Escribió muchos, y en ellos revelaba una finura literaria muy poco normal. Alguna vez le oí decir que él era perezoso para escribir, y tal vez por ello trabajó más el cuento que la novela, que necesita más arrestos (además de la que ya he citado, sólo publicó El llanto de los buitres). En el cuento resulta más difícil hacerse literato muy famoso, pero dicen los críticos que es donde mejor se reconoce la valía del escritor.

Otra cualidad que descubrí en sus escritos es lo bien que reflejaba los ambientes populares, sobre todo la vida de su terruño de la sierra de Huelva. (Nació en Rosal de la Frontera, y posee allí una plaza dedicada; tiene familia en Galaroza, pero él se identificaba mucho con el más famoso Jabugo, donde creo que también vivió). No sé en cuál de sus libros tiene un recuento de vocabulario específico de la sierra y, más en general, de toda Huelva y Andalucía, que merecería ser ahora reproducido póstumamente.

Por su auto reconocida pereza para escribir, creía que tenía menos obra publicada. Pero en la semblanza "oficial" jesuítica que ahora ha hecho pública su amigo y algún tiempo Superior, Guillermo Rodríguez-Izquierdo, enumera hasta quince libros suyos, literarios los más y algunos de temática religiosa. El escritor Antonio Burgos le ha dedicado una de sus columnas en el ABC de Sevilla, en la que le llama "inquieto, animoso e ilusionado", le proclama "capellán laico de aquella generación de novelistas andaluces", cuando a éstos "les dio por ganar todos los premios importantes de la novela en España". Ahora todos han reconocido que Carlos Muñiz fue el creador del término "narraluces", que identifica a la no corta promoción de escritores andaluces de la época.

Hay un directo estudio literario de Carlos Muñiz, el de María Teresa Mérida, Análisis crítico de la novelística de Carlos Muñiz Romero (de su segundo apellido se preciaba él mucho, por lo que tiene "romero" de poético). Particularmente acertada me parece una cita que ahora he visto de Manuel Moya, al referirse a Carlos Muñiz como "uno de los narradores más brillantes y acaso divertidos de la actual literatura en español", añadiendo que "ha conseguido transmitir en sus cuentos y en sus novelas el pálpito, la atmósfera vital de esta tierra. Cultivador de un estilo rico y de muy singular viveza, minucioso y siempre lleno de tensión narrativa, que combina con rara habilidad el humor con la tragedia". De muy pocos escritores se podrá decir con verdad un elogio tan encendido.

Buen religioso
Licenciado en Derecho antes de hacerse jesuita, literato notorio, más conocido tal vez entre la población general por su punzante comentario diario en Radio Popular, y por sus anuales acompañamientos con la palabra a las procesiones de Semana Santa que en Sevilla es tal vez lo máximo a lo que puede aspirar un locutor radiofónico, Carlos Muñiz era además y sobre todo un buen religioso.

Muy chispeante siempre en su conversación, apasionado incluso al discutir cualquier tema banal, alegre y jocoso normalmente en la vida diaria, contaba además con la total confianza de la Compañía de Jesús. Así lo demuestran los cargos de responsabilidad que le fueron confiados durante toda su vida: Superior de los jesuitas largas temporadas en Málaga y Córdoba, Director de un Colegio Mayor, Delegado del Provincial para los Medios de Comunicación Social, Asesor oficial de los Superiores, experto en apostolado familiar... Siempre unió de forma notable el carácter jovial en la via diaria con la seriedad en los trabajos que asumía o que le fueron encomendados.

El secreto de la personalidad última, probablemente radique en su honda espiritualidad religiosa. Puedo dar testimonio del entusiasmo contagioso a la persona de Jesucristo que trasmitía, por unos lejanos Ejercicios Espirituales que hice con él hace muchos años en Las Palmas de Gran Canaria. Es el mejor recuerdo que conservo de Carlos Muñiz Romero, al que ahora deseo que descanse en paz para siempre.


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