Tras mi vidriera

Descanse en paz el obispo Setien

12.07.18 | 09:40. Archivado en Acerca del autor

La foto, junto a la ikuriña, ya expresa la parcialidad con la que se ha solido mirar siempre la figura del obispo José Mª Setién. La noticia ahora de su muerte ha seguido dividiendo la opinión.

ABC ha titulado: "Ha muerto el obispo que desamparó a las víctimas de ETA", y el miembro del PP, Borja Sémper, se ha atrevido a formular:"Ha fallecido quien demostró que se puede ser obispo sin creer en Dios". Frente a estos testimonios tan negativos, en el día mismo de su muerte, el presidente vasco Urkullu afirmó que fue "un hombre que sembró la convivencia", "seguiremos fortaleciendo esa semilla", y lo presentó como ejemplo "en la Iglesia y en Euskadi". La disparidad de opiniones perdura tras su muerte. "Controvertido" es el adjetivo que más se ha repetido al informar sobre su muerte.

Para confirmar que su pontificado fue realmente controvertido, no hace falta acudir a las hemerotecas para recoger las opiniones vertidas por el obispo Setién a lo largo de sus más de veinte años como responsable de la diócesis de San Sebastián. Sin referencias minuciosas y sólo con el recuerdo de una actividad que siempre seguí con interés, me parece justo destacar ahora algunos aspectos positivos de este obispo, que tal vez ahora resulten incluso más claros y positivos que lo fueron durante toda su vida:

1.- Aun los menos comprensivos con su figura, todos reconocen que Setién siempre se mostró absolutamente crítico con la violencia armada de ETA. Su supuesta simpatía hacia los independentistas nunca le conduzco a condescender con el terrorismo violento. Reiteradamente solicitó públicamente a los miembros de ETA que abandonasen el uso de las armas.

2.- Es cierto que su condena de la violencia de ETA estuvo normalmente mezclada con la condena también de la supuesta violencia de los perseguidores de la ETA. Esta equidistante ambivalencia siempre molestó mucho a lo enemigos de Setién. Igualmente se le tacha mucho de poca cercanía con las víctimas del terrorismo, una condena que actualmente también se repite contra las medidas políticas que algunos ven conveniente implantar ahora en Cataluña.

3.- El reconocimiento de Setién de que, junto al problema del terrorismo estaba también el problema político, molestaba mucho escucharlo de sus labios o de su pluma en aquellos momentos tan violentos, pero en estos días tal vez resultaría más comprensible cuando se está repitiendo hasta la saciedad que el problema catalán encierra un problema penal pero reviste también un aspecto político, que hasta hace muy poco no había disposición para contemplar.

4.- Incluso en este momento de su muerte, se ha recordado que su jubilación como obispo de San Sebastián resultó un poco precipitada. No se puede dejar de tener en cuenta, con todo, que no hubo condenación expresa oficial alguna a su actuación y que los aires que entonces se respiraban en el Vaticano no eran desde luego los mismos que allí dominan ahora, aunque resulte imposible retrotraer el pontificado de Francisco hasta aquella época para imaginar cuál hubiese sido su valoración de la figura y el talante de Setién.

5.- Que recuerde, nunca hubo en el país vasco de aquellos años una ruptura de la postura oficial de los obispos y de la Iglesia en general, como sí ha ocurrido sin embargo recientemente en Cataluña.

6.- La Iglesia vasco navarra manifestó en aquellos años un signo importante de unidad con unas anuales pastorales cuaresmales, que, más allá de lo estrictamente coyuntural, penetraban con mucha seriedad en temas profundos de teología y pastoral, constituyéndose en instrumentos muy útiles para todo el resto de la iglesia y de la sociedad españolas. Se publicaron cada año estas pastorales conjuntas en pequeños volúmenes, que todavía resultan de gran utilidad fuera incluso de aquellos territorios.

7.- En aquella actividad conjunta de los obispos vasco-navarros de aquellos años tuvo un participación muy importante el obispo Setién, un hombre muy bien formado previamente -en el famoso entonces Seminario de Vitoria y en la Universidad Gregoriana de Roma- y que antes de ser obispo ejerció además importante magisterio en la Universidad Pontificia de Salamanca. De mis lejanos estudios de filosofía, todavía recuerdo que a Setién se le citaba como importante autoridad ética en aquellos años.

Tras estos pocos recuerdos, superando las confrontaciones que todavía se están manejando, sólo cave esperar y desear que don José María Setién descanse ya definitivamente en la paz del Señor.


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