Tras mi vidriera

Condiciones para el diálogo y el discernmiento

04.11.17 | 19:07. Archivado en Acerca del autor, Sociedad y evangelio

Nunca se ha hablado tanto de la necesidad del diálogo y nunca se ha estado tan lejos de ponerse en actitud de diálogo. El procés catalán ha puesto en evidencia que el diálogo no resulta posible cuando no se juega el partido en el campo adecuado, cuando no se ponen las condiciones mínimas para poder establecer una comunicación que conduzca al diálogo.

El discernimiento es más que diálogo, es el procedimiento ignaciano para descubrir lo que hay que hacer en situaciones difíciles de la vida. El Papa Francisco ha popularizado mucho este término, desde antiguo usado en los tratados de espiritualidad y en el argot interno de los jesuitas. El término resulta huidizo en la práctica, porque se trata nada menos que de averiguar lo que conviene hacer en sintonía con la voluntad de Dios.

Aunque aplicar la teoría del diálogo y del discernimiento al momento actual de Cataluña y España resulta del todo utópico, pero para que resalte por contraste, sí puede resultar ilustrativo analizar las condiciones que debe tener el diálogo para que conduzca a un discernimiento de las decisiones que conviene adoptar en situaciones complejas y difíciles de afrontar.

[En este momento resulta asequible abordar esta materia, exponer las características del discernimiento, porque el actual P. General de los jesuitas, el venezolano Arturo Sosa, acaba de escribir un extenso informe de siete folios "sobre el discernimiento en común", una carta interna dirigida a los jesuitas del mundo para orientar el trabajo de descubrir las preferencias apostólicas universales que orienten el trabajo futuro de la Compañía de Jesús, cumpliendo las directrices dadas por la última y reciente Congregación General 36, en la que se realizó precisamente el nombramiento de este P.General.

Sin entrar en las cuestiones internas de los jesuitas, puede resultar útil exponer las características del buen discernimiento, para aproximar así esta visión al momento actual de España y dejar claro lo lejos que esta situación está actualmente de los planteamiento utópicos ideales.

Dos peligros a evitar
De dos peligros alerta este documento, para evitar caer en ellos durante todo el proceso del discernimiento.

El primero es decir que se pretende el diálogo, sin estar dispuestos a adoptar las posturas y las actitudes necesarias para ello. El documento dice que conviene evitar acudir al diálogo y al discernimiento por rendir tributo "a la moda de las técnicas de desarrollo corporativo". Decir que se pretende la búsqueda en común de una soluciones queda bien, y por esto se formulan muchas alusiones al diálogo sin entrar de verdad en un auténtico discernimiento de lo que conviene hacer.

La forma más frecuente de caer en el anterior peligro es plantear la necesidad de diálogo y discernimiento cuando ya se tiene adoptada la decisión sobre el tema que se pretende someter a revisión. Este es el segundo peligro que vicia de raíz cualquier intento de diálogo, el acudir a la reunión con la decisión ya cerrada, con las conclusiones finales ya previamente decididas por el grupo o la persona que presume de querer dialogar.

Sorprende la actualidad que tiene en el momento actual de España y Cataluña la concreción de estos dos peligros, formulados en un documento que no piensa para nada en la situación española.

Propiedades del discernimiento
Semejante cercanía a la situación actual española tiene la referencia a las propiedades que debe tener el proceso de un discernimiento.

Por lo pronto se repite siempre la fórmula de "discernimiento en común", pues no se trata de un proceso paralelo de dos personas o entidades que se sitúan unos en frente de los otros para defender las propias opiniones, sino que ambos participantes deben acudir para encontrar entre los dos el camino inmediato a seguir.

Enumero las características que debe tener todo este proceso, entrecomillando las citas literales del documento:

1. "Escoger bien la materia". No toda decisión requiere la práctica del discernimiento, pues para que este proceso resulte válido resulta preciso que se arranque "sin tener claro qué conviene hacer, cómo hacerlo o cómo hacerlo de la mejor manera posible". Por esto resulta imprescindible precisar bien el tema sobre el que se quiere dialogar. De esta forma "se evita la banalización de llamar "discernimiento" a cualquier modo de justificar decisiones".

2. "Saber quiénes y por qué participan". Todos -cada uno y los demás- deben saber y aceptar el tema y las condiciones del discernimiento, sin arrancar desde posturas desconocidas o diferentes.

3. "Libertad interior". Totalmente indispensable es acudir al proceso con "el desapego a lo propio para asumir el bien mayor de todos", dispuestos a "salir de su propio amor, querer e interés" [Ejercicios 189] y estar convencidos que se puede "crecer como personas (y entidades) en la relación gratuita con los demás".

4. ""Unión de ánimos"". Una expresión típicamente ignaciana para referirse a "la confianza de unos en otros para motivar la participación activa de todos".

5. "Conocimiento de cómo se discierne". El procedimiento ignaciano precisa con detalle las diversas formas de realizar el proceso de discernimiento. Sin entrar en su descripción técnica, sí conviene destacar la importancia que tiene para los participantes el conocer y aceptar las reglas del juego.

6 y 7. Poner todo en común. No se puede acudir al proceso con defensas y cortapisas, sino con total apertura a los demás. En el proceso ignaciano, encaminado directamente a buscar la voluntad de Dios, lo que hay que poner en común es "la oración" y lo que hay que practicar con los demás es la "conversación espiritual".

8. "Práctica sistemática del examen". El examen es también un termino ignaciano, pero aquí tiene el alcance más general de someter continuamente a revisión lo que el participante está haciendo o exponiendo.

9. "Establecer cómo se toma la decisión final". Muy importantes es esta última característica del buen proceso de diálogo y discernimiento: "desde el comienzo mismo del proceso debe establecerse con claridad y todos deben saber y estar de acuerdo en cómo se llegará a la decisión final"; es decir, no se pueden cambiar las reglas de juego durante el partido y hay que asumir desde el principio las formas de actuación establecidas.

¿Utopía imposible?
Con independencia del momento actual español, la exposición de las condiciones que debe tener el proceso de discernimiento tal como lo expone el documento de Arturo Sosa, tiene interés por sí misma.

Pero además, en la presente situación de España es bueno reflexionar si este proceso ideal de diálogo y discernimiento es una utopía del todo imposible o si es algo a lo que, en algún momento más o menos cercano, habrá que acudir para hacer posible una sana convivencia.


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