Transversal

Grupos de poder

30.03.16 | 17:11. Archivado en actualidad

Es difícil resumir en un solo post los diferentes grupos que manejan los hilos de la política europea. Mercados, grandes empresas y lobbies ideológicos variados se disputan el poder en una Europa decadente y envejecida. Lo más preocupante de la Europa actual es que conviven cuatro bloques ideológicos potentes, que hoy ven muy fácil controlar Europa. Y los cuatro son totalitarios. Es decir, se quieren cargar las democracias europeas, débiles, vulnerables y enfermas, porque lo ven factible.
El primer grupo tiene poco recorrido, pero en este momento es el que tiene más poder fáctico. Quieren mandar sobre el mundo entero, y viven de la economía global. Está formado por grandes fondos de inversión, grandes fundaciones, CEOS y dueños de grandes empresas, muchos de ellos gays. Financian y compran universidades y medios de comunicación, y van imponiendo su ideología a golpe de talonario y de financiación de las grandes deudas de empresas y países. Es el conglomerado de negocios pansexualista y relativista, que maneja inmensas cantidades de dinero, y promueve la ideología de género como una nueva religión. Ahí están no solo europeos, sino grandes capitales y lobbies americanos. Han comprado medios de comunicación –prácticamente todos-, controlan muchas de las agencias de la ONU, y se dedican a jugar con lo que algunos llaman el NOM. Se las dan de garantes de la democracia, como todos los totalitarios. Está condenado a desaparecer o a diluirse, pero de momento ha realizado una tarea brutal: dejar a Occidente sin valores morales. Sus miembros se creen que pueden controlar la política internacional, la economía global y que el mundo está a sus pies. Como consiguen que la extrema izquierda de salón de las universidades europeas les siga como perritos falderos, piensan que pueden crear guerras y revoluciones… y pararlas a voluntad. Son analfabetos funcionales que no leen historia. Ricos, pero no sabios. Acumulan tantas frustraciones como dinero, en eso se parecen a los millonarios islámicos, y mantienen una forma de ver el mundo que es un gran cruce entre inmadurez, afán de poder, y obsesión por frenar el incremento demográfico, que les molesta enormemente. Es que son ricos, y como dice Chesterton, les molesta la gente. El “populacho” sobra.
El segundo grupo ideológico es el Islam. Otros con complejo de inferioridad y muchísimo dinero. Nunca he entendido a los millonarios frustrados y con complejo de inferioridad, pero son legión. El Islam es un grupo multiforme, heterogéneo y siempre en guerra consigo mismo, pero es monolítico en sus objetivos: recuperar el poder mundial a través de un califato, el que sea. El petróleo les ha devuelto expectativas, y han decidido que quieren poder. En ese grupo se encuentra Turquía, que no tiene petróleo, pero tiene mucha población y mucha capacidad. Este grupo se desangra y se fortalece al mismo tiempo en una guerra interna entre sunitas y chiitas. Su gran fuerza es la demografía –la carne de cañón-. Tienen un ejército de fieles dispuestos a muchas cosas. Quieren controlar Europa ahora porque la ven decadente, vulnerable, apetecible. Con Obama llegaron a un acuerdo para que les dejara Oriente Medio a cambio de tranquilidad. Nueva versión del acuerdo de Yalta entre Roosevelt y Stalin (Churchill fue el tonto útil del trío). Obama concedió a los saudíes la zona de Oriente Medio y Egipto, a cambio de Osama y de que le dejaran en paz. Craso error. De ahí surgieron las presuntas “primaveras árabes”. Han prendido fuego a la zona, y de rebote a Europa. Todos los grandes lobbies islámicos con dinero están involucrados en el terrorismo de una forma u otra, porque todos piensan sacar tajada. No les basta Oriente Medio ni con echar a cualquier cristiano de territorio musulmán: quieren Europa. Quieren rapiñarla porque hoy más que nunca se dan cuenta de que el chollo petrolífero se termina, y es la última oportunidad que les queda de conseguir poder. Se pelean entre ellos, pero cuidado, no se exterminan. Ganará una facción y mientras, nos devorarán a los demás. Les gusta la violencia.
Los otros dos grandes grupos son emergentes y menores, al menos de momento. El neo-comunismo populista que juega con los dos grandes grupos anteriores, con el fin de pillar algo de poder y resurgir, y el nacionalismo identitario fascista. Fascista, pero en muchos casos, excomunista, como ya sucedió en los años 30. Son grupos populistas. A los de izquierda les queda poco recorrido, porque cuando llegan al poder –como en Grecia-, tienen que bajar la cabeza ante los mercados, porque no tienen un duro. A los mal llamados de extrema derecha, se les presenta un futuro prometedor. Todos esos grupos ocupan escaños en el parlamento, todos crecen y no menguan. Todos van suavizando sus posturas iniciales, limando aristas, y ocupando espacios políticos de los antiguos partidos, tanto de izquierda como de derecha. Detrás de ellos, aunque no lo parezca, Putin aguarda. Marine Le Pen puede llegar a ser el líder y gran catalizador de un movimiento que sería apoyado por Rusia sin problemas. Se nutre del gran rechazo que causa en capas amplias de la población europea la actuación de los dos grandes grupos anteriores. Actuación muchas veces al margen de la ley, que queda sistemáticamente impune y ante la que ceden las democracias y los poderes judiciales de los distintos países sin parar. La debilidad ante ellos, la corrupción de los valores, la destrucción de la identidad europea hace que estos identitarios fascistas tengan un éxito enorme.
Multiculturalidad y LGTB pretenden imponer patrones vitales que no gustan a demasiados. La mayoría silenciosa y despojada no va a salir a tirar piedras a nadie. Es silenciosa. Les llamarán xenófobos y homófobos. Pero cuando la crisis económica se agudiza, el terrorismo de alta o baja intensidad se generaliza, y el Estado cede ante lobbies ideológicos ajenos a su modo de ser y de vivir, la gente se asusta. Y recurre a los grandes oradores populistas que les prometen mano dura y vuelta a los orígenes. Así empezó la segunda guerra mundial –que fue una gran guerra civil europea-, y así se está gestando la tercera.
Y creo sinceramente que alguien tiene que poner cabeza y sentido común, si quieren encontrar una solución antes de que todo estalle. Y lo primero que puede estallar es la UE.


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