Muy peligroso el poscomunismo

El tiempo que les ha tocado vivir bien merece un aplauso. Lejos de guerras e ideologías obsoletas. Parece que nos valió para templarnos unas décadas, tras las guerras mundiales, la civil española, las dictaduras fascistas y comunistas, cada cual más dolorosa.
Yo, inocente de mi, pensaba que estas cosas pasadas donde tantos murieron por el camino era cuestión de analfabetismo y necesidad. Unas por las unas, y a falta de unas, valientes eran las otras.
Pensaba que la sociedad de bienestar, con la cultura por bandera, impregnaba a la masa de criterios lejos de la lucha física y armada. Y que el entendimiento podía ser posible con argumentos. A falta de estos, buenos eran los consensos.
Karl Marx teorizó unas bases mediante diagnósticos económicos y sociales. Años más tarde, algunos se han encargado de politizarlas abanderándose en pro de cualquier tipo de derecho sobre el resto. El movimiento obrero ha sido uno de ellos, no por el movimiento, sino por la connotación ideológica sobre el resto que no piensa como ellos.
Esta misma práxis fue copiada por nacionalistas, en cuya base argumental pesaba el rechazo ideológico a lo contrario. Así podríamos decir cientos y miles de movimientos que impregnan la sociedad, desde la gran capital hasta el último pueblo, generando esa eterna confrontación y rivalidad.
Estas causas están siendo perdidas por estos mismos agitadores sociales, bien gracias a la aplicación del derecho en todas sus vertientes como en cuanto al desarrollo de lo económico, fiscal y monetario.
Ahora, parece que algunos comienzan a entender que no fueron los ricos quien se aprovecharon de los pobres, sino los listos quienes se aprovecharon de los tontos. Y un listo podía ser rico o pobre al igual que un pobre. Su condición económica y estatus no define el carácter y la buena o mala fe de la persona. Este es un paso que se está consolidando.
El desarrollo actual, la cuarta revolución industrial que está sucediendo gracias a lo tecnológico, está generando un cambio de modelo de producción, de hábitos de consumo, de justicia social y de equidad fiscal entre otras, que desenmascara lo politizado.
La contraindicación es la precursión del individualismo como sociedad y no el colectivo. Lo global puede estar en peligro y se inicie un retorno a lo propio. Valores como la solidaridad y la empatía pueden estar en extinción.
Puede que Europa y el mundo tome conciencia. Desarme lo politizado y acuñe bases culturales de criterio científico. Lo contrario es la justificación de todo, la proliferación de los derechos frente a las obligaciones y la petrificación del absurdo.

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