Ni sentimiento ni razón, ¿secesión?.

El claroscuro catalanista se desboca por minutos en esta última semana electoralista.
La lucha divergente entre los independentistas y los convergentes genera guerras dialécticas propias de adolescentes, ciegos por orgullo y convicciones perdiendo las formas y las razones,si acaso las hubo.
No se trata de avivar más el fuego ante tales enfrentamientos carentes de sentido y rigor, pero merece al menos plantear la situación desde un punto de vista real y vital, el económico.
Tampoco se trata de hacer una lista con los pros y los contras de unos y otros, pero si quizá,debería reflexionarse quien pagará qué en caso de, cuestión que poco importa en estos momentos.
Los que se pierden en sentimientos y los que se protegen bajo razones, harán fluir en un saco roto y poco explicable para nadie los motivos de semejante esperpento y resultado de facto impresentable para todos, la secesión. Ésta probablemente más de derecho que de hecho, generando flecos jurídicos, sociales, políticos y económicos imposibles de redifinir.
Cataluña muy a la deriva emocionalmente por sus dirigentes, tendrán que asumir determinados papeles transformando su discurso al más fiel estilo Tsipras.

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