El FINUL conocía desde hace unos meses la ubicación del escondite de cohetes Katyusha que explotó al sur de la aldea libanesa de Hirbet Salim, informó una fuente gubernamental en Jerusalem.
La fuente destacó que la fuerza de la ONU tenía información precisa sobre el lugar y una serie de otras instalaciones en las que Jisbulá almacena cohetes, pero que no hizo nada.
Un debate está programado en el Consejo de Seguridad de la ONU para finales de agosto sobre la renovación del mandato del FINUL en el sur de Líbano, e Israel espera que la explosión demuestre la necesidad de reforzar a la fuerza.
El gobierno cree que el FINUL podría afinar sus reglas de compromiso y actuar con más fuerza con el Ejército libanés en las aldeas del sur de Líbano.
Los funcionarios gubernamentales que se ocupan de la cuestión de Líbano dicen que los soldados de la ONU encuentran terroristas de Jisbulá y son detenidos por ellos, pero los hechos no aparecen en los informes presentados al Consejo de Seguridad.
Se informó que residentes en la zona impidieron que los soldados del FINUL revisaran un sitio abandonado cerca del edificio que explotó la semana pasada, en la que se cree que el grupo terrorista almacenaba armas en contra la resolución 1.701 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.
Un oficial de seguridad libanés explicó que docenas de civiles rodearon los vehículos de la ONU y bloquearon la carretera que conduce al edificio. Las fuerzas del FINUL se retiraron con la ayuda del Ejército libanés.
Mientras tanto, Jisbulá permitió a doce civiles libaneses, incluidos niños, infiltrarse en territorio israelí en el Monte Dov, cerca de granjas de Sheba, retornando a Líbano poco después. Tzáhal comunicó que no respondió porque los civiles estaban desarmados y no resultaban peligrosos.
Las fuerzas israelíes fueron puestas en alerta y el Ejército informó al comando del FINUL de la cuestión, pidiéndoles intervenir.
Funcionarios de seguridad civil comentaron que la incursión estaba destinada a desviar la atención de la explosión, que avergüenza a Jisbulá, ya que reveló la presencia de armas en el sur de Líbano.
En las fuerzas del FINUL participan tropas españolas.
El gobierno socialista no quiere problemas con los islamistas, ya sabe como las gastan con los españoles, el atentado del 12 de abril de 1985, con Felipe González como presidente del gobierno, el 11-M del 2004, con José María Aznar como presidente del gobierno, y en una lista de atentados fallidos.
El gobierno socialista no quiere problemas con los islamistas, ya sabe como las gastan con los españoles, el atentado del 12 de abril de 1985 en el restaurante el Descanso –Madrid- , con Felipe González como presidente del gobierno, el 11-M del 2004, con José María Aznar como presidente del gobierno, y en una lista de atentados fallidos en Barcelona y otras ciudades españolas, estando en el gobierno José Luís Rodríguez Zapatero.
El gobierno socialista, no sus fans, saben que los islamistas están dispuestos al combate yihadista para reislamizar Al-Andalus, territorio que consideran profanado por los cruzados españoles y portugueses.
A pesar de los inventos del Teveo de Zapatero, de sus alianzas de civilizaciones y otros cuentos de consumo interno español para ganar elecciones a nivel nacional, el presidente del gobierno socialista español está informado de la voluntad bélica y terrorista islámica.
Zapatero quiere ganar tiempo con una actitud diletante y humillante con los islamistas, actitud más cercana al colaboracionismo que a la defensa de los valores democráticos.
El perfil que llevan las tropas del FINUL es bajo y tolerante con los islamoterroristas por el miedo a que estos actúen islámicamente en Europa en general, y en España en particular.
Sábado, 2 de junio
Doctor Shelanu
Vicente Torres
Vicente A. C. M.
Juan Fernandez Krohn
Manuel Molares do Val
Francisco Rubiales
Rufino Soriano Tena
Pedro Fernández Barbadillo
Paco Sande
Julio César Izquierdo
Raúl González Zorrilla
José Pómez
Carlos Ruiz Miguel