Los británicos se opusieron a la migración de judíos a Tierra Santa, favorecieron a las organizaciones terroristas árabes y a la comunidad árabe procedente de la Gran Siria, que nunca había sido independiente –ni nunca lo pretendieron- en tiempos de la ocupación turca, que a partir de la Guerra de los Seis Días –en 1967- devino súbitamente en palestina.
Proporcionaron armas, dinero e información a los árabes.
Los británicos se negaron a votar a favor de la independencia de Israel, y quebrantaron sus promesas de crear un estado judío en la tierra comprendida entre el río Jordán y el mar Mediterráneo, y otro árabe desde el margen oriental del río Jordán, llamado Transjordania.
Los árabes de Transjordania, así como la mayoría de países árabes expulsaron a los judíos que vivían en tierra árabe, la mayoría desde hacía milenios, mucho antes de que los árabes abrazaran el Islam.
Los británicos cambiaron ante los intereses petroleros y sus vastas relaciones con el mundo árabe. Lo que le inicialmente correspondía a los judíos fue dividido para los árabes y los hebreos.
Los árabes rechazaron que los judíos pudieran tener un solo metro cuadrado de territorio.
Los países árabes vecinos se embarcaron en sucesivas guerras contra Israel, desde el mismo día de la independencia del estado hebreo, 14 de mayo de 1948, pero Israel salía victorioso y podía recuperar mayor parte de su territorio.
En 1948, Egipto se apropió la Franja de Gaza y Transjordania ocupó Samaria y Judea –Cisjordania- y parte de Jerusalem (Transjordania cambió el nombre por Jordania).
Los judíos no expulsaron a los ocupantes árabes, otros árabes huyeron del conflicto árabe-israelí esperando que los países árabes aniquilaran a los judíos, pero sus ilusiones –alimentadas por el exterminio nazi- de que los judíos fueran destruidos y aniquilados fueron en vano.
Los británicos también encubrieron a prisioneros nazis y entorpecieron la persecución penal de los criminales
El servicio de inteligencia británico encubrió a prisioneros de guerra nazis, cuyos delitos averiguó a través de escuchas secretas, para evitar que se descubrieran sus métodos de espionaje, según medios alemanes.
En el estudio "Agencias de inteligencia aliada y el Holocausto: Información adquirida de los prisioneros de guerra alemanes" del historiador británico, Stephen Tyas, se informa que el servicio de inteligencia británico comenzó a grabar las conversaciones privadas de los prisioneros de guerra alemanes a comienzos de la Segunda Guerra Mundial, con el objetivo de recabar información técnica que pudiera ser utilizada en la lucha contra el Tercer Reich.
Las transcripciones de esas cintas, que no se divulgaron hasta treinta años después del fin de la guerra, revelan el conocimiento que algunos de los presos tenían acerca de los crímenes nazis, bien por haber sido testigos de los fusilamientos masivos y las cámaras de gas o bien por haber oído hablar de ellos a otros compañeros.
El informe destaca que "los británicos ayudaron a los criminales" y afirman que los servicios secretos ingleses "entorpecieron" la persecución penal de delincuentes nazis después de 1945 para evitar que se pusieran en tela de juicio sus "polémicos" métodos de investigación.
Apuntan que, una vez terminada la contienda, más de 20.000 documentos, en los que los presos aludían a los crímenes del Tercer Reich, fueron clasificados como "alto secreto" por el servicio de inteligencia, para evitar que se descubriera cómo habían accedido a esa información.
Sábado, 2 de junio
Doctor Shelanu
Paco Sande
Vicente Torres
Vicente A. C. M.
Juan Fernandez Krohn
Manuel Molares do Val
Julio César Izquierdo
Francisco Rubiales
Raúl González Zorrilla
Pedro Fernández Barbadillo
José Pómez
Carlos Ruiz Miguel
Antonio Cabrera