Comunismo, Nazismo, e Islamismo son los tres movimientos de masas terroristas y totalitaristas de los siglos XX y XXI.
Los tres totalitarismos comparten el odio y miedo a la libertad, odio contra la alteridad, contra la crítica, contra la discrepancia, contra la vida, contra la disparidad.
Los tres totalitarismos han querido y quieren cambiar el mundo mediante la violencia, el terror y la guerra.
Los tres totalitarismos se erigen a si mismos como salvadores de la humanidad y para ello no dudan en exterminar a la humanidad. Para estos totalitarismos el fin justifica los medios.
Los tres totalitarismos se enorgullecen de sus borracheras de sangre.
El comunismo prometía un “nuevo mundo”, y “el nuevo hombre socialista” y para ello ha eliminado a más de 100 millones de personas, y de fracaso en fracaso ha llegado a la derrota final.
Ha pesar de estos descalabros, todavía pervive en Occidente gente ilusa y fanática que esperan reavivar estos dos totalitarismos, refregándose en los rescoldos que persisten debajo de las cenizas estas dos dictaduras.
El Islamismo, renacido en la segunda década del siglo XX, en Egipto por los Hermanos Musulmanes, y diseminado por todo el mundo musulmán, aspira a la conquista religiosa del orbe y ha prometido a los musulmanes el dominio completo de la tierra y un nuevo mundo musulmán. Para este fin necesita reislamizar las tierras que ocuparon durante algún tiempo, Israel -durante la ocupación musulmana otomana fue la provincia sureña de la Gran Siria-, España y Portugal -territorios constituyentes del Al-Andalus-. Israel es considerado por los islamistas la "cabeza" dirigente del "cuerpo cristiano". El odio contra Israel es porque Israel es y existe, no por como Israel es
Los tres movimientos terroristas de masas se atraen y odian mutuamente, se han aliado y se han traicionado constantemente. Los tres movimientos de masas terroristas comparten el nulo valor para la vida del oponente, la no necesidad de convencer, pues cada uno de ellos está poseído del “espíritu de superioridad”.
Los nazis alemanes eran la raza superior, los superhombres, y sus líderes eran los superiores de la superioridad. La crème de la crème. Un concepto tan evidente para ellos que no necesitaban argumentar. Para los nazis y sus teóricos, la crítica y el discurso racional son fruto de la “perversión” judía.
Según Hitler, el pueblo judío “inventó” la conciencia para debilitar el instinto de superioridad que el alemán tenía y que la madre naturaleza le había dado –a los alemanes- para dominar al resto de pueblos. Como el león a los corderos.
Hitler y los nazis criticaban al judío de no ser nacional, de ser internacional, que habían creado el comunismo, y la igualdad social.
Los dirigentes comunistas son la conciencia de clase y según ellos, gozan exclusivamente del privilegio materialista dialéctico de la clarividencia de entender la dinámica y dialéctica de la Historia.
Gustavo Daniel Perednik recuerda – en Naturaleza de la Judeofóbia- que a pesar de que Lenin estuvo exento de judeofobia y se opuso d la judeofobia de los zares afirmó que "ningún grupo nacional en Rusia está tan oprimido y perseguido como el judío".
La actitud personal de Lenin fue eclipsada por la Nomenklatura comunista, que desde el comienzo negó específicamente a los judíos el derecho de autodefinirse. Sólo a ellos se prohibió toda aspiración nacional (no nos referimos solamente a la religión, ya que aquí los judíos no tuvieron el monopolio de la hostilidad comunista). El idioma hebreo fue declarado subversivo y se envió a prisión a quienes lo enseñaban o estudiaban. Más aún, el gobierno comunista destruyó sistemáticamente la vibrante vida comunitaria judía en Rusia.
La judeofobia se transformó, según August Bebel, en "el socialismo de los tontos", con la salvedad de que por primera vez un movimiento judeofóbico se ocupaba en insistir que no lo era. La campaña judeofóbica fue llevada a cabo bajo el epíteto de antisionista.
El antisemitismo comunista metamorfoseó su nombre y se autodefinió antisionista. Es el socialismo de los tontos, que tantos adeptos tiene en Europa y mayormente en España.
La Nomenklatura comunista consideraba que el judío había inventado el capitalismo, la nación y la religión judía y el cristianismo.
Los comunistas aceptaron las otras naciones, por ejemplo, dos partidos comunistas españoles, el de España –PCE- y de de Cataluña –PSUC- hermanados en la III Internacional Comunista-.
El rechazo a la religión hebrea iba parejo del rechazo a las otras religiones, Pero el odio antisemita de la época de los zares se transmutó en “odio de clase”.
Finalizada 2ª Guerra Mundial , y a pesar de que las atrocidades nazis fueron reveladas al mundo, la ocultación del martirio judío continuó impávida. Toda referencia a que la ocupación alemana de la URSS había perjudicado especialmente a los judíos, era censurada por los voceros oficiales soviéticos por "crear tensiones étnicas". Los libros y películas acerca de la Segunda Guerra ignoraron constantemente la existencia del Holocausto, virtualmente hasta el punto de la negación. En una película rusa de casi una hora que se exhibía a quienes visitaban Auschwitz, (allí habían sido asesinados un millón y medio de judíos), ya bajo ocupación soviética, la palabra judíos no era pronunciada ni una sola vez.
La judeofobia comunista siempre se autodefinió como antisionista, y difundió en efecto una grotesca caricatura, según la cual el propósito del sionismo no era realmente asegurar un hogar nacional para los judíos en Israel, sino conspirar para dominar el mundo entero, al viejo estilo de los Protocolos. A partir de la Guerra de los Seis Días (1967) los medios de prensa soviéticos constantemente se refirieron al Estado judío como un Estado nazi. Uno de los promotores del veneno, Iury Ivanov, escribió en 1969 !Cuidado, sionismo!, libro que fue bienvenido por la prensa soviética como "el primer trabajo científico y fundamental sobre este tema". A fin de persistir en esta propaganda, en 1983 se fundó en Moscú el Comité Antisionista, que en apenas un lustro sacó a la luz 48.000 publicaciones antisionistas.
Actualmente los comunistas y gran parte de los socialistas –europeos, y mayormente españoles- persiste en esta tesitura, en "el socialismo de los tontos", de August Bebel.
La Nueva Izquierda, que atrajo a miles de estudiantes y jóvenes europeos y norteamericanos desde la rebelión en Berkeley de 1964 hasta después del mayo francés de 1968 que llevó a la caída de de Gaulle. La Nueva Izquierda nunca tuvo una doctrina coherente (iban desde el maoísmo hasta el anarquismo, hippismo, etc.) pero su aspecto judío era paradójicamente doble: notable desproporción en el liderazgo (que a veces llegaba hasta más de la mitad; recuérdese a Daniel Cohn-Bendit en Francia) y, a pesar de ello, un antisionismo virulento y obsesivo.
La Nueva Izquierda presentó a los árabes como el Tercer Mundo oprimido por Israel, y a éste como "representante de la tecnología occidental y un lacayo del imperialismo". Sus mentores no asumieron esa postura (se destacaban Marcuse y Sartre, y este último protestó contra el prejuicio de que "Israel es imperialista con sus kibutzim, y los árabes son socialistas con sus Estados feudales") pero fue la norma entre los jóvenes.
Los comunistas y gran parte de los socialistas siguen este esquema ideológico maniqueo.
Los comunistas y gran parte de los socialistas se declaran ateos, agnósticos o laicos, y para justificar sus simpatías por el Islamismo, -extrema derecha religiosa del Islam- necesitan presentar a los árabes como víctimas del mundo occidental en general, y de los israelíes, de los norteamericanos y de los británicos en particular. En España, esa izquierda –en realidad nostálgica del Gulag, y huérfana de Stalin- añaden al anterior presidente de gobierno, Aznar.
El antisemitismo de esa izquierda totalitaria comunista y gran parte de los socialistas transmuta su nombre a antisionismo, y niega su antisemitismo.
El actual nazismo residual, pero cada vez menos residual, en Occidente ha negado el Holocausto, a lo cual se le llama “negacionismo2, postura seguida por los islamistas –como Abú Abbas, presidente de la Autoridad Palestina, también Mahmud Ahmadineyad, presidente de la República Islámica de Irán, y otros islamistas.
Los comunistas se han debatido entre el negacionismo o el relativizar el Holocausto, difamando a Israel, diciendo que éste está haciendo un nuevo Holocausto con los árabe-palestinos, o minimizando el Holocausto, considerándolo parte de la guerra de clases.
Los tres totalitarismos convergen en su judeofobia y antisemitismo. Pervierten el lenguaje y a la víctima del nazismo y del islamismo –Israel- .
Los musulmanes árabes de la “Palestina” británica colaboraron con los nazis, como también lo hicieron los musulmanes iraquíes, con sus pogromos y matanzas de judíos durante la 2ª Guerra Mundial en Irak.
Los islamistas, como M. Ahmadineyad et al, exhortan a sus masas por la destrucción de Israel, el judío de los países.
Los tres totalitarismos han creado un mito, el de la existencia del pueblo “palestino”, desconocido por los mismo árabes cerca de 1967, el del victimismo “palestino” y han permutado y pervertido el significado de víctima por victimario.
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Domingo, 19 de febrero
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