El 8 de octubre del 2006, webislam la web islamista, que recibe dinero del gobierno español, y que ha señalado a Gustavo de Aristegui y otros escritores españoles, argentinos e israelíes como enemigos del Islam, publicó en Internet, que el embajador en misión especial para las Relaciones con las Comunidades y Organizaciones Musulmanas en el exterior, José María Ferré, señaló que la 'lucha contra la islamofobia es uno de los objetivos contra el que España quiere actuar al instituir esta embajada'.
Tras su nombramiento ayer por el Consejo de Ministros, Ferré apostó por 'una comprensión mutua, a través de la búsqueda de valores comunes en el ámbito de las relaciones internacionales, que tienen España y Oriente Medio y que son muy estrechas'.
Para Ferré, la vinculación de España con el mundo islámico es grande por muchos motivos: 'primero, somos países mediterráneos y la orilla sur es especialmente islámica; segundo, porque históricamente ha habido muchos intercambios entre ambas zonas y, tercero, porque la política exterior española siempre ha dado una importancia enorme a Oriente Medio y al norte de Africa'.
Destacó que el ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Angel Moratinos, 'ha desempeñado un papel estelar en Oriente Medio y cuenta allí con un prestigio personal y profesional inmenso que también favorece nuestra relación'.
De momento, precisó, su trabajo consistirá en ir estableciendo vínculos con entidades islamistas fuera de España, tanto en el mundo árabe y Asia como en Europa, algo que ya hacía el Ministerio de Asuntos Exteriores, pero sin que estuviera centralizado en una unidad concreta.
La idea del Gobierno es mantener las relaciones que ya hay con el mundo islámico y profundizar en los valores que España comparte con esas comunidades, además de apoyarlas en el proceso de democratización de sus países, apuntó Ferre.
Reconoció que ha habido 'un gran desconocimiento entre ambas partes porque en Europa, hasta hace no mucho, no había comunidades islámicas, pero, ahora, el islamismo es la segunda religión en muchos países europeos'.
El embajador en misión especial para las Relaciones con las Comunidades y Organizaciones Musulmanas en el exterior, José María Ferré, ignora que la islamofobia, tal como explica muy bien el filósofo Robert Redeker – nueva víctima de la ofensiva islamista contra la libertad-
traducido del francés por Martinito hace ahora tres años definió con notable precisión la razón de ser y la intención perversa del neologismo “islamofobia”.
La islamofobia, el arma de los islamistas contra la laicidad
Robert Redeker
Un neologismo acaba de hacerse sitio con estrépito en nuestra escena política: “islamofobia”. Esta palabra, fonéticamente próxima a “xenofobia”, está destinada a dar miedo -evocando, de manera subliminal, el odio, las persecuciones, las discriminaciones- tanto como a culpabilizar. Algunos querrían verla convertida en sinónimo de “racismo” y simétrica de “antisemitismo”, dos monstruos que sólo duermen con un ojo abierto. Pero ¿es compatible su empleo con la doble exigencia republicana de salvaguardar la laicidad y combatir el racismo? ¿Acaso no engendra amalgamas de resultados ruinosos para la República, sus valores y su legado?
La investigación sobre sus orígenes y su historia llevada a cabo por Caroline Fourest y Fiammetta Verner en su libro Tirs croisés (1) reserva sorpresas, porque pone al descubierto las intenciones de quienes la crearon. No es inocente que el vocablo “islamofobia” haya sido acuñado inicialmente (en los años setenta) por islamistas radicales que atacaban a las feministas. La guerra contra las mujeres es la cuna de este término; así, Kate Millett, célebre militante del movimiento de emancipación de la mujer, fue violentamente insultada y seguidamente tachada de islamófoba por haber incitado a las iraníes a negarse a llevar el velo.
De nuevo es en torno a la cuestión del apartheid de las mujeres -velo en la escuela, en las instituciones, en la calle, autosegregación en las piscinas- como se concentra la crispación, y la acusación de islamofobia amenaza a todo el que se alce contra el intento de oficializar ese apartheid. En los años noventa el término “islamofobia” fue difundido más ampliamente por los islamistas londinenses en el marco de las campañas anti-Rushdie. El escritor y los defensores de la libertad de pensar y publicar se encontraron acusados de islamofobia a la vez que amenazados de muerte.
El concepto de “islamofobia” es originalmente un arma forjada por los islamistas con el fin de imponer su visión totalitaria del mundo. Hunde sus raíces en el más sórdido oscurantismo. En principio, pues, “islamofobia” fue una palabra de combate; y a nadie hay que recordar la fórmula del poeta revolucionario Maiakovski, “las palabras son balas”. Al utilizarla ingenuamente, amigos sinceros de la libertad se colocan en el terreno de sus adversarios. ¿Es posible, como desean los islamistas, identificar la islamofobia con un racismo y hacerla equivalente al antisemitismo?
La amalgama de islamofobia y racismo está destinada a volverse contra toda crítica de la religión, tan importante en nuestra cultura desde Bayle y Voltaire, tan importante también en la elaboración de la idea republicana.
¿Es “racista” rechazar las imposiciones que se practican, desde Mauritania hasta el Pakistán, en nombre del islam? ¿Rechazar la sharía, las lapidaciones, las mutilaciones, la esclavitud (todavía muy viva en sociedades musulmanas), la criminalización de la homosexualidad, el estatuto inferior de las mujeres, etcétera?
¿Es racista recordar que en ningún país musulmán están vigentes ni los derechos del hombre ni la democracia?
¿Es racista calcular que cientos de millones de seres humanos viven cada día bajo el yugo impuesto por esa religión?
¿Es racista inquietarse por las exigencias, en nuestra sociedad, de una religión que está tan lejos de demostrar su capacidad de interiorizar los valores emanados de la Ilustración?
¿Es racista preguntarse si es posible un islam de rostro humano, como en otro tiempo se preguntó si era posible un socialismo de rostro humano?
Si el racismo (por ejemplo, la arabofobia) es absolutamente condenable, el combate contra las intromisiones de lo religioso en la vida cívica, combate del que emanaron los valores republicanos, no lo es en modo alguno. El islam es una religión -un conjunto de ideas, de mitos, de supersticiones y de ritos-, no una “raza” (suponiendo que esta palabra tenga algún sentido) ni una etnia. Hay musulmanes de todos los tipos humanos; esta religión, análogamente al cristianismo, aspira a la universalidad. Siendo una religión, el islam es también una ideología, como el comunismo y el liberalismo. ¿Habrá que condenar el antiliberalismo o el anticomunismo, el rechazo de sus ideologías y de la organización del mundo que implican, como si se tratara de racismo? La actitud a la que se acusa de islamofobia no es racismo, en tanto en cuanto, lejos de ser odio a tal o cual pueblo, es el rechazo vehemente de lo que algunos predican y quieren imponer en nombre del islam. Es el rechazo de los aspectos arcaicos e incompatibles con los valores republicanos que vehicula cierta interpretación del islam.
El antisemitismo, por su parte, no estigmatiza a una religión sino a un pueblo. Ahora bien, no existe un pueblo musulmán como existe un pueblo judío; por lo tanto, poner en paralelo la islamofobia con el antisemitismo es abusivo. El islam es un atributo accidental, aplicable -por el hecho de su proselitismo- a cualquier ser humano, sean cuales sean su etnia y el color de su piel. Por el contrario, “judío” designa a un único pueblo, debido a su ausencia de proselitismo. Lejos de ser el simple combate contra una religión, el antisemitismo es el odio inmotivado e inextinguible contra cierto pueblo, el pueblo judío. Podrían los judíos ser ateos o cambiar de religión, y el antisemitismo persistiría. Si bien hay judíos ateos (porque la palabra “judío” enuncia la pertenencia a un pueblo, al margen de las ideas que tengan los así clasificados), la expresión “musulmán ateo” resulta absurda (porque ser musulmán significa profesar una creencia).
Los islamistas ven, en la batalla del vocabulario, una apuesta importante. El término “islamofobia” esconde la trampa tendida a las instituciones laicas por los integristas musulmanes para impedir la crítica de la religión, a la vez que se somete a segmentos de la existencia social (especialmente la de las mujeres) a un control totalitario. Perder la batalla semántica, utilizando el vocabulario puesto en circulación por los islamistas como si tal cosa, es desastroso. La palabra “islamofobia” remite falsamente de la defensa de la libertad y de la laicidad a la intolerancia y al odio. Consigue forzar a los valores republicanos a ponerse a la defensiva: ahora son ellos los que, apurados por la sofistería de un juego de manos lexical, se ven acusados de intolerancia y de integrismo. La prestidigitación de esa palabra consiste en darle la vuelta a la realidad, colocando al oscurantismo en la posición de víctima y a la laicidad en la de agresor. La laicidad debe mantener la palabra “islamofobia” fuera del radio de los debates, a la vez que persigue el racismo, y en particular la arabofobia.
(1) Tirs croisés: la laïcité à l’épreuve des integrismes juif, chrétien et musulman. París, 2003.
© R. Redeker et La Dépêche du Midi
Ferré, el enviado del gobierno de Zapatero para emprender el camino de la sumisión al islamismo, la vinculación de España con el mundo islámico es grande por muchos motivos: 'primero, somos países mediterráneos y la orilla sur es especialmente islámica; segundo, porque históricamente ha habido muchos intercambios entre ambas zonas y, tercero, porque la política exterior española siempre ha dado una importancia enorme a Oriente Medio y al norte de Africa'.
Estar bañados por el mismo mar no implica compartir los mismos valores, los intercambios entre ambas orillas del mar mediterráneo han sido bélicas, la mayor parte del tiempo, y según todos los países árabes, la política española es y ha sido “colonialista” –Ceuta y Melilla”.
Ferré ha dicho que el ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Angel Moratinos, 'ha desempeñado un papel estelar en Oriente Medio y cuenta allí con un prestigio personal y profesional inmenso que también favorece nuestra relación'.
Ferré en alucinaciones ha visto a Moratinos como la puerta estelar, entrada a la galaxia del Islam.
El gobierno de Zapatero rinde pleitesía al Islam, pues sabe como dice el experto Ahmad Rafat,
periodista y escritor de origen iraní y que lleva casi todo su vida profesional afincado en Roma, que fue decano de los corresponsales en la capital italiana y que durante 25 años de su carrera estuvo vinculado a la revista Tiempo, que «A finales de este siglo el Islam será mayoritario en Europa Occidental»
Uno de sus últimos libros trata sobre la libertad de expresión en Oriente Medio.
Es uno de los mayores expertos del mundo en esta materia.
Entrevistado por Miguel Pato de Periodista Digital el 4 de octubre del 2006
Los enfrentamientos entre oriente y occidente se han enardecido los últimos tiempos. Los radicales islamistas encuentran bajo cualquier pretexto una excusa para criminalizar la actitud de lo que considera “herejes” occidentales. La última polémica ha puesto al Papa en el ojo del huracán. Periodista Digital ha hablado con uno de los mayores expertos mundiales en Oriente Medio y en la cultura islámica.
Ahmad Rafat incide en la idea del respeto para poder encontrar un vía de escape a este choque de civilizaciones. Por un lado critica a Occidente porque, dice, que el respeto empieza por uno mismo. Así, explica que no podemos ceder al chantaje de los radicales. Y es que sin respeto, no hay diálogo, afirma. Por eso, explica como actualmente asistimos a un monólogo impuesto a occidente por los integristas islámicos.
El que fuera decano de los corresponsales internacionales en Roma y colaborador durante décadas de revistas españolas, añade que Benedicto XVI tiene un serio problema porque no le gusta, ni siquiera, a los musulmanes más moderados. En esta entrevista explica las razones.
Pregunta: ¿Consideras inadecuadas las declaraciones del Papa sobre el Islam de hace unas semanas en la Universidad?
Respuesta: Lo que dijo el Papa, lo dijo más como profesor que fue en su día de esa Universidad que como teólogo. Por eso empleó esas formas al expresarse. Me lo he leído varias veces y en lo que más incidió es en la necesidad de dialogar entre las diferentes religiones y culturas.
De todos modos esa polémica se ha levantado porque en estos momentos hay mucha tensión entre el mundo islámico y el mundo occidental. Cualquier cosa, ya sea una caricatura, un concierto de Mozart, el libro de la Divina Comedia de Dante o (como sucede en España) las fiestas de Moros y Cristianos son pretexto para que estas dos culturas se enfrenten.
La estatua de Santiago Matamoros lleva siglos en su Catedral sin provocar ningún tipo de polémica. Sencillamente, a unos les gustaba y otros no. Pero ahora estamos en un momento en el que cualquier pretexto vale.
P: ¿Crees que es un error rectificar ante las presiones de los radicales islamistas?
R: Sí. No se pueden dejar de celebrar unas fiestas populares, o suspender una representación de Mozart porque soliviante a unos cuantos. Esta no es la respuesta adecuada a los problemas que existen entre el mundo islámico y el mundo occidental. Hay que respetar. Pero respetarse también a sí mismos.
Si occidente no respeta sus propias tradiciones las tradiciones islámicas no respetaran las occidentales. Para que exista un diálogo el respeto tiene que ser mutuo. Si no se produce un monólogo que es lo que están imponiendo los integristas islámicos a Occidente.
P: ¿Según lo que estamos hablando, fue desacertado que el Papa rectificara sus palabras?
R: Él no pidió disculpas. Dio explicaciones. Eso sí. Pero suspender una representación teatral, retirar una estatua o un dibujo, o llegar al extremo de tener que quemar libros que hablan mal de Mahoma no está bien. Cada uno tiene su cultura y si alguien quiere ser respetado, también tiene que respetar las culturas ajenas.
“Benedicto XVI no gusta ni siquiera a los musulmanes más moderados “
P: ¿Benedicto XVI está en peligro?
R: Locos no faltan eso está claro. Pero lo cierto es que este Papa no gusta a los musulmanes. No gusta porque durante la temporada que trabajó como teólogo, al lado de Juan Pablo II, fue muy crítico con algunas políticas y decisiones del Vaticano en torno al mundo islámico.
P: Pero no gusta a los islamistas más radicales.
R: Y a los más moderados tampoco. Hace unos días asistí a un encuentro con musulmanes iraníes moderados y reformistas. Allí pude entrevistarme con uno de ellos que incluso había estado encarcelado por decir que la violencia y los ataques camicaces no se pueden justificar con religión, encarcelado también por defender los derechos de las mujeres, me confesaba que este Papa no les gustaba.
P: ¿En que se basan para decir que no les gusta?
R: Porque, según me explicaba este musulmán reformista, el Islam está ganando terreno en todo el mundo. Y ante este situación el Vaticano, con Benedicto XVI a la cabeza, quieren frenar al Islam. Por eso lo atacan, por eso (en el fondo) tampoco quieren dialogar.
P: ¿El Papa tendría que aceptar la superioridad del Islam?
R: Según me contaba esta persona, la Iglesia Católica tiene que aceptar la supremacía del Islam en el Mundo. Me explicaba que ha finales de este siglo, el Islam será mayoría en Europa Occidental.
Partiendo de esta premisa, el Vaticano tendría que asumir un papel minoritario, no ya en los países tradicionalmente musulmanes, sino también en el Viejo Continente. Una aceptación que sería un suicidio.
Según un estudio, en el 2015 el Islam será la religión más grande en Gran Bretaña. No mayoritaria pero sí la más importante. Y según los datos actuales eso es posible. Posible por la inmigración y por que los musulmanes tienen mucha descendencia.
No es la manera inteligente de actuar pensando en el futuro. La política de Zapatero, con el beneplácito de gran parte de la población española, es de pan para hoy y hambre para mañana. ¿Qué hará el gobierno de Zapatero cuando los islamistas le exijan Ceuta y Melilla?, o cuando exijan la aplicación de la Sharia en España, o cuando exijan que los hospitales, centros sanitarios y farmacias españolas retiren las cruces como símbolos sanitarios, puesto que molestan o irritan a los musulmanes.¿Qué hará el gobierno español cuando los islamistas exijan que se cierren las playas nudistas o que se ahorquen a los homosexuales?
¿Qué hará el gobierno de Zapatero con los canales televisivos cuando los islamistas exijan que las TV no emitan películas eróticas y que no se venda alcohol en los bares?
Ahora parece exagerado todo esto, pero si vamos al pasado hace 30 años quién diría que en el año 2006, en el anglicano palacio de la reina de Inglaterra se construiría una mezquita, o que se autocensurarían los alemanes en la representación de una obra de Mozart, en Berlin, o de que los islamistas amenazarían en matar al Papa, y en que la segunda religión de la antaño muy catolicísima España es la musulmana, y es la que más crece, y mayor conversiones recibe en toda Europa.
Realmente lo que ha motivado al gobierno Zapatero en su actitud de dhimmitud y de sumisión al islamismo es el miedo al terrorismo islámico. En Zapatero hay subordinación y complacencia a los islamistas, considerando que los agresores son las víctimas.
Los pseudopacifistas transmutan el lenguaje,
al miedo le llaman tolerancia,
a la sumisión le llaman pacifismo,
al síndrome de Estocolmo le llaman multiculturalismo,
al viejo antisemitismo le llaman antisionismo.
Sábado, 2 de junio
Doctor Shelanu
Pedro Fernández Barbadillo
Paco Sande
Vicente Torres
Vicente A. C. M.
Juan Fernandez Krohn
Manuel Molares do Val
Julio César Izquierdo
Francisco Rubiales
Raúl González Zorrilla
José Pómez
Carlos Ruiz Miguel
Antonio Cabrera