
(PD).- La crónica de Antonio Lorca, en El País, comeinza subrayando que la salida del cuarto de la tarde fue una de las vivencias más emocionantes que puedan suceder en una plaza de toros.
Estaba Pepín Liria de rodillas en la puerta de toriles para dar una larga cambiada. Sale el victorino deslumbrado y enfila hacia el torero con tal ímpetu que pierde las manos, varía su rumbo y atropella de lleno a Pepín cuando éste intentaba rectificar su posición.
La voltereta fue espantosa. Mientras el público se llevaba las manos a la cabeza presagiando lo peor, se levantó el torero enrabietado, con la taleguilla rota, sin mirarse, y dibujó unas verónicas apasionadas que cerró con tres medias que desbordaron la emoción. La música rompió a tocar jubilosa mientras la conmoción se apoderaba de la plaza.
El torero brindó a Sevilla el toro de su despedida; se fajó con él con seguridad y gallardía, mientras el animal lo miraba y buscaba con sordo peligro. Fue una faena de poder, a la medida de su dificultoso oponente.
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Viernes, 17 de febrero
Juan Luis Recio
Juan Fernandez Krohn
Ángel Sáez García
Paulino Toribio
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
Chris Gonzalez -Mora
José Pómez
Padre Fortea
Ángel Gutiérrez Sanz
Carlos Ferrer
José Donís Català| Febrero 2012 | ||||||
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