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Claves Estratégicas para la Victoria en nuestra Guerra

Permalink 15.07.09 @ 16:51:36. Archivado en Cabalah, Sefarad, Estos días que vivimos, Torah cada semana

publicación original: http://eduplanet.net/mod/forum/discuss.php?d=2329

Matok MiDvash
Edición No. 84 - Tamuz 5766 - Matót-Masa'éi (Bamidbar -Numeros- 30:2 a 36:13)

"... y os Icé sobre alas de águilas, y os traje hacia Mí..."
Claves Estratégicas para la Victoria en nuestra Guerra

Esta edicio'n esta' consagrada a la elevación de las almas de todos los caídos por la acción asesina de los enemigos del hombre y de Hashém, a la preservación con vida y con salud de todos nuestros hermanos prisioneros del enemigo y su retorno a nosotros en plena y luminosa Teshuváh, y a la consecución de Shalóm completo en un mundo redimido, del que el mal haya sido desterrado para siempre por completo

Javerím, queridos amigos, Shalóm:

Todas las enseñanzas sobre la parasháh que acompañan a esta edición, se hallan disponibles en el curso "La Parasháh de la Semana", parashát Matót y parashát Masa'éi

En estos días terribles que estamos viviendo, es enorme el estímulo y la calidez que nos brindan tantos de vosotros, tanto por e-mail como llamándonos por teléfono desde todos los rincones del mundo. La precariedad con que estamos trabajando, exiliados de nuestro hogar, nos impide responder personalmente a cada uno. Vayan desde aquí, entonces, nuestra inmensa gratitud a todos quienes nos acompañan en la emoción y en la plegaria, a todos los corazones solidarios que atraen con su proceder la GueUláh, y nuestra bendición sincera.

Al inicio de nuestra lectura semanal de la Toráh, en parashát Matót (Bamidbár -Números- 30:2), Moshéh se dirige a los "presidentes" de cada una de las tribus de Israel, para enseñarles: "Esto es lo que ordenó Hashém". El No'am Elimélej llama nuestra atención hacia esta "reunión de cúpula", y nos indica que cuando un tsadík, un hombre "justo sagrado", busca atraer el fluido de Bien de los Cielos hacia nuestro mundo, debe conectarse con otros tsadikím, con otros hombres justos de vida sagrada, con capacidad de liderar y transmitir y contagiar.

Esta conexión con los discípulos (quienes comparten el código, el pacto y el amor) hará las veces de amplificador, potenciando el "davár" -la palabra, que es a su vez la "cosa"- del tsadík: los discípulos leales son el vehículo que lleva a la enseñanza desde su "estado" de palabra, hasta la acción capaz de bloquear y obstruir al mal. Hemos aprendido que cuanto sucede en el mundo material tiene correlato en los Mundos Superiores (y viceversa); de modo que cuando el tsadík, potenciada su palabra por la interconexión con sus discípulos, "decreta" detener al mal "en lo Alto", el mal es bloqueado y detenido en lo bajo también.

Si la Toráh viene a precisarnos esta enseñanza es justamente porque el Maestro, cuando no cuenta con la atención plena y comprometida de los discípulos, carece de herramientas que le habiliten a obstruir la acción del mal: a ello refiere Moshéh cuando se pregunta (Devarím -Deuteronomio- 1:12): "¿Cómo cargaré, solo, vuestro esfuerzo, vuestra carga, vuestra riña?". Moshéh sabe que la incidencia luminosa de la Toráh sobre la realidad, depende del carácter expansivo de la enseñanza, depende del colectivo de hombres que se comprometan espiritual y materialmente con ella. Si ello sucede, la palabra del tsadík detendrá al mal y atraerá al Bien sobre la Creación. Mas de lo contrario: ¿cómo enmendará, solo, la realidad de los demás? ¿Cómo, si ellos no se conectan con él y no hacen las veces de manos, de piernas, de organismos vivos que traducen la enseñanza en incidencia sensible sobre la realidad global?

El mensaje que transmite Moshéh a los líderes de las tribus de Israel es altamente significativo para nosotros, y refiere a leyes muy específicas que tocan al "hombre que jure un juramento" (Bamidbár -Números- 30:3), etc. La palabra que estamos traduciendo por juramento es, en hebreo, "néder" (nun-dalet-reish), cuya raíz nos remite a "ladúr"=morar y a "diráh"=morada. Acude en nuestro auxilio el Nó'am Elimélej para revelarnos que, siendo que el hombre tiene un alma -sustancia puramente espiritual- que alienta un cuerpo material, debe convertir su alma en "morada" del Creador (en recipiente hábil para recibir el fluido de Luz sagrada), y ello determinará su mérito y derecho a una morada material para su cuerpo, de categoría proporcional a la de la morada que erige en su alma para la Verdad trascendental de la vida.

Ese es, precisamente, el compromiso -el "juramento"- fundamental de Israel: por medio de producir de nuestras almas una morada adecuada para la Shejináh -la Revelación sensible de la inherencia del Creador sobre Su creación-, estamos llamados a constituir los canales a cuyo través fluye la bendición, el hálito vital, hacia la Creación toda. Y todo tiempo que no lo hacemos, todo tiempo que ajenamos de nosotros la práctica de la Toráh -que es la herramienta de que disponemos para dotar de forma perfecta a nuestras almas-, estamos incumpliendo el juramento y "atando las manos" al tsadík, a quien tiene capacidad de revelarse en calidad de Mashíaj y destrabar la completa Redención; estamos dejándolo solo, y con ello, nos dejamos a nosotros mismos indefensos frente a los embates del mal. Ninguna coincidencia con los días que estamos viviendo debe ser tomada con ligereza.

La clave del triunfo en la guerra contra el mal es indicada claramente por Moshéh un poco más adelante, cuando ordena (Bamidbár -Números- 31:3) reclutar entre el pueblo soldados, dispuestos a llevar a cabo la "venganza de Hashém" contra quienes ejercen el mal. Onkelus, el gran traductor de la Toráh al arameo, llama la atención sobre el carácter de esta "venganza", que no es sino la justa retribución a la acción del mal. En su traducción de este verso, no refiere a una "venganza de Hashém" sino al "juicio-rigor del pueblo de Hashém". Porque la sustancia de Israel no es "genética" o racial, sino que se constituye a partir del Pacto, de la consustanciación con la verdad de la Toráh, como hemos explicado. De tal modo, cuando la conducta de Israel nos convierte en brazo físico de la Toráh espiritual, nuestra reacción contra el mal obtiene "certificación" por parte de Hashém, que compromete la victoria completa para la guerra que libramos nosotros (es necesario aclarar que la guerra que se encuentra describiendo la Toráh en este pasaje no es iniciativa de Israel, sino reacción al ataque de que el mal nos hace objeto, provocando mortandad entre nosotros).

Esta semana leemos también parashát Masa'éi, que cierra el libro Bamidbár. En ella, hallamos que Hashém transmite a Moshéh las fronteras que deberá ordenar a Israel para cuando "vengan a la tierra de Cná'an" (Bamidbár -Números- 34:2); el Midrásh nos aclarará que la conexión entre Israel y su tierra tiene por propósito que "Cná'an" -cuyo nombre alude a la acción del mal manifiesto en la hechicería, la idolatría, la promiscuidad, la injusticia, etc., que tienen lugar en ella-, se convierta en "Tierra Sagrada" capaz de recibir el nombre de Israel, que alude a la sacralidad, a la unión íntima de la creación con el Creador.

El mismo verso continúa explicando que "ésta es la tierra que caerá a vosotros por heredad". Advierte el Nó'am Elimélej el peculiar uso del verbo "caer" (lipól, en hebreo), que alude a que la tierra sagrada será entregada a Israel a través de que Hashém derribará -hará caer- a las fuerzas del mal que buscarán incansablemente resistir y revocar dicha unión. Hemos mencionado más arriba la armónica simetría necesaria entre lo que acontece en los Mundos Superiores y lo que hacemos en el nuestro: tal derribamiento del mal desde lo Alto, ocurrirá únicamente si nosotros hacemos el Bien aquí en lo bajo.

Masa'éi resume las 42 etapas del viaje de Israel a través del desierto, rumbo a su tierra. Cada etapa, consta de dos partes: "y viajaron" la primera; "y acamparon", la segunda. Enseña el Zohar HaKadósh que cada ocasión en que se indica que "viajaron" ("vais'ú", vav-iod-samej-'ain-vav) refiere a una instancia del daño causado por el mal a la Shejináh -o sea, cada forma en que el mal estrangula, esclerosa, los canales a cuyo través fluye la Luz Sagrada superior hacia nosotros-, y cada vez que se detalla "y acamparon", refiere a una enmienda que el tsadík, potenciado por el conjunto del pueblo todo, produce sobre dicho daño. Esta idea se reforzará al advertir que la raíz sámej-'ain del "viajaron" tiene valor numérico 130, que nos remite a 5 "jasadím" (fuerzas de Bien) desplegadas por Hashém, que debemos enmendar y despertar (representada cada una de ellas por el Nombre sagrado de valor 26; 26x5=130); en tanto, el verbo "acampar" tiene raíz jet-nun, que remite al "jén", a la belleza sutil que detenta la sabiduría profunda cuando se revela en el mundo de la acción. El propio número 42, por su parte, sintetiza todo el procedimiento: el Zohar nos enseña la existencia de un Nombre sagrado de 42 letras capaz de activar la Misericordia de Hashém -"endulzar el rigor"- sobre el mundo inferior, para revelar la Shejináh. Se trata de la concatenación de siete grupos de seis letras cada uno: seis tikuním -enmiendas o conexiones- que la acción de la Toráh produce cada día de la semana, para llegar desde la sucesión domingo-viernes de profanidad, hasta la sacralidad del Shabát. Ese, y no otro, es el verdadero proceso de "'aliáh", de ascensión a la tierra de Israel, a cuyo través todo quien se decide parte del pacto de la Toráh adquiere derecho a una morada de Shalóm en nuestra tierra.

En parashát Matót hallamos también que las tribus de Gad y ReUbén, y la mitad de la tribu de Menashéh, expresan a Moshéh su voluntad de resignar la porción en la tierra que les está destinada, al oeste del río Iardén -Jordán-, y ocupar tierras que se hallan del otro lado del río, que son especialmente aptas para la cría de su numeroso ganado. A cambio, se ofrecen a luchar junto a todo el resto del pueblo, en la primera fila de la batalla, para liberar la tierra de Israel. Tras un largo intercambio, Moshéh les concede su pedido, mas lo hace puntualizando, excesivamente en apariencia, cada etapa a cumplir (Bamidbár 32:20-22): deben luchar en la vanguardia "ante Hashém", y cada uno de ellos debe cruzar el río Iardén y permanecer junto al resto de Israel hasta que todos los enemigos hayan sido vencidos, y recién tras que la tierra sagrada haya sido completamente recuperada, podrán retornar a la parcela que han elegido para sí.

Se pregunta en este punto el Or HaJaím HaKadósh por qué la insistencia de Moshéh en dichos detalles, que ya han sido prometidos por ellos previamente. Y responde que Moshéh desconfía, porque advierte que el compromiso de luchar junto al resto de sus hermanos no tiene otra intención que la de negociar su propósito final: la obtención de las tierras que han elegido para la cría de su ganado. Y Moshéh sabe que "ello no es bueno para la obtención de la victoria en la guerra; porque los guerreros deben combatir con el propósito de realizar la reacción de Hashém contra el mal", más allá de la circunstancia de la guerra, que es por recuperar (o mantener) su hogar y su vida.

Moshéh sabe -nosotros sabemos- que no se ensaña contra nosotros el mal sino para que, al salir a defendernos, lo erradiquemos y destruyamos por completo. Y la victoria sólo es posible si el propósito que nos mueve es de carácter trascendente; si lo que verdaderamente nos importa es ganar la guerra del Bien contra el mal, atraer la GueUláh completa y liberar todos los conductos por los que la Luz sagrada inundará nuestra vida, para emerger de la oscuridad de los días profanos rumbo al Shabát de la Creación. O, como establece claramente el Rambá"m -Maimónides- en Hiljót Melajím (Normas relativas a los Reyes, cap. 7, halajáh 15), en referencia a las guerras que vivimos entonces como hoy: todo quien lucha, albergando en su corazón exclusivamente la intención y el propósito de estar librando la batalla sagrada del Bien contra el mal -o sea, que apunta mucho más alto que a la resolución del desafío circunstancial que dio lugar a la guerra-, tiene asegurado que no sufrirá daño alguno, y el mal no le alcanzará.

Moshéh parece redundar en el detalle de las condiciones, pero en realidad está advirtiendo a ReUbén, Gad y la mitad de Menashéh que si su acción militar no se sustenta en el compromiso vital y completo con la Toráh, no sólo no serán de ayuda, sino que estarán comprometiendo el resultado de una guerra cuya victoria ya ha sido concedida de antemano; si salen a la guerra únicamente para obtener un beneficio circunstancial -trátese de un beneficio material, o aún de evitar que sucumbamos a una lluvia monstruosa de misiles-, la guerra está perdida. Si, en cambio, Israel advierte que quienes detentan la muerte física y espiritual por estandarte se han lanzado contra nosotros para darnos la oportunidad de atraer la GueUláh, entonces, derribada que será en lo Alto la fuerza que les da vida, la victoria será completa, y un maravilloso amanecer de Luz resultará de tanto sufrimiento y tanto dolor, desde la palabra buena de la Toráh cuyos discípulos traduzcan en realidad palpable, enmendando con amor las almas de quienes se afirman en la maravilla de la Verdad y se apegan a la Toráh en teshuváh plena.

La madurez no resulta de los pasados y presentes que te constituyen, sino del punto de inflexión en que, de pronto, aprendes a salvar -a actuar- cuanto te hace futuro. Hasta el más atroz de los presentes, contemplado a través de la lente maravillosamente clara de la Toráh, se comporta como una forma posible del camino hacia la GueUláh.

El camino de "retorno", de teshuváh que te consituirá en hombre en el más pleno sentido de la palabra, se hace "despavoridamente", de un salto prodigioso, ni bien te das cuenta cuán lejos estás. Si miras desde donde se ve la realidad sin error, advertirás que estamos tan lejos -tan esclerosada nuestra percepción, tan sometidos a ilusiones vanas- que sólo la infinita Misericordia de Hashém nos da la oportunidad de un golpe de pavor que nos fuerce a mirar únicamente hacia lo Alto y únicamente de allí esperar el milagro; entonces, aunque creías que sabías, aunque estabas tentado de sentirte conforme con tu camino, te dices de pronto en un grito que no cuentas con mérito alguno que te defienda ni aún dentro de tu hogar o en tu camino convertidos en campo de batalla; y te descubres de pronto conduciendo tu auto a través de una línea de fuego en la que retumban explosiones de continuo, y manejas con los tefilín templando el corazón y la mente mientras elevas tu mejor plegaria, la más íntima y la más ardiente, sin cesar.

Sea voluntad de Hashém que baste lo ya sufrido para despertarnos de esta pesadilla -que podríamos tornar superflua y es atroz-, y que sepamos merecer la desaparición de los enemigos del hombre de modo que no reste de ellos rastro alguno ni memoria, y advenga con ello la GueUláh completa, para que desde cada quien y desde todos la vida entera no sea sino el más alto y transparente Shalóm.
Mis brajót para todos,

daniEl I. Ginerman
Editor


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