
publicado originalmente en http://eduplanet.net/mod/forum/discuss.php?d=554
Parashat Matot-Masei
por rav Shimon Elituv shlit"a
Para qué es bueno que uno se prohiba cosas que las Torá las permite
En el comienzo de nuestra porción semanal trata la Torá sobre las promesas, cuál es la manera de que una promesa recae sobre uno, y cómo es posible deshacerse de la misma. Relata la Torá que el sabio es el que puede anular la promesa.
Debemos comprender ¿cómo es posible que el sabio tiene el poder de anular la promesa?
Las promesas y prohibiciones ¿son positivas o negativas?
Encontramos una contradicción entre dos dichos de nuestros sabios, de un lado dice: "las promesas son los que llevan al hombre a separase de lo mundano", de otro lado encontramos que dice: "¿acaso no te es suficiente lo que te prohibió la Torá, que tenés que prohibirte más cosas"?
Para relacionar entre estos dos dichos, explican los comentaristas, que hay diferencia entre cuando uno está en un nivel inferior en el servicio al Creador, en ese nivel se le dice, que debe cuidarse que las cosas mundanas no lo undan mas, por eso es bueno que se aparte dellas, en cambio cuando uno está en un nivel más elevado, en ese nivel no debe temer que lo mundano lo pueda bajar de nivel, por eso es que no tiene que apartarse más de lo que la Torá se lo prohibió.
Solo el sabio es el que tiene el poder de deshacer una promesa
Según esto entendemos, por qué solo el sabio es el que puede anular las promesas, al ser que está en un nivel elevado, que en ese nivel él tiene la posibilidad de elevar a la persona que hizo la promesa a un nivel que no tenga que llegar a esas promesas.
Es decir de un lado la promesa es positiva, al ser que la persona que la hace, tiene el propósito y el temor de que las cosas lo hagan descender de su nivel, de otro lado cuando se lo lleva al sabio, el sabio lo eleva a tal nivel que no tenga que llegar a esto, y por lo tanto le desata la promesa.
Porque se lee la Parashá de masae en las tres semanas de duelo
Las tres semans de duelo, de un lado son semanas tristes de destrucción, de otro lado en el futuro se transormarán en días festivos.
Al igual que las promesas, son positivas, y vienen como preparación para llegar al nivel que el sabio las anule.
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La perla de la semana
La importancia de cumplir los preceptos de manera cálida
Cierta vez el Rabbi Israel Baal Shem Tov, vió un grupo de gentiles en Rusia, en época de invierno, que sobre las aguas congeladas del río, hicieron una imagen de una cruz.
El Rebe estaba con sus discípulos, y les dijo, de cada cosa que uno ve o escucha, debe aprender algo para el servicio al Creador, ¿que es lo que podemos aprender de esto?
Responde Rabbi Israel, la aguas es lo más puro que hay, mas aun puede purificar a los impuros, pero cuando estan congeladas, de eso se puede llegar a hacer idolatría.
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Matók MiDvásh: prensa electrónica de Ieshivah.Net - Edición No. XXXVIII
Tamuz 5765, Parasha't Masa'éi, desde Jerusalem
Edición dedicada a que Hashém abra los ojos de Ionatán daniEl ben-Gabriel y le dé felicidad, a la elevación del alma de Rav Daniel ben-Naftalí y Saráh z"l que nos acompañen su mérito y su luz en nuestro camino, a la apertura de caminos claros para todos nuestros amados, y a la generación de mérito colectivo para la Redención con Shalóm
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"... y os Icé sobre alas de águilas, y os traje hacia Mí..."
Un largo viaje para aprender a hacer el Amor
Javerím, queridos amigos, Shalóm:
Lecturas imprescindibles para parashát Masa'éi (Bamidbar -Numeros- 33:1 a 36:13)
* Parashát Matót-Masa'éi: clase de daniEl I. Ginerman en el Beit-Midrásh virtual
* Matók MiDvásh #19 a b c d e f
* Parashát Masa'éi, por Rav Shlomo Wahnon en Mesilot.Org
* Parash'at Masa'éi, por Rav Pynchas Brener
* Parashát Matót-Masaéi, por Rav Shimon Elituv
Y un regalo maravilloso para tu meditación antes de Shabát: El mágico canto "Iedíd Néfesh", grabada directamente de la voz de Rav Baruj Ashlag z"l, hijo del gran Mekubál "Ba'al HaSulám": PLAY
Nuestra parasháh da culminación al libro Bamidbár -Números-, resumiendo todos los movimientos que realizamos en el desierto durante estos cuarenta formadores años, desde que salimos de Mitsráim. Un largo viaje cuyo elemento fundamental es aprender las verdaderas formas del amor.
El ejercicio del amor es imposible en estado de sometimiento, de esclavitud. Era imposible la experiencia del amor mientras fuimos esclavos en Mitsráim. Hubimos de sufrir todo el proceso de la Redención, aprender que teníamos derecho a elegir, advertir que la más alta de las libertades se halla en la unión, la fusión con el Creador, con el Absoluto; que esta consagración nos permitiría quitarnos la venda de los ojos y, a partir de ahora, saber realmente quiénes somos, dónde estamos, hacia dónde nos conduce cada camino, y qué nos espera a su final.
Por ello, el resumen viene a enumerar ahora cuarenta y dos estaciones en nuestro camino. Cuarenta y dos veces acampamos, y otras cuarenta y dos volvimos a salir. Cuarenta y dos, es el número de veces que aparece la raíz alef-hei-bet (la raíz de "ahaváh"=amor) en toda la Toráh. Cuarenta y dos es también el número del mem-bet: el nombre de Hashém que invocamos para obtener "hamtakát hadín": que se endulce el rigor de la Ley, que se superpongan la piedad y la misericordia divinas a la hora de cada juicio sobre nuestros actos.
La lección de amor de estos cuarenta años es contundente.
No fue suficiente una libertad "de hecho" para arribar a la culminación del camino. No bastaba con ser liberados. Había que asumir, en primera persona, nuestra propia libertad, y demostrarnos actuando desde ella. Por tanto, sólo recibimos la Toráh tras decir, al pie del Monte Sinai, "haremos y comprenderemos"; tras asumir libremente que antepondríamos la acción a la comprensión y seríamos fieles a nuestro compromiso.
El pueblo de Israel, representado colectivamente como "la novia" en Shir-haShirím (el Cantar de los Cantares), da con estas palabras el "sí", en sus esponsales con el Creador de todo lo creado. Sobre ese instante sublime, nos dijo Rabí El'azár (Tratado de Shabát, 88a): "En el momento en que Israel antepuso la acción a la comprensión, salió una voz del firmamento" y celebró que los hijos de Israel hubieran accedido al nivel espiritual de actuar como los ángeles de servicio (malAjéi hasharét), actuando sin esperar a comprender, sabiendo que la comprensión sucede a la acción. Y agregó Rav Jama en nombre de Rabí Janina que sobre este instante está escrito en Shir-haShirím (2:3), "como la manzana entre los árboles del bosque": así como la manzana da sus frutos antes de dar sus hojas, así Israel, fructifican en acción y luego multiplican su follaje, que representa al pensamiento y la comprensión.
A partir de estos "Kidushín" (esponsales sagrados), nunca dejará Hashém de proveer sustento y protección a Israel. Pero el amor es también una prueba para la que hay que estar constantemente preparado. Porque no es menos fácil que vacío vivir sin compromisos, sin verdades, sin certezas, sin promesas. Quien así vive, rara vez sufre de veras (bien se dice que "no hay viento favorable para quien no sabe a dónde va"), y tampoco sabe de la felicidad plena del Shalóm. Mas quien asume un compromiso de amor no debe desviarse un ápice de su camino, y debe mantener siempre la meta, la fusión más plena, el crecimiento hacia la plenitud, en el horizonte de sus ojos (y ese es el secreto de que aconsejen nuestros sabios, en los fundamentos de la meditación judía, cerrar los ojos y ver ante ellos, escrito en letras luminosas, el nombre de cuatro letras de Hashém).
Estos cuarenta años en que hemos deambulado por el desierto para crecer y afirmarnos en nuestra verdadera esencia luminosa, abundaron también en ocasiones en que, por miedo u ignorancia, nos desviamos en algo del Amor. Ora miramos hacia atrás, ora hacia los costados. Ora deseamos lo que no era para nosotros y tal deseo nos hizo caer; ora nos cegó la luz y pedimos prepotentemente lo que ya nos había sido concedido. Y cada vez, hubimos de enmendar y reparar el daño causado en el Amor, que no admite mácula ni defecto ni rasguño y desvío alguno. Es duro reparar y enmendar; mas una de las maravillas del verdadero Amor es que siempre brinda oportunidad a la enmienda: mucho más duro sería, a partir de un instante o una vida de debilidad o de un error, habernos perdido la cima de la vida para siempre.
Hay que mirar con atención al espejo a partir de las palabras recién dichas. El camino a través del desierto es el tuyo y el mío, el de cada uno de nosotros, cada hoy. El Amor de que hablamos es el compromiso vital que nos une a Hashém y a su Toráh; y no por ello deja de ser, ajustado a las mismas formas y requerimientos, el pacto de amor con tu pareja, con tus padres, con tus hijos, con tus discípulos y tus maestros. Hoy, tras dos mil años de deambular por el desierto, nos aprestamos a ingresar a la GueUláh, por fin, a la tierra de Israel, paradigmática y real a una vez. Hoy es tiempo de síntesis: tu oportunidad, y la mía, de ejercer el mayor Amor, desde la práctica de la Toráh -desde la práctica de la Verdad-, desde la práctica de la bondad, de la piedad, de la inocencia, de la generosidad. Tiempo de que demos lugar en nuestros corazones al mayor Amor de todos los amores.
Sea voluntad de Hashém que estemos a la altura del desafío, que sepamos hacer mientras caminamos en dirección a comprender. Y que a través de ello, atraigamos hacia nosotros, hacia todo Israel y la Creación entera, la pronta y completa Redención por mano del Mashíaj ben-David, pronto en nuestros días. Amén.
Shabát shalóm, e inicio conciente y propicio al Bien del mes de Menájem-Av,
daniEl I. Ginerman
Editor
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Matók MiDvásh: prensa electrónica de Ieshivah.Net - Edición No. XXXVII
Tamuz 5765, Parasha't Matót, desde Jerusalem
Edición dedicada a la generación de mérito colectivo para la Redención con Shalóm
"... y os Icé sobre alas de águilas, y os traje hacia Mí..."
Ultimo Momento:
Se ha desatado la guerra dentro de tí mismo
Javerím, queridos amigos, Shalóm:
Lecturas imprescindibles para parashát Matót (Bamidbar -Numeros- 30:2 a 32:42)
* Parashát Matót-Masa'éi: clase de daniEl I. Ginerman en el Beit-Midrásh virtual
* Matók MiDvásh #19 a b c d e f
* Parashát Matót, por Rav Shlomo Wahnon en Mesilot.Org
* Parashát Matót-Masaéi, por Rav Shimon Elituv
* Parashát Matót, por Rav Pynchas Brener
Tratamos de comprender qué es lo que nos pasa. Caminamos un largo camino de exilio: 400 años desde que Ia'acóv descendiera a Mitsráim; 40 desde que salimos. Un camino que incluyó etapas de prosperidad y de esclavitud, de desesperación y de certeza; un camino en el que perdimos a gran parte de nuestros hermanos (¡apenas un 20% del pueblo de Israel salió de Mitsráim!) y continuamos caminando, con firmeza, con los ojos ahítos de maravillas y señales verdaderas, rumbo a una realización que sabemos cierta desde siempre.
Y entonces, en este último tramo de camino que nos va trayendo de retorno a casa desde cada dimensión de nuestro exilio, una y otra vez desviamos la mirada. El camino se enrarece; se llena de tentaciones extrañas, ajenas. Cuanto más cerca nos encontramos de la meta, más neones nos encienden por doquier, más coreografías baratas que marean, más ruido del que impide que escuchemos el silencio. Ora son ejércitos armados, ora brujos malignos; las memorias de la carne o las túrgidas princesas midianitas: todos buscan desviarnos, para derribarnos. Porque nada tenemos para hacer en este mundo sin Toráh, y ningún destino tienen nuestros pasos sino la tierra de Israel. Valor hay que tener para merecerlo, y hay que demostrar valor para lograrlo.
Tratemos de comprender qué es lo que nos pasa. Caminamos un largo camino de exilio: casi 2.000 años desde que fuera destruido el segundo Beit-HaMikdásh. Un camino que incluyó etapas de prosperidad y de esclavitud, de desesperación y de certeza; un camino en el que perdimos a gran parte de nuestros hermanos a manos de los enemigos de Israel. Y continuamos caminando, con firmeza, con los ojos ahítos de maravillas y señales verdaderas, rumbo a una realización que sabemos cierta desde siempre. En el último siglo, desde el tobogán del exterminio se alumbró la salvación, y nos vimos de pronto retornando, juntos, por todas las rutas del mundo hasta nuestra tierra. Rumbo a la libertad de ser, otra vez, por entero, nosotros mismos.
Y entonces, en este último tramo del camino hacia el verdadero camino, arrecia la tentación de desviarnos. ReUbén y Gad, primogénitos de LeAh, tienen vocación de sacralidad, de ser buenos, de hacer lo correcto a ojos del Creador. Son poderosos, e inmensamente ricos en ganado. Y descubren que en el lado oriental del río Iardén, antes de entrar a la tierra sagrada de Israel, se encuentran las pasturas que sus rebaños necesitan: el potencial que habrá de multiplicar y perpetuar su riqueza.
¿Para qué quieren ser ricos? Quieren ser ricos para sostener a los pobres de Israel, pues han hallado que tal es su misión para con el resto del pueblo. Están dispuestos incluso a sacrificar su porción de tierra sagrada y permanecer fuera, junto a ésta, con tal de desempeñar correctamente tal misión. Van y se pronuncian ante Moshéh (Bamidbár -Números- 32:4): "La tierra que azotó Hashém ante la congregación testimonial de Israel es tierra de ganado, y tus siervos tienen ganado". Moshéh sabe que sus intenciones son sagradas. Y no obstante, reacciona (32:14): "Y he aquí que os habéis levantado tras vuestros padres, tarbút Anashím jataIm", con una cultura, un aprendizaje, "de hombres pecadores; para agregar más a la furia de Hashém sobre Israel".
¿Por qué semejante reacción de Moshéh, cuando las intenciones de ReUbén y Gad son sagradas?
Porque su acción, aún cuando no contradice al camino del bien, abre un espacio por el que puede colarse lo profano y anular todo propósito previo, para poner la acción completa al servicio del mal. Moshéh advierte que lo que Gad y ReUbén se proponen -viola, no lo sagrado, sino los cercos que lo guardan y lo vigilan. Y sabe que, sin esos cercos, no es posible asegurar realmente el camino de Israel.
Moshéh sabe que uno puede consagrar -tornar sagrados- sus apetitos "de este mundo": desear riqueza para hacer el bien, buscar comodidad para avanzar sin angustia en la sabiduría verdadera, procurar los más estupendos manjares para bendecir con mayor énfasis al Creador. Pero sabe también que, hacerlo, entraña un peligro que pocos hombres serán capaces de sobrellevar: el peligro de apetecer a la riqueza en sí por el honor que conlleva, a los manjares por el deleite, a la comodidad por la tentación del ocio, etc. A la postre, esta tesis se demostrará cierta: a la hora del exilio (hace más de 2.600 años), Gad y ReUbén serán los primeros en caer en manos del enemigo, y desaparecer sin rastros hasta hoy.
¿Por qué semejante reacción de parte de cada uno que cela la Toráh, que cela el ejercicio de la Verdad, cuando los desvíos del plan sagrado parecen o dicen ser en aras del Shalóm, del bien universal, de la viabilidad judía, del desarrollo, de toda una gama de valores que suenan a bien a primera oída? ¿Por qué parece que no hubiera cómo negociar nada con quien detenta por bandera la Toráh? ¿Por qué semejante celo de parte de la Halajáh, cuando propone más y más cercos concéntricos alrededor del mal para que no lleguemos ni aún a aproximarnos a él; cuando prohibe acciones externas a cada prohibición fundamental, pero que ofician de pasaje hacia ellas?
Porque transgredir los cercos, abstenerse de tocar el objeto de deseo mientras se lo mira con ganas, quedarse en la tierra sagrada tomando la "tierra" y postergando su carácter de "sagrada", quedarse con la identidad judía olvidando los componentes concretos que le son irrenunciables, ...., todo lo que implique una aproximación a negociar lo innegociable, culminará indefectiblemente en una profanación fundamental, en un absurdo tragicómico que convierte en ridículo lo solemne, y expresa en discurso in-significante lo que antes era un silencio suficiente y pleno de sentido.
Nos encontramos en días de luto; en esas tres semanas que, desde el 17 de Tamuz hasta el 9 de Menajem-Av, se traducen hoy en memoria de destrucción, de ruina, de fracaso y frustración; en memoria de un despeñarnos en una oscuridad que aún nos pesa. En esas tres semanas que, éste mismo y cada año, pueden ser dotadas de un sentido de completa Redención, con tal que lo deseemos, lo pidamos, y lo ejerzamos de modo completo. Nos encontramos en días de luto cuando gran parte de Israel transa de modo insensato valores espirituales y materiales, actitudes vitales y extensiones de tierra, mitsvót positivas y la humillación de sus hermanos, a cambio de ilusiones vanas, de la alucinación de cualquier ficción televisiva mediocre, y la imposición de su final infeliz a la realidad palpable, y a la invisible a los ojos por igual. Días que vienen luego de lo que nuestra parasháh nos advierte. Acaso, si Gad y ReUbén no ceden a la tentación de preservar e incrementar su riqueza por medios "naturales" arriesgando su Toráh, sucederá que la obra de la fe les acreditará tanta o más riqueza: tanta como sus actos e intenciones merezcan.
Mas hoy, cuando ya tanto ha pasado afuera de cada uno, es tiempo de incorporar la sabiduría necesaria y arraigarla en nuestros corazones. No podemos engañarnos: no contamos con la altura espiritual, con la sabiduría, con la fuerza necesarias, para luchar contra nadie más que nosotros mismos. ¿Por qué? Precisamente, porque no hemos triunfado aún en la guerra que se libra en nuestro propio interior. Al ser responsable por mí, soy también, en parte, responsable por tí. Si no me corrijo, no te doy un ejemplo que te ayude a corregirte. Si no me enmiendo, no puedo esperar que te enmiendes tú. Y estoy en guerra conmigo mismo. Porque seguramente, a veces, cuando me presto a realizar tareas profanas a cambio de dinero, pesa en la decisión alguno de mis propios apetitos materiales. Porque no he vencido completamente a mis instintos, de modo que se vuelvan por completo sagrados, y vuelquen su energía a aprender y enseñarte lo que aprendo.
ReUbén y Gad son parte de mí (también son parte de tí). Moshéh es parte de mí (y es parte de tí). Si no aprendemos a leer en nuestro interior lo que indefectiblemente debemos aprender, nos condenamos a que sea nuestro exterior el que acuda a enmendarnos. Y entonces, aparecen ahí afuera esos monigotes que rigen inexplicablemente nuestros destinos. Y se van deteriorando para hacerse obvios, para que advirtamos lo que debemos hacer, hasta llegar a circunstancias tan demencialmente ridículas como las actuales (no te tomes el trabajo, pero si insistes, te remito a los titulares de prensa, de Israel y del mundo, de la última semana apenas).
¿Qué hacer? ¿Ocuparse de los que creen que mandan y rigen la realidad? ¿O hacer lo que nos tornará mandadores y regentes de la verdadera realidad? Tú y yo tenemos en nuestras manos con qué enmendar la realidad, con qué anular los decretos de los insanos que decretan, con qué acercar la GueUláh, la verdadera y completa Redención.
Cierra los ojos. Imagina, por un instante apenas, que con sólo modificar tu propia vida en dirección a la Verdad, puedes modificar la vida de los que amas, la vida de los que rodean a los que amas, la vida del mundo. Que con sólo dirigir tu vida hacia el camino de la Toráh y unirte a los que así hacen e impulsan, puedes acercar la construcción del Beit-Hamikdásh; puedes atraer la GueUláh; puedes hacer felicidad, constituir Shalóm.
Ahora abre los ojos, y sabe que es así, que lo que has imaginado es verdad. Hashém nos conceda el mérito de hacer Bien.
Quiera Hashém que sepamos hacerlo. Shabát shalóm,
daniEl I. Ginerman
Editor
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publicación original: http://eduplanet.net/mod/forum/discuss.php?d=2329
Matok MiDvash
Edición No. 84 - Tamuz 5766 - Matót-Masa'éi (Bamidbar -Numeros- 30:2 a 36:13)
"... y os Icé sobre alas de águilas, y os traje hacia Mí..."
Claves Estratégicas para la Victoria en nuestra Guerra
Esta edicio'n esta' consagrada a la elevación de las almas de todos los caídos por la acción asesina de los enemigos del hombre y de Hashém, a la preservación con vida y con salud de todos nuestros hermanos prisioneros del enemigo y su retorno a nosotros en plena y luminosa Teshuváh, y a la consecución de Shalóm completo en un mundo redimido, del que el mal haya sido desterrado para siempre por completo
Javerím, queridos amigos, Shalóm:
Todas las enseñanzas sobre la parasháh que acompañan a esta edición, se hallan disponibles en el curso "La Parasháh de la Semana", parashát Matót y parashát Masa'éi
En estos días terribles que estamos viviendo, es enorme el estímulo y la calidez que nos brindan tantos de vosotros, tanto por e-mail como llamándonos por teléfono desde todos los rincones del mundo. La precariedad con que estamos trabajando, exiliados de nuestro hogar, nos impide responder personalmente a cada uno. Vayan desde aquí, entonces, nuestra inmensa gratitud a todos quienes nos acompañan en la emoción y en la plegaria, a todos los corazones solidarios que atraen con su proceder la GueUláh, y nuestra bendición sincera.
Al inicio de nuestra lectura semanal de la Toráh, en parashát Matót (Bamidbár -Números- 30:2), Moshéh se dirige a los "presidentes" de cada una de las tribus de Israel, para enseñarles: "Esto es lo que ordenó Hashém". El No'am Elimélej llama nuestra atención hacia esta "reunión de cúpula", y nos indica que cuando un tsadík, un hombre "justo sagrado", busca atraer el fluido de Bien de los Cielos hacia nuestro mundo, debe conectarse con otros tsadikím, con otros hombres justos de vida sagrada, con capacidad de liderar y transmitir y contagiar.
Esta conexión con los discípulos (quienes comparten el código, el pacto y el amor) hará las veces de amplificador, potenciando el "davár" -la palabra, que es a su vez la "cosa"- del tsadík: los discípulos leales son el vehículo que lleva a la enseñanza desde su "estado" de palabra, hasta la acción capaz de bloquear y obstruir al mal. Hemos aprendido que cuanto sucede en el mundo material tiene correlato en los Mundos Superiores (y viceversa); de modo que cuando el tsadík, potenciada su palabra por la interconexión con sus discípulos, "decreta" detener al mal "en lo Alto", el mal es bloqueado y detenido en lo bajo también.
Si la Toráh viene a precisarnos esta enseñanza es justamente porque el Maestro, cuando no cuenta con la atención plena y comprometida de los discípulos, carece de herramientas que le habiliten a obstruir la acción del mal: a ello refiere Moshéh cuando se pregunta (Devarím -Deuteronomio- 1:12): "¿Cómo cargaré, solo, vuestro esfuerzo, vuestra carga, vuestra riña?". Moshéh sabe que la incidencia luminosa de la Toráh sobre la realidad, depende del carácter expansivo de la enseñanza, depende del colectivo de hombres que se comprometan espiritual y materialmente con ella. Si ello sucede, la palabra del tsadík detendrá al mal y atraerá al Bien sobre la Creación. Mas de lo contrario: ¿cómo enmendará, solo, la realidad de los demás? ¿Cómo, si ellos no se conectan con él y no hacen las veces de manos, de piernas, de organismos vivos que traducen la enseñanza en incidencia sensible sobre la realidad global?
El mensaje que transmite Moshéh a los líderes de las tribus de Israel es altamente significativo para nosotros, y refiere a leyes muy específicas que tocan al "hombre que jure un juramento" (Bamidbár -Números- 30:3), etc. La palabra que estamos traduciendo por juramento es, en hebreo, "néder" (nun-dalet-reish), cuya raíz nos remite a "ladúr"=morar y a "diráh"=morada. Acude en nuestro auxilio el Nó'am Elimélej para revelarnos que, siendo que el hombre tiene un alma -sustancia puramente espiritual- que alienta un cuerpo material, debe convertir su alma en "morada" del Creador (en recipiente hábil para recibir el fluido de Luz sagrada), y ello determinará su mérito y derecho a una morada material para su cuerpo, de categoría proporcional a la de la morada que erige en su alma para la Verdad trascendental de la vida.
Ese es, precisamente, el compromiso -el "juramento"- fundamental de Israel: por medio de producir de nuestras almas una morada adecuada para la Shejináh -la Revelación sensible de la inherencia del Creador sobre Su creación-, estamos llamados a constituir los canales a cuyo través fluye la bendición, el hálito vital, hacia la Creación toda. Y todo tiempo que no lo hacemos, todo tiempo que ajenamos de nosotros la práctica de la Toráh -que es la herramienta de que disponemos para dotar de forma perfecta a nuestras almas-, estamos incumpliendo el juramento y "atando las manos" al tsadík, a quien tiene capacidad de revelarse en calidad de Mashíaj y destrabar la completa Redención; estamos dejándolo solo, y con ello, nos dejamos a nosotros mismos indefensos frente a los embates del mal. Ninguna coincidencia con los días que estamos viviendo debe ser tomada con ligereza.
La clave del triunfo en la guerra contra el mal es indicada claramente por Moshéh un poco más adelante, cuando ordena (Bamidbár -Números- 31:3) reclutar entre el pueblo soldados, dispuestos a llevar a cabo la "venganza de Hashém" contra quienes ejercen el mal. Onkelus, el gran traductor de la Toráh al arameo, llama la atención sobre el carácter de esta "venganza", que no es sino la justa retribución a la acción del mal. En su traducción de este verso, no refiere a una "venganza de Hashém" sino al "juicio-rigor del pueblo de Hashém". Porque la sustancia de Israel no es "genética" o racial, sino que se constituye a partir del Pacto, de la consustanciación con la verdad de la Toráh, como hemos explicado. De tal modo, cuando la conducta de Israel nos convierte en brazo físico de la Toráh espiritual, nuestra reacción contra el mal obtiene "certificación" por parte de Hashém, que compromete la victoria completa para la guerra que libramos nosotros (es necesario aclarar que la guerra que se encuentra describiendo la Toráh en este pasaje no es iniciativa de Israel, sino reacción al ataque de que el mal nos hace objeto, provocando mortandad entre nosotros).
Esta semana leemos también parashát Masa'éi, que cierra el libro Bamidbár. En ella, hallamos que Hashém transmite a Moshéh las fronteras que deberá ordenar a Israel para cuando "vengan a la tierra de Cná'an" (Bamidbár -Números- 34:2); el Midrásh nos aclarará que la conexión entre Israel y su tierra tiene por propósito que "Cná'an" -cuyo nombre alude a la acción del mal manifiesto en la hechicería, la idolatría, la promiscuidad, la injusticia, etc., que tienen lugar en ella-, se convierta en "Tierra Sagrada" capaz de recibir el nombre de Israel, que alude a la sacralidad, a la unión íntima de la creación con el Creador.
El mismo verso continúa explicando que "ésta es la tierra que caerá a vosotros por heredad". Advierte el Nó'am Elimélej el peculiar uso del verbo "caer" (lipól, en hebreo), que alude a que la tierra sagrada será entregada a Israel a través de que Hashém derribará -hará caer- a las fuerzas del mal que buscarán incansablemente resistir y revocar dicha unión. Hemos mencionado más arriba la armónica simetría necesaria entre lo que acontece en los Mundos Superiores y lo que hacemos en el nuestro: tal derribamiento del mal desde lo Alto, ocurrirá únicamente si nosotros hacemos el Bien aquí en lo bajo.
Masa'éi resume las 42 etapas del viaje de Israel a través del desierto, rumbo a su tierra. Cada etapa, consta de dos partes: "y viajaron" la primera; "y acamparon", la segunda. Enseña el Zohar HaKadósh que cada ocasión en que se indica que "viajaron" ("vais'ú", vav-iod-samej-'ain-vav) refiere a una instancia del daño causado por el mal a la Shejináh -o sea, cada forma en que el mal estrangula, esclerosa, los canales a cuyo través fluye la Luz Sagrada superior hacia nosotros-, y cada vez que se detalla "y acamparon", refiere a una enmienda que el tsadík, potenciado por el conjunto del pueblo todo, produce sobre dicho daño. Esta idea se reforzará al advertir que la raíz sámej-'ain del "viajaron" tiene valor numérico 130, que nos remite a 5 "jasadím" (fuerzas de Bien) desplegadas por Hashém, que debemos enmendar y despertar (representada cada una de ellas por el Nombre sagrado de valor 26; 26x5=130); en tanto, el verbo "acampar" tiene raíz jet-nun, que remite al "jén", a la belleza sutil que detenta la sabiduría profunda cuando se revela en el mundo de la acción. El propio número 42, por su parte, sintetiza todo el procedimiento: el Zohar nos enseña la existencia de un Nombre sagrado de 42 letras capaz de activar la Misericordia de Hashém -"endulzar el rigor"- sobre el mundo inferior, para revelar la Shejináh. Se trata de la concatenación de siete grupos de seis letras cada uno: seis tikuním -enmiendas o conexiones- que la acción de la Toráh produce cada día de la semana, para llegar desde la sucesión domingo-viernes de profanidad, hasta la sacralidad del Shabát. Ese, y no otro, es el verdadero proceso de "'aliáh", de ascensión a la tierra de Israel, a cuyo través todo quien se decide parte del pacto de la Toráh adquiere derecho a una morada de Shalóm en nuestra tierra.
En parashát Matót hallamos también que las tribus de Gad y ReUbén, y la mitad de la tribu de Menashéh, expresan a Moshéh su voluntad de resignar la porción en la tierra que les está destinada, al oeste del río Iardén -Jordán-, y ocupar tierras que se hallan del otro lado del río, que son especialmente aptas para la cría de su numeroso ganado. A cambio, se ofrecen a luchar junto a todo el resto del pueblo, en la primera fila de la batalla, para liberar la tierra de Israel. Tras un largo intercambio, Moshéh les concede su pedido, mas lo hace puntualizando, excesivamente en apariencia, cada etapa a cumplir (Bamidbár 32:20-22): deben luchar en la vanguardia "ante Hashém", y cada uno de ellos debe cruzar el río Iardén y permanecer junto al resto de Israel hasta que todos los enemigos hayan sido vencidos, y recién tras que la tierra sagrada haya sido completamente recuperada, podrán retornar a la parcela que han elegido para sí.
Se pregunta en este punto el Or HaJaím HaKadósh por qué la insistencia de Moshéh en dichos detalles, que ya han sido prometidos por ellos previamente. Y responde que Moshéh desconfía, porque advierte que el compromiso de luchar junto al resto de sus hermanos no tiene otra intención que la de negociar su propósito final: la obtención de las tierras que han elegido para la cría de su ganado. Y Moshéh sabe que "ello no es bueno para la obtención de la victoria en la guerra; porque los guerreros deben combatir con el propósito de realizar la reacción de Hashém contra el mal", más allá de la circunstancia de la guerra, que es por recuperar (o mantener) su hogar y su vida.
Moshéh sabe -nosotros sabemos- que no se ensaña contra nosotros el mal sino para que, al salir a defendernos, lo erradiquemos y destruyamos por completo. Y la victoria sólo es posible si el propósito que nos mueve es de carácter trascendente; si lo que verdaderamente nos importa es ganar la guerra del Bien contra el mal, atraer la GueUláh completa y liberar todos los conductos por los que la Luz sagrada inundará nuestra vida, para emerger de la oscuridad de los días profanos rumbo al Shabát de la Creación. O, como establece claramente el Rambá"m -Maimónides- en Hiljót Melajím (Normas relativas a los Reyes, cap. 7, halajáh 15), en referencia a las guerras que vivimos entonces como hoy: todo quien lucha, albergando en su corazón exclusivamente la intención y el propósito de estar librando la batalla sagrada del Bien contra el mal -o sea, que apunta mucho más alto que a la resolución del desafío circunstancial que dio lugar a la guerra-, tiene asegurado que no sufrirá daño alguno, y el mal no le alcanzará.
Moshéh parece redundar en el detalle de las condiciones, pero en realidad está advirtiendo a ReUbén, Gad y la mitad de Menashéh que si su acción militar no se sustenta en el compromiso vital y completo con la Toráh, no sólo no serán de ayuda, sino que estarán comprometiendo el resultado de una guerra cuya victoria ya ha sido concedida de antemano; si salen a la guerra únicamente para obtener un beneficio circunstancial -trátese de un beneficio material, o aún de evitar que sucumbamos a una lluvia monstruosa de misiles-, la guerra está perdida. Si, en cambio, Israel advierte que quienes detentan la muerte física y espiritual por estandarte se han lanzado contra nosotros para darnos la oportunidad de atraer la GueUláh, entonces, derribada que será en lo Alto la fuerza que les da vida, la victoria será completa, y un maravilloso amanecer de Luz resultará de tanto sufrimiento y tanto dolor, desde la palabra buena de la Toráh cuyos discípulos traduzcan en realidad palpable, enmendando con amor las almas de quienes se afirman en la maravilla de la Verdad y se apegan a la Toráh en teshuváh plena.
La madurez no resulta de los pasados y presentes que te constituyen, sino del punto de inflexión en que, de pronto, aprendes a salvar -a actuar- cuanto te hace futuro. Hasta el más atroz de los presentes, contemplado a través de la lente maravillosamente clara de la Toráh, se comporta como una forma posible del camino hacia la GueUláh.
El camino de "retorno", de teshuváh que te consituirá en hombre en el más pleno sentido de la palabra, se hace "despavoridamente", de un salto prodigioso, ni bien te das cuenta cuán lejos estás. Si miras desde donde se ve la realidad sin error, advertirás que estamos tan lejos -tan esclerosada nuestra percepción, tan sometidos a ilusiones vanas- que sólo la infinita Misericordia de Hashém nos da la oportunidad de un golpe de pavor que nos fuerce a mirar únicamente hacia lo Alto y únicamente de allí esperar el milagro; entonces, aunque creías que sabías, aunque estabas tentado de sentirte conforme con tu camino, te dices de pronto en un grito que no cuentas con mérito alguno que te defienda ni aún dentro de tu hogar o en tu camino convertidos en campo de batalla; y te descubres de pronto conduciendo tu auto a través de una línea de fuego en la que retumban explosiones de continuo, y manejas con los tefilín templando el corazón y la mente mientras elevas tu mejor plegaria, la más íntima y la más ardiente, sin cesar.
Sea voluntad de Hashém que baste lo ya sufrido para despertarnos de esta pesadilla -que podríamos tornar superflua y es atroz-, y que sepamos merecer la desaparición de los enemigos del hombre de modo que no reste de ellos rastro alguno ni memoria, y advenga con ello la GueUláh completa, para que desde cada quien y desde todos la vida entera no sea sino el más alto y transparente Shalóm.
Mis brajót para todos,
daniEl I. Ginerman
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