Editado por

Daniel GinermanDaniel Ginerman

Contacto directo
tel. 9318-46704
Sobre el autorautor ContactoContacto
Buscar
Temas
Archivos
Hemeroteca
Junio 2012
LMXJVSD
<<  <   >  >>
    123
45678910
11121314151617
18192021222324
252627282930 
Sindicación
PARTICIPACIÓN
SERVICIOS



El sótano encima de casa

Permalink 01.05.07 @ 00:21:42. Archivado en Letras Mágicas

Por Amor (II): El Templo de Pasos

iaIr menachem, 3 de Menajem-Av, 5763

Teníamos un sótano de piedra en la azotea de casa. Una construcción casi redonda (de lados innumerables), que vista desde fuera, tenía ventanas y puerta, siempre abiertas. Por la puerta del sótano sobre la azotea de casa, los advenedizos intentaban saltear todo el tránsito de la cerca y el lodo, y el césped con abrojos y los regaderos y el sendero de cal surcado por corrientes de aire, y los focos de mercurio y las alfombras que cuentan historias, y aparecer directamente adentro: no sabían que llegar a casa era solamente el resultado final de haberse atrevido a entrar, de haber demostrado que uno es capaz y apto para entrar. El caso es que esa puerta, al igual que todas las ventanas que exhibía el sótano de paredes de piedra sobre la azotea, daba a un ambiente cuadrado y gris, asfixiantemente pequeño y húmedo: cuando entraban por ella, orgullosos de su artimaña, veían las paredes que azulaban gris, y perdían inmediatamente su proyecto y el raciocinio que creían albergar respecto de cuanto sucedía en casa, siguiendo el cual habían atrevido su intento temerario de intrusión. Cada uno que caminaba el techo hasta las paredes del sótano y se topaba con la trampa inconcebible de la celda inhóspita aún si abierta, agregaba al imaginario de la ciudad nuevos mitos estrafalarios acerca de nosotros. Se sentaban en los cafés del centro y contaban por horas, desde la interpretación que hubiera dado al fiasco su orgullo herido, de qué se trataba en realidad nuestro círculo, y con qué armas atraíamos la inspiración para crear. Casi nunca entraba alguien al sótano verdadero, en la azotea de casa. Al costado de la puerta que comunicaba el salón de las alfombras con la recámara en que celebrábamos, había una estantería que sólo sostenía una pequeña burbuja de fuego en el estante del medio. Tras la estantería, visible solamente cuando se caminaba desde el fondo de la recámara rumbo a la entrada de casa, se abría una puerta por la que había que ingresar agachado. Los primeros dos pisos del descenso (unos treinta y tres escalones) eran oscuros y estrechos; a veces, alguien que no se había integrado aún por completo al régimen de vida de la casa llegaba por azar hasta ahí, pero antes de completar estos dos primeros pisos entre tinieblas hacia abajo, emprendía un precavido retorno para buscar reparo en el aire fresco de la recámara. Mas quien continuaba el descenso, recorría escaleras que se hacían más anchas cada vez, y más blancas, y más curvas; escaleras en un ambiente sin ángulos que viraban de pronto hacia lo que parecían paredes o hacia el techo, al punto que tratar de retener la discriminación entre arriba y abajo, entre derecha e izquierda, hacía que el aventurero se perdiera por completo: llegaban a deambular días por ahí hasta que alguna de las trampas distribuidas por seguridad los devolvía a cualquier punto del bosque de árboles con ese follaje plateado por arriba y ceniciento por debajo, que se extendía detrás de casa. Quien, por el contrario, iba apagando los frenos de su razón a medida que avanzaba y hacía propias las exigencias del camino, quien integraba todas las direcciones del espacio en un único "hacia delante" que se definía solo con tal de que no pensara por sí mismo, recorría una escala de color y de sonido y de texturas que se iban confundiendo consigo: del verde intenso y el rojo sangre y el sonido del rugido y la madera sin trabajar en el olfato de los pies, al azul licuado en tempestades violáceas que estremecían los oídos y empapaban las manos, al amarillo y el ocre claro de las arenas y el incendio en los ojos, al gusto de almohadones transparentes en el paladar y la clausura de la sal sobre los labios, al sentido de la piel de hombre en las paredes del túnel indistintas de su propia piel, a la disolución y rediseño de las paredes del yo coincidiendo con las del discurso de la casa; hasta hallarse con que el camino físico había cesado hace mucho, y no obstante, ya no se podría dejar de caminar, hacia un delante siempre que ya no requería acción propia de los pies. Entonces, habían llegado al sótano culminante del salón circular sin techo, donde eran recibidos por mis ancestros que no conocí, que escribieron en tiempos inmemoriales estas letras.


Bookmark and Share

Comentarios:
Enhorabuena, me gusta mucho su blog.
aprendo cosas muy hermosas y que me enriquecen
Pido a Dios que le ayude y podamos disfrutar de su sabiduría.
Sara Gomez
Enlace permanente Comentario por Sara Gomez 02.05.07 @ 10:25

Se muestran únicamente los últimos 40 comentarios de cada post.

Los comentarios para este post están cerrados.

Blogs
Blog de Orlando Carmona

Blog de Orlando Carmona

El verdadero siervo de Dios y apóstol de Cristo

Orlando Carmona

Pacos

Pacos

Ser o no ser...

Paco Sande

Diálogo sin fronteras

Diálogo sin fronteras

El genio femenino entra en el Vaticano

Carmen Bellver

Comunicación Institucional: desde la Academia

Comunicación Institucional: desde la Academia

Project Glass de Google

Rolando Rodrich

Punto de vista

Punto de vista

El suicidio de España

Vicente Torres

Un país a la deriva

Un país a la deriva

Anasagasti obsesionado con las marcas.

Vicente A. C. M.

Las crónicas de Juan Fernandez Krohn

Las crónicas de Juan Fernandez Krohn

Juez Dívar inocente hasta prueba de lo contrario

Juan Fernandez Krohn

Religión Digital

Religión Digital

Nueva evangelización y vida contemplativa

Religión Digital

Opinión

Opinión

Entre Andorra y Gibraltar - Que intervengan la economía si nos libramos de los políticos.

Opinión

El blog de X. Pikaza

El blog de X. Pikaza

Dom 3 VI 12. Fiesta de Dios, Trinidad

Xabier Pikaza Ibarrondo

Crónicas Bárbaras

Crónicas Bárbaras

Franco autoritario

Manuel Molares do Val

Secularizados, mística y obispos

Secularizados, mística y obispos

Retiro: EL CORAZÓN DE JESÚS

Josemari Lorenzo Amelibia

Ríase, aunque sea de mí

Ríase, aunque sea de mí

"O Fortuna" no es una marca de cigarrillos.

Chris Gonzalez -Mora

El buen vivir de Juan Luis Recio

El buen vivir de Juan Luis Recio

Easy Fruit una nueva licuadora que ayuda...

Juan Luis Recio

La Isla de Pascua

La Isla de Pascua

Más de 300 bolilleras se darán cita este sábado 2 de junio en Ampudia

Julio César Izquierdo

El Blog de Otramotro

El Blog de Otramotro

El naufragio es evidente

Ángel Sáez García

Salvando al Soldado Ryan

Salvando al Soldado Ryan

Brasil: impávido coloso

Jaime Noguera

Latino

Latino

Mega-terremoto en Lima…. ¡Uff, fue sólo un simulacro!

Paul Monzón

Humanismo sin credos

Humanismo sin credos

¿Salvan? ¿De qué?

Asoc. Humanismo sin Credos

Voto en Blanco

Voto en Blanco

La "enfermedad" que ha hundido a Bankia es la misma que está destruyendo a España

Francisco Rubiales

Haz de PD tu página de inicio | Cartas al Director | Publicidad | Buzón de sugerencias | Publicidad
Periodista Digital, SL CIF B82785809
Avenida de Asturias, 49, bajo - 28029 Madrid (España)
Tlf. (+34) 91 732 19 05
Aviso Legal | Cláusula exención responsabilidad

redaccion@periodistadigital.com Copyleft 2000

b2evolution Creative Commons License
This work is licensed under a Creative Commons License.
Noticias Periodista Digital | Periodista Latino | Reportero Digital | Ciudadano Digital | Chistes, Videos y Poesias