Todo tiene su momento

CUARESMA DE LA FE - FINAL

22.03.13 | 16:29. Archivado en Acerca del autor

5ª SEMANA DE CUARESMA: SÁBADO

PRIMERA LECTURA: Ez 37, 21-28

“Haré con ellos una alianza de paz, alianza eterna pactaré con ellos”.

Reflexión bíblica:

La lectura de Ezequiel es una apuesta por la esperanza de un Israel unido. Ha precedido (vv. 15 al 20) una de las acciones simbólicas proféticas: dos varas (los dispersos de Israel y de Judá) que se juntan en una: “una sola vara y queden, así, unidas en mi mano”.

Mostrando esas varas que van a ser unidas, Ezequiel proclama el oráculo de la reunificación: “un solo pueblo…; no volverán a ser dos naciones ni dos monarquías”. Israel (monarquía del norte); Judá (monarquía del sur) no es el ideal del Israel reunificado.

La vuelta a la unidad activa en el “trabajo de Dios”, ante todo, la conversión: quedará atrás la idolatría: ni ídolos ni fetiches. Pero, quedarán atrás también los pecados, con una actitud ética nueva: “caminarán según mis mandatos y cumplirán mis preceptos”. En definitiva, quedará restablecida la alianza: “yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo”. La alianza no es sólo renovada, sino ahondada: “alianza de paz, alianza eterna”. Y, como signo de su presencia, el templo, recuerdo permanente de “su morada” en medio del pueblo. Símbolo de una consagración más profunda: la consagración del mismo pueblo al Señor.

SEÑALES PARA EL CAMINO DE LA FE:

La fe implica siempre relación: de Dios con el hombre y del hombre con Dios. La fe se da siempre en el contexto de una alianza: dos dimensiones (en nuestro caso, dos personas) se “re-ligan”; se ligan la una a la otra.

• Pero, quiso Dios salvarnos no individualmente, sino formando un Pueblo (Lumen Gentium). Nos salvamos “en racimo”. La dimensión comunitaria es esencial a nuestra fe.

La adhesión personal de la fe la hacemos siempre en el seno del Pueblo de Dios. No podemos separar nunca estas dos laderas: la persona y la comunidad.

• El nuevo Templo, morada de Dios, es Cristo. Él es quien nos consagra por el bautismo. Y de él somos piedras vivas. Tenemos el nuevo signo de la morada de Dios (Jesús) y somos signo de esa morada (piedras vivas del templo que es su Iglesia).

EVANGELIO: 11, 45-57

Jesús moriría por la nación. Y no sólo por la nación, sino para reunir en la unidad a los hijos de Dios que estaban dispersos”.

Reflexión bíblica:

La “profecía” del sumo sacerdote, Caifás, une el Evangelio de hoy con la primera lectura de Ezequiel: “la unidad de los hijos de Dios que estaban dispersos”.

San Pablo atribuye a la muerte de Cristo la unidad, no ya de los dos pueblos judíos, las dos varas de Ezequiel, sino del pueblo judío y de los gentiles: “Porque Cristo es nuestra paz, el que de dos pueblos hizo uno solo, derribando con su cuerpo el muro divisorio, la hostilidad” (ver Ef 2,14).

Importante, por tanto, que la unidad sea presentada por Juan con alusiones a la muerte de Jesús. La sangre de Cristo será, en efecto, la sangre de la “nueva alianza”. La nueva alianza universal que creará el nuevo Pueblo de Dios. La reflexión de Pablo sobre la realidad de la nueva alianza va en esa línea: “Ya no se distinguen judío y griego, esclavo y libre, hombre y mujer, porque todos ustedes son uno con Cristo Jesús” (Gal 3,28; ver también Col 3,13).

En el texto del IV Evangelio se entrecruzan así los planes de Dios y los planes de los judíos. En el fondo, llevaba razón Caifás: Jesús murió por el pueblo. Lo que Caifás no se imaginaba era que esa muerte iniciaba un Pueblo nuevo, una Alianza nueva, un Templo nuevo.

SEÑALES PARA EL CAMINO DE LA FE:

• La muerte de Jesús es una muerte solidaria: “por nosotros los hombres y por nuestra salvación”.

• Por la fe en Cristo Jesús, nos unimos al Pueblo de la Nueva Alianza. La que Jesús selló con su sangre, derramada por nosotros.

• Jesús reúne en su pueblo a hombres y mujeres de toda raza, lengua o nación. Es un pueblo universal. Nuestra fe no puede ser nunca “provinciana”.

La “pertenencia” no se nos puede convertir nunca en “clausura”. La fe no se nos puede cerrar ni puede cerrarnos a nosotros. Una fe cerrada es una fe frustrada.

• Por la fe, somos signo de una Alianza que Dios quiere hacer con todos los hombres y mujeres del mundo. La quiere hacer en Cristo Jesús. Y nos quiere a nosotros como pregoneros del camino que conduce hacia Él. Con palabras y con testimonio.


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Comentarios
  • Comentario por Xabier Pikaza Ibarrondo [Blogger] 06.04.13 | 19:54

    Un saludo admirado, cariñoso. Xabier

  • Comentario por Francisco Quintana de GUATEMALA 30.03.13 | 03:01

    GRACIAS por sus sabias enseñanzas lo mas difícil es dar testimonio pero creo que no podemos ser verdaderos testigos si no mostramos frutos gracias y como dicen ustedes en ora buena felices pascuas de resurrección reciba un saludo de la comunidad SENDEROS DE VIDA ZONA 6 GUATEMALA.

  • Comentario por juan 23.03.13 | 11:09

    Pedro: Han sido muy gratificantes tus reflexiones,esperamos que sigas,dandonos pautas para el camino de la vida.ADELANTE CON TU EVANGELIZACION.uN ABRAZO

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