Todo tiene su momento

CUARESMA DE LA FE - 34

21.03.13 | 02:08. Archivado en Acerca del autor

5ª SEMANA DE CUARESMA: VIERNES

PRIMERA LECTURA: Jeremías 20, 10-13

"Canten al Señor, alaben al Señor, que libró al pobre del poder de los malvados”.

Reflexión bíblica:
El contexto es una estremecedora y hermosa “confesión de Jeremías”. El momento es de crisis: “no hablaré más en tu nombre”. ¿Razón? Sentía por dentro no sólo la falta de respuesta por parte de Dios; también le frustraba la ridiculización de que era objeto: “yo era motivo de risa todo el día, todos se burlaban de mí. Pero es, también, momento de fidelidad: “hacía esfuerzos para contener la Palabra, pero no podía”.

Hoy, vuelve a recordar el ambiente adverso que lo rodeaba: “a ver si se deja seducir, lo venceremos y nos vengaremos de él”. Ahí, recuerda él la promesa de Dios, cuando su vocación profética: “yo estaré contigo”. Una promesa dinámica que se hace presente en el momento de aprieto. Su confianza tiene fundamento. El se confía en el Señor “que libra al pobre del poder de los malvados”. Esta actitud de Dios, que recorre la espiritualidad judía hasta llegar al Magníficat, es la que ilumina las otras “imágenes de defensa” que nos parecen más guerreras.

El valiente soldado, la victoria, la confusión de los enemigos, la venganza… son imágenes, tomadas de la guerra. No para tomárselas al pie de la letra… Están ahí para enseñar que “me has librado, porque a ti encomendé mi causa”. La confianza en el Dios que salva es el mensaje de este desahogo de Jeremías.

SEÑALES PARA EL CAMINO DE LA FE:

Tener fe no equivale a no tener problemas. Muchos buscan “el consuelo de la fe” como si de una terapia se tratara. La fe “terapéutica” no funciona. La fe es globalmente sanante, pero no es un recurso psicológico ni tiene una “receta” para cada problema.

Las crisis de fe son momentos importantes para la “purificación de la fe”. Muchas crisis de fe vienen de lo que Benedicto XVI ha llamado “el silencio de Dios”. Y, muy en concreto, del silencio de Dios como toda respuesta a la oración de petición. ¿Será que no sabemos pedir lo que nos conviene?

La fe probada se convierte en “fidelidad dolida”. La frescura espontánea de la fe es hermosa y cautivadora. Pero, no lo es menos la fidelidad de quien “no se aparta del camino de la fe, a pesar de todo”.

• En toda circunstancia, propicia o adversa, no se puede olvidar que el acto de fe abarca la totalidad de la vida. Desde la fe, sabemos que esa vida “no termina, se transforma”. Sin el futuro de Dios, la confianza pierde arraigo.

EVANGELIO: Juan 10, 31-42

“Por ninguna obra buena te apedreamos, sino por la blasfemia, porque siendo hombre te haces Dios”

Reflexión bíblica:

El IV Evangelio establece ya la razón de la muerte violenta de Jesús. Es la que se presentará en el juicio religioso, previo a la pasión: la blasfemia: “siendo hombre, te haces Dios”. Se comprende que, desde esa posición judía, no les valga para nada el razonamiento que Jesús hace de “las obras que el Padre le ha dado realizar”.

Se percibe claramente la tensión: por dos veces, los judíos intentan ya la violencia contra Jesús: quieren apedrearlo e intentan arrestarlo. Los argumentos de Jesús no les valen. Ellos se quedan fijos en un argumento de “lógica judía”: “un hombre no puede ser Dios”. Habían entendido bien la pretensión de Jesús. Eso era justamente lo que les quería decir: que él era Dios. Habían entendido bien, pero habían reaccionado mal. Ni siquiera las obras, que reconocen, les valen para avalar una semejante pretensión. Definitivamente, Jesús - piensan – es un blasfemo.

El ambiente de Jerusalén, el de la religión establecida, aparece siempre duro para Jesús. Por eso, marcha de nuevo a la orilla del Jordán. Los discípulos de Juan sí que hacen un argumento positivo: todo lo que Juan dijo de él era verdad. Y terminan creyendo: “allí, muchos creyeron en él”.

SEÑALES PARA EL CAMINO DE LA FE:

• A Jesús no podemos acercarnos con “pre-juicios” religiosos. Él mismo es el iniciador y el que lleva a plenitud nuestra fe. Y “nadie cree en él, si el Padre no lo atrae”.

• La confesión de fe cristológica es especialmente “desconcertante”. La Encarnación no entra en esquemas religiosos espiritualistas. Y, sin embargo, es el gozne del Dios de Jesús. Es la condición indispensable para que la humanidad del Verbo no se diluya.

• Amamos tanto a Jesús que, sin darnos cuenta, hasta divinizamos su humanidad. Nos tenemos que recordar constantemente: “El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros”.

• Si Jesús no se hubiera presentado con ese realismo, no habría dado ocasión a los judíos para que lo acusaran de blasfemo. Entre los judíos, había maneras de llamarse uno a sí mismo “hijo de Dios”, que no escandalizaban. Eran propias de los justos y piadosos. La de Jesús escandalizó, porque era “hijo” de otra manera: la encarnación: ¡¡¡Dios se hace hombre!!!


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