Todo tiene su momento

CUARESMA DE LA FE -30

18.03.13 | 22:59. Archivado en Acerca del autor

5ª SEMANA DE CUARESMA: MARTES

PRIMERA LECTURA: Números 21, 4-9

“Entonces el pueblo acudió a Moisés, diciendo:
—Hemos pecado hablando contra el Señor y contra ti”

Reflexión bíblica:

A veces nos extrañan estos relatos bíblicos que son tan sencillos que hasta nos parecen extraños. En el fondo de la lectura de hoy, hay, sin embargo una lección importante.

Estamos en el paso por el desierto. El camino del desierto es duro. Hay momentos en que ni siquiera la meta: la posesión de la tierra, tiene fuerza para empujar a los caminantes. Son momentos de impotencia y desesperanza. Aquellos hebreos, cansados y hambrientos, los convierten también en momentos de queja. La queja del silencio de Dios.

Tan hondo es el pesar, que la liberación a la que caminan les resulta indiferente. Prefieren volver a la esclavitud de Egipto: “¿por qué nos has sacado de Egipto, para morir en el desierto?”.

Una nueva situación adversa: la picadura de las serpientes venenosas es interpretada religiosamente como un castigo de Dios por aquella queja desconfiada. Y se da la confesión: “hemos pecado hablando mal contra el Señor y contra ti”. Y la petición de la intercesión: “reza al Señor, para que aparte de nosotros las serpientes”.

El Señor responde sanando de una manera que nos resulta extraña: una serpiente venenosa de bronce, colocada en un estandarte, va a ser el objeto de la mirada salvadora. Quizás sea todo un símbolo: Dios es capaz de sanar desde la misma situación que produce el desastre.

SEÑALES PARA EL CAMINO DE LA FE:

• Nuestra fe en Dios se ve muchas veces confrontada con “el silencio de Dios”. Nos parece que Dios se ha olvidado de nosotros. Todo es desgracia y dificultad en nuestra vida.., y Dios como si no se enterara.

La queja que, en situaciones difíciles y, a veces, desesperadas, nos sale contra Dios no es necesariamente una falta de fe. Es un grito interior por situaciones que nos desgarran o que desgarran el mundo en el que vivimos: “¿hasta cuándo, Señor?”

• Son momentos que nos hacen comprender que el camino de la fe no es un “camino de rosas” y que no es verdad que la fe nos vaya a hacer “parar de sufrir”. Quien cree en Dios sólo por los beneficios temporales que espera de la fe, ha perdido el rumbo.

• En la entraña de la fe hay algo fundamental que se refiere a cómo entendemos la vida. Si en la comprensión de la vida, desde la fe, no entra la “vida eterna”, nos quedamos sin salida.

• Ahí está la respuesta: no tenemos aquí ciudad permanente. La fe o incluye la esperanza “escatológica” (la plenitud en el más allá) o nos deja definitivamente sin respuesta.

EVANGELIO: Juan 8,21-30
“Cuando hayan levantado al Hijo del Hombre, comprenderán que Yo soy y que no hago nada por mi cuenta, sino que hablo como mi Padre me enseñó”.

Reflexión bíblica:

Aunque el v. 30 dice que “por estas palabras muchos creyeron en él”, estos textos del IV Evangelio no son fáciles para nosotros. Pero, nos damos cuenta de su importancia e intentamos entrar en ellos.

Giran en torno a la identidad de Jesús. Saber quién es Jesús es, en definitiva, una gracia del Padre. La encarnación del Verbo (“El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros” –Jn 1,14) está en el fondo de estos dos niveles de existencia que Jesús presenta: “lo de lo alto”, “lo de abajo” son la ladera de Dios y nuestra propia ladera. Como Verbo encarnado, Jesús pertenece a las dos laderas. Es más, su comunión con nosotros, en la ladera humana, es la que nos abre a nosotros el acceso a la ladera de Dios.

Muchos hacen notar que, en este texto, Jesús se define a sí mismo como Dios: “Yo soy” (Yahvé). Aquí no dice “yo soy el buen pastor” o “yo soy la puerta” o “yo soy la vid”. Dice simplemente “Yo soy”. Sería una invitación a creer en su divinidad. En esa ladera, donde él es uno con el Padre.

En la ladera humana, Jesús se presenta como “Hijo del hombre”. Es decir, como “hombre”. ¿Cuándo entenderán que “este hombre” está también en la ladera de Dios? “Cuando sea levantado”: el verbo utilizado se usa en griego para la resurrección: aquí se refiere a la cruz (como fue “levantada” la serpiente de bronce) y a la resurrección, al misterio pascual. Entonces, desde la humanidad glorificada de Jesús, descubrirán su plena identidad.

SEÑALES PARA EL CAMINO DE LA FE:

• Nuestra fe en Cristo es cabal, cuando lo confesamos como Dios y hombre verdadero. Cuando intentamos comprender lo que confesamos, decimos que en Él hay dos naturalezas (la humana y la divina), aunque una sola persona. Un solo “yo”. Y ésta es divina.

• Siempre han existido, y aún hoy existen, como dos tendencias: la que se queda sólo en afirmar que Jesús es Dios (su humanidad sería sólo aparente: … “como si” fuera hombre); o la que tiende a afirmar que Jesús fue sólo hombre, pero tan excepcional que se le podía llamar “divino”. Ninguna de las dos llena la totalidad de nuestra confesión cristológica.

• Para ahondar la fe en el misterio de Cristo, es de particular importancia el misterio pascual: el haber sido “levantado” tanto en la cruz como en la resurrección. Juan une estrechamente estos dos acontecimientos, utilizando el mismo verbo: “levantar”.


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