Más complicado parece convencer a Israel de que es posible un Oriente Medio estable con un Irán armado con munición atómica, pese a que ambos países eran amigos cuando en los 70 arrancó, con beneplácito de EE UU, el programa nuclear del sha de Persia que después rescató Jomeini. Israel no sólo teme un ataque. Sabe que un régimen iraní con tecnología bélica nuclear supondría el fin de su supremacía en la región e impondría un nuevo modelo en una de las zonas más convulsas.
El mismo miedo moviliza a los aliados árabes de Washington, y en particular a Arabia Saudí. Tras años de exigir un Oriente Medio sin armas de destrucción masiva –Israel es el único Estado de la zona con armamento atómico– países como Egipto han anunciado planes para construir centrales nucleares.
Barack Obama es el presidente que los estadounidenses han elegido para afrontar este momento de crisis planetaria. Quizá su primera tarea –y en la que resida el éxito o el fracaso de su misión– sea recuperar la solidaridad internacional, el multilateralismo y el diálogo anegados por su infausto predecesor. Primero frente a Rusia.
En octubre de 2007, Putin se convirtió en el primer presidente ruso desde Stalin que visita Irán. Como ha señalado el ex ministro israelí de Exteriores, Shlomo Ben Ami, “desde entonces Putin ha hecho todo lo posible para dejar al descubierto el fracaso de la política estadounidense en Irán. Seguramente, Rusia sería capaz de contener al régimen iraní, pero sólo lo hará a cambio de que EE UU respete sus intereses en las antiguas repúblicas soviéticas y acepte también quizá una revisión de los acuerdos posteriores a la guerra fría”.
En Asia Central, el mundo deberá esperar hasta la celebración de las elecciones presidenciales en Irán. El resultado será un buen indicador de las verdaderas intenciones del régimen. Si se alza vencedor Mohamad Qalibaf, alcalde de Teherán y posible candidato conservador moderado, las opciones de entendimiento serán más reales.
En una reciente visita a Tokio, Qalibaf se mostró partidario de la negociación con EE UU. En campaña electoral, Obama aseguró que estaba dispuesto a sentarse a una mesa sin condiciones previas. En julio de 1971, Kissinger sorprendió al mundo con el anuncio de su viaje secreto a China. Quizá la historia se imite a sí misma.
El tiempo dirá si Obama estará a la altura de Nixon o si el Gran Juego le hará pagar la factura de su poca experiencia igual que al también mediático y joven John F. Kennedy, arrastrado a la Bahía de Cochinos y vapuleado por Nikita Jruschov en la Conferencia de Viena.
Jueves, 26 de noviembre
José Pómez
JUAN JULIO ALFAYA
Avelino Vallina
Juan Fernandez Krohn
Julio César Izquierdo
Juan Ramón Moscad Fumadó
Francisco Rubiales
Vicente A. C. M.
Vicente Torres
Manuel Molares do Val