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Rusia-EEUU: la teoría del dominó sigue cumpliéndose

05.09.08 | 11:02. Archivado en EEUU
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Una situación parecida se está desenvolviendo en el Líbano. Exactamente igual que Estados Unidos ignoraba intencionadamente los vínculos entre el régimen paquistaní y los Talibanes/ al-Qaida, también ha ignorado el significado del control de Hizbulah por parte de Irán y el control del gobierno libanés por parte de Hizbulah.

Desde que el movimiento del 14 de Marzo de alineamiento occidental obligase a Siria a sacar sus fuerzas del Líbano en 2005, Estados Unidos ha tratado a sus líderes como aliados estratégicos de confianza. Como consecuencia, Estados Unidos se negaba a comprender que cuando el primer ministro libanés Fuad Saniora permitía que Hizbulah formara parte de su gobierno en 2005, en la práctica estaba poniendo su gobierno en manos de Hizbulah y de esa manera se convertía en un títere de Irán.

Estados Unidos siguió ignorando el sometimiento de Saniora a Hizbulah durante la guerra Israel-Hizbulah de 2006. Esperando reforzar su postura, Estados Unidos prohibía a Israel atacar las infraestructuras libanesas que servían de maquinaria de guerra de Hizbulah. La decisión norteamericana dificultó enormemente que Israel ganara. Y el fracaso de Israel a la hora de derrotar a Hizbulah/Irán en 2006 despejó el camino a que Hizbulah se hiciera con el control este mes de mayo.

Igual que los Talibanes y al-Qaida han explotado el rechazo norteamericano a reconocer la importancia de sus vínculos con los servicios de inteligencia y el ejército de Pakistán, también Hizbulah, Irán y Siria han explotado el rechazo norteamericano a reconocer su control sobre el Líbano.

Una de las formas en que Irán, Siria y Hizbulah explotan la negativa norteamericana a reconciliarse con la idea de su control sobre el Líbano es haciendo incontestable ese control. A este fin, Hizbulah ha forjado alianzas con grupos distantes en el Líbano y de esa manera ha aislado más a las voces pro-occidentales restantes dentro del país.

Esta semana Hizbulah firmaba un acuerdo de cooperación con los salafistas de respaldo sirio vinculados a al-Qaida en Trípoli. Esta maniobra ha dejado de piedra a muchos observadores occidentales, que argumentan insistentemente que una alianza entre jihadistas sunitas y chiítas es impensable. Estos observadores ignoran el hecho de que sunitas y chiítas han tenido alianzas estratégicas por toda la región. Irán tiene una alianza estratégica con Siria, de mayoría sunita. Siria controla a Hamas. Siria ha recibido a mandos de al-Qaida en su territorio nacional desde finales de 2001 al menos.

En cierta medida, la afición de estos observadores por la antipatía entre sunitas y chiítas ha sido fomentada por los propios sunitas y chiítas. Se comprende el interés de Occidente en ignorar la amenaza que plantean tanto por separado como juntos, hasta esta semana nunca hicieron explícitas sus alianzas. Lo que demuestra el acuerdo de Hizbulah con los salafistas de Trípoli vinculados a al-Qaida es que ambas fuerzas están ahora tan convencidas de la debilidad de Occidente que piensan no tener nada que temer de colaborar abiertamente.

AL CONTRARIO QUE LOS SUCESOS EN PAKISTÁN, que son consecuencia de la naturaleza de la sociedad paquistaní y el fallo de los americanos al no reconocer la naturaleza de esa sociedad, los sucesos más recientes en el Líbano son al menos en parte consecuencia de la nula respuesta de Washington a la invasión de su aliado Georgia por parte de su aliado ruso.

Se argumenta con frecuencia que Rusia teme el dominio islámico tanto como Occidente. Y mientras Rusia ciertamente tiene buenos motivos para estar preocupado por los jihadistas, su preocupación no le ha conducido a servir de aliado Occidente en su lucha contra los jihadistas. Por el contrario, al igual que Irán y Siria y sus grupos terroristas vinculados, Rusia percibe a Estados Unidos como su verdadero enemigo. Al igual que ellos Rusia pretende explotar las debilidades americanas para impulsar su propia situación.

Rusia entiende que los fundamentos ideológicos de Irán imposibilitan que Teherán llegue a alcanzar alguna vez un acuerdo con Estados Unidos. Y explota la situación en su beneficio.

Moscú construyó un reactor nuclear para Irán. Suministra a Irán y Siria sistemas de armamento avanzado. La alianza de Rusia con Irán y Siria impulsa sus intereses de dos maneras: debilita a Estados Unidos, y garantiza que Rusia no va a ser el objetivo de la bomba nuclear iraní.

Igual que el fracaso norteamericano en respaldar la apuesta de Israel por destruir a Hizbulah en el Líbano hace dos años despejó el camino al pacto Hizbulah-al-Qaida formalizado esta semana, la débil respuesta norteamericana a la violación de Georgia por parte de Rusia ha reforzado a los rusos, a los iraníes y a los sirios hasta el extremo de dar a conocer su alianza estratégica veterana. El miércoles Irán condenaba a Georgia como "un estado sionista" debido a sus relaciones con Israel. Rusia devolvía el favor defendiendo el lanzamiento del satélite por parte de Irán y respaldando la intención anunciada de Irán de construir otros seis reactores nucleares.

El presidente sirio Bashar Assad capitalizaba la postura antiamericana de Rusia visitando el miércoles Moscú. Rusia marcó el ritmo de su visita condenando a Israel por abastecer a Georgia de ayuda militar. A continuación permitía que Assad anunciara la intención de Moscú de abastecer a Siria del sistema de defensa balística avanzado Iskander que Siria buscaba desde hace tiempo.

La explotación de las debilidades norteamericanas por parte de Rusia para avanzar su propia postura deja a Estados Unidos con dos opciones. Washington puede intentar dar a Rusia una oferta mejor que sus enemigos. O Estados Unidos puede ponerse a trabajar para debilitar a sus enemigos haciéndoles frente al tiempo que refuerza a sus aliados, y de esa manera obliga a Rusia a una postura de cooperación. No hay posibilidad de que Estados Unidos pueda hacer una oferta a Rusia que pueda competir con lo que Rusia recibe de sus alianzas con los enemigos de América. De manera que la primera opción es un callejón sin salida.

Esto nos lleva a la opción dos, que es simplemente el modelo de contención de la Guerra Fría, basado en la teoría de las fichas de dominó. Viendo cómo funcionó una vez, hay pocos motivos para volver a ello ahora. La decisión norteamericana de firmar una alianza estratégica con Polonia fue un primer paso pequeño en la dirección adecuada. Las maniobras diplomáticas contra Rusia, como poner fin a la presencia de Moscú en el G7 y su acuerdo de asociación con la OTAN, ya deberían haberse llevado a cabo.

Pero lo que es más importante, con la vista puesta en el futuro, tanto Estados Unidos como Israel deberían aprender una lección de sus enemigos. Tienen que reconocer que cuando son fuertes y salen victoriosos, sus aliados son reforzados en todo el mundo. Y cuando son débiles y disolutos, sus aliados también pagan un precio por la irresponsabilidad de ellos.

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