ENTRE LOS HECHOS Y LOS ESTEREOTIPOS
No pretende este análisis convertirse en manifiesto feminista, ni mucho menos machista.
Pero, evidentemente, hombres y mujeres no somos iguales.
Estas diferencias han dado pie a hablar de estilos de poder, entendiendo el masculino como basado en la jerarquía y en la confrontación, en tanto que el femenino se sostiene en la conciliación y en la ausencia de jerarquía.
Las mujeres, de hecho, han encontrado su pequeña parcela de poder en la conformación y gestión de equipos de trabajo, gracias a las habilidades de comunicación y gestión de conflictos. Sin embargo, la realidad muestra que esas habilidades femeninas están desaprovechadas.
Las razones se tiñen de cuestiones culturales y sociales, no tan sencillas de alterar, pero también de económicas y políticas, éstas sí más moldeables y permiten además incidir sobre las primeras. Otra cosa es la verdadera voluntad que haya para ello.
Según una reciente publicación de la Comisión Europea, pese a que un 59 por ciento de las licenciaturas de en las Universidades de la Unión corresponden a mujeres, sólo un 3 por ciento de las presidencias de las empresas europeas más importantes que figuran en las bolsas nacionales están representadas por mujeres.
Además, las mujeres pertenecientes a la UE no tienen los mismos incentivos económicos para echar las horas y trabajar al ritmo requerido para llegar a lo más alto.
No sólo ganan menos –considerablemente menos– que los hombres (que perciben un 15 por ciento más de retribución, según la media de los 27), también son menos las mujeres que ganan un salario elevado: un 44 por ciento de los hombres europeos que trabajan jornada completa cobran un sueldo alto, en tanto que sólo un 20 por ciento de sus compañeras pueden decir lo mismo.
De acuerdo con la oficina alemana de la consultora McKinsey & Company, las empresas europeas con mayor proporción de mujeres en puestos de liderazgo muestran un rendimiento económico mejor que la media, y cita el caso de la península escandinava que, caracterizada por una particular igualdad de género, puede jactarse de su liderazgo en la alta tecnología gracias a compañías como Ericsson o Nokia.
¿Por qué entonces es tan desproporcionada la relación de sexos en los puestos de responsabilidad tanto en el ámbito político como en el empresarial?
Martes, 24 de noviembre
JUAN JULIO ALFAYA
Juan Fernandez Krohn
Vicente A. C. M.
Francisco Rubiales
Manuel Molares do Val
Antonio Gázquez
Vicente Torres
Rufino Soriano Tena
Jesús Montesinos
Pedro Fernández Barbadillo