A nivel global, el poderoso e irresistible movimiento islamista obstruye la democracia. Busca lo contrario a la reforma y la modernización -- a saber, la reinstauración de la sharia en su totalidad. Un jihadista al estilo de Osama bin Laden puede explicar este objetivo de manera más explícita que un político del estamento como el Primer Ministro de Turquía Recep Tayyip Erdoğan, pero ambos pretenden crear un orden integralmente antidemocrático, por no decir totalitario.
Los islamistas responden a la democracia de dos maneras. En primer lugar, la denuncian por anti islámica. El fundador de la Hermandad Musulmana, Hasán al-Banna, consideraba a la democracia una traición a los valores islámicos. El teórico de la Hermandad Sayyid Qutb rechazaba la soberanía popular, al igual que Abú al-A'la al-Mawdudi, fundador del partido político de Pakistán Jamaat-e-Islami. Yusuf al-Qaradawi, imán de la cadena de televisión Al-Jazira, sostiene que las elecciones son heréticas.
A pesar de este desprecio, los islamistas no tienen problema ninguno en utilizar las elecciones para ganar poder, y han demostrado ser captadores ágiles de votos; hasta una organización terrorista (Hamas) ha ganado unas elecciones. Esta trayectoria no convierte a los islamistas en demócratas, sino que indica su flexibilidad táctica y su determinación a la hora de hacerse con el poder. Como ha explicado Erdoğan reveladoramente, "La democracia es como un tranvía. Cuando llegas a tu parada, te bajas”.
El trabajo duro podrá hacer democrático al islam un día. En el ínterin, el islamismo representa la principal fuerza antidemocrática del mundo.
Viernes, 27 de noviembre
Jesús Montesinos
Antonio Javier Vicente Gil
JUAN JULIO ALFAYA
Pedro Fernández Barbadillo
Juan Luis Calbarro
Juan Fernandez Krohn
Avelino Vallina
Silvia Carreño
José Luis Palomera Ruiz
Francisco Rubiales