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¿Es el Islam compatible con la democracia?

22.04.08 | 19:44. Archivado en Islam
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Hacer al islam consistente con las costumbres democráticas exigirá cambios profundos en su interpretación. Por ejemplo, el antidemocrático Derecho del islam, la sharia, se encuentra en el corazón del problema. Desarrollada hace un milenio, presupone dictadores autócratas y súbditos sumisos, pone el acento en la voluntad de Dios en lugar de la soberanía popular, e insta a la jihad violenta para expandir las fronteras del islam. Además, concede privilegios antidemocráticamente a los musulmanes sobre los no musulmanes, a los varones sobre las mujeres, y a las personas libres sobre esclavos.

Para que los musulmanes construyan democracias en pleno funcionamiento, básicamente tienen que rechazar los aspectos públicos de la sharia. Atatürk hizo precisamente eso en Turquía, pero otros han ofrecido enfoques más sutiles. Mahmud Mohamed Taha, un pensador sudanés, se desembarazaba de las leyes públicas islámicas reinterpretando el Corán de manera fundamental.

Los esfuerzos de Atatürk y las ideas de Taha implican que el islam está en permanente evolución, y que considerarlo inamovible es un error grave. O, en la viva metáfora de Hassán Hanafi, profesor de la filosofía en la universidad de El Cairo, el Corán "es un supermercado donde uno coge lo que quiere y deja lo que no quiere”.

El problema del islam no es tanto ser anti-moderno como que su proceso de modernización apenas ha comenzado. Los musulmanes pueden modernizar su religión, pero eso exige cambios importantes: desaparece el emprender la jihad para imponer el gobierno musulmán, la ciudadanía de segunda clase para los no musulmanes, y la pena capital por blasfemia o apostasía. Entran las libertades individuales, los derechos civiles, la participación política, la soberanía popular, la igualdad ante la ley y las elecciones representativas.

Dos obstáculos se interponen no obstante en el camino a estos cambios. Especialmente en Oriente Medio, la afiliación tribal conserva una importancia supina. Como explica Philip Carl Salzman en su reciente libro Cultura y conflicto en Oriente Medio, estos vínculos dan lugar a un complejo patrón de autonomía tribal y centralismo tiránico que obstaculiza el desarrollo del constitucionalismo, el estado de derecho, la ciudadanía, la igualdad entre los sexos y otros prerrequisitos de un estado democrático. Hasta que este arcaico sistema social fundamentado en la familia sea superado, la democracia no podrá hacer verdaderos progresos en Oriente Medio.

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