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Luces y sombres de Obama en su discurso ante el Congreso

03.03.09 | 18:06. Archivado en EEUU
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Michael Gerson.- El discurso del Presidente Obama ante el Congreso ha sido considerado Rooseveltiano: enérgico, optimista y sin paliativos. Como Franklin Roosevelt, Obama es un gran intérprete sin resultar simplista. Y el mero hecho de la explicación práctica resulta tranquilizador. La exposición clara presupone destreza intelectual, la cual implica competencia, que fomenta la confianza.

En el caso de Roosevelt, tal confianza no era solamente un estilo sino una religión. Como decía John Kenneth Galbraith, "al afirmar solemnemente que la prosperidad continuará, se piensa que es posible ayudar a garantizar que la prosperidad continúe realmente. En especial entre los empresarios, la fe en la eficacia de tal conjura es enorme.”

Pero el ánimo nacional no fue económicamente decisivo a la hora de derrota a la Gran Depresión (aunque fue de utilidad a la hora de derrotar a Hitler). La historiadora económica Amity Shlaes recuerda que "es sabido que Roosevelt se lució según un baremo, la popularidad política. Fracasó estrepitosamente según otras dos medidas que sabemos hoy son crucialmente importantes: el índice de desempleo y la cotización del Dow Jones.”

Y la conjura de la confianza no es probable que sea decisiva en la economía actual. Mercados, inversores, empresarios y emprendedores son en general inmunes a la modulación de la voz y el encanto de la imagen. Ellos buscan garantías en tres asuntos de peso: la credibilidad del sistema crediticio, el retorno eventual del crecimiento económico, y un enfoque serio para abordar la deuda.

Obama fue el más firme en lo que respecta a rescatar el sistema bancario prometiendo "actuar con todo el peso del gobierno federal" y hacer "lo que sea necesario" para garantizar el flujo de préstamo. Fue una garantía de ejercicio ejecutivo en un momento de crisis que Roosevelt habría entendido y apreciado. El rescate de la banca es radical, al implicar la socialización de las pérdidas del sector privado y un plan público para "forzar los ajustes necesarios," "sanear sus cuentas" y garantizar “la continuidad.” Pero las alternativas al poder ejecutivo en este caso parecen escasas. Como pragmático en materia económica, me sentí tranquilizado.

En el asunto del crecimiento económico, Obama no resultó tan atractivo. Habló de la necesidad de "relanzar la creación de empleo" a través del gasto público, admitiendo que "hay quien es escéptico dentro de este recinto y en sus casas con que este plan vaya a funcionar.” Respondió a estas dudas diciendo que "el gasto derrochador" será compensado mediante "una supervisión sin precedentes.” Pero éste es el truco del ponente veterano consistente en responder a las objeciones menos importantes del contrincante.

La fuente de escepticismo para muchos estadounidenses no es la perspectiva de derroche público, sino la teoría de creación de empleo que tiene Obama. En cierto sentido está pasado de moda decirlo, pero la mayor parte de los empleos son creados a través del capital privado en el sector privado, con frecuencia por empresas pequeñas. Y ellas recibieron escasa atención política en el discurso de Obama. Un ejemplo que utilizó Obama -no despedir a los funcionarios de policía- es una causa digna, pero en absoluto típica de la creación de empleo estadounidense. El pequeño empresario no escuchó nada relativo a su lucha cotidiana contra el papeleo o la regulación.

Hay un elemento de confianza en asumir los riesgos de la iniciativa y la expansión de la pequeña empresa. Es difícil imaginarse cómo va a fomentarse la confianza si es ignorada.

Obama resultó aún menos creíble en el tema de la deuda. La mayoría de los estadounidenses parece aceptar la necesidad del remonte del déficit temporal para financiar el impulso a la economía. Pero las promesas de Obama de "revisar párrafo a párrafo el presupuesto federal" y eliminar "el gasto injustificable, el fraude y los excesos" fueron las partes más desfasadas de su enérgico discurso. Simplemente no son creíbles con la presidenta de la Cámara, Nancy Pelosi, mirando ojo avizor por encima de su hombro.

A propósito de la deuda a largo plazo -la crisis de las prestaciones sociales insostenibles en una sociedad que envejece- Obama se mostró contenido. Estas prestaciones futuras y masivas plantean la perspectiva de la inflación y tipos de interés más elevados, y amenazan con saturar el gasto en un amplio abanico de objetivos nacionales y humanitarios.

Muchos aceptarán sin problema enormes déficits a corto plazo a cambio de una gran oferta para meter en cintura el gasto social. Resuenan ideas innovadoras en el Congreso, como la Comisión SAFE, que recomendaría reformas sociales y elevaría esas propuestas al Congreso para su votación directa. Obama eligió no consumir su capital político a cuenta de abordar la crisis de los derechos sociales, lo cual es comprensible, pero en absoluto valeroso.

La retórica de Obama esta semana fue tranquilizadora. Pero con la economía, muchos de nosotros nos sentimos tranquilizados sólo parcialmente.

© 2009, Washington Post Writers Group

1 comentario


Los comentarios para este post están cerrados.

Comentarios
  • Comentario por José 05.03.09 | 15:24

    Que facil es prometer y que dificil es dar

    José Ml

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