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McCain afronta un desafio similar al de Sarkozy

31.08.08 | 10:50. Archivado en EEUU
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(David Ignatius).-Asumamos que John McCain no está loco, y que quiere mostrar a América que seguirá un rumbo diferente en política exterior al de George Bush al tiempo que sigue fiel a los valores y tradiciones de su partido. ¿Cómo hace eso? ¿Cómo puede presentarse como agente de cambio y fuerza de continuidad a la vez?

Hay un modelo interesante para McCain aquí en Francia, en el notable realineamiento que ha logrado en política exterior a lo largo del último año el Presidente Nicolas Sarkozy. Joven y enérgico, y acompañado de su esposa famosa, Sarkozy se asemeja más en su estilo a Barack Obama. Pero es conservador, rebelde y un hombre de temperamento célebremente volátil.

Y esta es la semana de McCain -- de manera que imaginemos qué aspecto tendría el candidato del Partido Republicano con un cambio al estilo Sarkozy.

Sarkozy sucedió a un profundamente impopular Jacques Chirac, cuyo gobierno conservador estaba en dique seco -- alienado de muchos de sus aliados y lastrado por ideas que habían sobrevivido con mucho a su vida útil. Sarkozy había enfurecido a Chirac y a muchos otros conservadores a lo largo de los años con su estilo rebelde y su rechazo a aceptar la disciplina del partido -- de una forma muy parecida a la que ha seguido McCain en el Senado.

La opinión pública francesa sabía que al votar a Sarkozy en 2007, estaba optando por el cambio -- él hablaba de la necesidad de "ruptura" en la vida económica y política francesa -- pero también por la continuación del gobierno conservador. Fue capaz de retratar a su rival, la glamurosa candidata socialista Segolene Royal como una opción sin experiencia, distante y arriesgada, sin ofender a aquellos orgullosos de la primera candidata viable de Francia a la presidencia. Obviamente, no queda muy lejos del desafío de McCain.

La ventaja de Sarkozy como agente de cambio consistió en que todo el mundo en Francia sabía que repugnaba a su predecesor, que había intentado destruirle y había fracasado. Uno sospecha que administrado el suelo de la verdad, McCain diría unas cuantas cosas duras de George Bush y otros cargos Republicanos que ahora intenta simular que son sus amigos de toda la vida. No está funcionando muy bien; hace parecer falso a McCain y ello parece hacer excéntrico al candidato en persona, a juzgar por la entrevista en el último número de la revista Time.

El verdadero modelo para McCain es lo que hizo Sarkozy tras la investidura en mayo de 2007. Mientras afirmaba que respetaba los fundamentos de la política francesa, alteraba muchos de sus rasgos visibles. Sarkozy detuvo la enemistad con Estados Unidos, pasó a devolver a Francia a la alianza con la OTAN, y alteró la tendencia pro-árabe de la política francesa en Oriente Medio.

Al llevar a cabo estos cambios, Sarkozy atacaba (nunca con tanta discreción) la herencia de sabiduría en materia de política exterior heredada conocida como "Gaullismo." Ese enfoque tendía a definir los intereses franceses en reacción (y con frecuencia en oposición) a los de Estados Unidos. Este estilo arrogante era caro y Sarkozy decidió deshacerse de él. Su Francia iba a ser de nuevo un jugador de equipo.

Al alterar la rutina, Sarkozy pudo movilizar a la diplomacia francesa para lo que ha demostrado ser un giro notable a lo largo del último año.

De pronto los emisarios franceses están en todas partes: en Trípoli, organizando la liberación de prisioneros y un avance en las relaciones con Libia; en Doha, ayudando a Qatar a negociar una nueva relación de reparto de poderes que ponga fin al mortal callejón sin salida del Líbano; en Damasco, explorando un acuerdo para abrir conversaciones directas de paz en París entre Siria e Israel; en Moscú y Tbilisi, negociando el acuerdo de seis puntos para la retirada de las fuerzas rusas de Georgia.

Y durante todos estos planes escrupulosamente trazados, los franceses están en contacto directo diario con Washington para coordinar estrategias. Mantienen una red Kissingeriana de contactos alejados de la atención, a través del jefe del gabinete de Sarkozy, Claude Gueant, y de su consejero diplomático, Jean-David Levitte. Este tipo en la sombra representa algo que McCain necesita con urgencia -- ayudantes discretos y de confianza que puedan transmitir mensajes claros para un hombre cuyo abanico de consejeros en ocasiones deja a uno dudando de cuáles son, exactamente, sus propias opiniones.

De acuerdo, hay que reconocerlo, McCain no va a ganar ningún punto esta semana en St. Paul afirmando que puede ser un Sarkozy norteamericano. Pero su desafío es muy parecido al que confrontaba el nuevo presidente francés -- y el éxito de la fórmula de Sarko es difícil de cuestionar.

McCain tiene que demostrar que es el hombre que puede dar un vuelco a las cosas -- al tiempo que las mantiene también bajo control. De lo contrario, el sambenito de que se presenta a un tercer mandato Bush no va a haber quien se lo quite -- y es una sentencia de muerte.

© 2008, The Washington Post Writers Group


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