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El desafío teológico

07.08.08 | 12:06. Archivado en Civilización
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(Michael Gerson).- En una reseña reciente, Associated Press cuenta la historia deprimentemente familiar del tele-evangelista Kenneth Copeland. El jet privado de su ministerio religioso y la mansión junto al lago. El complejo entramado de intereses ganaderos, petroleros y mediáticos a beneficio de su amplia familia. En este caso, no hay rastro de hipocresía. Copeland practica lo que predica - una doctrina que reza que Dios quiere que sus seguidores prosperen en un sentido muy material.

Este evangelio de la prosperidad combina dos de las fuerzas más poderosas sobre la Tierra: la motivación del lucro personal y el poder del pensamiento positivo. Lo mejor es que invita al trabajo duro, la generosidad, y a rehuir los vicios que destruyen la vida. Lo peor es que resulta religiosamente pueril.

"Creo que Dios quiere darnos cosas bonitas," dice la evangelista Joyce Meyer.

"Creo que Dios quiere que prosperemos," nos asegura el pastor Joel Osteen. “Creo que quiere que seamos felices.”

Cualquiera que sean los problemas éticos que tales líderes puedan o no tener, se enfrentan a un enorme desafío teológico. Un sistema que promete la felicidad y "cosas bonitas" es difícil de reconciliar con la fe cuyo fundador no tenía "dónde apoyar la cabeza," instaba a sus seguidores a no acumular "riquezas terrenales," y les invitaba a controlarse y llevar la cruz del sufrimiento.

Esto nunca ha supuesto el mejor mensaje publicitario: ¿qué compañía adoptaría la silla eléctrica o la horca como logotipo? El cristianismo siempre ha tratado verdades difíciles – que Dios no es un medio para nuestros fines personales, y que el sufrimiento es inevitable en unas vidas limitadas por la mortalidad y con frecuencia arruinadas por el fracaso.

El sufrimiento en aras del sufrimiento es inútil; es simplemente masoquismo. Pero cuando no se puede escapar del sufrimiento como prometen los predicadores de la riqueza y el bienestar - ni siquiera soportándolo noblemente como la promesa de los Estoicos - quizá pueda ser transformado. "Si usted y yo compartimos nuestro dolor," dice el difunto teólogo Henri Nouwen, "repentinamente encontramos consuelo y alegría. En tus lágrimas y angustias y luchas, de pronto se descubre compañía, de pronto descubres amistad, de pronto descubres afecto, de pronto descubres perdón, de pronto descubres curación. Todas estas cosas llegan a través de la vulnerabilidad.”

Y en esta extraña religión en la que los pobres de espíritu son bendecidos, el mayor ideal es el sufrimiento por los demás - aunque la mayor parte de nosotros saquemos muy poco de ello. Este modelo de iniciativa espiritual no tiene nada que ver con la medida convencional del éxito y la influencia. Se encuentra en el misionero médico que dedica su vida al alivio no reconocido del sufrimiento olvidado. En el Papa moribundo que habla por el vulnerable dejando en evidencia su propia sorprendente vulnerabilidad.

Una de las imágenes literarias más vivas de esta iniciativa viene de una fuente extraña -un "católico agnóstico" autoproclamado con aversión hacia sí mismo, aficionado a las prostitutas, el opio y las tentativas de suicidio. En "El poder y la gloria" de Graham Greene, situada en los años 30, las autoridades de México destruyen iglesias y dan caza a los sacerdotes para ejecutarlos. Un sacerdote anónimo alcohólico - disfrazado y nómada - cumple obstinadamente sus deberes sacramentales sabiendo que es un fraude espiritual. Tiene una amante, un hijo y un problema con el alcohol. Pero privado de dignidad, respeto y posesiones, descubre la identificación con los pobres alrededor suyo. "Cuando visualizas a un hombre o una mujer cuidadosamente," observa, "siempre se empieza sintiendo pena - un rasgo de la imagen de Dios presente en él. Cuando ves las patas de gallo, la forma de la boca, la forma del pelo, es imposible odiar. El odio es simplemente un fallo de la imaginación.”

Habiendo alcanzado la seguridad en un estado vecino, el sacerdote de la debilidad moral vuelve, sabiendo que será capturado o asesinado, para oficiar el funeral de un asesino. El sacerdote es conmovido por el sufrimiento y el pecado al nivel de sus fieles, hasta que es digno de morir por ellos. A lo largo de este difícil descenso a la santidad, concluye que el amor de Dios es con frecuencia diferente a lo que esperamos. "Sería suficiente para asustarnos - el amor de Dios. Prendió un arbusto en el desierto, cierto, y abrió sepulcros e hizo andar a los muertos en la oscuridad. Oh, un hombre como yo recorrería una milla para huir si sintiera ese amor cerca.”

Pero en última instancia, este amor ofrece una esperanza mayor que la salud o la prosperidad: que hasta nuestras banas y poco entusiastas vidas pueden, quizá, ser redimidas - y hasta ser utilizadas como instrumento para redimir a los demás.

© 2008, The Washington Post Writers Group

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  • Comentario por web cristiana 10.08.08 | 21:33

    www.radiocristianaenarmonia.es.tl

  • Comentario por gloriaac 10.08.08 | 21:31

    No podes botar todo el trigo solo por uno que este picado eso es cuestion de fe como cristo y Dios son cuestión de fe si tu crees que no existen no existe” si crees existen si tu crees te funciona si no crees no te funciona

  • Comentario por gloriaac 10.08.08 | 21:30

    No podes botar todo el trigo solo por uno que este picado eso es cuestion de fe como cristo y Dios son cuestión de fe si tu crees que no existen no existe” si crees existen si tu crees te funciona si no crees no te funciona

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