(George Chaya).- Cuando un Estado se ve acosado por una sucesión de fracasos, el mecanismo de la democracia obliga a que su clase dirigente busque políticas para fortalecerse y alejarse de la fragilidad de cualquier crisis. Pero cuando para prevalecer políticamente busca culpables externos, casi siempre es cuando los fracasos proliferan. Por caso, el mundo árabe ha conocido y sumado frustraciones desde los años 50 y durante toda la época del panarabismo de Abdel Gamal Nasser, y profundizó a partir del advenimiento de las corrientes islamistas surgidas en 1979 con la revolución islámica de Irán.
En Europa, los pacifistas y los progresistas que nos ha legado “el mayo francés” cimentan la ineficiencia cada vez que gobiernan. Con sus discursos de revanchismo y odio naufragan en su labor de gobierno, contribuyendo a la vez a demonizar al Occidente del que forman parte. Y en los años de la posguerra europea, estos sectores difundieron pacientemente la descalificación de la seguridad continental en nombre de la libertad.
Lo que interesa subrayar aquí es el rasgo general que caracteriza a todo el mecanismo: el reduccionismo. Este vicio común que ha caracterizado el largo declive de Occidente frente al avance del terror islamista gana fuerza con el abuso de la memoria acusadora: en lugar de generar un nuevo proyecto, la preocupación dominante de los gobernantes europeos consiste en maldecir al antecesor, y viceversa. Tras cinco décadas de progreso, vemos que en los últimos años que ni ideas ni nuevas teorías, la demonización ha pasado a ser el deporte nacional.
Algunos observadores internacionales han venido usando dos expresiones para calificar a los estados disfuncionales. Para calificar a algunos de ellos, como Irán, Cuba, Siria o Corea del Norte, se habla de "estados criminales", porque violan cínicamente el derecho internacional. Otros reciben en cambio el nombre de "estados fallidos", porque ni siquiera aseguran su orden interno. Naciones como Haití o Afganistán, por ejemplo, rozan peligrosamente esta calificación.
Estos calificativos negativos describen de algún modo la situación actual de Europa si consideramos el avance del islamismo radical en países como Inglaterra u Holanda. En lo referente al concepto de "estado fallido", existe la impresión de que los cimientos de algunos estados europeos flotan sobre arenas movedizas. Los ataques de Londres, las bombas de Atocha, el asesinato de Theo Van Gogh, la independencia de Kosovo, el “no” de Irlanda a Lisboa… las dudas se manifiestan con frecuencia en situaciones diferentes, si bien todas tienen en común la inacción a nivel continental. Se observa la impotencia y el deseo de no actuar contra enfermedades que corroen a la cultura occidental.
En un momento en que el poder y la moral de los gobiernos rozan los calificativos de estados "fallidos" o "abusivos", ¿no sería importante que, por ejemplo, la Unión Europea hiciera de tripas corazón con el problema nuclear iraní y decidiera que también ella encabeza un poder supranacional serio que no se deja amedrentar por gobiernos terroristas?
Pero las cosas no son así. A la ilusión de la vida en democracia le sigue la desilusión alimentada por sucesivas crisis, la ausencia de un proyecto claro que ilusione (sustituido por el revanchismo) y también la capacidad de resistencia de la progresía occidental, que debilita desde dentro los organismos supranacionales.
En ese contexto de debilitamiento de las jefaturas de los estados, los movimientos y organizaciones “civiles” por diferentes causas, como la defensa de los derechos humanos, se han ido desdibujando. Recogen el testigo de los gobiernos erigiéndose en defensores de principios universales y guías de los gobiernos. Han desarrollaron prácticas e interpretaciones parciales. Pero pocos reparan en ello. Es evidente que un sector internacional, el que se proclamó defensor de la libertad en nombre de la multiculturalidad, se ha ofrecido de podio para dictadores y amenazas para la paz. Pero es evidente también que nadie parece tener problemas con ello. Y es evidente también que los primeros en no tener problema con ello son aquellos que más problemas deberían tener.
Pág. 1 2
Los comentarios para este post están cerrados.
Magnífico artículo. Estamos viviendo los últimos días del Imperio Romano, pronto seremos como el norte de África, la provincia más desarrollada del Imperio hasta que la arrasó el islam. Un responso por Occidente.
¿Por qué no se llama a las cosas por su nombre? El artículo estupendo,los 2 comentarios tambien,pero todo el mundo utilizando eufemismos y eso es un síntoma más de la DECADENCIA europea en la que estamos sumergidos,cada día un poco más, desde hace algunas décadas.
En mi opinión,no soy historiador,la decadencia en occidente se inició en el 68, lo que pasa es que en Europa va a una velocidad considerable,sobre todo con los musulmanes. El enemigo lo tenemos en casa y no son tanto los musulmanes sino los políticos e "intelectuales retroprogres" que se "acongojan" ante la presión de aquéllos. El paradigma lo tenemos en España con ZP y su alianza de civilizaciones
Excelente descripcion de las endemias y lo corroido que se ha ido poniendo occidente por sus propia clase politica. Lo que el autor describe con claridad y alto vuelo es una realidad incontrastable. Vamos mal. Pero es seguro que aun se puede cambiar el rumbo, pero vamos, hay ponerle seriedad y no abunda eso, al menos en la politica oficial del gobierno español
Jose Manuel
ORIANA FALACCI LO DESCRIBIO EN SUS ULTIMOS LIBROS DE FORMA ROTUNDA, DICIENDO QUE EUROPA ESTABA ENFERMA Y QUE TENDRIAMOS VERDADEROS PROBLEMAS CON EL ISLAM.
Sábado, 2 de junio
Paco Sande
Vicente Torres
Vicente A. C. M.
Juan Fernandez Krohn
Manuel Molares do Val
Julio César Izquierdo
Francisco Rubiales
Raúl González Zorrilla
Pedro Fernández Barbadillo
José Pómez
Carlos Ruiz Miguel
Antonio Cabrera| Junio 2012 | ||||||
| L | M | X | J | V | S | D |
|---|---|---|---|---|---|---|
| << < | > >> | |||||
| 1 | 2 | 3 | ||||
| 4 | 5 | 6 | 7 | 8 | 9 | 10 |
| 11 | 12 | 13 | 14 | 15 | 16 | 17 |
| 18 | 19 | 20 | 21 | 22 | 23 | 24 |
| 25 | 26 | 27 | 28 | 29 | 30 | |