(Michael Gerson).-Hay pocas cosas en la política americana más irracionalmente ideológicas y más fanáticamente basadas en la orientación de uno que la acusación de que los Republicanos están llevando a cabo una "guerra contra la ciencia".
Según Hillary Clinton, la administración Bush ha levantado "la veda de la libre investigación". "Cuando sea presidenta", promete, "la integridad científica no será la excepción, será la norma".
Las excepciones, en este caso, son bastante excepcionales: Elias Zerhouni, que ha reformado los Institutos Nacionales de Salud con eficacia extensamente elogiada; Anthony Fauci, del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas, que ayudó a poner en marcha el tratamiento a gran escala del sida en África; Francis Collins, del Instituto Nacional de Investigación del Genoma Humano, que dirigió el esfuerzo por trazar el mapa del genoma humano. La "guerra contra la ciencia" ha permitido recientemente algunos logros extraordinarios.
En general, estas acusaciones son una labor política - en la práctica son una tentativa por cerrar el debate político. Cualquier preocupación práctica acerca del contenido de un plan de estudios de educación sexual del gobierno es etiquetada "acientífica". Cualquier cuestión ética acerca de la destrucción de embriones humanos para cultivar sus células es desechada por "teológica" y por tanto ilegítima.
Las opiniones progresistas son "objetivas" al tiempo que las convicciones morales tradicionales son "parciales". El escrutinio de las prácticas científicas por parte de la opinión pública es "politizar" decisiones importantes.
Estas argumentaciones se hacen en serio, pero no van a ser tomadas en serio. ¿Alguien cree realmente en una ciencia sin límites legales y morales? ¿En extraer órganos de presos? ¿En deshacerse sistemáticamente de los inválidos?
Esta última pregunta, lamentablemente, no se responde sola. En América, las vidas de alrededor de nueve de cada 10 niños con síndrome de Down son finalizadas antes del nacimiento. En Europa, alrededor del 40 por ciento de los niños con desordenes congénitos de importancia no natos son abortados.
Todo lo cual destaca un conflicto real, una guerra dentro del progresismo entre la idea de ciencia sin cortapisas en aras de la salud y el principio de que todos los hombres son creados iguales -- entre humanitarismo e igualitarismo.
En su profundo artículo en el último número del The New Atlantis, "La ciencia y la izquierda", Yuval Levin sostiene que la creencia en el poder de la ciencia es central para el desarrollo del progresismo -- basado en la aserción de que los datos objetivos y la planificación racional pueden reemplazar a la tradición y la autoridad religiosa en la organización de la sociedad. Levin resume de esta manera la promesa progresista: "El pasado estuvo anclado en el error y el prejuicio mientras el futuro tendría a su disposición un nuevo oráculo de verdad genuina”.
Pero el oráculo de la ciencia permanece en silencio en ciertos asuntos esenciales. "La ciencia, dicho simplemente", dice Levin, "no puede explicar la igualdad humana, y no ofrece motivos para creer que todos seamos iguales. La ciencia mide nuestros rasgos materiales y animales, y los juzga patentemente desiguales”.
Sin una creencia firme y moralmente establecida en la igualdad, el progresismo ha sido conducido por algunos derroteros siniestros. La vieja y progresista eugenesia de finales del siglo XIX y principios del siglo XX implicaba la esterilización a gran escala de los mentalmente discapacitados como forma de higiene social. "Los métodos drásticos y espartanos pueden ser forzados en una sociedad", argumentaba Margaret Sanger en 1922, "si ello continúa superando satisfactoriamente a la aplicación de los principios genéticos casuales y caóticos que han resultado de nuestro sentimentalismo estúpidamente cruel".
Y este "sentimentalismo”, observa Levin, es en la práctica igualitarismo.
El Nazismo desacreditó en gran medida la vieja eugenesia. Pero una nueva eugenesia -- la eugenesia del análisis genético y el aborto, la eugenesia de la selección genética en el proceso de la fertilización in vitro -- goza de buena salud.
Sus defensores argumentan que la nueva eugenesia es superior porque es voluntaria en lugar de obligatoria, y no guarda relación con la raza. Pero Levin responde: "El problema más esencial con el movimiento de la eugenesia no fue la coacción ni el colectivismo... la controversia más profunda y más significativa de los partidarios progresistas de la eugenesia -- la que hizo posible todas las demás -- fue que la ciencia había demostrado que el principio de la igualdad humana carece de fundamento, una opinión que a continuación les permitía utilizar la autoridad de la ciencia para socavar nuestro igualitarismo y nuestro respeto a los miembros más débiles de nuestra sociedad".
El objetivo aquí no es sorprender al progresismo en una inconsistencia. Bajo las condiciones favorables, la tradición progresista ha combinado su fe en la ciencia con un compromiso firme con el valor igualitario entre todos -- incluyendo a los discapacitados y los inválidos.
Pero la ciencia puede convertirse fácilmente en el poder de algunos sobre las vidas de los restantes. Y en su discurso de una guerra Republicana contra la ciencia, los progresistas pueden estar deslumbrándose con un tipo muy diferente de guerra moderna en la que sus propios ideales están profundamente implicados: una guerra contra la igualdad.
© 2008, The Washington Post Writers Group
Me da igual lo que ocurra en Estados Unidos. Mientras no haya quien les copie en Europa, diciendonos que Dios creó al hombre el sexto día, que Eva probó la manzana y que la Tierra es el centro del Universo y además es plana, por mí, fenómeno. Otra cosa es lo vergonzoso de que exista un movimiento creacionista en la supuesta cúspide del progreso y la democracia, una idea, el creacionismo, cuyos brotes en Turquía ni si quiera son tomados en serio por los propios turcos.
Una vez más, lo anacrónico del avance y la democracia norteamericana se hace visible.
Hombre, lo que se critica fundamentalmente es el intento de imposición del "creacionismo" en algunos de los estados más conservadores (incluso ha habido intentos a nivel federal, y en algunos Estados se ha llegado a imponer). !Hombre! !Que a estas alturas nos hablen de Adán y Eva descalifica todos los argumentos "pseudoéticos" que hacen en el artículo.
Lunes, 23 de noviembre
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