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Los medios arrojan a Netanyahu a los leones por pecados que nunca cometió

28.03.08 | 18:24. Archivado en Oriente Medio
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(Isi Leibler / PD).-Los medios israelíes han informado hasta la náusea de la supuesta parranda de Binyamin Netanyahu en Londres durante la Segunda Guerra del Líbano. Pero lo que no se ha considerado es el comportamiento despreciablemente inmoral de los medios arrojando a Netanyahu a los leones por pecados que nunca cometió. Podrían servir de ejemplo de manual de parcialidad periodística y dobles raseros.

La noticia fue difundida inicialmente por el periodista televisivo del Canal 10 Raviv Druker, que tras "obtener" facturas relativas a la visita de Netanyahu a Londres 15 meses después de la misma, le acusaba de haberse pegado la vida padre mientras sus conciudadanos israelíes estaban sufriendo una guerra. La mayor parte de la prensa hebrea se subió con alegría al tren, atacando a Netanyahu con epítetos tales como "político codicioso", "Rey Bibi I" o "un Scrooge cualquiera”.

Los despreciables extremos a los que llegaron los medios como pelotón de linchamiento quedan plasmados en el hecho de que los periodistas más veteranos también se vincularon a la campaña de críticas a Bibi. Esto incluyó incluso al decano de los periodistas hebreos, Nahum Barnea, que no es ningún palurdo provinciano y comprende cómo funciona el mundillo. Consciente de que no había motivos para la acusación de corrupción, Barnea le retrató como un avaro e insensible "hedonista"; pero su principal objetivo quedaba evidenciado en su llamamiento a los israelíes a "castigar" a Netanyahu en las urnas.

Los contrincantes políticos de Netanyahu en la Knesset, normalmente a la vanguardia de cualquier esfuerzo por desacreditarle, permanecieron llamativamente en silencio, siendo conscientes de que las alegaciones lanzadas contra Netanyahu eran sandeces deformadas y bien podrían aplicárseles a ellos.

Cierto, el coste de la visita de Netanyahu -- 15.000 libras -- es elevado. Pero al margen de que Londres es hoy una de las ciudades más caras del mundo, el Connaught Hotel, donde se alojó Netanyahu, está lejos de ser el hotel londinense prototípico de lujo. Además, la suite de cualquier jefe de estado en misión oficial es obligatoria. A duras penas el antiguo primer ministro podía haber esperado celebrar entrevistas o reunirse con periodistas o columnistas en la recepción o en un dormitorio.

El aspecto más indignante de esta ofensiva mediática contra Netanyahu es que lejos de ser una excentricidad personal, la visita fue en la práctica una contribución genuina al bienestar de Israel y la comunidad judía anglosajona. Además, los periodistas que intentaban desacreditarle eran completamente conscientes de que Netanyahu no recibió ninguna remuneración o beneficio económico personal en ningún sentido de la visita. Fue una vez al teatro y su esposa pidió un peluquero -- todo lo cual Netanyahu pagó de su propio bolsillo. El contribuyente israelí no contribuyó con un solo shekel a sufragar su factura. Netanyahu tenía todos los motivos para decir a los medios: "Actuaba para el estado y no a expensas del estado”.

Siendo fiel a los hechos, contacté con Joshua Rowe, el filántropo de Manchester que patrocinó la visita. Rowe es un baluarte de la educación judía y un importante donante de Israel. Carece de ambiciones políticas y no tiene nada que ganar de Netanyahu. Por el contrario, sus amigos me aseguran que es modesto, carece de pretensiones, y detesta encontrarse en el candelero.

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