Tizas

Los mejores amigos de América

22.08.07 | 13:24. Archivado en Oriente Medio

Dos importantes ventas de armas eran anunciadas a lo largo del fin de semana. En primer lugar, Estados Unidos anunciaba que está planeando vender a Arabia Saudí de 20.000 millones de dólares en sistemas de armamento avanzado, incluyendo kits de Joint Direct Attack Munition o JDAM, que son capaces de transformar las bombas no inteligentes en armas "inteligentes" de precisión dirigida.

En gran medida debido a la tentativa de neutralizar la oposición del Congreso a la venta propuesta, la administración Bush anunciaba también que planea incrementar la asistencia militar anual a Israel en alrededor del 25% el año que viene y que espera que el incremento en la asistencia del año próximo se mantenga durante la próxima administración.

La segunda venta de armas fue el acuerdo ruso divulgado de vender a Irán 250 cazas avanzados de largo alcance Sujoi-30 y vehículos para el abastecimiento aéreo capaces de extender el alcance de los cazas en miles de kilómetros. El armamento masivo de Irán por parte de Rusia en esta y otras ventas anteriores durante los dos últimos años deja claro que desde la perspectiva de Rusia, todas las amenazas a los intereses americanos, incluyendo el expansionismo chiíta, sirven para ventaja de Moscú.

Explica Caroline B. Glick que, a primera vista, estos anuncios ruso y norteamericano opuestos parecen señalar que la geopolítica ha vuelto al modelo de dos superpotencias de la Guerra Fría, compitiendo por el poder global, entre otras cosas, asistiendo a sus satélites en su lucha entre sí. Aún así, la situación de hoy no es la misma que la que fue antes.

Hoy, los Estados Unidos se encuentran compitiendo no solamente contra una Rusia emergente, sino contra Irán y el expansionismo chiíta que impulsa. Por otra parte, se encuentra bajo ataque del jihadismo sunita, el cual es incubado y financiado por Arabia Saudí, el principal aliado de América en el Golfo Pérsico.

La venta norteamericana de armas propuesta a Arabia Saudí ha provocado la puntual crítica en Israel y entre los partidarios de Israel en Estados Unidos. Como altos funcionarios de la defensa declaraban el lunes al Jerusalem Post, la venta de los kits JDAM a Arabia Saudí constituye una amenaza estratégica para Israel, que carece de modo de defenderse de la capacidad JDAM.

Para examinar el carácter razonable de la oposición de Israel a la venta propuesta y comprender el significado de la venta en el contexto de las amenazas regional y global emergentes a los intereses de la seguridad nacional norteamericana, es obligatorio revisitar las acciones norteamericanas hacia Israel y Arabia Saudí durante la Guerra Fría, cuando vigilar la expansión soviética en todo el mundo era el principal objetivo de la política exterior norteamericana.

LOS ESTADOS UNIDOS MANTUVIERON A ISRAEL en holgada ventaja armamentística hasta su sorprendente victoria contra los clientes soviéticos, Egipto y Siria, en la Guerra de los Seis Días de 1967. Tras la victoria de Israel, los Estados Unidos se dieron cuenta de que Israel era el aliado natural a la hora de vigilar el poder soviético en Oriente Medio. Como resultado, en 1968 comenzaba a proporcionar a Israel ayuda política y militar. Esta política dio sus frutos en la Guerra de Yom Kippur de 1973 y en la Guerra del Líbano de 1982, cuando el ejército derrotó prácticamente a los ejércitos de los satélites soviéticos. En la práctica, desde la perspectiva norteamericana, no había ninguna contrapartida a apoyar a Israel. La patente falta de ambiciones expansionistas por parte de Israel garantizaba que Estados Unidos no sufriría ningún tiro por la culata a causa de su apoyo.

La debilidad central de la alianza Estados Unidos-Israel era la percepción norteamericana de Arabia Saudí como aliado estratégico. Esta debilidad salió a la luz de la manera más prominente en 1981 con la decisión de la administración Reagan de vender a los saudíes aviones espía AWAC. Como es el caso en la venta de armas actual propuesta de Estados Unidos a los saudíes, allá por entonces, Israel percibió la venta de los AWAC como amenaza a su seguridad nacional. Aun así, puesto que vigilar el expansionismo soviético y no garantizar la seguridad de Israel era el principal objetivo estratégico norteamericano, y puesto que Estados Unidos percibía a Arabia Saudí como aliado frente al expansionismo soviético, la administración Reagan presionó en favor de la venta en contra de las vigorosas objeciones de Israel.

Al final, los AWAC no fueron utilizados contra Israel. Pero según el mismo rasero, tampoco hicieron nada por frenar el expansionismo soviético ni impulsar ningún otro interés norteamericano. Durante la Guerra del Golfo de 1991, los saudíes no jugaron ningún papel de combate práctico contra Irak.

La principal contribución saudí a la victoria norteamericana en la Guerra Fría fue su disposición a financiar a los mujahadín en Afganistán, que combatían contra la invasión soviética. No puede haber duda de que la derrota de los militares soviéticos en Afganistán jugó un papel central al ahora de provocar la disolución del imperio soviético. Pero tampoco existen dudas de que el tiro por la culata de la guerra en Afganistán ha venido en enorme detrimento de la seguridad nacional norteamericana y la seguridad global en conjunto.

La victoria de los mujahadínes armados por Estados Unidos y con financiación saudí contra los soviéticos en Afganistán alimentó las aspiraciones de los jihadistas sunitas de financiación saudí. Ello dio lugar a Al-Qaida y proporcionó armas y experiencia de combate a las fuerzas que volverían más tarde para perseguir a Estados Unidos.

DE MODO QUE EN LO QUE CONCIERNE a Oriente Medio y Asia Central, la lección principal de la Guerra Fría se relaciona con el énfasis relativo que Estados Unidos puede poner con seguridad en su alianza con Israel por una parte, y su alianza con los saudíes por la otra. Israel utilizó el apoyo norteamericano de una manera que impulsó tanto la seguridad nacional de Israel como los intereses geopolíticos norteamericanos sin ningún revés. Los saudíes o bien fueron inconsecuentes, o impulsaron los intereses norteamericanos de una manera que ha provocado un enorme revés.

Los Estados Unidos afrontan hoy la hostilidad rusa, el expansionismo iraní, y a los jihadistas sunitas de financiación saudí, y siguen plagados por el dilema de la relativa importancia de sus alianzas con Israel y Arabia Saudí de la Guerra Fría. A primera vista, teniendo en cuenta que hoy el potencial del revés a la hora de apoyar a Arabia Saudí es mucho más elevado y destacadamente más previsible de lo que lo fue hace 25 años, debería estar claro que al examinar sus activos estratégicos e intereses en la región, los Estados Unidos darían mucha más importancia a su alianza con Israel.

Desafortunadamente, la administración Bush se está comportando hoy contraintuitivamente. Persigue su alianza con Arabia Saudí con vigor al tiempo que evita y rebaja su alianza con Israel.

La hostilidad de la administración contra Israel no se limita a su intención de armar a los saudíes con armas capaces de destruir los activos estratégicos de Israel en el Negev. También está presionando activamente a Israel para que no se defienda contra Irán y sus satélites. Desde la Segunda Guerra del Líbano el verano pasado, Estados Unidos ha presionado a Israel para que no tome medidas contra el satélite de Irán Hamas por una parte, al tiempo que presiona a Israel para dotar de poder a Fatah, que tiene sus propios vínculos fuertes con Irán y con Hamas, por la otra. Al presionar a Israel para implementar una política de capitulación hacia los palestinos en Judea y Samaria similar a su capitulación a los palestinos hace dos años en Gaza, la administración Bush está siguiendo una política que si se implementa, garantiza por completo el control iraní sobre las afueras de Jerusalén y Ammán.

EXISTEN DOS CAUSAS PRINCIPALES de la frialdad norteamericana hacia Israel y el cálido abrazo de los saudíes. En primer lugar, el fracaso de la administración a la hora de lograr sus objetivos en Irak refuerza la influencia de los partidarios de la Guerra Fría de los saudíes. Estos partidarios, encabezados por los discípulos del ex secretario de estado James Baker, la Secretario de Estado Condolizza Rice y el Secretario de Defensa Robert Gates, impulsan su agenda saudí-céntrica al tiempo que abren el camino a una retirada norteamericana de Irak sin victoria. En opinión del bando de Baker, la mejor manera de facilitar una retirada es consolidar a los saudíes de modo que quizá puedan evitar que una retirada post-norteamericana de Irak evolucione en una colonia iraní.

La segunda causa de la hostilidad de la administración hacia Israel es la irresoluta gestión de la Segunda Guerra del Líbano el año pasado por parte del gobierno Olmert. Al igual que fue el caso hace 25 años, también la administración apoyó a Israel en contra de los deseos del bando de Baker. Pero al contrario que hace 25 años, el pasado verano el gobierno Olmert condujo a Israel a la derrota en el Líbano, debilitó la posición de los funcionarios de la administración que ven a Israel como aliado estratégico y se oponen a los saudíes, y reforzó a los enemigos de Israel de inspiración Baker que perciben a Israel como una carga estratégica.

El entusiasta apoyo a la capitulación por parte del gobierno Olmert como política nacional hacia los palestinos en Judea y Samaria solamente sirve para reforzar la opinión norteamericana de que Israel es una carga estratégica más que un activo.

Aún así, las lecciones de la Guerra Fría y las de los 15 últimos años siguen estando claras. Los saudíes siguen siendo en el mejor de los casos aliados indiferentes de Estados Unidos, mientras que la fortaleza o la debilidad de Israel impactan frontalmente en la seguridad nacional y los intereses geopolíticos norteamericanos. Al igual que fue el caso durante la Guerra Fría, como hoy, la mejor opción de los Estados Unidos a la hora de vigilar los expansionismos ruso e iraní y neutralizar a los jihadistas sunitas es respaldar a Israel.

Si los Estados Unidos estuvieran dispuestos a comprender las claras lecciones de la Guerra Fría en su experiencia en Oriente Medio, no estarían presionando a Israel para que se debilite aún más a través de regalos territoriales a los satélites palestinos de Irán. No estarían minando activamente la seguridad nacional de Israel proporcionando armamento sofisticado a los saudíes. Estarían amonestando al gobierno Olmert por su irresponsable comportamiento y exhortando a Israel a no vacilar, porque es necesario para el enfrentamiento general.


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