Tizas

Perfil de un asesino mimado por las autoridades españolas

08.01.06 | 11:59. Archivado en Islam, Oriente Medio
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Rachid Tachit acaba de cumplir 23 años, es moreno, delgado y mide 1,68 metros. Ese es su perfil físico. El delincuencial es mucho más extenso: robo con intimidación, con fuerza, atentado contra la autoridad, tráfico de drogas, un homicidio frustrado, otro consumado, varias estancias en la cárcel, una expulsión de España y, lo más relevante, cómplice de los terroristas islámicos que perpetraron la masacre del 11-M en los trenes de Madrid.

Rachid, que en la madrugada de Nochebuena asesinó a puñaladas a un joven español en la discoteca Joy Eslava, nació en diciembre de 1982, en algún lugar del norte de Marruecos.


Llegó por primera vez a España, entrando de forma ilegal, a principios de 1997 y el 18 de julio de aquel mismo año, ya había cometido su primer robo con fuerza y empezó a ser buscado por la Policía.

Sin mucha intensidad, porque los agentes no le encontraron por sitio alguno y eso que seguía cometiendo fechorías en los barrios delc entro d ela cpaital. Los funcionarios se quitaron el asunto de encima declarando al marroquí "desaparecido".

La realidad es que el facineroso seguía tan campante, delinquiendo y apenas un año después reaparecía en la misma zona de Lavapiés implicado en otro asalto.

Esta vez fue detenido -con un documento a nombre del palestino Hamidi Mustafá- y acabó en los calabozos.

Obsesionados por no causar frustraciones, a quien después aparecería como cómplice del 11-M, los jueces no lo expulsaron de España sino que decretaron su internamiento en un centro de menores del que se escapó semanas después sin ninguna dificultad.

Para volver a las andadas, envalentonado y con mayor agresividad. Entre abril de 1999 y julio de 2000 constan ocho detenciones por todo tipo de robos. Y todas las veces, por esas razones legales, el sujeto -llegado a España de forma ilegal, sin papeles y delincuente consumado- se fue de rositas, tras pasar en cada ocasión un par de días en un centro, donde le vestían, lo duchaban, le daban de comer y le veían marcharse.

En uno de estos centros e irritado porque un funcionario le ordenó irse a la cama y apagar el televisor, agredió a su cuidador, lo que provocó la apertura de un expediente aún por resolver.

En el historial del sujeto figuran otras 13 detenciones y que sólo una de ellas, durante la que atropelló intencionalmente a un agente municipal, culminó con una breve estancia en la cárcel.

Fue en 2002, cuando arrolló a unos municipales en Alcorcón que le perseguían por tráfico de estupefacientes. Uno de los policías resultó herido grave y Rachid fue condenado a dos años de prisión.

Sólo cumplió una pequeña parte de su condena y es a la salida cuando se detecta que está ya conectado con Jamal Ahmidan, el Chino, uno de los asesinos del 11-M, y el fanático que lideraba una pequeña tropa de delincuentes dedicada al tráfico de drogas y que ya entonces buscaba explosivos y amenazaba con matar españoles.

Rachid Tachit asistió en diciembre de 2003 a la reunión en la que se pactó la compra de los explosivos empleados en el 11-M.

El Chino y sus compañeros islamistas le conocían por El Chico o El Niño.

La reunión se celebró en un McDonald´s de Madrid y en ella, además de Rachid, estuvieron presentes El Chino, Emilio Suárez Trashorras, Antonio Toro y su hermana Carmen, que más tarde se casó con Emilio.

El 1 de abril de 2005, en lo que pareció un caso de diligencia administrativa pero sin que los jueces le tomasen declaración por sus evidentemente sospechosas conexiones con los matarifes del 11-M, fue expulsado a Marruecos.

Tres meses más tarde -con el Gobierno Zapatero repitiendo una y otra vez que se habían corregido los errores del Ejecutivo anterior y con el ministro de Justicia advirtiendo que no se deben tomar decisiones "en caliente"- Rachid Tachit regresó a nuestro país con identidad falsa.

La orden de expulsión especificaba que no podría volver a pisar suelo español en 10 años, pero el marroquí cruzó la frontera enseñando un pasaporte palestino. Y los funcionarios le permitieron entrar.

En septiembre -apenas un mes después de volver a Madrid- se peleó con un compatriota en Leganés -el mismo municipio donde se suicidaron los autores de la masacre del 11-M- por un reparto de drogas, y le abrió la cabeza con un hacha. Rachid se escapó y su víctima salvó la vida de milagro.

Su pista se perdió hasta que el pasado 26 de diciembre reapareció en una de las discotecas más conocidas de Madrid, la Joy Eslava, donde culminó la noche apuñalando de muerte al espñol Roberto García Grimaldo.

Con calcetines blancos, quizá no hubiera cruzado la puerta de la discoteca, pero nadie parece haberse preguntado cómo fue posible que lo hiciera con una navaja de 18 centímetros de hoja.

Su detención sólo fue posible porque se le ve claramente en las imágenes grabadas por la cámara del local, asestando la cuchillada, y porque siguió tan campamnte en Madrid.

Poco antes de Nochevieja, cuando estaba con su novia española en un coche, haciendo trapicheos de droga no muy lejos del Palacio Real de Madrid, fue localizado por la Policía.

Todavía trató de huir intentando atropellar a los policías que le perseguían. En el momento de su captura, llevaba un pasaporte libio y negó todas las acusaciones. Lo mismo que su novia.

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