El hawala, una red ilegal de transferencia de fondos que utiliza Al Qaeda para financiar sus atentados terroristas, cuenta con decenas de oficinas en España, que operan bajo la cobertura de locutorios, carnicerías o tiendas de alimentos. El diario El País, que publica una detallado informe sobre el tema, cita a una responsable de la Unidad Central de Inteligencia de la policía, según el cual “la cadena española ha servido para financiar atentados”.
La red española del hawala la integran unos 200 paquistaníes y mueve los ahorros de 100.000 musulmanes. Desde España fluyen más de 300 millones de euros al año, y en el mundo, según Naciones Unidas, este sistema clandestino canaliza más de 200.000 millones de dólares.
Mohammad Choudry Aslam, que regentaba un locutorio en Barcelona, transfirió 18 millones de euros en 15 meses. Según la policía, la principal estación en la ruta del hawala español está en Cataluña, donde residen 20.000 paquistaníes. Otro foco es Logroño, donde operaba AhmedRukhsar.
Los dos están en prisión. Las declaraciones de Khalid Sheikh Mohamed, cerebro del 11-S y ex jefe de operaciones de Al Qaeda, dieron la pista.
Los hawaladares tienen oficinas ilegales en las ciudades donde está más arraigada la comunidad paquistaní: Barcelona, Tarragona, Lleida, Logroño, Valencia, Madrid, León, Jaén y Almería.
Sus clientes son inmigrantes de varias nacionalidades, que confían en un sistema rápido y seguro para enviar dinero a su país de origen y más barato que los bancos (entre el 2% y el 3% de comisión sobre el valor de la transferencia).
LA RED DE LOS HAWALA
José María Irujo ha reconstruido la ruta secreta de locutorios, carnicerías y tiendas de alimentos donde alrededor de 200 agentes 'hawala' paquistaníes mueven más de 300 millones de euros al año sin ningún control. Este es el reportaje que publica en El País:
Ahmed Rukhsar, de 40 años, vendía leche de vaca en Gujrat, una provincia de 500.000 habitantes en la zona del Punjab al noroeste de Pakistán. No sabía ni leer ni escribir en urdu, su lengua natal, pero logró su sueño: emigrar a España, prosperar y comprarse un Mercedes de segunda mano. Trabajó en los viñedos de varios pueblos riojanos y vendió flores por las calles hasta convertirse en 2001 en el hawaladar (agente hawala) más activo de Logroño: en dos años 800 inmigrantes paquistaníes residentes en esa comunidad le confiaron tres millones de euros. La confianza fue la clave de su éxito.
Ahmed Rukhsar, un tipo bajito y de aspecto formal, pertenecía a la red secreta del hawala, un oscuro sistema de transferencia informal de fondos que inventaron los chinos, lo llamaban fei qian (dinero volador) y asumieron los comerciantes árabes para evitar los robos en la ruta de la seda. Una cadena oscura y vidriosa que va de Karachi a Nueva Delhi, de Kabul a Londres o de Gujtar a Logroño y en la que hombres como Rukhsar están siendo utilizados por Al Qaeda para financiar sus actividades terroristas en todo el planeta.
Khalid Sheikh Mohamed (KSM), cerebro del 11-S y ex jefe de operaciones de Al Qaeda, detenido en Pakistán y preso en Guantánamo (Cuba), empleó la ruta española del hawala. Sus declaraciones a la CIA han arrojado algo de luz sobre algunos de los hawaladar que colaboran con Al Qaeda desde España. Entre ellos está este campesino paquistaní al que sus amigos definen como un hombre "bueno y honesto".
La red de hawala en España la forman alrededor de 200 paquistaníes y mueve los ahorros de unos 100.000 musulmanes: sirios, tunecinos, argelinos, turcos, indios y, sobre todo, paquistaníes que envían el dinero a sus familias en diversas partes del mundo. Unas transacciones millonarias de las que no queda rastro: en el hawala los libros de contabilidad se destruyen y el secreto es el mejor gancho.
Los hawaladares tienen oficinas ilegales en las ciudades donde está más arraigada la comunidad paquistaní: Barcelona, Tarragona, Lleida, Valencia, Madrid, Logroño, León, Jaén y Almería, según los responsables de los servicios de inteligencia que reconocen saber "muy poco" sobre esta gigantesca cadena de agentes que sólo necesitan de una dirección y un teléfono para transferir billones de dólares por todo el planeta.
"La cadena española ha servido para financiar atentados. Pero lo peor es lo que no sabemos, porque de este mundo aquí no conocemos casi nada", reconoce un responsable de la Unidad Central de Inteligencia de la policía. Abdelaziz Buteflika, presidente de Argelia, aseguró este año en la cumbre antiterrorista de Riad (Arabia Saudí) que la única forma de terminar con la financiación del terrorismo yihadista es acabar con el sistema hawala. "Indira Gandhi, ex presidenta de la India, lo intentó, pero fracasó, porque es más barato y rápido que los bancos", recuerda la economista Loreta Napoleoni.
El locutorio New Lagpal, en la calle del Horno, de Logroño, a 200 metros de la comisaría de policía, acoge en 70 metros cuadrados una tienda de alimentación, seis cabinas telefónicas, tres ordenadores conectados a Internet y un viejo frigorífico, además de la diminuta mesa en la que el paquistaní Rukhsar y sus dos ayudantes recibían a sus confiados clientes. El hawaladar recogía el dinero, anotaba el nombre, el teléfono y la dirección de las personas a las que se debía entregar en Gujtar y otras ciudades de Pakistán.
Cuando las peticiones alcanzaban los 100.000 euros enviaba un fax a la oficina de su jefe en Dinge y éste adelantaba el dinero. Jóvenes con bicis, motocicletas y coches de una empresa "muy grande", en palabras de Rukhsar, llamada Dollar List entregaban los pagos a domicilio por el Punjab. El antiguo lechero envió en un solo mes más de 600.000 euros a dos oficinas en Dinge y Lahore. Una de ellas se denominaba Yihad Currency Exchange.
¿A cambio de qué se adelantaba allí el dinero que los inmigrantes confiaban en el locutorio de Logroño? Por cada 1.000 euros, Rukhsar cobraba a sus clientes 20 de comisión, que se repartía con su jefe en Pakistán, Habib Uddin, El Cojo, un ex veterano en la guerra de Afganistán que perdió un ojo y una pierna luchando contra los rusos, según aseguran personas próximas al agente hawala.
Después de haber adelantado el dinero, El Cojo enviaba a Rukhsar un fax con la orden de que pagara por compensación los 100.000 euros a diversas cuentas corrientes de personas o sociedades en distintas partes de Europa o EE UU, comerciantes musulmanes en Alemania, Francia, Holanda, Bélgica, Italia o el Reino Unido. El hawaladar de Logroño hacía los pagos a ciegas desde sus propias cuentas en una oficina de La Caixa en esa ciudad. "Como es analfabeto, le tenía que acompañar una persona al banco para rellenar la transferencia", asegura Gerardo Rubio, su abogado.
El hombre de la pata de palo y el parche en el ojo es uno de los 1.500 hawaladar conocidos en Pakistán, un país en el que se cree que se refugia Bin Laden y donde se mueven al año 5.000 millones de dólares por esta sinuosa vía que los paquistaníes denominan hundi. Un estudio de Sam Vaknin, Analysis: Hawala, the bank that never was, asegura que en 1990 había 1.100 agentes hawala en ese país, pero la cifra, según fuentes de los servicios de inteligencia, ha aumentado gracias a la creciente oleada de inmigrantes. Bajo la presión internacional, Pakistán y Emiratos Árabes Unidos han adoptado algunas medidas para regular el sector informal de envío de divisas, pero centenares de tipos como El Cojo siguen trabajando a sus anchas.
El hawala aumenta o disminuye en función de la inmigración. Se disparó en los años setenta, ochenta y noventa. Empujado por una de esas olas llegó el campesino Rukhsar. Y aparecieron con toda naturalidad otros agentes que operan en carnicerías, locutorios, videoclubes o tiendas de alimentación de numerosas ciudades españolas. Tipos como Mohamed Afzal, Mohamed Ansar, Abid, Tazim, Yousef Toqueer, Zia Ullah, entre otros muchos agentes, según distintos testimonios de la propia comunidad paquistaní.
De los 35 locutorios que hay en Logroño, 25 son de paquistaníes. "Todos han utilizado este sistema. Empezamos a trabajar en el año 1985, pero entonces había poca gente. Yo solo llegué a tener más de 2.000 clientes", reconoce Zia, uno de los agentes hawala más conocidos de Logroño, que ahora dice haberse retirado. Unos 8.000 paquistaníes, trabajadores de la construcción, viven en La Rioja.
A juicio de los investigadores, la principal estación en la ruta del hawala español está en Cataluña, la comunidad con mayor presencia de paquistaníes, unos 20.000, de los que un centenar trabajan como hawaladares desde locutorios y locales de cambio de divisas autorizados, según reconocen varios agentes consultados. El barrio de El Raval, en el centro de Barcelona, es uno de los escenarios más efervescentes de esta actividad clandestina y hasta ahora "demasiado consentida" por la autoridad monetaria, según responsables de la lucha antiterrorista.
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saludos a todos mis hermanos,mussslin,creo que es la unica manera de qque eel munddo tenga algo de respet,sobre todo los gringos qqqque sepan qque hay aaaaaalguin mas que eellos en el mundo con mas intelegencia.
esto es lo que pienso de mis hermano de alqueda.
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Viernes, 5 de septiembre
José Javier Solabre Heras
Doctor Shelanu
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