Tierra liberada

Otras ruinas aguardan

12.11.18 | 17:14. Archivado en Autor

Era la misma y ancha era de altura. ¿Qué tendrá esa era privilegiada de la que despegan tan fáciles nuestros sueños? Sonó la música y al igual que hace treinta años, volvimos a brincar en ese espectacular prado de fondo aéreo. Era el mismo espíritu de alegría y comunión. Fue grato volver a ese círculo de nuestros años mozos. Habían pasado varias décadas, pero no habían caducado nuestras ganas de construir un nuevo mundo, de llenar ruinas y campos de nuevo color, ilusión y vida.

He vuelto a Lakabe después de muchos otoños. Ha sido con motivo de las excelentes jornadas sobre despoblación rural, "Del abandono a la vida", que ha organizado la Red Ibérica de Ecoaldeas junto con el Gobierno de Navarra. Guardo muy buenos recuerdos de todo el tiempo allí pasado. Quizás los mejores tiempos de juventud. Fue un tiempo de construir y no solo de tumbar; de azada, paleta y llana; de crear y alumbrar, no sólo de echar abajo... Mi hermano fue de los pioneros y tuve la suerte de acompañarles por temporadas.

Ya ha desaparecido aquel perenne barro entre las recias casas de piedra. Un olor a pan recién cocido inundaba en la visita sus calles ya empedradas y vestidas de otoño. Nuevas construcciones de vanguardia, nuevas familias pioneras. Mucha huerta goza ya del abrigo de los plásticos. Todos los tejados están arreglados. Grandes planchas de cristal guiñan y solicitan al sol su energía y calor. Las aspas de los molinos más robustas roban también más fuerza al viento huraño y hermano. Los niños de entonces sostienen en sus brazos otros niños. En realidad sostienen ya el peso de todo un legado. Esos niños sostendrán otros niños...

Un futuro más sencillo, austero y perdurable ya nos ha alcanzado. Los niños de ayer son los padres de hoy. Mantienen el fuego y han tomado en muchos aspectos las riendas de la comunidad. Había relevo, hay, habrá relevo. Estamos hablando de la fuerza insobornable de la utopía, del eterno anhelo del humano de levantar un mundo mejor, de más compartir y colaborar. “No era un rollito de verano...”, tal como se mencionó en el arranque en Pamplona de las mencionadas jornadas. No era una locura de momento, la chaladura de unos objetores de conciencia que se habían cansado de estómagos vacíos y huelgas de hambre, de sentarse al atardecer delante de los Gobiernos militares. No se marcharon con los primeros fríos, tal como pensaban los responsables de Montes de la Diputación. No era una chifladura de cuatro inquietos “hippies” de los exaltados ochenta. Era, es una conspiración planetaria, un amor profundo por la tierra, una aspiración sincera de empezar a transformar el mundo de forma silenciosa.

Otras ruinas aguardan, otras ruinas llamadas a inundarse de otras flautas y “txistus”, de otro olor a pan cocido, llamadas a cubrirse de nueva arcilla y calentarse con vieja leña. Otros jóvenes aguardan un futuro desafiante, creativo, sostenible, que no pase por fichar ocho horas en un trabajo mecanizado. La tierra comienza a inundarse de cada vez más “Lakabes", de cada vez más anhelo comunitario y de vuelta a la Madre Tierra. Iremos a por nuevas ruinas, las que ahora son, las que vendrán, cuando una civilización caduca basada en el individualismo, el consumismo y materialismo se vaya desmoronando, pues sencillamente no es sostenible. Iremos a por nuevas ruinas, colgaremos paneles solares, las rodearemos de huertas y haremos sonar música en sus nuevas plazas recién empedradas.

Lakabe ha elegido su propia forma de hacer ecoaldea. En realidad hay tantas formas de hacer comunidad como comunidades mismas y ya van más de 10.000 en los cinco continentes, considerando sólo las que están coordinadas en el marco del GEN (Global Ecovilage Network). En esa variedad de hacer comunidad está la riqueza de este movimiento imparable y variopinto de alcance mundial. Cada comunidad su forma de labrar, brincar y agradecer; su caserío particular, sus flores de verano y su hojarasca de otoño...; cada una enfoca desde un ángulo sus molinos al viento, sus paneles al sol. En una comunidad suena el “txistu” saltarín, en otra el dulce violín, en otra el sencillo y poderoso “gong”… Lo importante es ponernos en marcha tras otro sonido, tras las pistas de una más consciente y responsable civilización.

No consumiremos pan blanco, ni aparcaremos nuestra bicicleta a la vera de una gran fábrica. Sólo nos resta pensar cómo construiremos el nuevo mundo. Es cierto que nos equivocamos en muchas cosas, pero no erramos cuando sentíamos que teníamos que tirar para el monte, cogernos de la mano e intentar hacer realidad, siquiera en pequeño círculo, el sueño de otra música y otro baile, de otra “era” de más verdadera y fraterna comunión.


Acoger todos los sufrimientos

07.11.18 | 12:51. Archivado en Autor

Tras el período de aportaciones, el Gobierno vasco procederá a pasar por las escuelas los polémicos vídeos. Somos muchos los que nos podemos identificar sin dificultad con la lectura de nuestra reciente historia que en ellos se refleja. Tenemos plena fe en la buena fe de los responsables de la Dirección de Convivencia y Paz, sin embargo, a la vista del revuelo generado por los controvertidos relatos, queremos añadir alguna reflexión. Deseamos poner sobre la mesa más una cuestión de tiempos de que fondo. ¿Era ya llegada la hora de esa necesaria función pedagógica?

Cuidar la primavera de convivencia que por fin estamos viviendo en Euskadi, supone ser respetuosos en extremo con el otro, su relato, sus dolores, sus tiempos. Quizás los vídeos pudieran esperar hasta que el hierro comience a enroñarse y la reconciliación a echar sólidas raíces, hasta que las trincheras se terminen de derrumbar y los sinceros perdones de florecer. Cuidar este momento de tan anhelada paz, quizás también implique un “pause” en el relato a la espera de que los extremos cedan y desciendan de sus cerros, a que el espacio del medio se torne cada vez más ancho, sólido y compartido.

Es inevitable que veamos el pasado sesgado en función de nuestra ubicación y circunstancias. Iremos avanzando en la búsqueda de ángulos más consensuados, de enfoques en los que quepan más miradas aligeradas de rencor. ETA causó mucho, cruel y absolutamente injustificable daño fuera y dentro del País Vasco, sin embargo no podremos tampoco olvidar que el eco de los bombardeos de Gernika o Durango aún no se había disipado cuando la organización violenta cometió su primer asesinato. ¿Podrán nuestros relatos del mañana sumar todos los estruendos, todas las sangres, secar todas las lágrimas…? Venimos de una larga espiral de violencia. Tras haber felizmente cedido ésta, quizás haya que esperar un tiempo para enchufar las cámaras y grabar los vídeos. El "mea culpa" de la izquierda abertzale indudablemente aceleraría el proceso. Esa insoslayable solicitud de perdón abriría el paso a mayores consensos, a los vídeos que más pronto que tarde habrán de estamparse en las despejadas conciencias adolescentes, en las limpias paredes de sus aulas.

Estamos llamados a comprender todos los sufrimientos. Cada uno tiene su propio color. Unos son más agudos que otros, más injustificables que otros, pero todos dignos de ser considerados. Hacen falta miradas capaces de recogerlos todos y después ensayar llevarlos a la pantalla. Nadie logrará burlar la severa, la insobornable historia. Todos los relatos, en la medida que pasa el tiempo, se van recubriendo y tamizando de más verdad. En la medida en que se sume información y se resten emociones, la mirada aérea y objetiva irá progresando. Esa mirada más abarcante y, si es que cabe, más definitiva, no será de un día para otro. Podremos acercarla en la medida en que, como decía el “fratello” de Asís, “no busquemos tanto ser comprendidos, sino comprender”, en la medida que dejemos caer coraza y blindaje y nos volvamos sensibles a la pena que creíamos ajena.

¿Quién se puede creer a estas alturas el relato de "la cruzada del 36" que en su día fue absolutamente omnipresente? ¿Quién se iba a creer que, en esa nueva vuelta de la espiral de violencia que arrancó aquí a finales de la década de los sesenta, que la suma de más sangre del “adversario” podría acercar la supuesta “liberación del pueblo vasco”…? Con el transcurso del tiempo, lo falso va ganando en pudor y va cediendo lugar a una verdad que siempre termina silenciosa y sutilmente imponiendo. Quizás menguar la urgencia de proyectar esos vídeos en las escuelas del País Vasco, aguardar a que se aplaquen emociones aún en desnuda epidermis.

Quizás siquiera por un momento detener los vídeos y respirar desde otra casilla. “Socializar el dolor”, pero ya con una semántica absolutamente contraria a la que se utilizó en aquella brutal campaña que iba borrando concejales del mapa. Ahora socializar el dolor, no por supuesto en el sentido de sembrar más de él, sino de acercarnos desde las diferentes trincheras. Ahora compartir el dolor con voluntad de ensayar abrazarnos con las heridas de nuestras almas a cuestas. Más pronto que tarde proyectarnos en las paredes blancas de las aulas, del futuro esperanzado con las cicatrices cerradas y sanadas, que no necesariamente olvidadas.


Una excusa por nombre Bonsonaro

29.10.18 | 21:14. Archivado en Autor

No es la oscuridad que nos alcanza, quizás sea nuestra luz que no se afirma. Mientras que pensemos que el problema es Bonsonaro, no será fácil vislumbrar un futuro diferente. Si el conservadurismo extremo, populista y homófobo gana terreno, es porque las fuerzas del progreso y de la esperanza se lo han cedido. Quizás el problema no sea tanto la amenaza que se cierne, sino las puertas que se le abren. El autoritarismo de extrema derecha que se expande en Brasil nacería en la desazón popular generada por un poder no debidamente administrado, surgiría por los errores de una militancia progresista enraizada más en las ideas siempre volátiles que en la firmeza de principios y responsabilidades. La consecuencia sería un efecto reactivo, es decir la de tantos ciudadanos/as echados en brazos de una reacción galopante.

Ahora sabemos toda la verdad. El mismo Lula la ha confesado al referirse a los dirigentes de su propio partido: "Sólo piensan en cargos y empleos, en ser reelegidos. Nadie trabaja ya gratis como antes". Los cronistas hablan del ascenso de la “barbarie” de “nuevo fascismo. Yo no iría tan lejos, hablaría más de nuestras impotencias, de nuestros miedos a mirar por dentro, del agotamiento de la ideología, de nuestra tendencia a echar siempre balones y culpas fuera. Si el dinero del petróleo corrompió al mayor partido de izquierdas de América latina, es porque las grietas y las sombras ya eran en su luminosa apariencia revolucionaria.

Siempre habrá un exparacaidista que sepa aterrizar en revuelto y pantanoso suelo, siempre habrá un Bolsonaro con el que disculpar los graves fallos de una izquierda anclada en la sempiterna confrontación y recelosa de profundo sinceramiento, de regeneradora catarsis interna. La distancia del poder pueda asuspiciar no sólo un nuevo impulso de real transformación de la sociedad, sino del imprescindible cuestionamiento en esferas más internas.

Con el Partido de los Trabajadores se marcha también un tiempo en que pusimos demasiadas expectativas en los cambios exteriores, con escasa voluntad de transformarnos en lo más íntimo. La crisis de este partido grande es la crisis necesaria de nuestras pequeñas individualidades. Invita a la recapitulación imprescindible de quienes hemos militado en la izquierda. Representa un poco la historia de nuestra propia vida, la necesaria frustración que siempre acarrea el colocar las expectativas del cambio en el exterior y no en nuestro interno fuero.

La derrota de esta izquierda que se instaló en el poder de forma democrática es nuestra cantada propia derrota, el imprescindible despiste que nos ha de alcanzar al querer construir un mundo nuevo que no pase por el cuestionamiento de nuestros propios comportamientos y actitudes. "Nosotros nacimos para ser diferentes de los otros partidos", decía el tornero expresidente, pero sólo se puede ser diferente cuando una ética honesta y consecuente gobierna la psicología de adentro. Esa ética superior sólo la puede garantizar un desarrollo que también vaya por dentro. Si el Partido de los Trabajadores, al igual que buena parte de la clase política, fue tocada por escándalos de corrupción es porque los principios de impecabilidad no estaban arraigados. Pudieron haber nacido para ser diferentes, pero a la postre no lo demostraron.

Se alzan las voces para la necesaria refundación, pero para reconstruir y refundar hacen falta los cimientos firmes de esa nueva ética, de esa nueva conciencia plenamente enraizada en valores que nunca caducan. La ideología no basta, como hemos tenido ocasión de comprender, fácilmente se deja seducir por las tentaciones del Petrobrás de turno.

¿Partido de trabajadores o mayorías unidas en torno a metas compartidas? Esta encrucijada sin precedentes, estos momentos históricos en los que la sombra pareciera avanzar de nuevo sobre nuestras sociedades, deberían servir para un cuestionamiento más hondo. La pérdida de rumbo redunde en un reencuentro con nosotros mismos y por ende con los demás, un reencuentro basado en principios compartidos que nos unifican, no en ideologías que siempre nos han fragmentado y lo seguirán haciendo. Ya no un “partido dos trabalhadores”, ahora ya hora de un movimiento transversal de ciudadanos/as dispuestos evidentemente a trabajar por un mundo más justo, verde y solidario, pero también individuos que acierten a recuperar el poder y la confianza en sí mismos, empoderamiento que sólo vendrá de una necesaria y constante voluntad de mejora y perfeccionamiento internos.


Una excusa por nombre Bonsonaro

29.10.18 | 21:14. Archivado en Autor

No es la oscuridad que nos alcanza, quizás sea nuestra luz que no se afirma. Mientras que pensemos que el problema es Bonsonaro, no será fácil vislumbrar un futuro diferente. Si el conservadurismo extremo, populista y homófobo gana terreno, es porque las fuerzas del progreso y de la esperanza se lo han cedido. Quizás el problema no sea tanto la amenaza que se cierne, sino las puertas que se le abren. El autoritarismo de extrema derecha que se expande en Brasil nacería en la desazón popular generada por un poder no debidamente administrado, surgiría por los errores de una militancia progresista enraizada más en las ideas siempre volátiles que en la firmeza de principios y responsabilidades. La consecuencia sería un efecto reactivo, es decir la de tantos ciudadanos/as echados en brazos de una reacción galopante.

Ahora sabemos toda la verdad. El mismo Lula la ha confesado al referirse a los dirigentes de su propio partido: "Sólo piensan en cargos y empleos, en ser reelegidos. Nadie trabaja ya gratis como antes". Los cronistas hablan del ascenso de la “barbarie” de “nuevo fascismo. Yo no iría tan lejos, hablaría más de nuestras impotencias, de nuestros miedos a mirar por dentro, del agotamiento de la ideología, de nuestra tendencia a echar siempre balones y culpas fuera. Si el dinero del petróleo corrompió al mayor partido de izquierdas de América latina, es porque las grietas y las sombras ya eran en su luminosa apariencia revolucionaria.

Siempre habrá un exparacaidista que sepa aterrizar en revuelto y pantanoso suelo, siempre habrá un Bolsonaro con el que disculpar los graves fallos de una izquierda anclada en la sempiterna confrontación y recelosa de profundo sinceramiento, de regeneradora catarsis interna. La distancia del poder pueda asuspiciar no sólo un nuevo impulso de real transformación de la sociedad, sino del imprescindible cuestionamiento en esferas más internas.

Con el Partido de los Trabajadores se marcha también un tiempo en que pusimos demasiadas expectativas en los cambios exteriores, con escasa voluntad de transformarnos en lo más íntimo. La crisis de este partido grande es la crisis necesaria de nuestras pequeñas individualidades. Invita a la recapitulación imprescindible de quienes hemos militado en la izquierda. Representa un poco la historia de nuestra propia vida, la necesaria frustración que siempre acarrea el colocar las expectativas del cambio en el exterior y no en nuestro interno fuero.

La derrota de esta izquierda que se instaló en el poder de forma democrática es nuestra cantada propia derrota, el imprescindible despiste que nos ha de alcanzar al querer construir un mundo nuevo que no pase por el cuestionamiento de nuestros propios comportamientos y actitudes. "Nosotros nacimos para ser diferentes de los otros partidos", decía el tornero expresidente, pero sólo se puede ser diferente cuando una ética honesta y consecuente gobierna la psicología de adentro. Esa ética superior sólo la puede garantizar un desarrollo que también vaya por dentro. Si el Partido de los Trabajadores, al igual que buena parte de la clase política, fue tocada por escándalos de corrupción es porque los principios de impecabilidad no estaban arraigados. Pudieron haber nacido para ser diferentes, pero a la postre no lo demostraron.

Se alzan las voces para la necesaria refundación, pero para reconstruir y refundar hacen falta los cimientos firmes de esa nueva ética, de esa nueva conciencia plenamente enraizada en valores que nunca caducan. La ideología no basta, como hemos tenido ocasión de comprender, fácilmente se deja seducir por las tentaciones del Petrobrás de turno.

¿Partido de trabajadores o mayorías unidas en torno a metas compartidas? Esta encrucijada sin precedentes, estos momentos históricos en los que la sombra pareciera avanzar de nuevo sobre nuestras sociedades, deberían servir para un cuestionamiento más hondo. La pérdida de rumbo redunde en un reencuentro con nosotros mismos y por ende con los demás, un reencuentro basado en principios compartidos que nos unifican, no en ideologías que siempre nos han fragmentado y lo seguirán haciendo. Ya no un “partido dos trabalhadores”, ahora ya hora de un movimiento transversal de ciudadanos/as dispuestos evidentemente a trabajar por un mundo más justo, verde y solidario, pero también individuos que acierten a recuperar el poder y la confianza en sí mismos, empoderamiento que sólo vendrá de una necesaria y constante voluntad de mejora y perfeccionamiento internos.


Una excusa por nombre Bonsonaro

29.10.18 | 21:13. Archivado en Autor

No es la oscuridad que nos alcanza, quizás sea nuestra luz que no se afirma. Mientras que pensemos que el problema es Bonsonaro, no será fácil vislumbrar un futuro diferente. Si el conservadurismo extremo, populista y homófobo gana terreno, es porque las fuerzas del progreso y de la esperanza se lo han cedido. Quizás el problema no sea tanto la amenaza que se cierne, sino las puertas que se le abren. El autoritarismo de extrema derecha que se expande en Brasil nacería en la desazón popular generada por un poder no debidamente administrado, surgiría por los errores de una militancia progresista enraizada más en las ideas siempre volátiles que en la firmeza de principios y responsabilidades. La consecuencia sería un efecto reactivo, es decir la de tantos ciudadanos/as echados en brazos de una reacción galopante.

Ahora sabemos toda la verdad. El mismo Lula la ha confesado al referirse a los dirigentes de su propio partido: "Sólo piensan en cargos y empleos, en ser reelegidos. Nadie trabaja ya gratis como antes". Los cronistas hablan del ascenso de la “barbarie” de “nuevo fascismo. Yo no iría tan lejos, hablaría más de nuestras impotencias, de nuestros miedos a mirar por dentro, del agotamiento de la ideología, de nuestra tendencia a echar siempre balones y culpas fuera. Si el dinero del petróleo corrompió al mayor partido de izquierdas de América latina, es porque las grietas y las sombras ya eran en su luminosa apariencia revolucionaria.

Siempre habrá un exparacaidista que sepa aterrizar en revuelto y pantanoso suelo, siempre habrá un Bolsonaro con el que disculpar los graves fallos de una izquierda anclada en la sempiterna confrontación y recelosa de profundo sinceramiento, de regeneradora catarsis interna. La distancia del poder pueda asuspiciar no sólo un nuevo impulso de real transformación de la sociedad, sino del imprescindible cuestionamiento en esferas más internas.

Con el Partido de los Trabajadores se marcha también un tiempo en que pusimos demasiadas expectativas en los cambios exteriores, con escasa voluntad de transformarnos en lo más íntimo. La crisis de este partido grande es la crisis necesaria de nuestras pequeñas individualidades. Invita a la recapitulación imprescindible de quienes hemos militado en la izquierda. Representa un poco la historia de nuestra propia vida, la necesaria frustración que siempre acarrea el colocar las expectativas del cambio en el exterior y no en nuestro interno fuero.

La derrota de esta izquierda que se instaló en el poder de forma democrática es nuestra cantada propia derrota, el imprescindible despiste que nos ha de alcanzar al querer construir un mundo nuevo que no pase por el cuestionamiento de nuestros propios comportamientos y actitudes. "Nosotros nacimos para ser diferentes de los otros partidos", decía el tornero expresidente, pero sólo se puede ser diferente cuando una ética honesta y consecuente gobierna la psicología de adentro. Esa ética superior sólo la puede garantizar un desarrollo que también vaya por dentro. Si el Partido de los Trabajadores, al igual que buena parte de la clase política, fue tocada por escándalos de corrupción es porque los principios de impecabilidad no estaban arraigados. Pudieron haber nacido para ser diferentes, pero a la postre no lo demostraron.

Se alzan las voces para la necesaria refundación, pero para reconstruir y refundar hacen falta los cimientos firmes de esa nueva ética, de esa nueva conciencia plenamente enraizada en valores que nunca caducan. La ideología no basta, como hemos tenido ocasión de comprender, fácilmente se deja seducir por las tentaciones del Petrobrás de turno.

¿Partido de trabajadores o mayorías unidas en torno a metas compartidas? Esta encrucijada sin precedentes, estos momentos históricos en los que la sombra pareciera avanzar de nuevo sobre nuestras sociedades, deberían servir para un cuestionamiento más hondo. La pérdida de rumbo redunde en un reencuentro con nosotros mismos y por ende con los demás, un reencuentro basado en principios compartidos que nos unifican, no en ideologías que siempre nos han fragmentado y lo seguirán haciendo. Ya no un “partido dos trabalhadores”, ahora ya hora de un movimiento transversal de ciudadanos/as dispuestos evidentemente a trabajar por un mundo más justo, verde y solidario, pero también individuos que acierten a recuperar el poder y la confianza en sí mismos, empoderamiento que sólo vendrá de una necesaria y constante voluntad de mejora y perfeccionamiento internos.


¿Intercambio consentido?

22.10.18 | 14:38. Archivado en Autor

Ya no saben que inventar para entretenernos, para hacernos olvidar de nosotros/as mismos/as, de nuestra naturaleza más primigenia y esencial. Empiezan a agotar todos sus cartuchos "creativos" hasta poner a la venta el último subproducto que anuncian a bombo y platillo. La industria de la televisión se las apaña como puede para intentar mantenernos clavados a la noche en el mullido sofá, perdiendo el tiempo. Hoy millones de personas se sentarán en España ante “Intercambio consentido”, la última y “revolucionaria” carta que exhibe una reaccionaria cadena de televisión. Seguramente lo más revolucionario era el "off" al dislate, erguirnos de ese peligroso sofá, mantenernos firmes, fieles, comprometidos. Sin embargo el sistema prefiere vernos desanclados dentro, desorientados, serviles a la moda, a una fantasía más o menos imposible cargada de deseo.

Intercambiar hasta concluir que el cielo no estaba envuelto en otras sábanas, sino en las mismas de siempre a falta de nuestro propio perfume. Intercambiar hasta el olvido, hasta acabar con los referentes esenciales, hasta perder nuestra propia dirección y rumbo. Intercambiar hasta saturar hormonas, hasta saciar deseo esclavizante y cansino. Intercambiar fuera hasta reparar que el cambio imprescindible estaba más cerca, en nuestro propio adentro.

Intercambiar hasta el hastío, hasta volver a la Palabra con mayúsculas, a un compromiso que no se achanta ante las dificultades. Hará falta el hastío para volver a un comienzo que nos invita perpetuamente a renovarnos, a revivir el abrazo original que solo adolece de nuestra fuerza, generosidad e inventiva. Quizás lo más "progre" no era intercambiar pareja, aunque fuera de forma consentida, sino cada día intercambiar anhelos, ilusiones, proyectos, compromiso... con nuestro compañero/a de siempre.

Suele ocurrir. Seguramente la pelota estaba en nuestro tejado. Seguramente no era tanto el mutar de pareja, sino el crecer, superarnos, elevar la mirada, el alma, para así rehacer el piropo, la caricia, la chispa…, en definitiva la palabra dada. De lo contrario la palabra se estanca, claudica y corremos al sofá y nos ponemos a ver el más “rompedor”, el más “in” estreno de “Antena 3”.

Inauguran “Intercambio consentido”, pero nosotros podemos estrenar cada día una misma relación, sin necesidad de saltar de lecho en lecho; estrenar cada día una nueva aventura con la misma persona a la que hemos dado la palabra no necesariamente en un juzgado o ante un sacerdote, si no en el altar del corazón. Demasiado fácilmente olvidamos que los llamados a renovar somos nosotros mismos, que todo nos acabará aburriendo mientras que no sepamos dar en cada instante lo mejor, en primer lugar con la pareja con la que nos hemos comprometido. El humano acomodaticio siempre pedirá afuera lo que no se propone hacer brotar dentro.

No nos convence ese promiscuo GPS que nos vende la popular cadena televisiva. Fidelidad es admirar y bendecir la belleza ajena, sin echar a volar ningún lazo; es agradecer lo hermoso que pasa a nuestra vera sin querer atraparlo. Saltar de flor en flor es el arte de las abejas, no del humano que busca perfeccionarse. A falta de lealtad, las relaciones se deterioran, las estructuras se desvertebran, el ordenamiento se quiebra, el progreso se cuestiona. Fidelidad no está de moda, no es valor al alza, pero fidelidad es respeto a nosotros mismos a lo Superior que nos habita y por ende a la mujer o al hombre que hemos decidido acompañar en los días fáciles, felices y en los menos.

Ante las modas pasajeras, ante los programas picantes que pretenden aumentar el rebaño de la sumisión, ante la invitación al intercambio desnortado, ayer, hoy y siempre, compromiso. Si no media un mínimo compromiso, no hay vida, no hay evolución, todo se detiene. Olvidemos que la fidelidad era una máxima beata, uno de los principios que pregonaba la “Sección femenina”, fidelidad es también lo que amalgama a los seres, a los mundos, a los sistemas y galaxias.

Artaza 22 de Octubre de 2018


Primer fuego

20.10.18 | 12:33. Archivado en Autor

Mochila al hombro añoré este crepitar en la chimenea del hogar. Hacen mucho bien los senderos que recorremos con corazón. Hace mucho bien también el fuego que encendemos con conciencia. En realidad nos hace mucho bien todo aquello que hacemos con presencia, con conciencia, con agradecimiento.

Vengo de encender el primer fuego y estoy feliz aquí en medio de esta paz tan sonora, tan cálida. Solo en el hogar no me siento solo. Nos une la pantalla, nos unen los anhelos, los ideales fraternos, nos une sobre todo el crepitar de nuestros fuegos de fuera y adentro... Cuando el bosque comienza a amarillear, el primer fuego es importante. Todos los comienzos son importantes. Danzan ya felices unas llamas sobre el primer tronco afortunado. Toda llama encendida con presencia es altar. Pido por lo tanto ante este fuego sagrado. Pedimos por los que no gozan de este silencio, de esta paz, de este calor de hogar...

Pedimos por los miles de hermanos hondureños que llevan una semana caminando, padeciendo, sorteando las mil y un dificultades. Caminamos con ellos, con su sudor, sus ampollas y sus dificultades, sobre todo con sus merecidos sueños...

Pedimos por los hermanos brasileños que defienden nuestro mayor pulmón, la selva de la Amazonia que ahora afronta su mayor amenaza de todos los tiempos. De ganar el candidato que se pronostica nuevo presidente, ha prometido hacer dinero con nuestra reserva de oxígeno, explotar comercialmente esa inmensa y querida arboleda...

Pedimos también por las gentes del desierto, pedimos para que despierten, para que rompan su silencio ya insoportable cuando descuartizan y matan a uno de sus más valientes hijos por el solo hecho de clamar libertad...

Pedimos para que aquí nazca el diálogo, la mutua comprensión, la cultura del acuerdo. Para que empecemos a ver en el otro el complemento, que no el adversario. Para que nos encontremos y no nos disparemos, para que miremos cómo podemos hacer el mayor bien a la colectividad y no el mayor mal al supuesto contrincante...

Todo esto le pedimos al primer fuego, en esta mañana entrañable de paz, en la que no podemos olvidar tanto dolor aún sembrado por el mundo. Un gusto arrimarnos juntos a las mismas llamas, un gusto compartir la misma plegaria, el mismo anhelo. Eskerrik asko!

Artaza 20 de Octubre de 2018


Carga de ética

14.09.18 | 20:20. Archivado en Autor

No sabemos lo que será de las 400 bombas que España prepara para Arabia Saudí. No se han logrado garantías de que el régimen feudal no las vaya a utilizar contra la población civil. Se enviarán por fin las 400 bombas inteligentes, pero las muy “listas” no nos dicen dónde harán diana. El contrato de las fragatas se ha salvado por lo tanto, lo que no sabemos es lo que ocurrirá con una lejana e indefensa población civil en la castigada Yemen.

En estos tiempos en que aún se pretende achicar tanto el mundo, en qué nuestros intereses personales pretenden sobreponerse al derecho de otros seres a algo tan esencial como la propia vida…, buscaremos ampararnos en las tan sabias como sencillas palabras del monje vietnamita, Thích Nhất Hạnh. Ya antes de enfermar nos había alertado seriamente del peligroso error de concebirnos como una conciencia individual separada de todos los demás seres vivos. Antes de callar el monje zen, ahora retirado en Tahilandia, nos lo había dejado caer con suprema claridad: “No puedes medrar por ti mismo, necesitas progresar con los demás.”
El eterno candidato a Nobel por la paz nos invita a “interser” con los demás, no a ser por y para nosotros mismos: "Si en nuestra vida diaria podemos sonreír, si podemos ser pacíficos y felices, no sólo nosotros, sino que todos los seres se beneficiarán de ello.” Si podemos por lo tanto no fabricar y exportar dolor, todos los seres se beneficiarán de ello.

El Maestro cuya caudal de compasión nos ha cautivado a tantos, nos anima a actualizar y comprender en este presente momento nuestra relación con todos los seres, a no concebirnos aislados. Mi pan, mi contrato laboral ha de “interser” con el otro, por bien lejano desierto en el que se halle ese otro. Mi “carga de trabajo” no deberá ser a cualquier precio, al precio incluso de la guerra y el dolor ajeno. Está llegando la hora de dejar de sacralizar cualquier trabajo, de reivindicarlo por encima del resto de principios y valores humanos. Nuestra reivindicación ha de ser una con la reivindicaciones globales, con la defensa de la Vida.

Si “inter-somos” no exportaremos bombas y maquinaria de guerra a un país de dudosos principios de democráticos. Somos uno con nuestro prójimo también en las situaciones de más apuro. El pan de nuestros hijos no es a cualquier coste. La actual situación de precariedad de empleo ha supuesto la sacralización del trabajo, sea lo que sea lo que proporcione o produzca. Sin embargo cualquier trabajo no es ético, ni solidario, ni sostenible… Hemos de saber en qué invertimos nuestra fuerza e inteligencia. Hemos de saber qué mundo estamos contribuyendo a construir desde nuestro puesto en la cadena de una fábrica.

Cualquier empleo no es por lo tanto un bien supremo. Será preciso analizar si nuestro trabajo es en favor de la integridad física de las personas y los derechos humanos o por el contrario representa una amenaza. Será preciso observar el servicio y el bien que realiza a la humanidad en general, sin fronteras de ningún orden. Somos una gran comunidad humana y mi propio beneficio nunca debería ser a costa de la Vida, a costa de la Creación, de los Reinos que la conforman sobre el planeta.

Han cortado carreteras, han hecho paros y huelgas en demanda de "carga de trabajo", pero la “carga de trabajo” para uno, no puede representar una “carga de dolor” para otro. Ya lo dijeron los mayas, que a su forma ya practicaban en la selva lacandona su budismo de compasión: “In La Kech, Hala K’in”. Es decir “Yo soy el otro tú, tú eres mi otro yo”. "Carga de trabajo" es el eufemismo del que convendría prescindir si deseamos afrontar con una mayor "carga de ética" nuestro propio destino.

Artaza 14 de Septiembre de 2018


División azul

12.09.18 | 10:55. Archivado en Autor

Tarde lluviosa en medio de una ciudad que descansa de un sol aún poderoso en bares, cines y comercios. La libertad de un par de horas hasta recoger a mi madre de su sagrada partida de cartas, me conduce sin pensarlo a la biblioteca pública. Voy directo a su sección de historia. Al poco tiempo me veo en una mesa vacía disfrutando de un gran tomo gráfico cuyo título reza: “La División azul en imágenes”.

Me sentí extraño dedicando tanto tiempo a ese libro del “adversario”. No podía soltarlo. Sólo un esclarecedor paseo por la Kontxa, me proporcionaría después las claves indispensables. Por más que en un principio me extrañara, ese libro, esa historia, esa aventura, sobre todo ese frío, ese dolor también era mío… Me sentí iniciado en otra comprensión de la vida, de las relaciones, de la familia humana. Había llegado el momento de asumirlo: la historia de la “División azul” también me pertenecía.

¿Si siempre me consideré del otro lado, por qué sentía ochenta años después su frío en mi propia carne? ¿Será que la condición humana y su adhesión a ella en su conjunto termina a la postre por ganarnos más allá de toda fragmentación de cualquier orden?

A fuerza de observar con detenimiento cada una de la imágenes, me di cuenta que yo también era algo de ese soldado, de ese ejército, de esa División que combatió por la extensión del fascismo. Sí, sirvieron a la Alemania nazi, ¿pero no fueron al fin ya la cabo puras víctimas de la propaganda de un Movimiento en aquellos días omnipresente? ¿y en la cadena de los horrores, a la luz de toda la información que nos llega, sigue Hitler aventajando a Stalin?

Todas las historias son nuestra historia. Trascender el tiempo, la distancia, sobre todo la significación nacional, política, religiosa…, he ahí algo de nuestro presente desafío. Somos también la historia de ese joven castellano que se perdió con un fusil en una tierra lejana y extraña, que cayó en medio de las anchas y heladas estepas rusas en busca de galones y aventura.

Todas las historias son nuestra historia también la historia aparentemente lejana, incoherente, servil… Todas las historias son nuestra historia también la de quienes optaron en alguna vida por vestir el uniforme del “adversario” y montar en un peligroso tren que atravesaría todo Europa camino de una muerte más que probable…

Vamos a constelar esa gran familia que no conoce fronteras por nombre humanidad. Vamos a perdonarnos los unos a los otros, vamos escribir sin más demora, sin necesidad de que nos alcancen de nuevo esos fríos, esos dramas con fondo blanco, una nueva historia humana.


Final de qué tiempos...

11.09.18 | 17:58. Archivado en Autor

No sabemos leer los posos del café, ni los mensajes de las estrellas. No sabemos cuáles son las olas que saltarán por encima de nuestras azoteas, qué huracanes se envalentona ya en medio del océano. Desconocemos qué astro viajero toma rumbo a nuestro planeta, qué gran esfera destructora se encaprichó con nuestro planeta azulado.

Adivinemos cómo podremos rescatar al hermano de color del Mediterráneo, no el diámetro del demoledor Hercólubus; cómo llevar pizarras y dispensarios a todas las aldeas del Sur, no salvavidas a todos nuestros temores del Norte… Sí, parece que va acercándose la tan mentada Hora, pero por más mareas que quieran escalar nuestras ciudades, los verdaderos tiempos nunca se acaban. La Hora se llama graduación y ya lo dijo el monje de Hipona en el oscuro medievo, sólo, sólo de una cosa seremos medidos… Si a algo nos ha de invitar la Hora, es a intentar llenar nuestro corazón de más amor.

Nuestros augurios, nuestras especulaciones de cerveza y terraza, no moverán un ápice la Gran Manecilla, no adelantarán, ni retrasarán la Gran Hora, pero sí nos harán perder un tiempo precioso para diplomarnos en el indispensable servicio al trozo de humanidad asignado.

Somos los hijos de la Aurora. Los mejores rayos llegan tras la noche, nos alcanzarán tras la Hora. Respetar los augurios no es dar el "play" al peliculón de más rombos y miedo. Al igual que los tiempos, la vida tampoco se acaba jamás. No nos alcanza para Malaquías, ni Nostradamus. Leemos los periódicos, no escrutamos profecías. Sólo atendemos recomendaciones que nos muestran cómo abrazar con más fuerza, ternura y compasión a nuestro hermano necesitado…

Al fin y al cabo sólo es el final de los tiempos que malgastamos para nosotros/as mismos/as, sólo es el arranque de los tiempos dorados del Corazón por fin unificado.


Vulnerables

10.09.18 | 21:30. Archivado en Autor

Reconocernos vulnerables es sencillamente reconocernos en camino. Es observarnos primero en nuestra condición de seres evolucionantes, que vamos a por mayores cotas de amor, valentía, generosidad, pureza… Reconocernos vulnerables es sobre todo reconocernos en la necesidad de ayudarnos mutuamente, de asistir al otro/a en sus aspectos más debilitados. La vulnerabilidad es algo íntimo y a la vez sagrado. No acepta la crítica, sólo la ayuda. Lo último que necesita la vulnerabilidad es el reproche. El reproche implica la no aceptación de las circunstancias, del ritmo de crecimiento del otro/a.

Hoy he visto esa mirada vulnerable, a flor de lágrima, que alcanza el alma. Se me ha colocado delante esa mirada más necesitada de comprensión, de abrazo, que de cualquier discurso. Yo discurseaba, eso es lo más fácil.
Hay miradas que son espejos. Hoy me he reconocido en mi severidad, en mi dificultad de acompañar solidariamente hasta el final esa vulnerabilidad cercana. Esa mirada silente vulnerable, me ha expresado a las claras que la razón no sirve para nada, que me vaya con ella a paseo; me ha dicho que busca no tanto complicidad, sino comprensión.

La idea de vulnerabilidad arroja una mirada más generosa, tanto sobre nosotros mismos, como sobre quienes nos rodean. Todos/as somos vulnerables, sin excepción alguna. Hasta el aparente alma de piedra lleva mucho cartón dentro. Vinimos aquí para eso, para ayudarnos y despegar un día de nuestra circunstancial condición vulnerable. Mientras tanto las madres, aún en su avanzada edad, nos siguen aplicando lecciones irremplazables.


Regalar la victoria

10.09.18 | 11:24. Archivado en Autor

“Toma para ti pérdidas y derrotas...”. La primera vez que me soltaron la máxima budista, una tormenta se agitó en el interior. La fracesita de marras cuestionaba demasiados esfuerzos agotadores en pos siempre de una victoria sobre otros. Tantos esquemas pretéritos se derrumbaban de repente con la sentencia demoledora: “Otorgad la victoria al adversario...” La conmoción interior del día pasado, en las magníficas conferencias que impartió en Estella Tenzing Ngeyung, discípula del Lama Gueshe Tenzing Tamding, residente en el Monasterio de Chuu Sup Tsang de Ourense, no ha sido menor. “Regalad esas victorias que al fin y al cabo no llevan a la verdadera liberación. Regalad las victorias menudas.”

Una tan sencilla como sabia monja budista, me ha vuelto a mover el tapete. ¿Cuántas veces llevamos ya a los labios, ya a la ancha e inquieta pantalla de la mente, ya a la pancarta blanca de algodón agujereado aquello de “¡Hasta la Victoria siempre!”? Escribíamos “Victoria” con mayúscula, porque mayúsculo era el logro a alcanzar. Ahora van y nos piden que regalemos la “Victoria”, mayúscula incluida. No se cae una idea compartida, una cultura arraigada, un sentimiento muy amplio…, se derrumba en realidad mucho más. Seguramente ocurre como estaba escrito: se nos derrumban tantas mayúsculas del pasado, se derrumban en realidad nuestros pasados enteros, nuestras vidas de confrontación y de lucha… y sin embargo comienza a nacer una nueva, anhelada y emancipadora conciencia. Suena ya la campana al final de un túnel oscuro y con demasiadas grietas y goteras por nombre historia.

¿Estábamos equivocados cuando gritábamos “¡Ni un paso atrás!”? Seguramente sí, seguramente nada que combatir, seguramente todo por crear en silencio, con amabilidad, con amor y compasión… Hora de la cuidadosa reconstrucción, que no de la desairada y descontrolada destrucción.

Regalar los honores, las victorias, los orgullos, los logros… Regalar todos los laureles y a la vez quedarnos con la primavera; con ella arrancar por fin una luminosa y esperanzadora historia. Ahora sé por qué el Budismo es una enseñanza tan verdadera, tan elevada, tan necesaria… Ahora sé porque tenemos que estar tan supremamente agradecidos al Buda, a quienes componen la “Shanga”, a quienes humildemente sembraron y siembran el “Dharma”, como nuestra entrañable monja de Ourense. Sencillamente porque el Gran Iluminado y su Nirvana reclaman todo de nosotros/as, sencillamente porque nos dejan desnudos, sin nada y a la vez con todo. Nos quieren privar del sufrimiento, pero necesariamente nos hacen doler casi hasta el alma.

Es cediendo como en realidad vencemos. Toca arriar demasiadas banderas que agitaron vientos sin calor, ni compasión; dar muchos pasos para atrás, sobre todo en aquellas batallas que libramos sin intentar comprender al adversario. Regalemos pues, que aún estamos a tiempo, las victorias en la cancha, en la calle, en la política, en todas, absolutamente en todas las arenas… y quedémonos con lo que de verdad importa: el altruismo, la generosidad y la paz del alma.


Jueves, 15 de noviembre

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