Tierra liberada

Mindfulness improvisado

07.09.18 | 14:04. Archivado en Autor

Siquiera de vez en cuando, dejarse fluir, disfrutar del no hacer, relajarse y acomodarse en el instante. Siquiera en el corazón del estío, rebelarse ante el agobio. Mi madre me ha liberado de la esclavitud de la actividad constante, de la filosofía, en cierta medida también subyugante, del continuo hacer algo. La estoy cuidando, aquí junto al mar, en este verano que lanza sus últimos potentes rayos. Cuando el sol embadurno su piel tostada y arrugada; cuando las olas, le sujeto; cuando nada, le socorro... A sus ochenta y muchos años me sigue dando lecciones…

Ralentizar la vida en su compañía me ha hecho mucho bien. Ella me ha liberado del apremio, me ha enseñado por necesidad lo que los maestros espirituales no han conseguido: clavarme en el aquí y ahora, vivir despacio, muy despacio, poniendo conciencia a cada acto. Cuando se cansa, me enseña a disfrutar de la respiración y la paz en el banco más cercano. Cuando el collar complicado me armo de paciencia hasta acabar éste en su cuello aún presumido...

Avanzamos sin prisa alguna por una ciudad colmada estos días de reclamos. Vivimos sin reloj, ni calendario. Le enebro las agujas para unos remiendos que nunca se acaban. Cuando compra, le cuento las monedas. Escogemos juntos la fruta y la verdura en el mercado desbordado. Cocino con desacostumbrada atención, elegimos películas que, además de entretener, hacen bien al alma… También discutimos de vez en cuando, pero me deja rendido y batido en retirada en cuanto me suelta el proyectil de insuperable calibre que reza “obedecer es amar”. Asumir y no perseguir su Aghata Christie y retahíla de policíacas, su colorida colección de diarias pastillas…, me ha dado a la postre mucha paz. Su vida definitivamente no es para vivirla como yo quiero. Además no protesta al desaparecer el filete del plato y el chorizo del potaje.

Vengo del regalo de un rato en la playa, de perdonarme del “pecado” de no hacer algo. Comienzo a disfrutar de este ritmo pausado. Junto a ella me he dado cuenta de esa severa disciplina autoimpuesta de estar permanentemente haciendo algo. Sístole y diástole, montaña y mar, trabajo y descanso...; los paréntesis son necesarios, imprescindibles mientras que no se alarguen más de lo debido…
Su asistenta ha tomado vacaciones. Definitivamente viene bien esta cura de "mindfulness", esta cura de madre.


Enfocar la rebeldía

25.07.18 | 18:35. Archivado en Autor

La rebeldía es siempre invitada a manifestarse alegre, generosa, esperanzada. El amor, el altruismo, la solidaridad es lo que puede sostener la sana rebeldía. De lo contrario ésta se puede tornar peligrosa. Una rebeldía desprovista de comprensión y compasión puede representar una amenaza en primer lugar para quien la encarna y proclama. Sus aristas pueden ser cortantes, pueden llegar a abandonar cuerpos sin vida en anodinos apartamentos de grandes urbes.
La rebeldía descontrolada tiende a explotar. De no hacerlo fuera, puede hacerlo dentro y es cuando sobreviene la autodestrucción y se marchitan las flores que estaban destinadas a extender singulares perfumes. La rebeldía hay que sujetarla y enfocarla bien, de lo contrario puede empujar a la desesperación, junto al bote descontrolado de barbitúricos. Un recorrido de compromiso con la vida no debiera acabar en la negación de ésta, en una ingesta precipitada de pastillas.

La rebeldía ha de buscar siempre un norte superior, una causa noble, hay que llevarla siempre a su más elevada expresión. De lo contrario su fuerza descontrolada puede resultar arrasadora. No conviene rebelarse frente a la Fuente de la Vida, es por ello que el suicidio no puede constituir un acto de encomiable protesta. Es un acto siempre a respetar, pues por encima de todo está la ley del libre albedrío, pero no es un acto a ensalzar. Cada quien hace de su vida física lo que quiere. Por delante la libertad, pero estamos aquí para intentar proporcionar más clara visión, para evitar que esos botes de mortal química se sigan vaciando, las primaveras agotando y la vida absurdamente cercenando. Estamos aquí para que la luminosa rebeldía se siga sosteniendo.

Oksana Shachko, una de las tres cofundadoras del movimiento Femen, se ha suicidado en su apartamento en París. Shachko tenía 31 años y era uno de los rostros más conocidos de la organización por haber participado en las movilizaciones desde el principio. Su cuerpo sin vida ha sido hallado el pasado 23 de Julio en su apartamento de París. Pueda la activista de origen ucraniano, encontrar la merecida paz en la que sobren la sorpresa del desnudo y el puño de la ira.

Acusaba, no sin su parte de razón, de que la religión proporciona a las mujeres una mala imagen de obediencia, pero ella pasó a engrosar la feligresía de la nada, la parroquia de la desesperanza. Afirmaban que sus senos eran sus armas, pero esas armas no se manifestaron suficientes ante su propio hastío, no se mostraron eficaces para defender lo más preciado, su propia vida física.

¿Quién se ha tragado esa vida joven, bella, prometedora? Seguramente la ignorancia, la madre de todos los males. Tristeza de primavera truncada, de rebeldía desabrida, de razón de ser que no desembarca a tiempo, por lo menos antes que la química. El suicidio no es un acto de última y postrera rebeldía. Entre otras cosas porque la rebeldía, la firmeza ante un injusto orden aún imperante no debe ceder. Está llamada a trasmitirse de generación en generación hasta que alboréen unas nuevas relaciones humanas, un orden más justo.

La causa de la Vida, siempre reclamará Vida, jamás la muerte. Ninguna revolución que se precie puede exigir el sacrificio de una primavera de 31 años. Si a algo sirve aún la revolución es precisamente a la primavera.


Elevar la fiesta

19.07.18 | 16:58. Archivado en Autor

Hacer la fiesta más segura es en primer lugar elevar la fiesta. El contexto propicia actitudes. Pretendemos dejar la fiesta donde estaba, dentro de la caja de ensordecedores ruidos, en medio del desenfreno etílico y a la vez que nadie se propase. Se puede intentar, pero no deja de ser una muy arriesgada apuesta. Es llegada la hora de considerar que el fomento por ejemplo de determinadas músicas puede representar el aliento de determinadas pasiones.

Medicina preventiva también en la cuestión de los abusos. Nuestro mundo ha de ser elevado y es así como la mujer recuperará su lugar sagrado. En poco tiempo he participado en dos inolvidables veladas, noches entrañable tratando de impedir que el sueño cerrara los párpados. Expongo los ejemplos con la sola finalidad de reforzar el argumento. Recientemente estuve en Zaragoza en una “velación”, en una ceremonia espiritual de origen mexica que duró hasta el amanecer. Todavía sigo cantando esas melodías, todavía intentando que esa noche no se desvanezca en el recuerdo. Bellas alabanzas, alarde floral, luminaria que embellecía todo el espacio cargado de sagrado copal… Hasta la mirada despistada se convertía en aquel espacio en irreverente. Hasta los ojos que no fueran puro arrobamiento, desentonaban. Una mujer no podía estar más segura y tranquila que en ese lugar y eso que era sábado y estaba casi todo oscuro y eso que eran las cuatro de la madrugada. ¿Habría un lugar de la tierra donde esas mujeres que llovían pétalos, que alimentaban la llama, que portaban el agua, que cantaban con el alma y las conchas de armadillo se sintieran más libres de todo temor….? No lo creo.

En Estella venimos de celebrar un festival de “mantrams” en el contexto del Foro Espiritual. Entre otros estupendos artistas, las mujeres de “Bhakti Sounds” ataviadas con su coloridos “sharis”, con sus voces angelicales nos sumergieron en un arrobamiento en el que nos hubiéramos anclado de por vida entera. ¿Habría una esfera más sublime a la que nos podían elevar? Allí no es que no cupiera un acto extralimitado, allí no podía entrar siquiera el más mínimo e impuro pensamiento. Tal era la atmósfera de otro mundo y por lo tanto el blindaje ante cualquier salida de tono. Era también sábado, era también oscuro, eran también las cuatro de la madrugada…

No pretendemos condenar una cultura, sino llamar a la reconsideración de su fomento por lo menos por parte de las instituciones. Esto no es un cuento de buenos y malos, de ángeles y de demonios. Esto es sólo un ejercicio de rigor que pretende demostrar mediante ejemplos qué ambiente procura cada música y qué emociones y por lo tanto actitudes alientan. Es decir, no sólo perseguir las consecuencias, sino intentar remontar al mundo de las causas. Algo tendrá que ver la fiesta desentonada, desencajada con las consecuencias desentonadas, desencajadas. No podemos cambiar el mundo a petachos. Eludiendo actitudes inquisitoriales contraproducentes, con actitudes prudentes, respetuosas y didácticas quizás habrá que empezar a cuestionar las fiestas catárticas y alocadas, si queremos que la mujer recupere el lugar que se merece, su lugar excelso y siempre, siempre escrupulosamente respetado.

La fiesta será más segura cuando ésta haga aflorar la naturaleza más elevada de nosotros/as mismos/as. Hay un rock que va acompañado de música y melodía, que invita al cuerpo a la danza creativa, al amable, libre e imparable movimiento y hay un rock que se acerca al puro ruido de metal. No alentamos un ejercicio de demonización, sino de análisis. Pocas voces relacionan el rock duro con el desatarse de nuestros más bajos instintos y sin embargo es un estudio necesario. La prevención de la violencia bien podría contemplar estas investigaciones. Es preciso explorar el daño que eventualmente pueden causar esas músicas, las regiones del más bajo astral en las que nos sumergen. Es preciso observar que con la música estamos modelando nuestro mundo, nuestras costumbres, nuestra fiesta. Será por lo tanto preciso empezar a elevar la música y con ella las celebraciones que la acompañan…

La realidad emocional engendra la física. La ciencia comienza ya a avalar que el mundo astral está estrechamente vinculado con nuestras actuaciones. Cuantos más decibelios, cuanto más se aproxima la música al ruido, cuanto más estrepitosa señal alcanza nuestros oídos, más abajo nos proyectará seguramente en la astralidad. En ese estado el humano es más fácil que se convierta en títere de rastreras y desbocadas emociones. Alumbrar nueva sociedad es alumbrar nueva fiesta, bella, armónica, creativa, donde nuestras hijas, nuestras sobrinas, nietas… canten y bailen en plena seguridad, en el pleno convencimiento de que allí todo eleva, de que en medio de la luz y la sana y amigable atmósfera, no puede penetrar la más mínima oscuridad.

Artaza 19 de Julio de 2018


Elevar la fiesta

19.07.18 | 16:57. Archivado en Autor

Hacer la fiesta más segura es en primer lugar elevar la fiesta. El contexto propicia actitudes. Pretendemos dejar la fiesta donde estaba, dentro de la caja de ensordecedores ruidos, en medio del desenfreno etílico y a la vez que nadie se propase. Se puede intentar, pero no deja de ser una muy arriesgada apuesta. Es llegada la hora de considerar que el fomento por ejemplo de determinadas músicas puede representar el aliento de determinadas pasiones.

Medicina preventiva también en la cuestión de los abusos. Nuestro mundo ha de ser elevado y es así como la mujer recuperará su lugar sagrado. En poco tiempo he participado en dos inolvidables veladas, noches entrañable tratando de impedir que el sueño cerrara los párpados. Expongo los ejemplos con la sola finalidad de reforzar el argumento. Recientemente estuve en Zaragoza en una “velación”, en una ceremonia espiritual de origen mexica que duró hasta el amanecer. Todavía sigo cantando esas melodías, todavía intentando que esa noche no se desvanezca en el recuerdo. Bellas alabanzas, alarde floral, luminaria que embellecía todo el espacio cargado de sagrado copal… Hasta la mirada despistada se convertía en aquel espacio en irreverente. Hasta los ojos que no fueran puro arrobamiento, desentonaban. Una mujer no podía estar más segura y tranquila que en ese lugar y eso que era sábado y estaba casi todo oscuro y eso que eran las cuatro de la madrugada. ¿Habría un lugar de la tierra donde esas mujeres que llovían pétalos, que alimentaban la llama, que portaban el agua, que cantaban con el alma y las conchas de armadillo se sintieran más libres de todo temor….? No lo creo.

En Estella venimos de celebrar un festival de “mantrams” en el contexto del Foro Espiritual. Entre otros estupendos artistas, las mujeres de “Bhakti Sounds” ataviadas con su coloridos “sharis”, con sus voces angelicales nos sumergieron en un arrobamiento en el que nos hubiéramos anclado de por vida entera. ¿Habría una esfera más sublime a la que nos podían elevar? Allí no es que no cupiera un acto extralimitado, allí no podía entrar siquiera el más mínimo e impuro pensamiento. Tal era la atmósfera de otro mundo y por lo tanto el blindaje ante cualquier salida de tono. Era también sábado, era también oscuro, eran también las cuatro de la madrugada…

No pretendemos condenar una cultura, sino llamar a la reconsideración de su fomento por lo menos por parte de las instituciones. Esto no es un cuento de buenos y malos, de ángeles y de demonios. Esto es sólo un ejercicio de rigor que pretende demostrar mediante ejemplos qué ambiente procura cada música y qué emociones y por lo tanto actitudes alientan. Es decir, no sólo perseguir las consecuencias, sino intentar remontar al mundo de las causas. Algo tendrá que ver la fiesta desentonada, desencajada con las consecuencias desentonadas, desencajadas. No podemos cambiar el mundo a petachos. Eludiendo actitudes inquisitoriales contraproducentes, con actitudes prudentes, respetuosas y didácticas quizás habrá que empezar a cuestionar las fiestas catárticas y alocadas, si queremos que la mujer recupere el lugar que se merece, su lugar excelso y siempre, siempre escrupulosamente respetado.

La fiesta será más segura cuando ésta haga aflorar la naturaleza más elevada de nosotros/as mismos/as. Hay un rock que va acompañado de música y melodía, que invita al cuerpo a la danza creativa, al amable, libre e imparable movimiento y hay un rock que se acerca al puro ruido de metal. No alentamos un ejercicio de demonización, sino de análisis. Pocas voces relacionan el rock duro con el desatarse de nuestros más bajos instintos y sin embargo es un estudio necesario. La prevención de la violencia bien podría contemplar estas investigaciones. Es preciso explorar el daño que eventualmente pueden causar esas músicas, las regiones del más bajo astral en las que nos sumergen. Es preciso observar que con la música estamos modelando nuestro mundo, nuestras costumbres, nuestra fiesta. Será por lo tanto preciso empezar a elevar la música y con ella las celebraciones que la acompañan…

La realidad emocional engendra la física. La ciencia comienza ya a avalar que el mundo astral está estrechamente vinculado con nuestras actuaciones. Cuantos más decibelios, cuanto más se aproxima la música al ruido, cuanto más estrepitosa señal alcanza nuestros oídos, más abajo nos proyectará seguramente en la astralidad. En ese estado el humano es más fácil que se convierta en títere de rastreras y desbocadas emociones. Alumbrar nueva sociedad es alumbrar nueva fiesta, bella, armónica, creativa, donde nuestras hijas, nuestras sobrinas, nietas… canten y bailen en plena seguridad, en el pleno convencimiento de que allí todo eleva, de que en medio de la luz y la sana y amigable atmósfera, no puede penetrar la más mínima oscuridad.

Artaza 19 de Julio de 2018


Derrochar amabilidad

17.07.18 | 19:06. Archivado en Autor

La amabilidad que nosotros derrochemos a nuestro alrededor es la que después nos volverá. La justicia con la que nos empleemos con los demás, es la justicia y equidad que después disfrutaremos. Cuando gocemos de un mínimo de poder en un marco ya laboral, ya asociativo, ya de ocio…, ya de cualquier orden, deberemos cuidarnos muy mucho de abusar de él.

Con una pizca de poder a menudo el humano tiende a subirse por las nubes. Podemos entonces pensar, ¿qué haría ese humano si tuviera más poder, si amplias porciones de humanidad se encontraran bajo su dominio, siquiera en algún limitado ámbito? La Vida nos tratará como nosotros tratemos a nuestros semejantes. Es Ley insoslayable. Demasiado a menudo el humano olvida que no sólo rinde cuentas ante los tribunales de la tierra. Detentar un poder, ya sea a una escala pequeña, ya a una mayor, es una prueba evidente para quien aspira a avanzar por el Sendero.

La tentación del abuso estará siempre presente para quien ignora la ley. Sin embargo más presente aún debería estar el convencimiento de que todo da la vuelta. Si nosotros hemos vejado, seremos vejados, si hemos acusado falta de amabilidad, viviremos esa falta de tacto en nuestra propia carne. Si el humano tuviera conciencia de la ley de karma se libraría mucho de ejercer cualquier abuso de poder.

Deberemos por lo tanto en todo momento ser justos, ser amables. Lo ideal es porque así brote de nuestro corazón, pero en su defecto que sea por lo menos porque conocemos la Ley y no deseamos sufrir sus consecuencias ineludibles.

He estado trabajando unos días para otros. La experiencia me ha servido para poner si cabe más escrupulosa atención cuando me toca a mí dirigir un equipo. Será ya dentro de muy pocos días (www.pirinea.org). Pueda encontrar los gestos, las miradas, las palabras amables en medio de un trajín largo y agotador. En ningún instante el poder me tiente para mal utilizarlo. Pueda servir con humildad, tacto y acierto desde él. Ruego por ello…


Justicia sin ensañamiento

23.06.18 | 15:31. Archivado en Autor

En el mismo clamor de demanda de justicia es muy fácil que se cuele la personalidad inferior y su inyección de rencor. Por eso estamos aquí, en la Tierra, para aligerar de sentimiento negativo nuestros más nobles sentimientos y postulados. El anhelo de justicia es patrimonio del alma, el de revancha de nuestro yo inferior. La raya que puede separar la invocación a la justicia con el ensañamiento, en menor o mayor grado, es muy tenue, a menudo imperceptible. Podemos observarnos en nuestra propia geografía interna y constatar lo fácil que es sobrepasar, a menudo de forma inconsciente, ese anhelo de ponderada justicia, lo difícil que resulta desnudarla de emocionalidad negativa.

En términos de psicología transpersonal el desafío es evidente: instalarnos en una mente superior clara y neutral dominada por el alma y no influida por la astralidad inferior de nuestro cuerpo emocional. Esa emocionalidad sin embargo invade demasiado a menudo por dentro y por lo tanto también por fuera, la vida pública y política.

Me preocupa el ensañamiento con el adversario que tristemente aflora estos días en nuestra geografía en tantos entornos políticos y sociales, en tantos estamentos. Me preocupa por ejemplo la falta de humanidad de quienes se oponen a que los presos políticos catalanes se puedan acercar a las prisiones catalanas para estar más cerca de los suyos.

Me preocupa la sentencia de claros tintes de venganza para con los jóvenes de Altsasu, que si bien se propasaron en una noche de fiestas, tampoco merecen los años de prisión que les han caído. Me preocupa el ensañamiento con los presos de ETA, que llevan años en el otro extremo de España a mil kilómetros de sus familiares.

Ante la barbarie de uno y otro color nunca deberemos dar cabida al ensañamiento. Al otro lado, me preocupa también las manifestaciones de odio y de venganza que persiguen a los jóvenes de la Manada. Se puede cuestionar por supuesto una sentencia, pero esa crítica no debiera ir acompañada de sogas al cuello en nuestras plazas, ni de linchamiento verbal. La sorpresa puede ir acompañada de sana y más que comprensible indignación, pero no de afán de revancha. Lo que hicieron fue execrable, pero son seres humanos, pese a todo con alma y susceptibles por lo tanto de ser recuperados.

Toca emerger de este marasmo de emociones tan encontradas, afirmar la realeza y autoridad del alma compasiva que a todos/as sin exclusión nos habita. El veneno del rencor es veneno no importe el color con el que se le pinte, no importa el discurso que le acompañe. La inquina no importa la etiquete política que la envuelva, ha de ser superada, primero en nuestro interior, después en las calles y en la vida pública. Nos jugamos mucho en ese vital desafío.


Arrepentimiento

22.06.18 | 19:43. Archivado en Autor

Nuestras letras han de estar dictadas por el alma, no moverse al albur de lo socialmente conveniente. Quiero afirmar también mi libertad para opinar sobre este tema que invade redes y medios. Creo que lo importante no es tanto la cerradura de fuera, la llave de la prisión, sino lo importante y fundamental es la cerradura de adentro, el cambio de la conciencia. Nuestra razón de ser en la Tierra no es penar, es la evolución de esa conciencia.

Más claramente, ¿hay arrepentimiento en alguno de los cinco miembros de la Manada? ¿Alguno de esos cinco jóvenes que cometieron esa barbaridad está auténticamente arrepentido de lo que hizo? En caso positivo, no tienen sentido esas rejas; en caso de que no muestren esa contricción, no merecerían la libertad. Tendrían pendiente una imprescindible rehabilitación, un recorrido interno. En ese caso habría además otras jóvenes que con su libertad correrían peligro. Los psicólogos, los profesionales de prisiones están también para ello, es decir para detectar la sinceridad o no de ese eventual arrepentimiento.

Lo que hizo ese grupo de jóvenes en aquel portal hace ya dos San Fermines es execrable, pero quiero llamar también la atención sobre los preocupantes mensajes de odio y de venganza que se prodigan estos días por las calles, los medios y las redes. Hemos clamado por la libertad de los jóvenes de Altsasu, hemos clamado por la libertad de los presos políticos catalanes, unos y otros tan injustamente aún encarcelados, abogaremos por la libertad de alguno de los miembros de la Manada si muestran real, profundo y constatado arrepentimiento.

El debate por lo tanto creo que no se debe centrar en cárcel sí o cárcel no, sino en arrepentimiento y deseo de enmienda sí o no. La cárcel ha de servir para rehabilitar, más que para purgar. De lo contrario corremos el riesgo de abrazar una severidad desprovista de la compasión, a la que incluso en estos casos, también nos debemos.


Arrepentimiento

22.06.18 | 13:52. Archivado en Autor

Nuestras letras han de estar dictadas por el alma, no moverse al albur de lo socialmente conveniente. Quiero afirmar también mi libertad para opinar sobre este tema que invade redes y medios. Creo que lo importante no es tanto la cerradura de fuera, la llave de la prisión, sino lo importante y fundamental es la cerradura de adentro, el cambio de la conciencia. Nuestra razón de ser en la Tierra no es penar, es la evolución de esa conciencia.

Más claramente, ¿hay arrepentimiento en alguno de los cinco miembros de la Manada? ¿Alguno de esos cinco jóvenes que cometieron esa barbaridad está auténticamente arrepentido de lo que hizo? En caso positivo, no tienen sentido esas rejas; en caso de que no muestren esa contricción, no merecerían la libertad. Tendrían pendiente una imprescindible rehabilitación, un recorrido interno. En ese caso habría además otras jóvenes que con su libertad correrían peligro. Los psicólogos, los profesionales de prisiones están también para ello, es decir para detectar la sinceridad o no de ese eventual arrepentimiento.

Hemos clamado por la libertad de los jóvenes de Altsasu, hemos clamado por la libertad de los presos políticos catalanes, unos y otros tan injustamente aún encarcelados, abogaremos por la libertad de alguno de los miembros de la Manada si muestran real, profundo y constatado arrepentimiento.

El debate por lo tanto creo que no se debe centrar en cárcel sí o cárcel no, sino en arrepentimiento y deseo de enmienda sí o no. La cárcel ha de servir para rehabilitar, más que para purgar. De lo contrario corremos el riesgo de abrazar una severidad desprovista de la compasión, a la que incluso en estos casos, también nos debemos.


Arrepentimiento

22.06.18 | 13:52. Archivado en Autor

Nuestras letras han de estar dictadas por el alma, no moverse al álbur de lo socialmente conveniente. Quiero afirmar también mi libertad para opinar sobre este tema que invade redes y medios. Creo que lo importante no es tanto la cerradura de fuera, la llave de la prisión, sino lo importante y fundamental es la cerradura de adentro, el cambio de la conciencia. Nuestra razón de ser en la Tierra no es penar, es la evolución de esa conciencia.

Más claramente, ¿hay arrepentimiento en alguno de los cinco miembros de la Manada? ¿Alguno de esos cinco jóvenes que cometieron esa barbaridad está auténticamente arrepentido de lo que hizo? En caso positivo no tienen sentido esas rejas, en caso de que no muestren esa contricción no merecerían la libertad. Tendrían pendiente una imprescindible rehabilitación, un recorrido interno. En ese caso habría además otras jóvenes que con su libertad correrían peligro. Los psicólogos, los profesionales de prisiones están también para ello, es decir para detectar la sinceridad o no de ese eventual arrepentimiento.

Hemos clamado por la libertad de los jóvenes de Altsasu, hemos clamado por la libertad de los presos políticos catalanes, unos y otros tan injustamente aún encarcelados, abogaremos por la libertad de alguno de los miembros de la Manada si muestran real, profundo y constatado arrepentimiento.

El debate por lo tanto creo que no se debe centrar en cárcel sí o cárcel no, sino en arrepentimiento y deseo de enmienda sí o no. La cárcel ha de servir para rehabilitar, más que para purgar. De lo contrario corremos el riesgo de abrazar una severidad desprovista de la compasión, a la que incluso en estos casos, también nos debemos.


Otro césped

16.06.18 | 10:44. Archivado en Autor

El mundo enmudece y millones de ojos se ponen a correr tras el balón en disputa. Libramos muchos trascendentales partidos, pero toda la atención la acaparan los estadios rusos. Las cámaras no siempre apuntan al césped más urgido.

Intenté glosar ese balón que reúne a las naciones, pero el entusiasmo en favor de la cita planetaria no terminaba de brotar. Me faltó fuerza para izar palabras en favor de la reunión en Moscú de tantas y coloridas camisetas.

La luz se extrae de todas partes. Cualquier excusa nos sirve para anunciar esperanza, pero esa pelota mareada, puede acabar mareándonos a todos. La unión tampoco es a cualquier precio, al precio de sumergirnos en esa mátrix del cuidado césped que nos rodea y nunca se acaba.

Es importante el fomento de la hermandad humana, pero no lo es menos la invitación al despertar a la verdadera vida, a la vida más allá de las hipnosis más esféricas. A todos nos nubla alguna hipnosis, pero la que ahora nos ocupa es auspiciada, subvencionada, televisada hasta una hastiante saciedad.

Goleemos otras porterías, organicemos otras "peñas". Nos enamoren otras esferas. Con todos los respetos, no sintonizaremos con Moscú. Ojalá allí se sellen amistades, vínculos, alianzas que superen las fronteras, pero nos cuesta apoyar un fútbol que con tanta eficacia y esmero lava dictaduras. La mátrix que ahora tutela Putin no nos cautiva. Mejor buscar otra césped donde reunirnos. Mejor otra plaza para los pueblos y las naciones por fin unidas. 


Ficción de deporte y cerveza a granel, cuando la realidad permita juego, cuando la penuria sea derrotada. Aplaudamos con fervor goleada en otras redes. Queremos balones en la portería de la pobreza y la injusticia. Vitoreemos un gol bien encajado al hambre y la miseria en el mundo. Disputemos la final al analfabetismo y las epidemias, al armamentismo y la contaminación.

Ceda la amnesia que encierra todo el interés en una engañosa esfera. Otros mundiales de mayor envergadura nos aguardan. No vayamos a olvidar las auténticas lides. Hay camisetas para todos. Sudemos batallas verdaderas, penaltys que harán historia. Saltemos juntos a la causa común planetaria, al campo ineludible, mañana puede ser demasiado tarde.

Artaza 16 de Junio de 2018



Gratuidad

06.06.18 | 18:48. Archivado en Autor

Hay palabras cuya resonancia nunca se agota, se renueva cada mañana. Gratuidad de la sonrisa, de la palabra amable, del abrazo… Gratuidad del gesto cariñoso, tierno, compasivo…. Gratuidad también de la palabra que ponemos en nuestros labios, del pan que ponemos sobre la mesa, del calor que ponemos en cuanto amamos… Gratuidad de la alegría y el gozo que ofrecemos al iluminarse cada mañana. Gratuidad de la letra, del canto, del verso que regalamos al inaugurarse cada noche. Pronto también la gratuidad de nuestro trabajo, de nuestro servicio, de nuestra contribución a la comunidad a lo largo del día.

Soplemos una gentileza, una belleza que no coticen en ningún parqué extraño. La historia humana no comienza a rodar con la vil moneda. Vivimos mucho tiempo de felicidad sin su claudicante tintineo ¿Y si la Tierra Pura empezará en la sencilla gratuidad? ¿Observa el sol la renta de sus rayos, o la lluvia los réditos de su agua bendita? ¿Es que la Madre Naturaleza nos remite carta a fin de mes con detallada factura de todo lo que nos ha regalado…?

Gratuidad, hay palabras clave que condensan tratados, palabras simiente capaces de abrir las más inmensas puertas. Vamos a acercarnos más y más a la gratuidad, vamos a vivir más y más como hermanos. Los hermanos no se cobran los detalles, los favores, los trabajos. Vamos a intentar vivir cada día más en el servicio desinteresado, altruista que no vela por la vuelta, la recompensa o el pago.


Grandes teclas

05.06.18 | 13:38. Archivado en Autor

No le hables de washaps. Con su teléfono de grandes teclas no necesita nuevas tecnologías. Ella se sirve de su hilo para mantener cuanto puede unido, familia, amistades, relaciones… No sabe de nueva era, pero ella reporta, abraza, consuela puntual cada mañana. El ritual diario le demanda un banco y ninguna prisa. La lista de agraciados tiene su orden escrupuloso. Todos aprecian su sencilla ternura cuando les llega el turno. Una voz sola aún despistada y gastada, aún desmemoriada es capaz de horadar distancias y tiempo. Unida a ese hilo de cobre es aún más poderosa.

Le digo una cosa y me habla de otra. Las palabras van cediendo, se van volviendo inútiles, ¿pero qué es lo que ocurre que cuanto más se gasta y caduca el verbo, más se unen las almas? ¿Qué tiene la ancianidad que se nos hace tan cariñosa, tan grata e imprescindible al oído de dentro?

Soplo sobre su voz menguada, sobre su aliento. No sé qué ocurrirá cuando deje de correr la lista, cuando calle esa voz ya quebrada al otro lado del teléfono. Las voces queridas se vuelven débiles para aprender a despedirlas, para ejercitar una unión que trascienda toda cobertura. Levantaré a mis cielos algún satélite poderoso, para cuando ella no pulse ya las grandes teclas y se corte el hilo de cobre, para cuando no suene su cálida llamada, para cuando se levante del banco y emprenda alto, merecido vuelo…


Martes, 13 de noviembre

BUSCAR

Editado por

Síguenos

Categorías

Hemeroteca

Noviembre 2018
LMXJVSD
<<  <   >  >>
   1234
567891011
12131415161718
19202122232425
2627282930