Tierra liberada

¿Intercambio consentido?

22.10.18 | 14:38. Archivado en Autor

Ya no saben que inventar para entretenernos, para hacernos olvidar de nosotros/as mismos/as, de nuestra naturaleza más primigenia y esencial. Empiezan a agotar todos sus cartuchos "creativos" hasta poner a la venta el último subproducto que anuncian a bombo y platillo. La industria de la televisión se las apaña como puede para intentar mantenernos clavados a la noche en el mullido sofá, perdiendo el tiempo. Hoy millones de personas se sentarán en España ante “Intercambio consentido”, la última y “revolucionaria” carta que exhibe una reaccionaria cadena de televisión. Seguramente lo más revolucionario era el "off" al dislate, erguirnos de ese peligroso sofá, mantenernos firmes, fieles, comprometidos. Sin embargo el sistema prefiere vernos desanclados dentro, desorientados, serviles a la moda, a una fantasía más o menos imposible cargada de deseo.

Intercambiar hasta concluir que el cielo no estaba envuelto en otras sábanas, sino en las mismas de siempre a falta de nuestro propio perfume. Intercambiar hasta el olvido, hasta acabar con los referentes esenciales, hasta perder nuestra propia dirección y rumbo. Intercambiar hasta saturar hormonas, hasta saciar deseo esclavizante y cansino. Intercambiar fuera hasta reparar que el cambio imprescindible estaba más cerca, en nuestro propio adentro.

Intercambiar hasta el hastío, hasta volver a la Palabra con mayúsculas, a un compromiso que no se achanta ante las dificultades. Hará falta el hastío para volver a un comienzo que nos invita perpetuamente a renovarnos, a revivir el abrazo original que solo adolece de nuestra fuerza, generosidad e inventiva. Quizás lo más "progre" no era intercambiar pareja, aunque fuera de forma consentida, sino cada día intercambiar anhelos, ilusiones, proyectos, compromiso... con nuestro compañero/a de siempre.

Suele ocurrir. Seguramente la pelota estaba en nuestro tejado. Seguramente no era tanto el mutar de pareja, sino el crecer, superarnos, elevar la mirada, el alma, para así rehacer el piropo, la caricia, la chispa…, en definitiva la palabra dada. De lo contrario la palabra se estanca, claudica y corremos al sofá y nos ponemos a ver el más “rompedor”, el más “in” estreno de “Antena 3”.

Inauguran “Intercambio consentido”, pero nosotros podemos estrenar cada día una misma relación, sin necesidad de saltar de lecho en lecho; estrenar cada día una nueva aventura con la misma persona a la que hemos dado la palabra no necesariamente en un juzgado o ante un sacerdote, si no en el altar del corazón. Demasiado fácilmente olvidamos que los llamados a renovar somos nosotros mismos, que todo nos acabará aburriendo mientras que no sepamos dar en cada instante lo mejor, en primer lugar con la pareja con la que nos hemos comprometido. El humano acomodaticio siempre pedirá afuera lo que no se propone hacer brotar dentro.

No nos convence ese promiscuo GPS que nos vende la popular cadena televisiva. Fidelidad es admirar y bendecir la belleza ajena, sin echar a volar ningún lazo; es agradecer lo hermoso que pasa a nuestra vera sin querer atraparlo. Saltar de flor en flor es el arte de las abejas, no del humano que busca perfeccionarse. A falta de lealtad, las relaciones se deterioran, las estructuras se desvertebran, el ordenamiento se quiebra, el progreso se cuestiona. Fidelidad no está de moda, no es valor al alza, pero fidelidad es respeto a nosotros mismos a lo Superior que nos habita y por ende a la mujer o al hombre que hemos decidido acompañar en los días fáciles, felices y en los menos.

Ante las modas pasajeras, ante los programas picantes que pretenden aumentar el rebaño de la sumisión, ante la invitación al intercambio desnortado, ayer, hoy y siempre, compromiso. Si no media un mínimo compromiso, no hay vida, no hay evolución, todo se detiene. Olvidemos que la fidelidad era una máxima beata, uno de los principios que pregonaba la “Sección femenina”, fidelidad es también lo que amalgama a los seres, a los mundos, a los sistemas y galaxias.

Artaza 22 de Octubre de 2018


Primer fuego

20.10.18 | 12:33. Archivado en Autor

Mochila al hombro añoré este crepitar en la chimenea del hogar. Hacen mucho bien los senderos que recorremos con corazón. Hace mucho bien también el fuego que encendemos con conciencia. En realidad nos hace mucho bien todo aquello que hacemos con presencia, con conciencia, con agradecimiento.

Vengo de encender el primer fuego y estoy feliz aquí en medio de esta paz tan sonora, tan cálida. Solo en el hogar no me siento solo. Nos une la pantalla, nos unen los anhelos, los ideales fraternos, nos une sobre todo el crepitar de nuestros fuegos de fuera y adentro... Cuando el bosque comienza a amarillear, el primer fuego es importante. Todos los comienzos son importantes. Danzan ya felices unas llamas sobre el primer tronco afortunado. Toda llama encendida con presencia es altar. Pido por lo tanto ante este fuego sagrado. Pedimos por los que no gozan de este silencio, de esta paz, de este calor de hogar...

Pedimos por los miles de hermanos hondureños que llevan una semana caminando, padeciendo, sorteando las mil y un dificultades. Caminamos con ellos, con su sudor, sus ampollas y sus dificultades, sobre todo con sus merecidos sueños...

Pedimos por los hermanos brasileños que defienden nuestro mayor pulmón, la selva de la Amazonia que ahora afronta su mayor amenaza de todos los tiempos. De ganar el candidato que se pronostica nuevo presidente, ha prometido hacer dinero con nuestra reserva de oxígeno, explotar comercialmente esa inmensa y querida arboleda...

Pedimos también por las gentes del desierto, pedimos para que despierten, para que rompan su silencio ya insoportable cuando descuartizan y matan a uno de sus más valientes hijos por el solo hecho de clamar libertad...

Pedimos para que aquí nazca el diálogo, la mutua comprensión, la cultura del acuerdo. Para que empecemos a ver en el otro el complemento, que no el adversario. Para que nos encontremos y no nos disparemos, para que miremos cómo podemos hacer el mayor bien a la colectividad y no el mayor mal al supuesto contrincante...

Todo esto le pedimos al primer fuego, en esta mañana entrañable de paz, en la que no podemos olvidar tanto dolor aún sembrado por el mundo. Un gusto arrimarnos juntos a las mismas llamas, un gusto compartir la misma plegaria, el mismo anhelo. Eskerrik asko!

Artaza 20 de Octubre de 2018


Carga de ética

14.09.18 | 20:20. Archivado en Autor

No sabemos lo que será de las 400 bombas que España prepara para Arabia Saudí. No se han logrado garantías de que el régimen feudal no las vaya a utilizar contra la población civil. Se enviarán por fin las 400 bombas inteligentes, pero las muy “listas” no nos dicen dónde harán diana. El contrato de las fragatas se ha salvado por lo tanto, lo que no sabemos es lo que ocurrirá con una lejana e indefensa población civil en la castigada Yemen.

En estos tiempos en que aún se pretende achicar tanto el mundo, en qué nuestros intereses personales pretenden sobreponerse al derecho de otros seres a algo tan esencial como la propia vida…, buscaremos ampararnos en las tan sabias como sencillas palabras del monje vietnamita, Thích Nhất Hạnh. Ya antes de enfermar nos había alertado seriamente del peligroso error de concebirnos como una conciencia individual separada de todos los demás seres vivos. Antes de callar el monje zen, ahora retirado en Tahilandia, nos lo había dejado caer con suprema claridad: “No puedes medrar por ti mismo, necesitas progresar con los demás.”
El eterno candidato a Nobel por la paz nos invita a “interser” con los demás, no a ser por y para nosotros mismos: "Si en nuestra vida diaria podemos sonreír, si podemos ser pacíficos y felices, no sólo nosotros, sino que todos los seres se beneficiarán de ello.” Si podemos por lo tanto no fabricar y exportar dolor, todos los seres se beneficiarán de ello.

El Maestro cuya caudal de compasión nos ha cautivado a tantos, nos anima a actualizar y comprender en este presente momento nuestra relación con todos los seres, a no concebirnos aislados. Mi pan, mi contrato laboral ha de “interser” con el otro, por bien lejano desierto en el que se halle ese otro. Mi “carga de trabajo” no deberá ser a cualquier precio, al precio incluso de la guerra y el dolor ajeno. Está llegando la hora de dejar de sacralizar cualquier trabajo, de reivindicarlo por encima del resto de principios y valores humanos. Nuestra reivindicación ha de ser una con la reivindicaciones globales, con la defensa de la Vida.

Si “inter-somos” no exportaremos bombas y maquinaria de guerra a un país de dudosos principios de democráticos. Somos uno con nuestro prójimo también en las situaciones de más apuro. El pan de nuestros hijos no es a cualquier coste. La actual situación de precariedad de empleo ha supuesto la sacralización del trabajo, sea lo que sea lo que proporcione o produzca. Sin embargo cualquier trabajo no es ético, ni solidario, ni sostenible… Hemos de saber en qué invertimos nuestra fuerza e inteligencia. Hemos de saber qué mundo estamos contribuyendo a construir desde nuestro puesto en la cadena de una fábrica.

Cualquier empleo no es por lo tanto un bien supremo. Será preciso analizar si nuestro trabajo es en favor de la integridad física de las personas y los derechos humanos o por el contrario representa una amenaza. Será preciso observar el servicio y el bien que realiza a la humanidad en general, sin fronteras de ningún orden. Somos una gran comunidad humana y mi propio beneficio nunca debería ser a costa de la Vida, a costa de la Creación, de los Reinos que la conforman sobre el planeta.

Han cortado carreteras, han hecho paros y huelgas en demanda de "carga de trabajo", pero la “carga de trabajo” para uno, no puede representar una “carga de dolor” para otro. Ya lo dijeron los mayas, que a su forma ya practicaban en la selva lacandona su budismo de compasión: “In La Kech, Hala K’in”. Es decir “Yo soy el otro tú, tú eres mi otro yo”. "Carga de trabajo" es el eufemismo del que convendría prescindir si deseamos afrontar con una mayor "carga de ética" nuestro propio destino.

Artaza 14 de Septiembre de 2018


División azul

12.09.18 | 10:55. Archivado en Autor

Tarde lluviosa en medio de una ciudad que descansa de un sol aún poderoso en bares, cines y comercios. La libertad de un par de horas hasta recoger a mi madre de su sagrada partida de cartas, me conduce sin pensarlo a la biblioteca pública. Voy directo a su sección de historia. Al poco tiempo me veo en una mesa vacía disfrutando de un gran tomo gráfico cuyo título reza: “La División azul en imágenes”.

Me sentí extraño dedicando tanto tiempo a ese libro del “adversario”. No podía soltarlo. Sólo un esclarecedor paseo por la Kontxa, me proporcionaría después las claves indispensables. Por más que en un principio me extrañara, ese libro, esa historia, esa aventura, sobre todo ese frío, ese dolor también era mío… Me sentí iniciado en otra comprensión de la vida, de las relaciones, de la familia humana. Había llegado el momento de asumirlo: la historia de la “División azul” también me pertenecía.

¿Si siempre me consideré del otro lado, por qué sentía ochenta años después su frío en mi propia carne? ¿Será que la condición humana y su adhesión a ella en su conjunto termina a la postre por ganarnos más allá de toda fragmentación de cualquier orden?

A fuerza de observar con detenimiento cada una de la imágenes, me di cuenta que yo también era algo de ese soldado, de ese ejército, de esa División que combatió por la extensión del fascismo. Sí, sirvieron a la Alemania nazi, ¿pero no fueron al fin ya la cabo puras víctimas de la propaganda de un Movimiento en aquellos días omnipresente? ¿y en la cadena de los horrores, a la luz de toda la información que nos llega, sigue Hitler aventajando a Stalin?

Todas las historias son nuestra historia. Trascender el tiempo, la distancia, sobre todo la significación nacional, política, religiosa…, he ahí algo de nuestro presente desafío. Somos también la historia de ese joven castellano que se perdió con un fusil en una tierra lejana y extraña, que cayó en medio de las anchas y heladas estepas rusas en busca de galones y aventura.

Todas las historias son nuestra historia también la historia aparentemente lejana, incoherente, servil… Todas las historias son nuestra historia también la de quienes optaron en alguna vida por vestir el uniforme del “adversario” y montar en un peligroso tren que atravesaría todo Europa camino de una muerte más que probable…

Vamos a constelar esa gran familia que no conoce fronteras por nombre humanidad. Vamos a perdonarnos los unos a los otros, vamos escribir sin más demora, sin necesidad de que nos alcancen de nuevo esos fríos, esos dramas con fondo blanco, una nueva historia humana.


Final de qué tiempos...

11.09.18 | 17:58. Archivado en Autor

No sabemos leer los posos del café, ni los mensajes de las estrellas. No sabemos cuáles son las olas que saltarán por encima de nuestras azoteas, qué huracanes se envalentona ya en medio del océano. Desconocemos qué astro viajero toma rumbo a nuestro planeta, qué gran esfera destructora se encaprichó con nuestro planeta azulado.

Adivinemos cómo podremos rescatar al hermano de color del Mediterráneo, no el diámetro del demoledor Hercólubus; cómo llevar pizarras y dispensarios a todas las aldeas del Sur, no salvavidas a todos nuestros temores del Norte… Sí, parece que va acercándose la tan mentada Hora, pero por más mareas que quieran escalar nuestras ciudades, los verdaderos tiempos nunca se acaban. La Hora se llama graduación y ya lo dijo el monje de Hipona en el oscuro medievo, sólo, sólo de una cosa seremos medidos… Si a algo nos ha de invitar la Hora, es a intentar llenar nuestro corazón de más amor.

Nuestros augurios, nuestras especulaciones de cerveza y terraza, no moverán un ápice la Gran Manecilla, no adelantarán, ni retrasarán la Gran Hora, pero sí nos harán perder un tiempo precioso para diplomarnos en el indispensable servicio al trozo de humanidad asignado.

Somos los hijos de la Aurora. Los mejores rayos llegan tras la noche, nos alcanzarán tras la Hora. Respetar los augurios no es dar el "play" al peliculón de más rombos y miedo. Al igual que los tiempos, la vida tampoco se acaba jamás. No nos alcanza para Malaquías, ni Nostradamus. Leemos los periódicos, no escrutamos profecías. Sólo atendemos recomendaciones que nos muestran cómo abrazar con más fuerza, ternura y compasión a nuestro hermano necesitado…

Al fin y al cabo sólo es el final de los tiempos que malgastamos para nosotros/as mismos/as, sólo es el arranque de los tiempos dorados del Corazón por fin unificado.


Vulnerables

10.09.18 | 21:30. Archivado en Autor

Reconocernos vulnerables es sencillamente reconocernos en camino. Es observarnos primero en nuestra condición de seres evolucionantes, que vamos a por mayores cotas de amor, valentía, generosidad, pureza… Reconocernos vulnerables es sobre todo reconocernos en la necesidad de ayudarnos mutuamente, de asistir al otro/a en sus aspectos más debilitados. La vulnerabilidad es algo íntimo y a la vez sagrado. No acepta la crítica, sólo la ayuda. Lo último que necesita la vulnerabilidad es el reproche. El reproche implica la no aceptación de las circunstancias, del ritmo de crecimiento del otro/a.

Hoy he visto esa mirada vulnerable, a flor de lágrima, que alcanza el alma. Se me ha colocado delante esa mirada más necesitada de comprensión, de abrazo, que de cualquier discurso. Yo discurseaba, eso es lo más fácil.
Hay miradas que son espejos. Hoy me he reconocido en mi severidad, en mi dificultad de acompañar solidariamente hasta el final esa vulnerabilidad cercana. Esa mirada silente vulnerable, me ha expresado a las claras que la razón no sirve para nada, que me vaya con ella a paseo; me ha dicho que busca no tanto complicidad, sino comprensión.

La idea de vulnerabilidad arroja una mirada más generosa, tanto sobre nosotros mismos, como sobre quienes nos rodean. Todos/as somos vulnerables, sin excepción alguna. Hasta el aparente alma de piedra lleva mucho cartón dentro. Vinimos aquí para eso, para ayudarnos y despegar un día de nuestra circunstancial condición vulnerable. Mientras tanto las madres, aún en su avanzada edad, nos siguen aplicando lecciones irremplazables.


Regalar la victoria

10.09.18 | 11:24. Archivado en Autor

“Toma para ti pérdidas y derrotas...”. La primera vez que me soltaron la máxima budista, una tormenta se agitó en el interior. La fracesita de marras cuestionaba demasiados esfuerzos agotadores en pos siempre de una victoria sobre otros. Tantos esquemas pretéritos se derrumbaban de repente con la sentencia demoledora: “Otorgad la victoria al adversario...” La conmoción interior del día pasado, en las magníficas conferencias que impartió en Estella Tenzing Ngeyung, discípula del Lama Gueshe Tenzing Tamding, residente en el Monasterio de Chuu Sup Tsang de Ourense, no ha sido menor. “Regalad esas victorias que al fin y al cabo no llevan a la verdadera liberación. Regalad las victorias menudas.”

Una tan sencilla como sabia monja budista, me ha vuelto a mover el tapete. ¿Cuántas veces llevamos ya a los labios, ya a la ancha e inquieta pantalla de la mente, ya a la pancarta blanca de algodón agujereado aquello de “¡Hasta la Victoria siempre!”? Escribíamos “Victoria” con mayúscula, porque mayúsculo era el logro a alcanzar. Ahora van y nos piden que regalemos la “Victoria”, mayúscula incluida. No se cae una idea compartida, una cultura arraigada, un sentimiento muy amplio…, se derrumba en realidad mucho más. Seguramente ocurre como estaba escrito: se nos derrumban tantas mayúsculas del pasado, se derrumban en realidad nuestros pasados enteros, nuestras vidas de confrontación y de lucha… y sin embargo comienza a nacer una nueva, anhelada y emancipadora conciencia. Suena ya la campana al final de un túnel oscuro y con demasiadas grietas y goteras por nombre historia.

¿Estábamos equivocados cuando gritábamos “¡Ni un paso atrás!”? Seguramente sí, seguramente nada que combatir, seguramente todo por crear en silencio, con amabilidad, con amor y compasión… Hora de la cuidadosa reconstrucción, que no de la desairada y descontrolada destrucción.

Regalar los honores, las victorias, los orgullos, los logros… Regalar todos los laureles y a la vez quedarnos con la primavera; con ella arrancar por fin una luminosa y esperanzadora historia. Ahora sé por qué el Budismo es una enseñanza tan verdadera, tan elevada, tan necesaria… Ahora sé porque tenemos que estar tan supremamente agradecidos al Buda, a quienes componen la “Shanga”, a quienes humildemente sembraron y siembran el “Dharma”, como nuestra entrañable monja de Ourense. Sencillamente porque el Gran Iluminado y su Nirvana reclaman todo de nosotros/as, sencillamente porque nos dejan desnudos, sin nada y a la vez con todo. Nos quieren privar del sufrimiento, pero necesariamente nos hacen doler casi hasta el alma.

Es cediendo como en realidad vencemos. Toca arriar demasiadas banderas que agitaron vientos sin calor, ni compasión; dar muchos pasos para atrás, sobre todo en aquellas batallas que libramos sin intentar comprender al adversario. Regalemos pues, que aún estamos a tiempo, las victorias en la cancha, en la calle, en la política, en todas, absolutamente en todas las arenas… y quedémonos con lo que de verdad importa: el altruismo, la generosidad y la paz del alma.


Mindfulness improvisado

07.09.18 | 14:04. Archivado en Autor

Siquiera de vez en cuando, dejarse fluir, disfrutar del no hacer, relajarse y acomodarse en el instante. Siquiera en el corazón del estío, rebelarse ante el agobio. Mi madre me ha liberado de la esclavitud de la actividad constante, de la filosofía, en cierta medida también subyugante, del continuo hacer algo. La estoy cuidando, aquí junto al mar, en este verano que lanza sus últimos potentes rayos. Cuando el sol embadurno su piel tostada y arrugada; cuando las olas, le sujeto; cuando nada, le socorro... A sus ochenta y muchos años me sigue dando lecciones…

Ralentizar la vida en su compañía me ha hecho mucho bien. Ella me ha liberado del apremio, me ha enseñado por necesidad lo que los maestros espirituales no han conseguido: clavarme en el aquí y ahora, vivir despacio, muy despacio, poniendo conciencia a cada acto. Cuando se cansa, me enseña a disfrutar de la respiración y la paz en el banco más cercano. Cuando el collar complicado me armo de paciencia hasta acabar éste en su cuello aún presumido...

Avanzamos sin prisa alguna por una ciudad colmada estos días de reclamos. Vivimos sin reloj, ni calendario. Le enebro las agujas para unos remiendos que nunca se acaban. Cuando compra, le cuento las monedas. Escogemos juntos la fruta y la verdura en el mercado desbordado. Cocino con desacostumbrada atención, elegimos películas que, además de entretener, hacen bien al alma… También discutimos de vez en cuando, pero me deja rendido y batido en retirada en cuanto me suelta el proyectil de insuperable calibre que reza “obedecer es amar”. Asumir y no perseguir su Aghata Christie y retahíla de policíacas, su colorida colección de diarias pastillas…, me ha dado a la postre mucha paz. Su vida definitivamente no es para vivirla como yo quiero. Además no protesta al desaparecer el filete del plato y el chorizo del potaje.

Vengo del regalo de un rato en la playa, de perdonarme del “pecado” de no hacer algo. Comienzo a disfrutar de este ritmo pausado. Junto a ella me he dado cuenta de esa severa disciplina autoimpuesta de estar permanentemente haciendo algo. Sístole y diástole, montaña y mar, trabajo y descanso...; los paréntesis son necesarios, imprescindibles mientras que no se alarguen más de lo debido…
Su asistenta ha tomado vacaciones. Definitivamente viene bien esta cura de "mindfulness", esta cura de madre.


Enfocar la rebeldía

25.07.18 | 18:35. Archivado en Autor

La rebeldía es siempre invitada a manifestarse alegre, generosa, esperanzada. El amor, el altruismo, la solidaridad es lo que puede sostener la sana rebeldía. De lo contrario ésta se puede tornar peligrosa. Una rebeldía desprovista de comprensión y compasión puede representar una amenaza en primer lugar para quien la encarna y proclama. Sus aristas pueden ser cortantes, pueden llegar a abandonar cuerpos sin vida en anodinos apartamentos de grandes urbes.
La rebeldía descontrolada tiende a explotar. De no hacerlo fuera, puede hacerlo dentro y es cuando sobreviene la autodestrucción y se marchitan las flores que estaban destinadas a extender singulares perfumes. La rebeldía hay que sujetarla y enfocarla bien, de lo contrario puede empujar a la desesperación, junto al bote descontrolado de barbitúricos. Un recorrido de compromiso con la vida no debiera acabar en la negación de ésta, en una ingesta precipitada de pastillas.

La rebeldía ha de buscar siempre un norte superior, una causa noble, hay que llevarla siempre a su más elevada expresión. De lo contrario su fuerza descontrolada puede resultar arrasadora. No conviene rebelarse frente a la Fuente de la Vida, es por ello que el suicidio no puede constituir un acto de encomiable protesta. Es un acto siempre a respetar, pues por encima de todo está la ley del libre albedrío, pero no es un acto a ensalzar. Cada quien hace de su vida física lo que quiere. Por delante la libertad, pero estamos aquí para intentar proporcionar más clara visión, para evitar que esos botes de mortal química se sigan vaciando, las primaveras agotando y la vida absurdamente cercenando. Estamos aquí para que la luminosa rebeldía se siga sosteniendo.

Oksana Shachko, una de las tres cofundadoras del movimiento Femen, se ha suicidado en su apartamento en París. Shachko tenía 31 años y era uno de los rostros más conocidos de la organización por haber participado en las movilizaciones desde el principio. Su cuerpo sin vida ha sido hallado el pasado 23 de Julio en su apartamento de París. Pueda la activista de origen ucraniano, encontrar la merecida paz en la que sobren la sorpresa del desnudo y el puño de la ira.

Acusaba, no sin su parte de razón, de que la religión proporciona a las mujeres una mala imagen de obediencia, pero ella pasó a engrosar la feligresía de la nada, la parroquia de la desesperanza. Afirmaban que sus senos eran sus armas, pero esas armas no se manifestaron suficientes ante su propio hastío, no se mostraron eficaces para defender lo más preciado, su propia vida física.

¿Quién se ha tragado esa vida joven, bella, prometedora? Seguramente la ignorancia, la madre de todos los males. Tristeza de primavera truncada, de rebeldía desabrida, de razón de ser que no desembarca a tiempo, por lo menos antes que la química. El suicidio no es un acto de última y postrera rebeldía. Entre otras cosas porque la rebeldía, la firmeza ante un injusto orden aún imperante no debe ceder. Está llamada a trasmitirse de generación en generación hasta que alboréen unas nuevas relaciones humanas, un orden más justo.

La causa de la Vida, siempre reclamará Vida, jamás la muerte. Ninguna revolución que se precie puede exigir el sacrificio de una primavera de 31 años. Si a algo sirve aún la revolución es precisamente a la primavera.


Elevar la fiesta

19.07.18 | 16:58. Archivado en Autor

Hacer la fiesta más segura es en primer lugar elevar la fiesta. El contexto propicia actitudes. Pretendemos dejar la fiesta donde estaba, dentro de la caja de ensordecedores ruidos, en medio del desenfreno etílico y a la vez que nadie se propase. Se puede intentar, pero no deja de ser una muy arriesgada apuesta. Es llegada la hora de considerar que el fomento por ejemplo de determinadas músicas puede representar el aliento de determinadas pasiones.

Medicina preventiva también en la cuestión de los abusos. Nuestro mundo ha de ser elevado y es así como la mujer recuperará su lugar sagrado. En poco tiempo he participado en dos inolvidables veladas, noches entrañable tratando de impedir que el sueño cerrara los párpados. Expongo los ejemplos con la sola finalidad de reforzar el argumento. Recientemente estuve en Zaragoza en una “velación”, en una ceremonia espiritual de origen mexica que duró hasta el amanecer. Todavía sigo cantando esas melodías, todavía intentando que esa noche no se desvanezca en el recuerdo. Bellas alabanzas, alarde floral, luminaria que embellecía todo el espacio cargado de sagrado copal… Hasta la mirada despistada se convertía en aquel espacio en irreverente. Hasta los ojos que no fueran puro arrobamiento, desentonaban. Una mujer no podía estar más segura y tranquila que en ese lugar y eso que era sábado y estaba casi todo oscuro y eso que eran las cuatro de la madrugada. ¿Habría un lugar de la tierra donde esas mujeres que llovían pétalos, que alimentaban la llama, que portaban el agua, que cantaban con el alma y las conchas de armadillo se sintieran más libres de todo temor….? No lo creo.

En Estella venimos de celebrar un festival de “mantrams” en el contexto del Foro Espiritual. Entre otros estupendos artistas, las mujeres de “Bhakti Sounds” ataviadas con su coloridos “sharis”, con sus voces angelicales nos sumergieron en un arrobamiento en el que nos hubiéramos anclado de por vida entera. ¿Habría una esfera más sublime a la que nos podían elevar? Allí no es que no cupiera un acto extralimitado, allí no podía entrar siquiera el más mínimo e impuro pensamiento. Tal era la atmósfera de otro mundo y por lo tanto el blindaje ante cualquier salida de tono. Era también sábado, era también oscuro, eran también las cuatro de la madrugada…

No pretendemos condenar una cultura, sino llamar a la reconsideración de su fomento por lo menos por parte de las instituciones. Esto no es un cuento de buenos y malos, de ángeles y de demonios. Esto es sólo un ejercicio de rigor que pretende demostrar mediante ejemplos qué ambiente procura cada música y qué emociones y por lo tanto actitudes alientan. Es decir, no sólo perseguir las consecuencias, sino intentar remontar al mundo de las causas. Algo tendrá que ver la fiesta desentonada, desencajada con las consecuencias desentonadas, desencajadas. No podemos cambiar el mundo a petachos. Eludiendo actitudes inquisitoriales contraproducentes, con actitudes prudentes, respetuosas y didácticas quizás habrá que empezar a cuestionar las fiestas catárticas y alocadas, si queremos que la mujer recupere el lugar que se merece, su lugar excelso y siempre, siempre escrupulosamente respetado.

La fiesta será más segura cuando ésta haga aflorar la naturaleza más elevada de nosotros/as mismos/as. Hay un rock que va acompañado de música y melodía, que invita al cuerpo a la danza creativa, al amable, libre e imparable movimiento y hay un rock que se acerca al puro ruido de metal. No alentamos un ejercicio de demonización, sino de análisis. Pocas voces relacionan el rock duro con el desatarse de nuestros más bajos instintos y sin embargo es un estudio necesario. La prevención de la violencia bien podría contemplar estas investigaciones. Es preciso explorar el daño que eventualmente pueden causar esas músicas, las regiones del más bajo astral en las que nos sumergen. Es preciso observar que con la música estamos modelando nuestro mundo, nuestras costumbres, nuestra fiesta. Será por lo tanto preciso empezar a elevar la música y con ella las celebraciones que la acompañan…

La realidad emocional engendra la física. La ciencia comienza ya a avalar que el mundo astral está estrechamente vinculado con nuestras actuaciones. Cuantos más decibelios, cuanto más se aproxima la música al ruido, cuanto más estrepitosa señal alcanza nuestros oídos, más abajo nos proyectará seguramente en la astralidad. En ese estado el humano es más fácil que se convierta en títere de rastreras y desbocadas emociones. Alumbrar nueva sociedad es alumbrar nueva fiesta, bella, armónica, creativa, donde nuestras hijas, nuestras sobrinas, nietas… canten y bailen en plena seguridad, en el pleno convencimiento de que allí todo eleva, de que en medio de la luz y la sana y amigable atmósfera, no puede penetrar la más mínima oscuridad.

Artaza 19 de Julio de 2018


Elevar la fiesta

19.07.18 | 16:57. Archivado en Autor

Hacer la fiesta más segura es en primer lugar elevar la fiesta. El contexto propicia actitudes. Pretendemos dejar la fiesta donde estaba, dentro de la caja de ensordecedores ruidos, en medio del desenfreno etílico y a la vez que nadie se propase. Se puede intentar, pero no deja de ser una muy arriesgada apuesta. Es llegada la hora de considerar que el fomento por ejemplo de determinadas músicas puede representar el aliento de determinadas pasiones.

Medicina preventiva también en la cuestión de los abusos. Nuestro mundo ha de ser elevado y es así como la mujer recuperará su lugar sagrado. En poco tiempo he participado en dos inolvidables veladas, noches entrañable tratando de impedir que el sueño cerrara los párpados. Expongo los ejemplos con la sola finalidad de reforzar el argumento. Recientemente estuve en Zaragoza en una “velación”, en una ceremonia espiritual de origen mexica que duró hasta el amanecer. Todavía sigo cantando esas melodías, todavía intentando que esa noche no se desvanezca en el recuerdo. Bellas alabanzas, alarde floral, luminaria que embellecía todo el espacio cargado de sagrado copal… Hasta la mirada despistada se convertía en aquel espacio en irreverente. Hasta los ojos que no fueran puro arrobamiento, desentonaban. Una mujer no podía estar más segura y tranquila que en ese lugar y eso que era sábado y estaba casi todo oscuro y eso que eran las cuatro de la madrugada. ¿Habría un lugar de la tierra donde esas mujeres que llovían pétalos, que alimentaban la llama, que portaban el agua, que cantaban con el alma y las conchas de armadillo se sintieran más libres de todo temor….? No lo creo.

En Estella venimos de celebrar un festival de “mantrams” en el contexto del Foro Espiritual. Entre otros estupendos artistas, las mujeres de “Bhakti Sounds” ataviadas con su coloridos “sharis”, con sus voces angelicales nos sumergieron en un arrobamiento en el que nos hubiéramos anclado de por vida entera. ¿Habría una esfera más sublime a la que nos podían elevar? Allí no es que no cupiera un acto extralimitado, allí no podía entrar siquiera el más mínimo e impuro pensamiento. Tal era la atmósfera de otro mundo y por lo tanto el blindaje ante cualquier salida de tono. Era también sábado, era también oscuro, eran también las cuatro de la madrugada…

No pretendemos condenar una cultura, sino llamar a la reconsideración de su fomento por lo menos por parte de las instituciones. Esto no es un cuento de buenos y malos, de ángeles y de demonios. Esto es sólo un ejercicio de rigor que pretende demostrar mediante ejemplos qué ambiente procura cada música y qué emociones y por lo tanto actitudes alientan. Es decir, no sólo perseguir las consecuencias, sino intentar remontar al mundo de las causas. Algo tendrá que ver la fiesta desentonada, desencajada con las consecuencias desentonadas, desencajadas. No podemos cambiar el mundo a petachos. Eludiendo actitudes inquisitoriales contraproducentes, con actitudes prudentes, respetuosas y didácticas quizás habrá que empezar a cuestionar las fiestas catárticas y alocadas, si queremos que la mujer recupere el lugar que se merece, su lugar excelso y siempre, siempre escrupulosamente respetado.

La fiesta será más segura cuando ésta haga aflorar la naturaleza más elevada de nosotros/as mismos/as. Hay un rock que va acompañado de música y melodía, que invita al cuerpo a la danza creativa, al amable, libre e imparable movimiento y hay un rock que se acerca al puro ruido de metal. No alentamos un ejercicio de demonización, sino de análisis. Pocas voces relacionan el rock duro con el desatarse de nuestros más bajos instintos y sin embargo es un estudio necesario. La prevención de la violencia bien podría contemplar estas investigaciones. Es preciso explorar el daño que eventualmente pueden causar esas músicas, las regiones del más bajo astral en las que nos sumergen. Es preciso observar que con la música estamos modelando nuestro mundo, nuestras costumbres, nuestra fiesta. Será por lo tanto preciso empezar a elevar la música y con ella las celebraciones que la acompañan…

La realidad emocional engendra la física. La ciencia comienza ya a avalar que el mundo astral está estrechamente vinculado con nuestras actuaciones. Cuantos más decibelios, cuanto más se aproxima la música al ruido, cuanto más estrepitosa señal alcanza nuestros oídos, más abajo nos proyectará seguramente en la astralidad. En ese estado el humano es más fácil que se convierta en títere de rastreras y desbocadas emociones. Alumbrar nueva sociedad es alumbrar nueva fiesta, bella, armónica, creativa, donde nuestras hijas, nuestras sobrinas, nietas… canten y bailen en plena seguridad, en el pleno convencimiento de que allí todo eleva, de que en medio de la luz y la sana y amigable atmósfera, no puede penetrar la más mínima oscuridad.

Artaza 19 de Julio de 2018


Derrochar amabilidad

17.07.18 | 19:06. Archivado en Autor

La amabilidad que nosotros derrochemos a nuestro alrededor es la que después nos volverá. La justicia con la que nos empleemos con los demás, es la justicia y equidad que después disfrutaremos. Cuando gocemos de un mínimo de poder en un marco ya laboral, ya asociativo, ya de ocio…, ya de cualquier orden, deberemos cuidarnos muy mucho de abusar de él.

Con una pizca de poder a menudo el humano tiende a subirse por las nubes. Podemos entonces pensar, ¿qué haría ese humano si tuviera más poder, si amplias porciones de humanidad se encontraran bajo su dominio, siquiera en algún limitado ámbito? La Vida nos tratará como nosotros tratemos a nuestros semejantes. Es Ley insoslayable. Demasiado a menudo el humano olvida que no sólo rinde cuentas ante los tribunales de la tierra. Detentar un poder, ya sea a una escala pequeña, ya a una mayor, es una prueba evidente para quien aspira a avanzar por el Sendero.

La tentación del abuso estará siempre presente para quien ignora la ley. Sin embargo más presente aún debería estar el convencimiento de que todo da la vuelta. Si nosotros hemos vejado, seremos vejados, si hemos acusado falta de amabilidad, viviremos esa falta de tacto en nuestra propia carne. Si el humano tuviera conciencia de la ley de karma se libraría mucho de ejercer cualquier abuso de poder.

Deberemos por lo tanto en todo momento ser justos, ser amables. Lo ideal es porque así brote de nuestro corazón, pero en su defecto que sea por lo menos porque conocemos la Ley y no deseamos sufrir sus consecuencias ineludibles.

He estado trabajando unos días para otros. La experiencia me ha servido para poner si cabe más escrupulosa atención cuando me toca a mí dirigir un equipo. Será ya dentro de muy pocos días (www.pirinea.org). Pueda encontrar los gestos, las miradas, las palabras amables en medio de un trajín largo y agotador. En ningún instante el poder me tiente para mal utilizarlo. Pueda servir con humildad, tacto y acierto desde él. Ruego por ello…


Jueves, 17 de enero

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