Tierra liberada

28.12.18 | 18:29. Archivado en Autor

Cocinar juntos. Carta abierta José María Múgica

Apreciado Josemaría. Perdona este “asalto” sorpresivo después de décadas de silencio comunicativo. El tema yo creo que lo merece. No se trata ya de dar tardía continuidad a nuestras largas discusiones políticas juveniles, sino de explorar, después de todo el tiempo trascurrido, cómo podemos hacer de esta Euskadi de tan buen momento, una Euskadi mejor.  Nadie puede invitar a nadie a perdonar. No es fácil colocarse en el lugar de quien tiene ante sí semejante reto. El perdón es por lo demás algo muy personal e íntimo. Su fruto maduro cae cuando la víctima dispone.

Permíteme a lo sumo, contextualizar el momento, apuntar retos de futuro. Con todo respeto, permíteme señalar que el perdón no es privativo de una Iglesia de la que, con tu considerable parte de razón, has recelado. El perdón y la compasión son patrimonio universal, sentimientos de humanidad que somos llamados, cada quien en su contexto, a recuperar. A lo sumo confesarte que creo que está bien sentarse al mismo mantel, cenar juntos, Josemaría. Hemos comido, cenado, vivido durante tantos años separados. Está bien compartir pucheros y “sociedad”, después de tantos decenios confrontando en el seno de esa misma sociedad. Está bien que Mendia y Otegi compartan portada en el “Diario Vasco”. Acierta el periódico donostiarra al llevar a la primera página una normalidad con delantal limpio. ¿Hasta cuándo los otros uniformes de batalla? ¿Hasta cuándo mantendremos las trincheras? ¿Hasta qué generación inocularemos resentimiento? Llevábamos tanto tiempo sin compartir nada. Ahora ha llegado la hora del compartir “sociedad”, “cazuelita”, ocio…, sobre todo proyectos, futuro de paz, mañana de armonía y solidaridad.

Vivimos en Euskadi una primavera que nunca hemos gozado. Más pronto que tarde terminará de florecer La floración es dejar atrás los inviernos, que no necesariamente olvidarlos. “¡Ave María Purísima…!” saludaba tu aita al mío por teléfono. “¡Arriba parias de la tierra!”, contestaba sin apocarse mi progenitor. Eran dos mundos diferentes, aparentemente ajenos, pero de un respeto exquisito. Esa mutua consideración desbordaba el ámbito profesional. Sí, después vinieron los que hicieron de la diferencia sangre y abismo. La convivencia que rompieron la podemos recomponer y ése es el mejor regalo que podemos donar al futuro.

Vamos a sanar pasados. Entremos a la cocina, como Mendia y Otegi y cocinemos con mucha verdura sana y ecológica, con mucha cebolla dulce. Puedes dejarles cocinar Josemaría y acercarte de nuevo, desnudo de rencores, a tu casa de siempre, el Partido Socialista. Vamos a intentar perdonarnos. Algún día tendremos que vaciar el más pesado de los fardos, el del rencor, algún día pasar la página a esa historia de ETA tan tremenda, que algunos padecisteis tan cercana e injustamente. Hicieron barbaridades y la que acabó con tu padre no fue precisamente una bala perdida. La solicitud de perdón de quienes brutalmente sellaron su aliento, de quienes les apoyaron, se está también cocinando, si bien es verdad que a fuego mucho más lento de lo que quisiéramos. La deben estar sazonando, la acabarán presentado. De todas formas, cocinar reconciliación para las nuevas generaciones, no es sólo deber de la izquierda abertzale.

Es cierto, otros no llevamos con nosotros el dolor que tu familia alberga dentro. Es cierto que la invitación a sacrificar nuestro dolor en aras de un bien colectivo es listón muy alto, pero nadie sabe tampoco cómo y por qué retornan, en víspera de los renacimientos colectivos, la invitación a los testimonios excepcionales. No hace falta abrazar al Nazareno del que seguramente marques aún distancia, al Jesús del eterno perdón, de ese amor tan incondicional, como a veces casi imposible. Podemos abrazar a un Azaña beligerante ante el catolicismo que siempre has estimado. Sin embargo, a la postre nos presenta semejante y titánico reto de perdón. La “paz, piedad y perdón” de Don Manuel en su histórico discurso del 18 de julio de 1938 en Barcelona, era como él mismo apunta, un aviso para nosotros, los navegantes del futuro. ¿Cuánto no tenía que perdonar el presidente de una República atacada por el primer y más contundente fascismo, honorable Dama en aquel momento ya ferozmente acorralada? Esa alocución excepcional que tú mentas en tu carta al presidente Sánchez es en realidad un mensaje fuera del tiempo y por lo tanto plenamente actual.

Préstame las palabras de don Manuel, amigo de la adolescencia, amigo de siempre: “Paz, piedad y perdón”, también para esta Donosti, para esta Euskadi maltratadas. Después de tanto cabello revuelto, de tanto pasado convulso, después de todo lo que ha padecido, Donosti está especial, rabiosamente bella. Podemos perfumarla con nuestros perdones, con un espíritu cada vez más generalizado de reconciliación. Entonces difícilmente hallará par.

Se puede nacer en la misma ciudad, remontar una y mil veces la misma Aldapeta rumbo al colegio religioso, alimentar la misma y juvenil rebeldía, compartir amistad y después observar la realidad de forma tan diferente... Seguramente fueron las consecuencias de esas balas tan absurdas como crueles las que terminaron de alejar nuestros mundos. Hemos podido vivir culturas separadas, esferas estancas y ahora unirnos “en tu nombre” y los otros nombres, en el apasionante desafío de inaugurar un futuro para Euskadi definitivamente diferente; una Euskadi en la que por fin haya un sitio para todos/as, incluso para quienes se hallan aún en su “txoko”, cocinando a fuego muy lento su imprescindible solicitud de perdón.


Reconstruir los puentes

26.12.18 | 18:54. Archivado en Autor

Ahora hace un año eran los nervios a flor de piel, la plena catarsis. El “procés” y su declaración de independencia final nos puso a prueba. Todo se partía en dos. Amistades longevas saltaban por los aires. Se desmoronaban puentes antiguos, se quebraban familias y cuadrillas. Fue ahora hace doce meses cuando las Redes echaban humo y vivíamos al borde del teclado. Intentábamos salvar amigos y al mismo tiempo ser fieles a cabales principios cuestionados. Apoyábamos los derechos de esa Catalunya insumisa, respaldábamos a ese vector valiente por la libertad y al mismo tiempo tratábamos de mantenernos fieles al alto ideal de fraternidad humana al que nos debemos. Escribíamos e intentábamos afirmar derecho, lógica y razón. Escribíamos y borrábamos, temerosos de haber podido herir la sensibilidad de alguien.

No envidio para nada ese tiempo convulso, que de cualquier forma sirvió para conocernos unos y otros un poco más, para retratarnos cada quien en medio de la suma tensión; a la postre para ejercitarnos en el mutuo perdón y la comprensión. Un año entero da perspectiva y posibilidad de reflexión. La principal constatación es que la España del presente no da para más. La conciencia media de los españoles no permite al día de hoy legítimos ejercicios plebiscitarios, no está preparada para asumir el democrático ejercicio del referéndum en Catalunya. Es preciso aceptarlo y considerar igualmente la necesidad de salvar la unidad y la cohesión de la ciudadanía del Estado. La opción de ruptura, de fracción a la eslovena implica una poco deseable crisis sin fin.

Es llegada la hora de que las fuerzas independentistas consideren una renuncia al Estado propio y se programen para disfrutar su autogobierno, para canalizar sus aspiraciones dentro del orden estatal imperante. Éste se irá flexibilizando, pero sólo con el paso de considerable tiempo, con el progreso de la conciencia democrática, con la llegada de futuras generaciones más liberales.

Tras tan larvado e inacabable conflicto, la Catalunya movilizada por la República podría contemplar la posibilidad de ceder y renunciar a sus postulados más ambiciosos. La renuncia puede ser victoria, si se lleva a cabo en favor de un bien colectivo más amplio. El independentismo tiene ahora la opción del posibilismo, es decir la de no cuestionar más la unidad del Estado, por lo menos mientras los números favorables a la desconexión no aumenten y representen abrumadora mayoría. Prima ceder, aceptar el marco constitucional y la unidad por más que ésta sea, en alguna medida y para un importante colectivo en Catalunya, un vínculo forzado. La Catalunya movilizada, la que se quiere libre y emancipada, es llamada a hacer un sacrificio histórico, una renuncia sin precedentes tras la acumulación de tanta fuerza.

La historia siempre acaba recompensando la generosidad. Renunciar a la República, renunciar al referéndum y recoger el guante del presidente Sánchez para negociar un nuevo Estatuto, es la posibilidad que se le brinda a la Catalunya combativa de Torra. Por el bien también de toda la España de progreso, el “president” debería aceptar esa propuesta de nuevo Estatuto. Ganaría la distensión, el acuerdo, el consenso. Ganaría una anhelada y merecida paz. 

¿De lo contrario no sabemos hasta cuándo los políticos presos, los exiliados lejos de los suyos, hasta dónde la escalada de tensión...? De lo contrario caerá el gobierno progresista y habremos perdido la oportunidad de consolidar nuevas libertades, nuevas competencias autonómicas. De lo contrario "el espíritu" de la moción de censura se extinguirá y volverán a gobernar los de ayer, los de antesdeayer; salvo breves paréntesis, los de siempre... Nada contra ellos, sólo que ya cubrieron su turno.

Ya no toca huida adelante, es más bien la hora de un sensato trabajo de zapadores. Reconstruir los vínculos abajo y arriba, rehacer los puentes en las esferas pequeñas y en las grandes. A la vista está el acierto de la vía Urkullu de progresar en autonomía sin romper con el Estado, de avanzar todo lo que se pueda en autogobierno con el mayor consenso. El veto al Plan Ibarrtexe nos abocó también a nosotros a nuestra prueba de renuncia. Tras todo lo aprendido en este tiempo de confrontación excesiva, pensamos que la senda que hemos tomado en Euskadi es también la más adecuada para la Catalunya en la encrucijada.


También en nuestro pensamiento

26.12.18 | 18:47. Archivado en Autor

Nadie debiera cerrar a nadie ningún camino, menos el camino apasionante, largo y venturoso de una vida joven. Nuestras hermanas, compañeras, hijas… deberían poder correr hasta que se acaben los horizontes, libres hasta el infinito sin mirar a los rincones. Ningún temor debería asaltar su gozoso trotar, su pensamiento echado también a volar. Pienso en el mundo que se le negó, en los niños que la aguardaban junto a la pizarra, en los viajes por los que suspiraba y cuyo billete no llegó a acariciar en el bolsillo…

Pienso en esa justa rebeldía que incendia toda nuestra geografía, en ese punto final urgente que hay que poner a tanta historia de abuso, agresión y explotación. Pienso en las mujeres y hombres valientes que se levantan en toda España por la vida, contra ese machismo tantas veces insaciable, demasiadas veces feroz.

Al extraviado también será preciso abrazar. El asesino también merece nuestro regazo. No faltaré a quien pese a todo, no deja de ser mi congénere, mi hermano sufriente, fatalmente equivocado. Pienso también en él, en su terrible despertar. Puede haber algo más atroz que levantarse una mañana con ese inconmensurable peso en la conciencia, salir de un coche esposado y que te caiga toda la entera rabia del mundo.
Mis brazos también son para él, para el salvaje humano. La compasión que trata de hacerse sitio en mí, no se pelea con la clara y radical denuncia, más bien se complementan. Abrazo la miseria, que en algún tiempo remoto, en alguna caverna apartada quizás también fue mi miseria… ¿Qué sabemos de nuestras prehistorias?

Se puede comprender, pero no plenamente justificar, el revanchismo que aflora estos días en las Redes sociales. Luchar firmes, rotundas/os, infatigables por el correr libre, contra el miedo, por la integridad de nuestras compañeras, por la vida siempre sagrada es nuestro urgente deber, nuestro firme compromiso; desnudar esa lucha de todo rencor, constituye también nuestro más alto y difícil desafío. Representa titánica prueba de desbordado altruismo. Habrá que intentarlo.

Mil veces lo olvidaremos, mil veces nos lo habremos de recordar, sobe todo cuando llega el apartado de sucesos en los telediarios, cuando se derrama la sangre inocente. Hay quien sólo bajó a la tierra hace dos mil años para ponernos el más alto listón humano, para recordarnos que incluso había que amar a los enemigos, incluso al aparentemente desalmado de despiadada locura en la cabeza y descontrolado cuchillo en mano.


Mi caballo de cartón

11.12.18 | 22:54. Archivado en Autor

Agradezco a los Reyes Magos que de pequeño me regalaran el caballo de cartón que les pedí y no la muñeca que descansaba en los zapatos de al lado. Mi hermana nunca sacó ese caballo de mi particular establo. Ningún hermano abrimos por curiosidad su maletín de la “Señorita Pepis”. No todo pasado fue peor. No se confundieron necesariamente Sus Majestades de Oriente al cargar y ordenar los paquetes en los camellos y dromedarios.

Agradezco a mis padres que nunca me regalaran una pistola. Cuando la pistola deja de ser de plástico destruye la vida. Otra cuestión muy diferente es el juguete de género. El género sostiene la vida. El juguete puede ser o no neutro. El juguete de género no auspicia machismo. El adulto sin prejuicios no nace necesariamente sacando a pasear de niño el carrito de las muñecas, sino con una educación basada en valores de sagrado respeto y sentido de la justicia y la equidad. Está bien la muñeca en las manos que la abrazan, está bien el caballo de cartón bajo el cuerpo infantil que lo cabalga. La inocencia puede ser también cuestionada al inmiscuirse padres y educadores en el terreno de las preferencias lúdicas del pequeño o la pequeña.

Los juguetes pueden tener género, al igual que tanto en la vida tiene género, al igual que el magnetismo de los cuerpos celestes se sirve de dos fuerzas diferentes, al igual que la electricidad necesita polo positivo y negativo para calentar nuestros hogares ahora que ya comienza a rugir el invierno. Los niños son sagrados, sus juegos también. Nos busquemos autoridad en las estanterías de sus habitaciones, tampoco en las de sus mentes. No somos quiénes para colocarles nuestras preferencias en sus armarios. Si entramos en ese territorio, que sea para fomentar una creatividad siempre respetuosa con su sensibilidad e inclinaciones. No conviene imponerles nuestros esquemas mentales.

No hay razón para alejar el rosa de las niñas o el azul de los niños. Dice el clásico del ocultismo por nombre “Kybalión” que el género está en todo: “Todo tiene sus principios masculino y femenino; el género se manifiesta en todos los planos” El género también puede reflejarse en el juguete y no hay razón para condenarlo, no hay motivo para el escándalo. La niña puede peinar el rubio de la muñeca, el niño puede hacer avanzar el camión de bomberos por el piso con todas sus sirenas encendidas y la hogareña escena puede ser hermosa. Sobre el hogar de la familia no pende precisamente esa amenaza del juego de género. Hay género cuando somos grandes, luego también cuando pequeños. No hay nada de negativo en el género, todo lo contrario, sin esa diferencia de género ninguno estaríamos leyendo estas letras, ninguno de nosotros/as existiríamos. Esa complementariedad y atracción sostienen la vida.

La discriminación de la mujer es una lacra que estamos obligados a combatir. La supremacía de género constituye un atentado a la Vida y un freno al progreso humano. Iguales por supuesto en derechos, ¿quién osará a estas alturas cuestionarlo?, pero no necesariamente iguales en inclinaciones, sentimientos, pensamientos... Esa diferencia es la que nos acerca mutuamente, la que nos une en el ámbito físico, emocional y mental. No conviene exacerbar esa diferencia, pero tampoco ningunearla.
La ley del género no está expuesta a las controversias del tiempo, las modas y las circunstancias. Podemos polemizar sobre ella, pero nos hará poco caso. Nos guste más o menos, la ley del género es, reina en la naturaleza, gobierna soberana por supuesto también entre los humanos. No hay por lo tanto, razón para rasgarnos las vestiduras con el juguete tradicional, ni para ganarnos a los Reyes Magos u Olentzero para nuestro particular credo. Vía libre a la imaginación infantil. Rueden a su antojo los carritos de las muñecas, rueden los caballos de cartón sin necesidad de levantar señal de “stop” en ninguna moqueta.

Artaza 11 de Diciembre de 2018


Martes, 19 de febrero

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