Tierra liberada

Otras ruinas aguardan

12.11.18 | 17:14. Archivado en Autor

Era la misma y ancha era de altura. ¿Qué tendrá esa era privilegiada de la que despegan tan fáciles nuestros sueños? Sonó la música y al igual que hace treinta años, volvimos a brincar en ese espectacular prado de fondo aéreo. Era el mismo espíritu de alegría y comunión. Fue grato volver a ese círculo de nuestros años mozos. Habían pasado varias décadas, pero no habían caducado nuestras ganas de construir un nuevo mundo, de llenar ruinas y campos de nuevo color, ilusión y vida.

He vuelto a Lakabe después de muchos otoños. Ha sido con motivo de las excelentes jornadas sobre despoblación rural, "Del abandono a la vida", que ha organizado la Red Ibérica de Ecoaldeas junto con el Gobierno de Navarra. Guardo muy buenos recuerdos de todo el tiempo allí pasado. Quizás los mejores tiempos de juventud. Fue un tiempo de construir y no solo de tumbar; de azada, paleta y llana; de crear y alumbrar, no sólo de echar abajo... Mi hermano fue de los pioneros y tuve la suerte de acompañarles por temporadas.

Ya ha desaparecido aquel perenne barro entre las recias casas de piedra. Un olor a pan recién cocido inundaba en la visita sus calles ya empedradas y vestidas de otoño. Nuevas construcciones de vanguardia, nuevas familias pioneras. Mucha huerta goza ya del abrigo de los plásticos. Todos los tejados están arreglados. Grandes planchas de cristal guiñan y solicitan al sol su energía y calor. Las aspas de los molinos más robustas roban también más fuerza al viento huraño y hermano. Los niños de entonces sostienen en sus brazos otros niños. En realidad sostienen ya el peso de todo un legado. Esos niños sostendrán otros niños...

Un futuro más sencillo, austero y perdurable ya nos ha alcanzado. Los niños de ayer son los padres de hoy. Mantienen el fuego y han tomado en muchos aspectos las riendas de la comunidad. Había relevo, hay, habrá relevo. Estamos hablando de la fuerza insobornable de la utopía, del eterno anhelo del humano de levantar un mundo mejor, de más compartir y colaborar. “No era un rollito de verano...”, tal como se mencionó en el arranque en Pamplona de las mencionadas jornadas. No era una locura de momento, la chaladura de unos objetores de conciencia que se habían cansado de estómagos vacíos y huelgas de hambre, de sentarse al atardecer delante de los Gobiernos militares. No se marcharon con los primeros fríos, tal como pensaban los responsables de Montes de la Diputación. No era una chifladura de cuatro inquietos “hippies” de los exaltados ochenta. Era, es una conspiración planetaria, un amor profundo por la tierra, una aspiración sincera de empezar a transformar el mundo de forma silenciosa.

Otras ruinas aguardan, otras ruinas llamadas a inundarse de otras flautas y “txistus”, de otro olor a pan cocido, llamadas a cubrirse de nueva arcilla y calentarse con vieja leña. Otros jóvenes aguardan un futuro desafiante, creativo, sostenible, que no pase por fichar ocho horas en un trabajo mecanizado. La tierra comienza a inundarse de cada vez más “Lakabes", de cada vez más anhelo comunitario y de vuelta a la Madre Tierra. Iremos a por nuevas ruinas, las que ahora son, las que vendrán, cuando una civilización caduca basada en el individualismo, el consumismo y materialismo se vaya desmoronando, pues sencillamente no es sostenible. Iremos a por nuevas ruinas, colgaremos paneles solares, las rodearemos de huertas y haremos sonar música en sus nuevas plazas recién empedradas.

Lakabe ha elegido su propia forma de hacer ecoaldea. En realidad hay tantas formas de hacer comunidad como comunidades mismas y ya van más de 10.000 en los cinco continentes, considerando sólo las que están coordinadas en el marco del GEN (Global Ecovilage Network). En esa variedad de hacer comunidad está la riqueza de este movimiento imparable y variopinto de alcance mundial. Cada comunidad su forma de labrar, brincar y agradecer; su caserío particular, sus flores de verano y su hojarasca de otoño...; cada una enfoca desde un ángulo sus molinos al viento, sus paneles al sol. En una comunidad suena el “txistu” saltarín, en otra el dulce violín, en otra el sencillo y poderoso “gong”… Lo importante es ponernos en marcha tras otro sonido, tras las pistas de una más consciente y responsable civilización.

No consumiremos pan blanco, ni aparcaremos nuestra bicicleta a la vera de una gran fábrica. Sólo nos resta pensar cómo construiremos el nuevo mundo. Es cierto que nos equivocamos en muchas cosas, pero no erramos cuando sentíamos que teníamos que tirar para el monte, cogernos de la mano e intentar hacer realidad, siquiera en pequeño círculo, el sueño de otra música y otro baile, de otra “era” de más verdadera y fraterna comunión.


Acoger todos los sufrimientos

07.11.18 | 12:51. Archivado en Autor

Tras el período de aportaciones, el Gobierno vasco procederá a pasar por las escuelas los polémicos vídeos. Somos muchos los que nos podemos identificar sin dificultad con la lectura de nuestra reciente historia que en ellos se refleja. Tenemos plena fe en la buena fe de los responsables de la Dirección de Convivencia y Paz, sin embargo, a la vista del revuelo generado por los controvertidos relatos, queremos añadir alguna reflexión. Deseamos poner sobre la mesa más una cuestión de tiempos de que fondo. ¿Era ya llegada la hora de esa necesaria función pedagógica?

Cuidar la primavera de convivencia que por fin estamos viviendo en Euskadi, supone ser respetuosos en extremo con el otro, su relato, sus dolores, sus tiempos. Quizás los vídeos pudieran esperar hasta que el hierro comience a enroñarse y la reconciliación a echar sólidas raíces, hasta que las trincheras se terminen de derrumbar y los sinceros perdones de florecer. Cuidar este momento de tan anhelada paz, quizás también implique un “pause” en el relato a la espera de que los extremos cedan y desciendan de sus cerros, a que el espacio del medio se torne cada vez más ancho, sólido y compartido.

Es inevitable que veamos el pasado sesgado en función de nuestra ubicación y circunstancias. Iremos avanzando en la búsqueda de ángulos más consensuados, de enfoques en los que quepan más miradas aligeradas de rencor. ETA causó mucho, cruel y absolutamente injustificable daño fuera y dentro del País Vasco, sin embargo no podremos tampoco olvidar que el eco de los bombardeos de Gernika o Durango aún no se había disipado cuando la organización violenta cometió su primer asesinato. ¿Podrán nuestros relatos del mañana sumar todos los estruendos, todas las sangres, secar todas las lágrimas…? Venimos de una larga espiral de violencia. Tras haber felizmente cedido ésta, quizás haya que esperar un tiempo para enchufar las cámaras y grabar los vídeos. El "mea culpa" de la izquierda abertzale indudablemente aceleraría el proceso. Esa insoslayable solicitud de perdón abriría el paso a mayores consensos, a los vídeos que más pronto que tarde habrán de estamparse en las despejadas conciencias adolescentes, en las limpias paredes de sus aulas.

Estamos llamados a comprender todos los sufrimientos. Cada uno tiene su propio color. Unos son más agudos que otros, más injustificables que otros, pero todos dignos de ser considerados. Hacen falta miradas capaces de recogerlos todos y después ensayar llevarlos a la pantalla. Nadie logrará burlar la severa, la insobornable historia. Todos los relatos, en la medida que pasa el tiempo, se van recubriendo y tamizando de más verdad. En la medida en que se sume información y se resten emociones, la mirada aérea y objetiva irá progresando. Esa mirada más abarcante y, si es que cabe, más definitiva, no será de un día para otro. Podremos acercarla en la medida en que, como decía el “fratello” de Asís, “no busquemos tanto ser comprendidos, sino comprender”, en la medida que dejemos caer coraza y blindaje y nos volvamos sensibles a la pena que creíamos ajena.

¿Quién se puede creer a estas alturas el relato de "la cruzada del 36" que en su día fue absolutamente omnipresente? ¿Quién se iba a creer que, en esa nueva vuelta de la espiral de violencia que arrancó aquí a finales de la década de los sesenta, que la suma de más sangre del “adversario” podría acercar la supuesta “liberación del pueblo vasco”…? Con el transcurso del tiempo, lo falso va ganando en pudor y va cediendo lugar a una verdad que siempre termina silenciosa y sutilmente imponiendo. Quizás menguar la urgencia de proyectar esos vídeos en las escuelas del País Vasco, aguardar a que se aplaquen emociones aún en desnuda epidermis.

Quizás siquiera por un momento detener los vídeos y respirar desde otra casilla. “Socializar el dolor”, pero ya con una semántica absolutamente contraria a la que se utilizó en aquella brutal campaña que iba borrando concejales del mapa. Ahora socializar el dolor, no por supuesto en el sentido de sembrar más de él, sino de acercarnos desde las diferentes trincheras. Ahora compartir el dolor con voluntad de ensayar abrazarnos con las heridas de nuestras almas a cuestas. Más pronto que tarde proyectarnos en las paredes blancas de las aulas, del futuro esperanzado con las cicatrices cerradas y sanadas, que no necesariamente olvidadas.


Miércoles, 20 de febrero

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