Tierra liberada

Enfocar la rebeldía

25.07.18 | 18:35. Archivado en Autor

La rebeldía es siempre invitada a manifestarse alegre, generosa, esperanzada. El amor, el altruismo, la solidaridad es lo que puede sostener la sana rebeldía. De lo contrario ésta se puede tornar peligrosa. Una rebeldía desprovista de comprensión y compasión puede representar una amenaza en primer lugar para quien la encarna y proclama. Sus aristas pueden ser cortantes, pueden llegar a abandonar cuerpos sin vida en anodinos apartamentos de grandes urbes.
La rebeldía descontrolada tiende a explotar. De no hacerlo fuera, puede hacerlo dentro y es cuando sobreviene la autodestrucción y se marchitan las flores que estaban destinadas a extender singulares perfumes. La rebeldía hay que sujetarla y enfocarla bien, de lo contrario puede empujar a la desesperación, junto al bote descontrolado de barbitúricos. Un recorrido de compromiso con la vida no debiera acabar en la negación de ésta, en una ingesta precipitada de pastillas.

La rebeldía ha de buscar siempre un norte superior, una causa noble, hay que llevarla siempre a su más elevada expresión. De lo contrario su fuerza descontrolada puede resultar arrasadora. No conviene rebelarse frente a la Fuente de la Vida, es por ello que el suicidio no puede constituir un acto de encomiable protesta. Es un acto siempre a respetar, pues por encima de todo está la ley del libre albedrío, pero no es un acto a ensalzar. Cada quien hace de su vida física lo que quiere. Por delante la libertad, pero estamos aquí para intentar proporcionar más clara visión, para evitar que esos botes de mortal química se sigan vaciando, las primaveras agotando y la vida absurdamente cercenando. Estamos aquí para que la luminosa rebeldía se siga sosteniendo.

Oksana Shachko, una de las tres cofundadoras del movimiento Femen, se ha suicidado en su apartamento en París. Shachko tenía 31 años y era uno de los rostros más conocidos de la organización por haber participado en las movilizaciones desde el principio. Su cuerpo sin vida ha sido hallado el pasado 23 de Julio en su apartamento de París. Pueda la activista de origen ucraniano, encontrar la merecida paz en la que sobren la sorpresa del desnudo y el puño de la ira.

Acusaba, no sin su parte de razón, de que la religión proporciona a las mujeres una mala imagen de obediencia, pero ella pasó a engrosar la feligresía de la nada, la parroquia de la desesperanza. Afirmaban que sus senos eran sus armas, pero esas armas no se manifestaron suficientes ante su propio hastío, no se mostraron eficaces para defender lo más preciado, su propia vida física.

¿Quién se ha tragado esa vida joven, bella, prometedora? Seguramente la ignorancia, la madre de todos los males. Tristeza de primavera truncada, de rebeldía desabrida, de razón de ser que no desembarca a tiempo, por lo menos antes que la química. El suicidio no es un acto de última y postrera rebeldía. Entre otras cosas porque la rebeldía, la firmeza ante un injusto orden aún imperante no debe ceder. Está llamada a trasmitirse de generación en generación hasta que alboréen unas nuevas relaciones humanas, un orden más justo.

La causa de la Vida, siempre reclamará Vida, jamás la muerte. Ninguna revolución que se precie puede exigir el sacrificio de una primavera de 31 años. Si a algo sirve aún la revolución es precisamente a la primavera.


Elevar la fiesta

19.07.18 | 16:58. Archivado en Autor

Hacer la fiesta más segura es en primer lugar elevar la fiesta. El contexto propicia actitudes. Pretendemos dejar la fiesta donde estaba, dentro de la caja de ensordecedores ruidos, en medio del desenfreno etílico y a la vez que nadie se propase. Se puede intentar, pero no deja de ser una muy arriesgada apuesta. Es llegada la hora de considerar que el fomento por ejemplo de determinadas músicas puede representar el aliento de determinadas pasiones.

Medicina preventiva también en la cuestión de los abusos. Nuestro mundo ha de ser elevado y es así como la mujer recuperará su lugar sagrado. En poco tiempo he participado en dos inolvidables veladas, noches entrañable tratando de impedir que el sueño cerrara los párpados. Expongo los ejemplos con la sola finalidad de reforzar el argumento. Recientemente estuve en Zaragoza en una “velación”, en una ceremonia espiritual de origen mexica que duró hasta el amanecer. Todavía sigo cantando esas melodías, todavía intentando que esa noche no se desvanezca en el recuerdo. Bellas alabanzas, alarde floral, luminaria que embellecía todo el espacio cargado de sagrado copal… Hasta la mirada despistada se convertía en aquel espacio en irreverente. Hasta los ojos que no fueran puro arrobamiento, desentonaban. Una mujer no podía estar más segura y tranquila que en ese lugar y eso que era sábado y estaba casi todo oscuro y eso que eran las cuatro de la madrugada. ¿Habría un lugar de la tierra donde esas mujeres que llovían pétalos, que alimentaban la llama, que portaban el agua, que cantaban con el alma y las conchas de armadillo se sintieran más libres de todo temor….? No lo creo.

En Estella venimos de celebrar un festival de “mantrams” en el contexto del Foro Espiritual. Entre otros estupendos artistas, las mujeres de “Bhakti Sounds” ataviadas con su coloridos “sharis”, con sus voces angelicales nos sumergieron en un arrobamiento en el que nos hubiéramos anclado de por vida entera. ¿Habría una esfera más sublime a la que nos podían elevar? Allí no es que no cupiera un acto extralimitado, allí no podía entrar siquiera el más mínimo e impuro pensamiento. Tal era la atmósfera de otro mundo y por lo tanto el blindaje ante cualquier salida de tono. Era también sábado, era también oscuro, eran también las cuatro de la madrugada…

No pretendemos condenar una cultura, sino llamar a la reconsideración de su fomento por lo menos por parte de las instituciones. Esto no es un cuento de buenos y malos, de ángeles y de demonios. Esto es sólo un ejercicio de rigor que pretende demostrar mediante ejemplos qué ambiente procura cada música y qué emociones y por lo tanto actitudes alientan. Es decir, no sólo perseguir las consecuencias, sino intentar remontar al mundo de las causas. Algo tendrá que ver la fiesta desentonada, desencajada con las consecuencias desentonadas, desencajadas. No podemos cambiar el mundo a petachos. Eludiendo actitudes inquisitoriales contraproducentes, con actitudes prudentes, respetuosas y didácticas quizás habrá que empezar a cuestionar las fiestas catárticas y alocadas, si queremos que la mujer recupere el lugar que se merece, su lugar excelso y siempre, siempre escrupulosamente respetado.

La fiesta será más segura cuando ésta haga aflorar la naturaleza más elevada de nosotros/as mismos/as. Hay un rock que va acompañado de música y melodía, que invita al cuerpo a la danza creativa, al amable, libre e imparable movimiento y hay un rock que se acerca al puro ruido de metal. No alentamos un ejercicio de demonización, sino de análisis. Pocas voces relacionan el rock duro con el desatarse de nuestros más bajos instintos y sin embargo es un estudio necesario. La prevención de la violencia bien podría contemplar estas investigaciones. Es preciso explorar el daño que eventualmente pueden causar esas músicas, las regiones del más bajo astral en las que nos sumergen. Es preciso observar que con la música estamos modelando nuestro mundo, nuestras costumbres, nuestra fiesta. Será por lo tanto preciso empezar a elevar la música y con ella las celebraciones que la acompañan…

La realidad emocional engendra la física. La ciencia comienza ya a avalar que el mundo astral está estrechamente vinculado con nuestras actuaciones. Cuantos más decibelios, cuanto más se aproxima la música al ruido, cuanto más estrepitosa señal alcanza nuestros oídos, más abajo nos proyectará seguramente en la astralidad. En ese estado el humano es más fácil que se convierta en títere de rastreras y desbocadas emociones. Alumbrar nueva sociedad es alumbrar nueva fiesta, bella, armónica, creativa, donde nuestras hijas, nuestras sobrinas, nietas… canten y bailen en plena seguridad, en el pleno convencimiento de que allí todo eleva, de que en medio de la luz y la sana y amigable atmósfera, no puede penetrar la más mínima oscuridad.

Artaza 19 de Julio de 2018


Elevar la fiesta

19.07.18 | 16:57. Archivado en Autor

Hacer la fiesta más segura es en primer lugar elevar la fiesta. El contexto propicia actitudes. Pretendemos dejar la fiesta donde estaba, dentro de la caja de ensordecedores ruidos, en medio del desenfreno etílico y a la vez que nadie se propase. Se puede intentar, pero no deja de ser una muy arriesgada apuesta. Es llegada la hora de considerar que el fomento por ejemplo de determinadas músicas puede representar el aliento de determinadas pasiones.

Medicina preventiva también en la cuestión de los abusos. Nuestro mundo ha de ser elevado y es así como la mujer recuperará su lugar sagrado. En poco tiempo he participado en dos inolvidables veladas, noches entrañable tratando de impedir que el sueño cerrara los párpados. Expongo los ejemplos con la sola finalidad de reforzar el argumento. Recientemente estuve en Zaragoza en una “velación”, en una ceremonia espiritual de origen mexica que duró hasta el amanecer. Todavía sigo cantando esas melodías, todavía intentando que esa noche no se desvanezca en el recuerdo. Bellas alabanzas, alarde floral, luminaria que embellecía todo el espacio cargado de sagrado copal… Hasta la mirada despistada se convertía en aquel espacio en irreverente. Hasta los ojos que no fueran puro arrobamiento, desentonaban. Una mujer no podía estar más segura y tranquila que en ese lugar y eso que era sábado y estaba casi todo oscuro y eso que eran las cuatro de la madrugada. ¿Habría un lugar de la tierra donde esas mujeres que llovían pétalos, que alimentaban la llama, que portaban el agua, que cantaban con el alma y las conchas de armadillo se sintieran más libres de todo temor….? No lo creo.

En Estella venimos de celebrar un festival de “mantrams” en el contexto del Foro Espiritual. Entre otros estupendos artistas, las mujeres de “Bhakti Sounds” ataviadas con su coloridos “sharis”, con sus voces angelicales nos sumergieron en un arrobamiento en el que nos hubiéramos anclado de por vida entera. ¿Habría una esfera más sublime a la que nos podían elevar? Allí no es que no cupiera un acto extralimitado, allí no podía entrar siquiera el más mínimo e impuro pensamiento. Tal era la atmósfera de otro mundo y por lo tanto el blindaje ante cualquier salida de tono. Era también sábado, era también oscuro, eran también las cuatro de la madrugada…

No pretendemos condenar una cultura, sino llamar a la reconsideración de su fomento por lo menos por parte de las instituciones. Esto no es un cuento de buenos y malos, de ángeles y de demonios. Esto es sólo un ejercicio de rigor que pretende demostrar mediante ejemplos qué ambiente procura cada música y qué emociones y por lo tanto actitudes alientan. Es decir, no sólo perseguir las consecuencias, sino intentar remontar al mundo de las causas. Algo tendrá que ver la fiesta desentonada, desencajada con las consecuencias desentonadas, desencajadas. No podemos cambiar el mundo a petachos. Eludiendo actitudes inquisitoriales contraproducentes, con actitudes prudentes, respetuosas y didácticas quizás habrá que empezar a cuestionar las fiestas catárticas y alocadas, si queremos que la mujer recupere el lugar que se merece, su lugar excelso y siempre, siempre escrupulosamente respetado.

La fiesta será más segura cuando ésta haga aflorar la naturaleza más elevada de nosotros/as mismos/as. Hay un rock que va acompañado de música y melodía, que invita al cuerpo a la danza creativa, al amable, libre e imparable movimiento y hay un rock que se acerca al puro ruido de metal. No alentamos un ejercicio de demonización, sino de análisis. Pocas voces relacionan el rock duro con el desatarse de nuestros más bajos instintos y sin embargo es un estudio necesario. La prevención de la violencia bien podría contemplar estas investigaciones. Es preciso explorar el daño que eventualmente pueden causar esas músicas, las regiones del más bajo astral en las que nos sumergen. Es preciso observar que con la música estamos modelando nuestro mundo, nuestras costumbres, nuestra fiesta. Será por lo tanto preciso empezar a elevar la música y con ella las celebraciones que la acompañan…

La realidad emocional engendra la física. La ciencia comienza ya a avalar que el mundo astral está estrechamente vinculado con nuestras actuaciones. Cuantos más decibelios, cuanto más se aproxima la música al ruido, cuanto más estrepitosa señal alcanza nuestros oídos, más abajo nos proyectará seguramente en la astralidad. En ese estado el humano es más fácil que se convierta en títere de rastreras y desbocadas emociones. Alumbrar nueva sociedad es alumbrar nueva fiesta, bella, armónica, creativa, donde nuestras hijas, nuestras sobrinas, nietas… canten y bailen en plena seguridad, en el pleno convencimiento de que allí todo eleva, de que en medio de la luz y la sana y amigable atmósfera, no puede penetrar la más mínima oscuridad.

Artaza 19 de Julio de 2018


Derrochar amabilidad

17.07.18 | 19:06. Archivado en Autor

La amabilidad que nosotros derrochemos a nuestro alrededor es la que después nos volverá. La justicia con la que nos empleemos con los demás, es la justicia y equidad que después disfrutaremos. Cuando gocemos de un mínimo de poder en un marco ya laboral, ya asociativo, ya de ocio…, ya de cualquier orden, deberemos cuidarnos muy mucho de abusar de él.

Con una pizca de poder a menudo el humano tiende a subirse por las nubes. Podemos entonces pensar, ¿qué haría ese humano si tuviera más poder, si amplias porciones de humanidad se encontraran bajo su dominio, siquiera en algún limitado ámbito? La Vida nos tratará como nosotros tratemos a nuestros semejantes. Es Ley insoslayable. Demasiado a menudo el humano olvida que no sólo rinde cuentas ante los tribunales de la tierra. Detentar un poder, ya sea a una escala pequeña, ya a una mayor, es una prueba evidente para quien aspira a avanzar por el Sendero.

La tentación del abuso estará siempre presente para quien ignora la ley. Sin embargo más presente aún debería estar el convencimiento de que todo da la vuelta. Si nosotros hemos vejado, seremos vejados, si hemos acusado falta de amabilidad, viviremos esa falta de tacto en nuestra propia carne. Si el humano tuviera conciencia de la ley de karma se libraría mucho de ejercer cualquier abuso de poder.

Deberemos por lo tanto en todo momento ser justos, ser amables. Lo ideal es porque así brote de nuestro corazón, pero en su defecto que sea por lo menos porque conocemos la Ley y no deseamos sufrir sus consecuencias ineludibles.

He estado trabajando unos días para otros. La experiencia me ha servido para poner si cabe más escrupulosa atención cuando me toca a mí dirigir un equipo. Será ya dentro de muy pocos días (www.pirinea.org). Pueda encontrar los gestos, las miradas, las palabras amables en medio de un trajín largo y agotador. En ningún instante el poder me tiente para mal utilizarlo. Pueda servir con humildad, tacto y acierto desde él. Ruego por ello…


Martes, 25 de septiembre

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