Tierra liberada

Justicia sin ensañamiento

23.06.18 | 15:31. Archivado en Autor

En el mismo clamor de demanda de justicia es muy fácil que se cuele la personalidad inferior y su inyección de rencor. Por eso estamos aquí, en la Tierra, para aligerar de sentimiento negativo nuestros más nobles sentimientos y postulados. El anhelo de justicia es patrimonio del alma, el de revancha de nuestro yo inferior. La raya que puede separar la invocación a la justicia con el ensañamiento, en menor o mayor grado, es muy tenue, a menudo imperceptible. Podemos observarnos en nuestra propia geografía interna y constatar lo fácil que es sobrepasar, a menudo de forma inconsciente, ese anhelo de ponderada justicia, lo difícil que resulta desnudarla de emocionalidad negativa.

En términos de psicología transpersonal el desafío es evidente: instalarnos en una mente superior clara y neutral dominada por el alma y no influida por la astralidad inferior de nuestro cuerpo emocional. Esa emocionalidad sin embargo invade demasiado a menudo por dentro y por lo tanto también por fuera, la vida pública y política.

Me preocupa el ensañamiento con el adversario que tristemente aflora estos días en nuestra geografía en tantos entornos políticos y sociales, en tantos estamentos. Me preocupa por ejemplo la falta de humanidad de quienes se oponen a que los presos políticos catalanes se puedan acercar a las prisiones catalanas para estar más cerca de los suyos.

Me preocupa la sentencia de claros tintes de venganza para con los jóvenes de Altsasu, que si bien se propasaron en una noche de fiestas, tampoco merecen los años de prisión que les han caído. Me preocupa el ensañamiento con los presos de ETA, que llevan años en el otro extremo de España a mil kilómetros de sus familiares.

Ante la barbarie de uno y otro color nunca deberemos dar cabida al ensañamiento. Al otro lado, me preocupa también las manifestaciones de odio y de venganza que persiguen a los jóvenes de la Manada. Se puede cuestionar por supuesto una sentencia, pero esa crítica no debiera ir acompañada de sogas al cuello en nuestras plazas, ni de linchamiento verbal. La sorpresa puede ir acompañada de sana y más que comprensible indignación, pero no de afán de revancha. Lo que hicieron fue execrable, pero son seres humanos, pese a todo con alma y susceptibles por lo tanto de ser recuperados.

Toca emerger de este marasmo de emociones tan encontradas, afirmar la realeza y autoridad del alma compasiva que a todos/as sin exclusión nos habita. El veneno del rencor es veneno no importe el color con el que se le pinte, no importa el discurso que le acompañe. La inquina no importa la etiquete política que la envuelva, ha de ser superada, primero en nuestro interior, después en las calles y en la vida pública. Nos jugamos mucho en ese vital desafío.


Arrepentimiento

22.06.18 | 19:43. Archivado en Autor

Nuestras letras han de estar dictadas por el alma, no moverse al albur de lo socialmente conveniente. Quiero afirmar también mi libertad para opinar sobre este tema que invade redes y medios. Creo que lo importante no es tanto la cerradura de fuera, la llave de la prisión, sino lo importante y fundamental es la cerradura de adentro, el cambio de la conciencia. Nuestra razón de ser en la Tierra no es penar, es la evolución de esa conciencia.

Más claramente, ¿hay arrepentimiento en alguno de los cinco miembros de la Manada? ¿Alguno de esos cinco jóvenes que cometieron esa barbaridad está auténticamente arrepentido de lo que hizo? En caso positivo, no tienen sentido esas rejas; en caso de que no muestren esa contricción, no merecerían la libertad. Tendrían pendiente una imprescindible rehabilitación, un recorrido interno. En ese caso habría además otras jóvenes que con su libertad correrían peligro. Los psicólogos, los profesionales de prisiones están también para ello, es decir para detectar la sinceridad o no de ese eventual arrepentimiento.

Lo que hizo ese grupo de jóvenes en aquel portal hace ya dos San Fermines es execrable, pero quiero llamar también la atención sobre los preocupantes mensajes de odio y de venganza que se prodigan estos días por las calles, los medios y las redes. Hemos clamado por la libertad de los jóvenes de Altsasu, hemos clamado por la libertad de los presos políticos catalanes, unos y otros tan injustamente aún encarcelados, abogaremos por la libertad de alguno de los miembros de la Manada si muestran real, profundo y constatado arrepentimiento.

El debate por lo tanto creo que no se debe centrar en cárcel sí o cárcel no, sino en arrepentimiento y deseo de enmienda sí o no. La cárcel ha de servir para rehabilitar, más que para purgar. De lo contrario corremos el riesgo de abrazar una severidad desprovista de la compasión, a la que incluso en estos casos, también nos debemos.


Arrepentimiento

22.06.18 | 13:52. Archivado en Autor

Nuestras letras han de estar dictadas por el alma, no moverse al albur de lo socialmente conveniente. Quiero afirmar también mi libertad para opinar sobre este tema que invade redes y medios. Creo que lo importante no es tanto la cerradura de fuera, la llave de la prisión, sino lo importante y fundamental es la cerradura de adentro, el cambio de la conciencia. Nuestra razón de ser en la Tierra no es penar, es la evolución de esa conciencia.

Más claramente, ¿hay arrepentimiento en alguno de los cinco miembros de la Manada? ¿Alguno de esos cinco jóvenes que cometieron esa barbaridad está auténticamente arrepentido de lo que hizo? En caso positivo, no tienen sentido esas rejas; en caso de que no muestren esa contricción, no merecerían la libertad. Tendrían pendiente una imprescindible rehabilitación, un recorrido interno. En ese caso habría además otras jóvenes que con su libertad correrían peligro. Los psicólogos, los profesionales de prisiones están también para ello, es decir para detectar la sinceridad o no de ese eventual arrepentimiento.

Hemos clamado por la libertad de los jóvenes de Altsasu, hemos clamado por la libertad de los presos políticos catalanes, unos y otros tan injustamente aún encarcelados, abogaremos por la libertad de alguno de los miembros de la Manada si muestran real, profundo y constatado arrepentimiento.

El debate por lo tanto creo que no se debe centrar en cárcel sí o cárcel no, sino en arrepentimiento y deseo de enmienda sí o no. La cárcel ha de servir para rehabilitar, más que para purgar. De lo contrario corremos el riesgo de abrazar una severidad desprovista de la compasión, a la que incluso en estos casos, también nos debemos.


Arrepentimiento

22.06.18 | 13:52. Archivado en Autor

Nuestras letras han de estar dictadas por el alma, no moverse al álbur de lo socialmente conveniente. Quiero afirmar también mi libertad para opinar sobre este tema que invade redes y medios. Creo que lo importante no es tanto la cerradura de fuera, la llave de la prisión, sino lo importante y fundamental es la cerradura de adentro, el cambio de la conciencia. Nuestra razón de ser en la Tierra no es penar, es la evolución de esa conciencia.

Más claramente, ¿hay arrepentimiento en alguno de los cinco miembros de la Manada? ¿Alguno de esos cinco jóvenes que cometieron esa barbaridad está auténticamente arrepentido de lo que hizo? En caso positivo no tienen sentido esas rejas, en caso de que no muestren esa contricción no merecerían la libertad. Tendrían pendiente una imprescindible rehabilitación, un recorrido interno. En ese caso habría además otras jóvenes que con su libertad correrían peligro. Los psicólogos, los profesionales de prisiones están también para ello, es decir para detectar la sinceridad o no de ese eventual arrepentimiento.

Hemos clamado por la libertad de los jóvenes de Altsasu, hemos clamado por la libertad de los presos políticos catalanes, unos y otros tan injustamente aún encarcelados, abogaremos por la libertad de alguno de los miembros de la Manada si muestran real, profundo y constatado arrepentimiento.

El debate por lo tanto creo que no se debe centrar en cárcel sí o cárcel no, sino en arrepentimiento y deseo de enmienda sí o no. La cárcel ha de servir para rehabilitar, más que para purgar. De lo contrario corremos el riesgo de abrazar una severidad desprovista de la compasión, a la que incluso en estos casos, también nos debemos.


Otro césped

16.06.18 | 10:44. Archivado en Autor

El mundo enmudece y millones de ojos se ponen a correr tras el balón en disputa. Libramos muchos trascendentales partidos, pero toda la atención la acaparan los estadios rusos. Las cámaras no siempre apuntan al césped más urgido.

Intenté glosar ese balón que reúne a las naciones, pero el entusiasmo en favor de la cita planetaria no terminaba de brotar. Me faltó fuerza para izar palabras en favor de la reunión en Moscú de tantas y coloridas camisetas.

La luz se extrae de todas partes. Cualquier excusa nos sirve para anunciar esperanza, pero esa pelota mareada, puede acabar mareándonos a todos. La unión tampoco es a cualquier precio, al precio de sumergirnos en esa mátrix del cuidado césped que nos rodea y nunca se acaba.

Es importante el fomento de la hermandad humana, pero no lo es menos la invitación al despertar a la verdadera vida, a la vida más allá de las hipnosis más esféricas. A todos nos nubla alguna hipnosis, pero la que ahora nos ocupa es auspiciada, subvencionada, televisada hasta una hastiante saciedad.

Goleemos otras porterías, organicemos otras "peñas". Nos enamoren otras esferas. Con todos los respetos, no sintonizaremos con Moscú. Ojalá allí se sellen amistades, vínculos, alianzas que superen las fronteras, pero nos cuesta apoyar un fútbol que con tanta eficacia y esmero lava dictaduras. La mátrix que ahora tutela Putin no nos cautiva. Mejor buscar otra césped donde reunirnos. Mejor otra plaza para los pueblos y las naciones por fin unidas. 


Ficción de deporte y cerveza a granel, cuando la realidad permita juego, cuando la penuria sea derrotada. Aplaudamos con fervor goleada en otras redes. Queremos balones en la portería de la pobreza y la injusticia. Vitoreemos un gol bien encajado al hambre y la miseria en el mundo. Disputemos la final al analfabetismo y las epidemias, al armamentismo y la contaminación.

Ceda la amnesia que encierra todo el interés en una engañosa esfera. Otros mundiales de mayor envergadura nos aguardan. No vayamos a olvidar las auténticas lides. Hay camisetas para todos. Sudemos batallas verdaderas, penaltys que harán historia. Saltemos juntos a la causa común planetaria, al campo ineludible, mañana puede ser demasiado tarde.

Artaza 16 de Junio de 2018



Gratuidad

06.06.18 | 18:48. Archivado en Autor

Hay palabras cuya resonancia nunca se agota, se renueva cada mañana. Gratuidad de la sonrisa, de la palabra amable, del abrazo… Gratuidad del gesto cariñoso, tierno, compasivo…. Gratuidad también de la palabra que ponemos en nuestros labios, del pan que ponemos sobre la mesa, del calor que ponemos en cuanto amamos… Gratuidad de la alegría y el gozo que ofrecemos al iluminarse cada mañana. Gratuidad de la letra, del canto, del verso que regalamos al inaugurarse cada noche. Pronto también la gratuidad de nuestro trabajo, de nuestro servicio, de nuestra contribución a la comunidad a lo largo del día.

Soplemos una gentileza, una belleza que no coticen en ningún parqué extraño. La historia humana no comienza a rodar con la vil moneda. Vivimos mucho tiempo de felicidad sin su claudicante tintineo ¿Y si la Tierra Pura empezará en la sencilla gratuidad? ¿Observa el sol la renta de sus rayos, o la lluvia los réditos de su agua bendita? ¿Es que la Madre Naturaleza nos remite carta a fin de mes con detallada factura de todo lo que nos ha regalado…?

Gratuidad, hay palabras clave que condensan tratados, palabras simiente capaces de abrir las más inmensas puertas. Vamos a acercarnos más y más a la gratuidad, vamos a vivir más y más como hermanos. Los hermanos no se cobran los detalles, los favores, los trabajos. Vamos a intentar vivir cada día más en el servicio desinteresado, altruista que no vela por la vuelta, la recompensa o el pago.


Grandes teclas

05.06.18 | 13:38. Archivado en Autor

No le hables de washaps. Con su teléfono de grandes teclas no necesita nuevas tecnologías. Ella se sirve de su hilo para mantener cuanto puede unido, familia, amistades, relaciones… No sabe de nueva era, pero ella reporta, abraza, consuela puntual cada mañana. El ritual diario le demanda un banco y ninguna prisa. La lista de agraciados tiene su orden escrupuloso. Todos aprecian su sencilla ternura cuando les llega el turno. Una voz sola aún despistada y gastada, aún desmemoriada es capaz de horadar distancias y tiempo. Unida a ese hilo de cobre es aún más poderosa.

Le digo una cosa y me habla de otra. Las palabras van cediendo, se van volviendo inútiles, ¿pero qué es lo que ocurre que cuanto más se gasta y caduca el verbo, más se unen las almas? ¿Qué tiene la ancianidad que se nos hace tan cariñosa, tan grata e imprescindible al oído de dentro?

Soplo sobre su voz menguada, sobre su aliento. No sé qué ocurrirá cuando deje de correr la lista, cuando calle esa voz ya quebrada al otro lado del teléfono. Las voces queridas se vuelven débiles para aprender a despedirlas, para ejercitar una unión que trascienda toda cobertura. Levantaré a mis cielos algún satélite poderoso, para cuando ella no pulse ya las grandes teclas y se corte el hilo de cobre, para cuando no suene su cálida llamada, para cuando se levante del banco y emprenda alto, merecido vuelo…


Grandes teclas

05.06.18 | 13:37. Archivado en Autor

No le hables de washaps. Con su teléfono de grandes teclas no necesita nuevas tecnologías. Ella se sirve de su hilo para mantener cuanto puede unido, familia, amistades, relaciones… No sabe de nueva era, pero ella reporta, abraza, consuela puntual cada mañana. El ritual diario le demanda un banco y ninguna prisa. La lista de agraciados tiene su orden escrupuloso. Todos aprecian su sencilla ternura cuando les llega el turno. Una voz sola aún despistada y gastada, aún desmemoriada es capaz de horadar distancias y tiempo. Unida a ese hilo de cobre es aún más poderosa.

Le digo una cosa y me habla de otra. Las palabras van cediendo, se van volviendo inútiles, ¿pero qué es lo que ocurre que cuanto más se gasta y caduca el verbo, más se unen las almas? ¿Qué tiene la ancianidad que se nos hace tan cariñosa, tan grata e imprescindible al oído de dentro?

Soplo sobre su voz menguada, sobre su aliento. No sé qué ocurrirá cuando deje de correr la lista, cuando calle esa voz ya quebrada al otro lado del teléfono. Las voces queridas se vuelven débiles para aprender a despedirlas, para ejercitar una unión que trascienda toda cobertura. Levantaré a mis cielos algún satélite poderoso, para cuando ella no pulse ya las grandes teclas y se corte el hilo de cobre, para cuando no suene su cálida llamada, para cuando se levante del banco y emprenda alto, merecido vuelo…


Sábado, 22 de septiembre

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