Tierra liberada

¿"Minfulness"?

25.05.18 | 10:15. Archivado en Autor

¿Sería eso algo del popular "Minfulness"? ¿Ese anhelo de no estar ni adelante, ni atrás, ni en el futuro, ni en el pasado, sino en el puro, inmenso y embriagador instante, tendrá que ver con esa suerte de difundida meditación en acción? ¿El mágico bosque gallego me habrá ahorrado algún costoso curso de fin de semana? No, seguramente la pureza de mi silencio no alcanza para la titulación, pero en medio del singular bosque lucense, a la vera del río siempre cantarín, me llenó el instante único, hondo, feliz.

Si te proyectas en el mañana o el ayer, el presente se te va sin darte cuenta y no volverás a la oportunidad de ese instante sagrado, de ese momento particular y toda la carga de liberación que encarna. El intenso verano que aguarda, los pensamientos sobre el futuro, se esforzaban en callar la cercana y entrañable melodía del río, de sacarme del momento privilegiado. Remontando poco a poco el curso juguetón del agua, paso a paso, lograba anclarme dentro.

¿Conseguir que nada perturbe esa oración sin palabra, sin principio, ni final, lograr permanecer ahí estrechamente unido a la naturaleza primigenia, a la creación tan amablemente envolvente en compañía de Quien ni siquiera bosteza..., será algo de la famosa práctica de origen budista? ¿Será "Mindfulness" algo de ese agradecimiento desbordado, de ese gozo de sentirte uno, de identificarte con cuanto te rodea? ¿Será algo de ese placer íntimo que invita a que todo crezca, se desarrolle y evolucione, que sugiere que todo cante, que todos cantemos y alabemos…?

Hace bien poco, nadie había creado "Mindfulness", menos aún su costosa graduación y sin embargo los bosques gallegos no son de ayer, nos fascinan desde antiguo. El éxtasis viene de muy atrás, de cuando empezaron a manar esos ríos que siempre ríen, de cuando empezó a verdear esa naturaleza que siempre nos enmudece.

Vicente Beltrán Anglada hablaba de “serena expectación”. Los místicos de todos los tiempos hicieron bien en no bautizar el instante que no tiene nombre… Hoy siento también que podría ser un resetear fulminante, un borrón y cuenta nueva. El río nos ayuda a todo barrer, a todo borrar. Nos invita a todos perdonar y a dejarnos perdonar y así alcanzar, siquiera por un momento, por fin la única, indescriptible, insondable e irrepetible paz.


Se encuentren, no se maten

15.05.18 | 22:56. Archivado en Autor

¿Conocerá ese desierto algún día la primavera? ¿Cuánta sangre manará hoy? ¿Cuántos cuerpos caerán este martes doblados sobre esa tierra ardiente y disputada? ¿Conocerán las nuevas generaciones de uno y otro bando, un respiro, un oasis de paz? ¿Cuál habrá de ser el tamaño del dolor para que los humanos se encuentren y no se maten?

No más ruedas a las casas… ¿Para qué mover los edificios? ¿Qué más dará una embajada en un lugar u otro? Todos los lugares son sagrados, sobre todo si son compartidos, si sirven para el encuentro y no para la disputa. Cincuenta y ocho muertos sólo en el día de ayer es un caro precio para el último capricho de ese megalómano rubio que se considera tan poderoso…

¿Qué importa dónde ondea una bandera, qué vientos de abrasador desierto la marean? ¿Qué más da dónde duermen los edificios? Lo que importa es dónde y cómo viven los vivos. Cómo acaban con sus odios ancestrales, cómo comienzan a caminar unidos, cómo inauguran, de una vez por todas, un nuevo y anhelado tiempo de paz en esa Tierra tantas veces santa y bendita …


"LÍO"

12.05.18 | 19:26. Archivado en Autor

Dicen buenas lenguas que Arriba todo era paz y armonía, que vinimos a la Tierra porque aquí había "lío" y lo buscábamos, lo necesitábamos; porque en mitad de los "líos" se forjaría nuestro altruismo, nuestra capacidad de ser cada vez más con el otro, sobre todo con el diferente.

Tiene razón Inés Arrimadas. Sí, es cierto que con Quim Torra viene “más lío”, pero los “líos” no se tapan, no se esconden. Los “líos” nos hacen crecer, si estamos dispuestos a afrontarlos con generosidad y amplitud de miras; si estamos en condiciones de ser un poco menos nosotros, de anclarnos menos en nuestra subjetividad y empatizar con el otro. Los "líos" se encaran, se resuelven, no se apartan. Los “líos” nos invitan a echar un guiño, a comprender un poco más al adversario, a dialogar con él, a hacer concesiones y llegar a acuerdos. Nos emplazan a desprendernos y sacrificar algo nuestro. La renuncia es consustancial al proceso de maduración.
El "lío" nos mide, nos gradúa y seguramente estábamos aquí para ello. Los “líos” pueden ser positivos, a la postre emancipadores, si son conducidos de forma racional, amable, civilizada. Son los "líos" los que posibilitan nuestra evolución, si no permitimos que se perpetúen y cristalicen, si no descalificamos y perseguimos al contrario.

Cerrados en nuestros sentimientos y convicciones, blindados ante el diferente y la posibilidad que nos brinda de renovarnos, clavados donde siempre hemos estado, nunca habrá recorrido. Una sociedad no puede colectivamente progresar, si no resuelve pacífica y dialogadamente los conflictos que le salen al paso. Tarde o temprano, habrá de afrontar esos retos insoslayables. Huir del "lío" es hacerlo del desafío que trajimos al tomar carne en este gran gimnasio de constantes pruebas que representa la vida compartida.

Logramos alcanzar unidad en diversidad cuando superamos los conflictos, no cuando los sorteamos. Los "líos" nos empujan a crecer, si logramos ponernos en el lugar del otro, si intentamos ver su razón, su argumentario, si nos posibilitan desprendernos de nuestros aspectos más polarizados y extremos. Los "líos" serán siempre bienvenidos, si nos permiten movernos de nuestra posición habitual, si nos ayudan en definitiva a ceder, consensuar, llegar a un centro ponderado y allí por fin poder hermanarnos.

Artaza 14 de Mayo de 2018
www.koldoaldai.org


¿Mayo apagado?

11.05.18 | 11:51. Archivado en Autor

Los años han ido cambiando la forma de ver aquel Mayo del 68 y sus flores y su revolución que en un momento lo fue todo. La distancia, que se ha acrecentado con respecto a aquella primavera de nuestros sueños, no implica apatía, desengaño. Creíamos en aquella revuelta, suspiramos por ella. Hubiéramos dado tanto por estar en las escalinatas de aquella Sorbona, por haber caminado aquel París convulso, inundado de estudiantes de puño en alto. Ahora mucho ha cambiado y sin embargo no quiere decir que se apago el anhelo de cambiar este mundo injusto. A fuerza de clamar imposibles, no logramos cambiar la realidad. Hubo que modular esos reclamos.

Alejarse de la barricada no significa necesariamente hacerlo de la utopía. La distancia, que ha ido creciendo con respecto a aquel Mayo, no invita necesariamente a una adhesión al actual sistema. Margen con respecto a los primeros antisistema, no implica ser uno con lo que hoy impera. Más allá de ese paisaje de cascotes se ha abierto, a lo largo de las últimas décadas, una prometedora geografía en la que han comenzado a florecer cada vez más viables y sólidas alternativas. Lo que principalmente significa a la alternativa verde y solidaria a la que estamos entregados, es que no viene a confrontar, viene sencillamente a ofrecer. Está germinando una alternativa de futuro, cuya fuerza no arranca de un desquite, de un rencor, sino de una esperanza e ilusión cada vez más anchas y compartidas.

Aquellos jóvenes, que por momentos pareció que tumbaban el viejo orden, no concibieron repuesto. En las tertulias planificaron cómo derribar lo instituido, pero olvidaron interrogar al futuro. El café en la nutrida terraza parisina no se estiró para tanto. Ahora no hubiéramos arrojado esas piedras, no hubiéramos dado fuego a esos cócteles, pero tampoco habríamos caminado detrás de un De Gaule en aquella marcha histórica que pretendió sellar la revuelta y reinstaurar el "orden amenazado".

Afinamos un poco más mirada y análisis. No todo el pasado es preciso volcarlo en la papelera. Observamos con más precisión lo que sirve y lo que no. Lo que es preciso dejar atrás, no lo combatimos; lo abrazamos y lo despedimos. Si hay un Mayo que se apaga, hay otro que despierta. Los sueños caminan ahora más despacio, también más seguro. Los sueños de hoy no provocan el orden, lo invitan a cambiar y a adaptarse.

Inocencia no es lo mismo que ingenuidad, ¿los retratos de Mao o de Lenin ameritan en verdad las pulcras paredes del presente? Los muertos que dejaron a sus espaldas los “líderes revolucionarios”, caminarían seguramente por las avenidas de hoy más anchas y curtidas, más tolerantes y esperanzadas. La poesía sigue donde la dejamos, en la misma punta de los labios ahora más ajados, en los mismos muros de viejo y provocador adoquín, sólo que ahora propone una primavera más bonancible con menos huracanes y tormentas.

¿Nos habremos aburguesado…? No hay flamantes coches a las puertas de nuestras casas sencillas. Ahora tenemos puesta más la confianza en esa huerta de al lado que cultivamos con cariño y paciencia, en esa electricidad que pedimos al sol desde unas placas, en esa cooperativa de productos naturales que tenemos en la aldea…, que en los gritos que podemos lanzar al cielo si bajamos al asfalto.

No marchitaron las flores de aquel Mayo, dejaron caer semillas que comienzan a germinar en este tiempo mas propicio. La garganta ya no reclama estridencias, quiere descanso, susurro, pero tampoco absoluto silencio. Los ideales nos mantienen despiertos, sólo que ahora buscamos aquellos que nunca caducan. La nostalgia felizmente no nos sacude, porque el futuro se presenta incluso más sugestivo y alentador que las parisinas primaveras de hace ahora medio siglo.

Artaza 11 de Mayo de 2018


Baño de humildad

06.05.18 | 22:21. Archivado en Autor

Tuvimos que ponernos en marcha en búsqueda de aquello que se ajustaba más a los nuevos tiempos y a la demanda actual de nuestras almas, pero librémonos de cualquier peligroso orgullo espiritual, de cualquier tentación de rechazo. Echaré en falta a ese sacerdote anciano que en cada misa dominical se entrega en cuerpo y alma a su fiel parroquia.

Nuestra espiritualidad sin nombre y más universal de hoy es heredera de cuanto acontece bajo esas altas y grandes cúpulas. Los nuevos sistemas de creencias no podrán confrontar con los que van cediendo. No procede rechazar al pasado. Al salir en pos de lo que nos aguarda por ser, al alumbrar por ejemplo la nueva ceremonia más circular, más horizontal e inclusiva, hemos de integrar también lo que hemos sido, lo que hemos sostenido y fortalecido. Deberemos ser siempre agradecidos.

Un día faltará físicamente ella y yo no volveré más a esa iglesia, a esas misas solemnes. Entonces echaré en falta esa procesión de bastones dirigiéndose reverentes al altar, entonces echaré en falta sentirme rodeado de tanta buena y piadosa gente de edad. Recordaré cuando volteaba para atrás y me encontraba siempre con una redonda y plena sonrisa al extender la mano para dar la paz. Recordaré esos cantos cristianos a pleno pulmón retumbando en las recios muros ignacianos...

La edad va restando flexibilidad mental y por lo tanto potencial para asimilar e integrar lo nuevo. No importa en qué presente, en qué coordenada supuestamente adelantada nos encontremos ahora, siempre agradecidos con el pasado y con quienes lo encarnaron y desean seguir encarnándolo ahora. La misa es un baño de humildad que no irrita la piel del alma.


Una nueva era

03.05.18 | 17:36. Archivado en Autor

Sólo recordar a quienes no pudieron gozar de este amanecer anhelado. Por quienes nunca lo vieron con su ojos de carne. Honramos en esta hora grande a las generaciones del pasado, a nuestros padres, abuelos…, que no conocieron la paz y que tanto suspiraron por ella. Honramos su legado cargado de anhelos.

Honramos a las generaciones del mañana que sobre esta tierra de paz, harán un futuro de sana convivencia, solidaridad y de hermandad; para que nunca tengan que contemplar de nuevo al humano matando al humano, para que se persuadan de que el más alto ideal no merece un solo aliento segado. Sobre todo por quienes, ya de uno u otro signo, aún guardan hierro en sus "zulos" de adentro, para que más pronto que pronto se liberen de la carga del rencor y así nos permitan dar el último paso hacia la total normalización en la sociedad vasca.
ETA se acaba. Salimos de un túnel de violencia que viene de muy atrás. Miraremos al pasado para aprender de él. No nos entretendremos más de lo debido en los charcos de sangre y dolor del reciente ayer, sobre todo pensamos en las calles, plazas y avenidas del futuro despejadas para siempre de esos charcos. Se abre una nueva era, un amanecer que seguramente nunca habíamos conocido.

ETA nunca debió haber existido, tal como ha afirmado el lehendakari. Ello no implica necesariamente tiempo perdido. ETA nunca debió haber irrumpido, desembarcado en nuestras vidas, pero llegó, mató y desapareció y desapareciendo nos dejó bien alto colocado el listón del perdón y la reconciliación. Tienen razón los autores de su triste epílogo al afirmar que la organización surgió de nuestro pueblo. Restaba apostillar que emergió de la parte de su alma más atávica, visceral, intransigente. Ahora que ETA se “disuelve en el pueblo” estamos también en mejores condiciones para comenzar a sanar esa parte sombría de nuestra propia alma.

Casi sesenta años de ETA nos han vacunado no sólo frente a la violencia, sino igualmente frente a todo tipo de fanatismos y totalitarismo. El sufrimiento que colectivamente hemos padecido ha obrado también como factor de evolución grupal. Los valores de perdón y reconciliación que significan a una sociedad madura han comenzado a calar hondo en nuestra psicología colectiva. La violencia nos ha sacudido, pero el proceso de crecimiento como pueblo que está posibilitando el final de ella, es también buena noticia en la que será necesario reparar. Algo ha granado en lo profundo de muchos corazones que se han sobrepuesto a la mecánica del odio, que han desbaratado su ancestral inercia. Hasta el sufrimiento bárbaro e injusto puede a veces traer su insospechada y escondida enseñanza.

La memoria hila despacio, pero fino. La verdadera memoria terminará colocando a cada quien en su debido lugar. El perdón de los otrora violentos se irá poco a poco ensanchando, alcanzará como no podía ser de otra forma, también a los a los magistrados, políticos y uniformados, a los ertzainas, guardias civiles, policías y militares muertos. El dolor de tantas víctimas traerá su debida recompensa en forma de paz y armonía definitivas. Todos muevan hoy su correspondiente ficha. Todos cumplan con su cometido en esta hora decisiva. Las cárceles se acerquen a casa, el rencor no rija ya la política penitenciaria.

Ese trueno nunca debió haberse desatado. Ese caja de dolor nunca se debió haber abierto. Ese metal nunca nadie debió asirlo. Esa noche no debimos haber transitado…, pero bendecimos la primavera que ya nos ha alcanzado. Sin olvidar a quienes cayeron, la injusticia de tanto dolor sembrado en aras de un supuesto ideal, es hora de mirar al futuro y hacerlo cargados/as de fuerza e ilusión, es hora de avanzar sobre el mañana colmados de esperanza y de fe. Enterrado para siempre ese hacha y su lacerante pasado, vamos a escribir ya otra historia. Vamos a despejar el futuro para siempre de goma dos y de plomo. Vamos a inundar el mañana de luz, amor y vida.


Miércoles, 14 de noviembre

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