Tierra liberada

Historia echada a andar

29.04.18 | 23:50. Archivado en Autor


La historia, en su inherente vocación de ir hacia adelante, va buscando por doquier aquello que la empuje. La barbarie y sus manadas inconscientemente la impulsan. Un dilatado pasado de impunidad, una salvaje e indigna tradición de abuso del hombre sobre la mujer va felizmente llegando a su fin, se ha tropezado hoy, en España y en muchas partes del mundo, con un pétreo muro de ciudadanas y ciudadanos firmes en su imperioso “¡basta!”.


Tarde, pero amanece. Las buenas noticias vuelven a esconderse entre los titulares y su actualidad agitada. Un patriarcalismo agresivo ha quedado felizmente herido de muerte. El futuro nos va alcanzando, no sin sus cuotas de dolor en tristes portales y segundos y sórdidos pisos. Las olas de indignación, son olas de imprescindible evolución, pero sería también positivo que los interrogantes se prodigaran y no se limitaran a unos magistrados. ¿Y si ahondáramos también en causas más profundas? ¿Y si cuestionáramos los sanfermines del alcohol y el desmadre? ¿Y si pusiéramos el interrogante a la fiesta catártica, a la sociedad desnortada, hastiada que nos conduce a ella? ¿Y si esta ola de indignación que recorre todos los rincones de nuestra geografía comenzara a cuestionar además un hedonismo imperante que banaliza las relaciones sexuales, que se libra muy mucho de vincular sexualidad con imprescindible amor?


Quisiera whashaps en mi móvil que no únicamente cuestionaran a unos jueces. Los interrogantes se prodigan, son positivos y necesarios, nos hacen ir hacia adelante. ¿Y si pusiéramos también el interrogante sobre una sociedad materialista que va buscando el placer en cualquier lugar, por cualquier motivo y a toda costa…? Sería una pena que la interpelación se ciñera a tres togados, cuando hay tanto que dejar atrás en el pasado, tanto por alumbrar en el futuro.


La historia se ha echado a andar. No debiéramos tener miedo a los interrogantes. Una sociedad que continuamente se pregunta, es una sociedad que camina. Está por escribirse una nueva historia, un futuro en el que la mujer recupere su lugar sagrado en la pareja, en el hogar, en la sociedad, por su puesto en la fiesta y la celebración. Está por escribirse una nueva historia en la que todas nuestras relaciones serán más amables y consideradas, por supuesto más sagradas. Está por escribirse una historia en la que el deseo desenfrenado irá perdiendo espacio en aras de un amor más noble, puro y generoso. En ese imprescindible reto colectivo no será obstáculo ningún magistrado.


No sólo camina un hartazgo, sobre todo avanza un noble anhelo. Pamplona se ha puesto en estos días a la cabeza de esa humanidad que camina, de esa humanidad decidida a dejar atrás un anacrónico y vejatorio machismo. La revolución lila ha estallado y se viene a sumar a otras revoluciones cabales, pacíficas, no violentas, cargadas de futuro que tenía pendientes la ciudadanía despierta.


No hay sentencia capaz de detener ese avance de la historia. No volverán. Las manadas no podrán alcanzar el mañana. Se dispersarán por los campos de la vergüenza, por los prados de la ignominia, por las estepas de la nada. Se abrirá el tiempo del mutuo y supremo respeto. Ellas caminarán libres las más oscuras avenidas. La fiesta no encubrirá barbarie, no será excusa para el despropósito. Será expresión de pura comunión, de sano disfrute. Antecederá al amor sincero y verdadero, aquél que vendrá a quedarse para siempre.


“Todos los nombres”

18.04.18 | 12:42. Archivado en Autor

El pasado domingo caminamos en Barcelona las más anchas avenidas. Hacia tiempo que no lo hacíamos en compañía de multitudes. Anduve buscando en aquellos rostros, mi rostro, en aquellos nombres mi propio nombre. Constaté el poder de los centenares de miles de almas unidas en pos de un mismo anhelo. En medio de ese océano de simpatías concertadas bajo el mismo sol, sobre el mismo asfalto, busqué también fidelidad a las sagradas e impactantes palabras del maestro budista, Thích Nhất Hạnh. Ni en los momentos de mayor fervor solidario, quise eludir su siempre desafiante invitación: "llamadme por mis verdaderos nombres,.... para que pueda abrir la puerta del amor y la compasión”.

En todo momento hemos de preguntarnos por los “otros nombres”, sobre todo cuando las mismas avenidas las pasean diferentes multitudes, cuando cunde la división, cuando la trinchera ocupa un exceso del ahora. Nuestros “otros nombres” llamarán siempre a nuestras puertas, estemos donde estemos, hasta que les demos paso y bienvenida. Los “otros nombres” se situarán en el momento más decisivo de nuestro Camino; están convocados cual constante e ineludible interpelación interior. Nos lo contaba de otra forma también el jesuita Javier Melloni en su conferencia magistral el día pasado en la Biblioteca de Pamplona: “Conocer es con-nacer, nacer con el otro”. Después daba una nueva vuelta de tuerca a la propia exigencia: “Cada vez que me autoafirmo, me separo de los demás”. Finalmente remataba: “Aquello que nace en nosotros necesita despojarnos."

Caminar “desnudos” por las avenidas de la gran ciudad es todavía una utopía, pero convendría el esfuerzo de despojarnos por lo menos de algunas vestiduras, de quedarnos con la esencia y su “kit” de valores más urgidos: libertad, justicia, solidaridad… Por eso traje a mi presente, a cada paso que avanzaba por Paralelo también a la otra Catalunya, la del otro rostro, la del otro nombre que miraba tras los visillos, tras las cortinas de sus hogares. En esa suerte de meditación andante quise abrazar a la otra humanidad hermana que tomaba el sol, que paseaba y jugaba en los parques lejanos al lazo amarillo.

"Llamadme con mis verdaderos nombres… " nos sugiere el popular maestro vietnamita. Me sentí levantando el retrato de los presos, pidiendo su libertad, me vi izando con fuerza esas telas con las que jugaba el viento, pero también me encontré agitando otros colores, sosteniendo otros mástiles por más que me resultaran por mi pasado, por mis circunstancias, más ajenos. Tenemos que ganar fuerza para sujetar todos los mástiles, para caminar todas las, avenidas, las de los unos, las de los otros, bajar hasta las olas por todos los Paralelos, intentar por último mirar con todos los ojos al horizonte de futuro. Deberemos hallar el poder interior para llamarnos con todos los nombres, para poder “abrir de par en par las puertas del amor y la compasión…”

Nos corresponde, nos corresponderá siempre abogar por la unión, por supuesto la unión ancha y diversa, por la hermandad humana ¿Alguien puede pensar que al final de esas largas, anchas y diversas avenidas hay otro horizonte? Nos toca abrazar las dos humanidades, las dos Españas, las dos Catalunyas. Ayer caminamos con la Catalunya movilizada, en preocupante medida perseguida, pero si mañana la otra Catalunya tras los visillos, tras las cortinas, fuera la perseguida, caminaríamos con ella, con sus mástiles y sus vientos. Iríamos bajo el mismo sol con ella, hasta el mar en cualquier mañana de domingo, en cualquier siempre esperanzada primavera.

Un rápido tren me pone de nuevo en mi casa. Justo al otro lado de una Urbasa que exhibe ufana tardía primavera, una población vive estos días con el corazón encogido, pendiente de un incomprensible juicio, de una severa Audiencia. Hemos nacido con el joven de Alsasua, hemos padecido la flagrante injusticia de tanta e incomprensible sombra por una noche desafortunada, sin tener que lamentar mayores consecuencias. Quizás nos corresponda ahora intentar nacer un poco con el guardia civil de la Sakana, con su universo aislado, en su isla de tan pocos puentes y amigos. ¿Será intentar nacer con el otro, con sus nombres, con su pasado, con sus dolores y circunstancias, al día de hoy, nuestro más interpelante desafío?

Artaza 18 de Abril de 2018


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