“Vamos a rasguñar esta piedra todos los días para llegar a ustedes en muy poco tiempo", dijo el ministro de minería chileno a los siniestrados al comienzo del rescate. Tras 69 días y con el concurso de alta tecnología y todo un pueblo oficiando de matrona, la tierra parió uno a uno a todos los mineros. Ahora la muerte aguarda en otros frentes, agazapada en otras simas. Ahora con lo que queda de esas uñas, con las manos que aún no manchamos el resto del mundo, podemos “rasguñar” la dura piedra, la terca roca en otros desiertos, en otros rescates que nos competen a todos/as. A pie de esos abismos podemos apurarnos todas las gentes y naciones. Vamos a llegar también hasta ellos y ellas, hasta los últimos, los olvidados de la tierra.
El otoño susurra que la gloria no perdura. Su naturaleza más callada nos indica que la vida es ritmo, secuencia, ciclo… A su manera, el poder debería también contemplar sus particulares otoños. Será preciso no apegarse a unos laureles, que a la postre también marchitan. El mandatario apura sus ocasiones, administra sus tiempos. Es difícil pedirle más verano, más gloria de lo que puede dar de sí, en función de sus circunstancias y sol propios.
Sábado, 2 de junio
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