Jubilarnos, sí, cuando la arboleda semeje larga, cuando las rodillas se doblen y no aguanten el cuerpo; cuando aporreemos el teclado con dedos temblorosos; cuando no distingamos las teclas, las ideas, cuando las frases se nublen y el horizonte nos abrace.
Jubilarnos, sí, cuando el aliento falle y el viento nos tumbe. Jubilarnos agotados la víspera de partir, con tiempo justo para preparar el largo viaje, para hacer la maleta, para echar un guiño al Cielo…; con tiempo medido para estrechar a los cercanos, saludar los árboles, acariciar el perro y bendecir la vida.
Jueves, 16 de febrero
Koldo Aldai
José Arregi
Juan Fernandez Krohn
Francisco Margallo
Vicente Luis García
Asoc. Humanismo sin Credos
Vicente Haya
Manuel Mandianes
Urbano Sánchez García
Josemari Lorenzo Amelibia
Religión Digital