Olfateamos con sus perros, arañamos con sus uñas el polvo de la destrucción, clamamos al mismo y limpio Cielo. Somos muchos a pie de las ruinas en Puerto Príncipe y alrededores. Las voces se van apagando bajo el peso inmenso de los escombros, voces llamadas a despertar en otros mundos, en otros firmes más seguros que no destartalan tsunamis, ni terremotos; en otras dimensiones donde los techos no crujen y el cemento es más liviano. Muchas voces bajo las toneladas de ruinas se han ido extinguiendo, pero a nosotros nos queda su eco, su recuerdo. A ese eco, que ya no es de este mundo, contestamos y prometemos que la tragedia no será en balde, que venceremos la distancia y el olvido, que venceremos el propio y hundido egoísmo.
Callan los que han de hablar. Hablan quienes debieran ponderar la posibilidad de callar. Para estos la pompa y el fasto, la mitra y el báculo, para nosotros el blanco silencio de un invierno cargado de enseñanza. Hora de enmudecer, de acompañar a la madre naturaleza en su madurar interno. Entre el incienso de la catedral del Buen Pastor no se ahogó el pasado sábado ninguna esperanza. Vendrán primaveras, llegan ya por dentro.
Jueves, 16 de febrero
Koldo Aldai
Guillermo Gazanini Espinoza
Pedro Tarquis
Religión Digital
José Arregi
Juan Fernandez Krohn
Francisco Margallo
Vicente Luis García
Asoc. Humanismo sin Credos
Vicente Haya
Manuel Mandianes