La ventana está blanca, los leños aún no caldean la estancia y sin embargo el corazón se para de buena mañana agradecido, emocionado. Los ojos se pegan al cristal en el esfuerzo de abarcar e integrar dentro tanta y tan pura belleza. Hace sólo unas horas bajo nuestros pies desnudos crujían las innumerables y pequeñas conchas en las playas salvajes del “Great Ocean Park” de Australia. Un veloz avión nos ha traído hasta este blanco impoluto. El mismo agua tibia que mecía nuestros pies cansados, inunda ahora en forma de nieve nuestro paisaje.
Vuela la nave hacia occidente detrás del día, tras un amanecer que no termina de manifestarse. Dentro de unas horas aterrizaremos en Barajas. Vamos desde Bangkok a favor del tiempo, en una noche que pareciera nunca querer abrirse. Duermen los más de trescientos cincuenta pasajeros que vienen de dorar su piel en las playas tailandesas. Allí abajo, a miles de metros, en una geografía ignota, empiezan ya a silbar las cafeteras de los más madrugadores. La larga oscuridad invita a seguir compartiendo la experiencia. Es el momento de abrir la pantalla y reanudar crónica, siquiera breve y resumida de lo vivido en Australia.
Sábado, 2 de junio
Koldo Aldai
Juan Fernandez Krohn
Asoc. Humanismo sin Credos
Pedro Tarquis
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo
Juan Jáuregui Castelo
JC Rodríguez, A Eisman
Religión Digital
Orlando Carmona