¿Hasta qué epidermis penetraron los abrazos, hasta dónde navegan nuestras flores aromadas de paz, hasta dónde se ensancharon nuestras almas, hasta dónde volaron nuestros anhelos de nueva y eterna hermandad, pegados con papel en el globo del mundo...? ¿Quién lo sabe? Se nos dio un prado a la orilla del Ega, se nos dio un ideal y lo hemos sembrado. El resto no es nuestro, es del Viento y de Quien lo Sopla. Sólo sepan Arriba que seguiremos sembrando...
No es fácil imaginar el día de la cosecha, la grandeza de lo que está por venir cuando volvamos a vivir como hermanos, pero nos hemos tomado de las manos y nuestras almas han comenzado a soñar nuevos, anchos y soleadas prados; nuevos, anchos y soleados círculos de fraternidad entre las religiones y espiritualidades diferentes.
Éxtasis contemplativo y reclamo solidario se reúnen en esta nueva entrega, que toma también los fichajes galácticos del fútbol como excusa reflexiva. En el reclamo solidario he optado por sacar a la luz la labor extraordinaria del Padre Olarán en Etiopía. Recientemente el misionero ha enviado un mail de urgente socorro, que en parte reproducimos. Hacia esa geografía necesitada volveremos a volar, si Dios quiere, el próximo octubre.
Insondable misterio el de las sílabas sagradas, el del poder de las vocales y consonantes unidas en el instante debido, con la intención precisa. Según la carga de amor en ellas depositada, según el arte de esa fusión, el tono y el énfasis..., pueden convertirse en mágica llave capaz de abrir almas y mundos ajenos. Según cómo y cuándo, esos sonidos pueden llegar a disolver abismos. Barack Obama debe conocer ese poder misterioso. Buscó para accionar esa llave la ocasión y el lugar oportunos. Pronunció el saludo, el “mantram” sagrado en el momento exacto, con la humildad y a la vez la fuerza de convicción necesarias. No en vano cientos de millones de televidentes estuvieron pendientes de sus labios, atentos a su trascendental “mensaje al mundo musulmán”.
“Los documentales no valen, hay que sentir los huesos del niño hambriento entre los brazos”
Ella sabe que los logaritmos pueden esperar, que a la vuelta de África, siempre habrá una pizarra donde revelar complicada matemática a alumnos de estómago satisfecho. Mientras tanto, la suerte de Nieves Crespo (Madrid 1969) está echada al borde del desierto, junto a los últimos de la tierra. En el abrazo a los más desprotegidos, Jesús se le ha manifestado con una fuerza desconocida.
Nieves es feliz en Zway (http://zwayetiopia.wordpress.com), la misión que las salesianas tienen a dos horas al sur de Addis Abeba. Tras seis años de docencia en España, partió para allí. Cuando aterrizó en el 2002, más de 10.000 adultos y niños llamaban a las puertas de su hogar salesiano huyendo de una hambruna atroz. La falta de lluvias traía muerte. El milagro obró y la fe de Nieves pasó su prueba de fuego. Ya no quiere dejar aquel mundo, aquel milagro que se consuma cada día, de una vida siempre renacida, de una acción de gracias siempre inacabada.
Lunes, 13 de febrero
Koldo Aldai
Carlos Corral
Asoc. Humanismo sin Credos
Vicente Haya
Manuel Mandianes
Josemari Lorenzo Amelibia
Isabel Gómez Acebo
Francisco Margallo
Urbano Sánchez García
Rodrigo del Pozo Fernández
JC Rodríguez, A Eisman