Tierra liberada

El ocaso de la ideología

21.04.17 | 11:57. Archivado en Autor

Antes que de derechas o de izquierdas somos humanos, a secas, sin necesidad de apellidos. Nuestra humanidad nos hermana por encima de cualquier otra consideración, por supuesto política. Esta condición humana entraña derechos y deberes que anteceden también a los de cualquier otro signo. Erramos cuando reducimos la esencia del humano a las siglas de su opción ideológica. Esta condición ideológica es pasajera, la humana no.

Las ideologías fueron en su día necesarias para posibilitar los avances sociales en tiempos de serios quebrantos de derechos, pero hoy se han vuelto lastre en el progreso de la humanidad. El comunidad ideológica va cediendo a favor de una comunidad más universal e integradora. Las fuerzas de progreso verdadero, la sociedad civil consciente e inquieta, se va conglomerando, ayudada por las nuevas tecnologías de la comunicación, en torno a valores transversales. El mañana reclama nuevas mayorías en torno a principios comunes, no vigencia de ideologías que parten las sociedades y que tan a menudo olvidan al humano.

Va ya caducando el viejo y anacrónico esquema de derechas y de izquierdas, ahora tratamos de sumar mayorías inclusivas, multicolores en pos de valores que aúnan, no de colores políticos que fragmentan y confrontan. Siempre estaremos en marcha en pos de sistemas más justos y solidarios, inspirados por el bien común, debiendo abandonar en ese progreso ideologías vinculadas a circunstancias e intereses temporales. No nos seduce la derecha. No estamos por atrincherarnos en un pasado que no fue mejor. No apostamos por conservar lo superado, lo anacrónico, por la defensa de sistemas desequilibrados, depredadores o injustos aún imperantes en muchas partes del mundo. Antes que los derechos de las minorías privilegiadas, los de las mayorías necesitadas.

Tampoco nos hallamos al otro extremo del tablero. Antes que llamados a ser revolucionarios, lo somos a ser coherentes. Antes que materalismo histórico, moral evidente. Antes que la pugna por nuevas conquistas sociales, la lucha por la libertad y los derechos humanos, la firmeza ante quien quiera que los secuestre. Antes que cualquier empeño de emancipación humana, está el respeto elemental a ese humano. La comunidad ideológica obvió, cuando no fulminó en demasiadas ocasiones, la ética universal. El no tocar a los míos, aunque cometan barbaridades, ha sido letal para la izquierda.

Hay silencios que matan por largos, por profundos, sobre todo por incomprensibles. Hay silencios tribales difíciles de entender. Se guardan cuando el atropello se comete en las propias filas. La solidaridad con quienes padecen persecución por causa de libre expresión, independientemente del color del discurso, es el “abc” de toda política progresista. Demasiado a menudo la izquierda radical ha callado y sigue callando, cuando el atropello es precedido de banderas rojas.

Lacerante ejemplo de todo ello es la postura del espectro radical español ante lo que ocurre al otro lado del Atlántico. La izquierda que no levanta la voz ante la diaria, bárbara y flagrante conculcación de las libertades y los derechos humanos en Venezuela es una izquierda sin coherencia y sin futuro. La "gauche divine" comenzó a morir, “vermouth” en mano en su mesa de cafetería, a golpe de sonrojantes silencios; silencios cuando Stalin, cuando Mao, cuando Fidel, Maduro..., y ya no hay quien la resucite.

En estos días especialmente críticos al tiempo que esperanzadores en Venezuela, no conviene obviar el reclamo de solidaridad, por parte de la ciudadanía movilizada en pos de las libertades. Este reclamo necesita especialmente del apoyo de todas aquellas gentes, que por su color político y sensibilidad para con los pobres, pudieron en el pasado inclinarse en favor del régimen bolivariano. Ahora es el momento de que quienes otrora simpatizaran con el chavismo den un paso adelante en responsabilidad y coherencia y clamen ellos también, "¡ya basta!".

La multiculturalidad, la solidaridad, el mutuo respeto, la tolerancia, la libertad en su más exigente expresión, el respeto exquisito a los derechos humanos, los derechos de la Tierra, los derechos de las nuevas generaciones…, son las banderas policolores que se levantan por las alamedas esperanzadas de un futuro que ya nos ha alcanzado.


Esencia de amor

04.04.17 | 22:29. Archivado en Autor

Vinimos a la Tierra para poder manifestar nuestra esencia verdadera que es amor; nos separamos del fuego divino para expresarnos en el mundo como luz y calor..., sin embargo aún andamos bajando a los metros y poniéndonos bombas, cogiendo poderosos vehículos y arrasando por las aceras, subiéndonos a los aviones y gaseando a los niños como los días pasados en Siria...

Nuestra alma tomó cuerpo para ensayarse en la síntesis, para vencer la tentación de la separatividad…, pero aún el hermano contra el hermano. Cuando explotan las bombas en los subterráneos, cuando de los escombros sacan los niños sin vida… seguiremos creyendo en el humano. No perderemos la fe en medio de ninguna oscura y tóxica polvareda.

Lo que hoy despierta, florece, canta; lo que en nuestros días armoniza, enlaza, une..., es mucho, mucho más poderoso que lo que destruye y separa. Sólo es que las bombas meten más ruido. Por lo demás la aurora es siempre silenciosa.

La humanidad que abraza es más numerosa que la que mata. Los titulares no completan la realidad. Los titulares ocultan la entera verdad, pero ésta sigue joven, fresca, firme y poderosa en lo profundo de nuestros corazones.


Prendados de la humanidad

04.04.17 | 10:34. Archivado en Autor

Acariciamos su piel de tantos vientos y soles. Nos bañamos en sus pupilas de tantos horizontes. Remontamos sus árboles de innumerables frutos. Corremos con sus hijos en las playas de sus bravos mares. Danzamos al sol cuando se acuesta, cantamos una canción nueva cuando amanece...

Estamos enamorados de la humanidad. No la humanidad de una nación, de una religión, de una cultura, de una clase social concreta…, sino de la humanidad en toda su más ancha expresión, la humanidad de todas las condiciones, de todos los ojos, cabellos y colores. Estamos por supuesto enamorados de la humanidad que empuja, que alienta el progreso hacia sus superiores metas al conjunto, pero ¿por qué no?, también de esa otra humanidad lastre, aferrada al pasado y los valores que la han significado de división y recelo. No haremos muro delante de esa otra humanidad que también somos.

Estamos enamorados de todas las humanidades, nos reconocemos en todas ellas. Nos reconocemos por supuesto en la humanidad abierta, generosa, solidaria, progresista…; pero también nos visualizamos en esa humanidad más volcada en sí, más de puertas cerradas, que mira por sus intereses personales. Nos reconocemos por lo tanto en la humanidad que empieza a pensar, sentir y aflorar cada vez más como alma; nos reconocemos también en esa humanidad que sigue manifestando mayormente como personalidad individualista.

Estamos prendados de la humanidad, sobre todo de la que sufre, la que huye de la guerra, la que busca el pan bajo las piedras, la que padece dolor, enfermedad, persecución, hambre, injusticia, desaliento... Nos interesa el devenir humano. Nos reconocemos en sus cerradas curvas, en sus pasajes más convulsos, más controvertidos; pero sobre todo nos reconocemos en cada ser de cualquier latitud y geografía que suma por un tiempo mejor, más luminoso, más solidario y fraterno. Nos reconocemos en cada uno de sus gestos que augura esperanza, en cada uno de sus, pulsos y esfuerzos que lleva escrito algo del superior destino humano.

Estamos enamorados de la aventura humana, de su periplo vital a lo largo del cual por fin comienza a amanecer. Estamos enamorados de la humanidad, porque nos aplicamos en el mismo aula por nombre Tierra, porque juntos hemos querido opositar innumerables veces con similares cuerpos o instrumentos. Nos ilumina un mismo astro, nos bañamos en un mismo océano de vida, respiramos el mismo oxígeno y corre por nuestras venas una misma sangre... Estamos enamorados de la humanidad, porque está constituida por almas que decidimos salir juntas a la arena de la existencia física, porque igualmente juntas hicimos la apuesta de intentar evolucionar en este marco privilegiado.

Estamos enamorados de la humanidad. Su clarear nos inunda de gozo. Ya no será en un punto geográfico determinado, en el seno de un grupo o fraternidad escogida …; el clarear de la historia es ya generalizado y nada lo puede parar. Nada puede frenar el progreso humano hacia superiores cotas de unión y fraternidad. Es una Voluntad que escapa a la nuestra y nosotros tratamos de sumar a esa bendita Voluntad.

Caión 3 de Abril de 2017


Prendados de la humanidad

04.04.17 | 10:33. Archivado en Autor

Acariciamos su piel de tantos vientos y soles. Nos bañamos en sus pupilas de tantos horizontes. Remontamos sus árboles de innumerables frutos. Corremos con sus hijos en las playas de sus bravos mares. Danzamos al sol cuando se acuesta, cantamos una canción nueva cuando amanece...

Estamos enamorados de la humanidad. No la humanidad de una nación, de una religión, de una cultura, de una clase social concreta…, sino de la humanidad en toda su más ancha expresión, la humanidad de todas las condiciones, de todos los ojos, cabellos y colores. Estamos por supuesto enamorados de la humanidad que empuja, que alienta el progreso hacia sus superiores metas al conjunto, pero ¿por qué no?, también de esa otra humanidad lastre, aferrada al pasado y los valores que la han significado de división y recelo. No haremos muro delante de esa otra humanidad que también somos.

Estamos enamorados de todas las humanidades, nos reconocemos en todas ellas. Nos reconocemos por supuesto en la humanidad abierta, generosa, solidaria, progresista…; pero también nos visualizamos en esa humanidad más volcada en sí, más de puertas cerradas, que mira por sus intereses personales. Nos reconocemos por lo tanto en la humanidad que empieza a pensar, sentir y aflorar cada vez más como alma; nos reconocemos también en esa humanidad que sigue manifestando mayormente como personalidad individualista.

Estamos prendados de la humanidad, sobre todo de la que sufre, la que huye de la guerra, la que busca el pan bajo las piedras, la que padece dolor, enfermedad, persecución, hambre, injusticia, desaliento... Nos interesa el devenir humano. Nos reconocemos en sus cerradas curvas, en sus pasajes más convulsos, más controvertidos; pero sobre todo nos reconocemos en cada ser de cualquier latitud y geografía que suma por un tiempo mejor, más luminoso, más solidario y fraterno. Nos reconocemos en cada uno de sus gestos que augura esperanza, en cada uno de sus, pulsos y esfuerzos que lleva escrito algo del superior destino humano.

Estamos enamorados de la aventura humana, de su periplo vital a lo largo del cual por fin comienza a amanecer. Estamos enamorados de la humanidad, porque nos aplicamos en el mismo aula por nombre Tierra, porque juntos hemos querido opositar innumerables veces con similares cuerpos o instrumentos. Nos ilumina un mismo astro, nos bañamos en un mismo océano de vida, respiramos el mismo oxígeno y corre por nuestras venas una misma sangre... Estamos enamorados de la humanidad, porque está constituida por almas que decidimos salir juntas a la arena de la existencia física, porque igualmente juntas hicimos la apuesta de intentar evolucionar en este marco privilegiado.

Estamos enamorados de la humanidad. Su clarear nos inunda de gozo. Ya no será en un punto geográfico determinado, en el seno de un grupo o fraternidad escogida …; el clarear de la historia es ya generalizado y nada lo puede parar. Nada puede frenar el progreso humano hacia superiores cotas de unión y fraternidad. Es una Voluntad que escapa a la nuestra y nosotros tratamos de sumar a esa bendita Voluntad.

Caión 3 de Abril de 2017


¿Dueños del “off”?

29.03.17 | 11:02. Archivado en Autor

Lo anunciaban esta semana los periódicos. Venía en los titulares más grandes: se abre en el Parlamento español el debate de la eutanasia y la muerte digna. Es importante acercarnos este candente tema de actualidad, no sólo con el cabal argumento de la libertad, sino también de los compromisos. El derecho a la eutanasia es algo que no deseamos cuestionar, pero sí adentrarnos en la esfera de los deberes, siquiera más internos y vitales.

Es cierto lo que proclaman los defensores de la eutanasia en el sentido de que nadie puede obligar a nadie a vivir. La continuidad del aliento, el agotamiento de la vida física o la precipitación del final, ha de ser una prerrogativa íntima. Con la eutanasia ocurre algo muy semejante al tema del aborto. En ambas delicadas cuestiones ha de prevalecer la suprema ley de la libertad. Esta ley es indispensable para nuestra evolución. Es decir sólo podemos evolucionar desde el más exigente libre albedrío, aún con el evidente riesgo de equivocarnos. No obstante el creernos los dueños absolutos de nuestras vidas, supone en alguna medida obviar nuestra interrelación con las otras vidas, cuestionar esa trama oculta que a todos nos une, olvidarnos de la sinfonía que juntos componemos hasta en nuestro más lamentable estado. Por lo demás, ¿es la casualidad lo que nos deja postrados y doloridos, o es la Vida la que nos limita a ese estado?

El humano moderno vierte demasiadas cosas y situaciones en el muy estrecho saco de la casualidad. La vida a través de la creación demuestra ser lo suficientemente inteligente y amorosa para no caer en el puro arbitrio. Quizás proceda quitarle poder a la casualidad y otorgárselo a una vida que nos pone a prueba. Desde esa perspectiva la huida no sería lo más recomendable. Hay mucha ciencia ocupada en posibilitarnos esa fuga, ese escape del dolor, de la enfermedad, de la depresión…, cuando quizás lo que nos tocaba era quedarnos plantados, respirando y explorando la razón y origen de esas situaciones.

Creemos por lo tanto que la verdadera disyuntiva se plantea en términos de aceptación o de huida. Aceptación es entregarnos en las manos de Dios o de la Vida que viene a ser lo mismo. Aceptación es creer que no hay un Misterio arbitrario que nos mantiene clavados en las sábanas por puro antojo. Es conciencia de una Inteligencia superior que determina a qué puerta llamará el dolor. En ese sentido morir plácidamente o morir presos del dolor no sería una cuestión de ruleta rusa. El desenlace de una dura enfermedad puede ser una agonía o un testimonio de fortaleza interior, amén de todas las variantes intermedias. Nada es gratuito y sin sentido, menos el sufrimiento. Una vez más hemos de dar cuenta del axioma hermético que reza que la casualidad el sólo el desconocimiento de la ley superior.

La socorrida máxima del “buen morir” no debiera necesariamente significar precipitar la hora. Nuestra sociedad mayoritariamente hedonista pretende a toda costa evitar el sufrimiento, sin embargo hay desafíos que podemos atemperar con el uso de determinados fármacos, pero no necesariamente rehuir. No deseamos criticar ninguna muy libre y respetable opción, sin embargo creemos que es la propia vida la que debe hacerse oír. Nada que adelante, nada que retrase una hora que es siempre sagrada.

No seríamos tan dueños del “off”, como pensábamos. Cuando decimos que la vida pertenece a Dios, nos referimos también a esa parte de Dios que habita en nuestro interior y que tendría también su cuota de gobierno en la programación de nuestras vidas. Deseamos ir más al fondo en lo que respecta a esa intimidad que mencionábamos. No estamos aún en pleno contacto con el alma y por lo tanto no alcanzamos a conocer toda la razón y alcance de sus designios. Olvidamos que por encima de todo somos esa alma, que la personalidad, sobre la que el alma va tomando control, es a menudo antojadiza.

La vida es regalo inmenso con fecha concreta de caducidad y por lo tanto no deberíamos interrumpirla, ni la nuestra propia, ni por supuesto la de los otros. No procedería ni aferrarnos, ni propiciar la separación del cuerpo ya con el suicidio, ya con la eutanasia. Desde este lado del velo no es siempre fácil encontrar sentido al aparente “sinsentido”. Todas las muerte son dignas. No hay nada indigno en todo esto, pero si cabe es importante tomar como referencia la de esos seres que asumen estoicamente su sufrimiento, que lo ofrecen para la liberación de la humanidad, para la emancipación de su propio alma.

Arteixo 29 de Marzo de 2017


Salir del bar

25.03.17 | 14:34. Archivado en Autor

El pasado viernes se estrenó en las pantallas españolas la película "El Bar". Por tierra, mar y aire nos bombardearán con esta nueva factura "snob" llena de “esperpento”, violencia y alcantarilla. A la vista del "trailer" de este nuevo producto cultural de cuestionable gusto, deberemos preguntarnos si uno de nuestros mayores problemas es la violencia espasmódica, brutal, aniquiladora o ese fondo de agresividad más permanente, mas aparentemente inofensivo en el alma colectiva.

Deberemos explorar si unos de los más serios desafíos que afrontamos es el terrorismo y sus golpes cobardes, sus atentados contra indefensos, o también el bar de las pelis, sus adláteres talleres de violencia, sus homologados tugurios donde física o virtualmente encerramos nuestros días; el bar, no como espacio de sana reunión, sino como metáfora del hábito que nos constriñe, de la "matrix" aprisionante, de los límites que ponemos a la expansión de nuestro alma o conciencia.

¿Y si nuestro problema fuera el resistirnos a abandonar nuestro agujero vital, nuestra particular cueva cargada de espeso aire, contaminación mental y violencia? La violencia que estalla a orillas del Támesis es seguramente desproporcionada manifestación externa de la que consumimos las mentes de los humanos a través de series, películas, videojuegos… Si el último loco que arrolló en Londres a los transeúntes no hubiera consumido su diaria y bien colmada dosis de violencia a través de las pantallas, seguramente no habría embestido contra la ciudadanía inocente. Cierto que hay un componente adicional de extremismo islámico en el atentado, pero la polución mental no deja de ser un fenómeno global. Hay un atmósfera planetaria que estamos llamados a purificar con pensamientos, cultura y valores más elevados.

Nos aguardan horizontes bellos, libres y abiertos a nada que salgamos de la "matrix" del bar, del "maya" alineante que dirían los hindúes. Hay tanto universo fuera, hay tanta desbordada maravilla a nuestro alcance, deseosa de ser hollada... ¿Por qué encerrarnos el fin de semana en esa claustrofóbica taberna madrileña? ¿Por qué sentarnos a ver la última producción del director progre de turno, saturada de histeria y sangre, para después a la salida, de nuevo en un asfixiante bar de copas, lamentarnos del reciente atentado terrorista?

Sí, el problema parece ser la "matrix" del bar, su cárcel de ambiente plúmbeo y escaso perímetro. El problema apunta al espacio gris, falto de luz, de aire y horizonte, donde tan a menudo limitamos la existencia. Criticamos la violencia fuera, pero después nuestra cabeza se carga con ella hasta que rebosa. Fuera sólo estalla lo que llevamos dentro.

Nuestro diario consumo de violencia ceba al violento de dentro, también al de fuera. Somos los más variados personajes del mundo, también, siquiera en pequeña medida, el violento capaz de barbarie. Si queremos hacer frente al terrorismo de las calles, deberemos primero hacer frente y desarmar al terrorista que escondemos en nuestro interno fuero. Podemos dejar de consumir todos esos productos sobrecalentados de agresividad, salir del bar, de la cueva ya excesivamente frecuentada y contaminada. Podemos fomentar auténtica y emancipadora cultura, ofrecer a nuestros pequeños y jóvenes guiones con valores, historias que les motiven a ser mejores personas. Ello seguramente contribuirá a que, más pronto que tarde, inauguremos un nuevo tiempo sin titulares de terrorismo en nuestros desayunos.


No privarles de la Santa Misa

20.03.17 | 15:40. Archivado en Autor

He vuelto al templo, en realidad lo he hecho a menudo a lo largo de los últimos años. Voy de acompañante, primero de un padre, ahora de una madre en edad de agradecer filial compañía. Acompaño pero también canto a pleno pulmón, me arrodillo, doy la mano en señal de paz y me arranco sin dudar a comulgar cuando suena aquello de “Tú has venido a la orilla…” Lo paso peor con una “señal de la cruz que nos libra de nuestros enemigos...” y cuyos gestos lamentablemente ya he olvidado.

También he orado, con no menos fe, en los templos budistas, hinduistas, en sinagogas, en mezquitas..., sobre todo en templos universales de los diferentes continentes. En los templos de unos y otros países viví similar devoción, en todos observé gentes rendidas al mismo Dios “que los hombres distintos llamamos con distintos nombres, pero que es el Uno, el Único y el Mismo…” (Lanza de Vasto) De vuelta a mi ciudad natal, he visto a tantas personas de edad y buena voluntad remontar con sus bastones las escaleras de la parroquia del barrio, que me he visto inundado de un hondo y reconvertido aprecio por su íntima esfera religiosa. Deseo en este sentido expresar mi disenso ante la solicitud de "Podemos" de retirar la misa de la programación de TVE.

Sí, es cierto, el Estado y sus medios de comunicación han de hacer gala de aconfesionalidad, pero ello no contradice el hecho de mantener una escasa hora semanal de misa, mientras otros credos tengan asegurada su ventana a los televidentes, como ahora es el caso. En este sentido también esperamos que el ente público no tarde en abrirse a otras tradiciones espirituales que aún no tienen cabida en la parrilla.

Es preciso respetar la laicidad en la educación, en el ejército, en los actos oficiales... El Estado ha de mantenerse neutro ante una creciente pluralidad confesional, pero el Estado ha de servir también a los ciudadanos a través de sus medios de comunicación. La cesión en la tele pública de espacios a los diferentes credos en razón de su arraigo es un servicio nada desdeñable. Por lo demás ¿si la misa retransmitida reconforta a muchas personas de edad, por qué precipitar su apagón? Tantos programas deberían desaparecer de la programación antes que ese oficio religioso. Sobran primero las series en las que se dispara y sangra, las tertulias en las que se falta y ofende, las corridas en las que se tortura y mata gratuitamente…

Ha de prevalecer una cierta amabilidad intergeneracional. Hemos de honrar a nuestros mayores, hemos de preservar sus referentes culturales y espirituales aunque no coincidan plenamente con los nuestros. Hemos de ser considerados con lo que tiene importancia y relieve para las generaciones que nos precedieron. Barrer la misa es olvidarnos en alguna medida de ellas. Hemos de unir a los pueblos, a las clases, a las razas y tradiciones…, pero hemos de empezar más cerca y tratar de enlazar también a las generaciones.

Por más que puedan aburrir sus fórmulas repetidas hasta la saciedad, por más que nos sorprenda que la mujer no ocupe aún su debido lugar en la presidencia del altar…, la misa es momento sagrado. En realidad todo lo que adquiere vital importancia para el otro es algo sagrado. Somos privilegiados, pues participamos de un mundo rico y diverso en el que se reúnen muy diferentes momentos y territorios sagrados. La consigna de manual de la emergente formación política puede ser poco considerada con el universo vital de quienes nos dieron vida. La necesidad de superar los antagonismos civiles, nos invita también a ser respetuosos con los mayores y su misa de las once ya en vivo, ya a través de la pantalla.

Nadie nos obliga a sentarnos el domingo por la mañana al televisor, pero pienso en nuestros ancianos, muchos de ellos enfermos o impedidos, que en ese programa encontrarán consuelo y confort del alma. Nunca arrasar, nunca llevarse lo que es significativo para un importante colectivo, más al contrario intentar hacer nuestro algo de su universo. Para muchos de nuestros padres un domingo sin misa no es un verdadero domingo. Honrar a nuestros mayores no significa que tengamos que arreglarnos corriendo y salir al toque de sus campanas, que debamos arrodillarnos ante sus mismos iconos, que debamos necesariamente oír el sermón de sus sacerdotes..., pero sí intentar facilitar la expresión de su fe, su legado, sus tradiciones.

Ninguna generación que nos precede ha debido de hacer tamaño esfuerzo para adecuarse a los nuevos tiempos como la de nuestros progenitores. Privarles de sus imprescindibles referentes, de sus anclajes es un flaco reconocimiento a ellos y a cuanto nos dieron. No hay nada más revolucionario que el sincero agradecimiento y en ello debiera también reparar la formación morada.

Arteixo 20 de Marzo de 2017


Carta fraterna a un sacerdote combativo

12.03.17 | 21:58. Archivado en Autor

Querido amigo:

Lo intentamos en vano muchas veces. Quisimos afiliar a Jesús a una causa celota de la que siempre se mantuvo distante. Quisimos extraer hierro de un evangelio que no lo contenía. Pudimos abrazar una Teología de Liberación cuando no vimos otra salida, pudimos levantar el puño cuando aún no habíamos logrado aparcar la rabia. Pudimos equivocadamente clamar a favor del grupo violento de turno cuando nos cerraron tantas avenidas…, pero ya no es ese tiempo. Esa hora dura felizmente ya pasó. Ahora somos llamados a un ulterior paso. Se abren nuevos y luminosos cauces para acercar el mañana.

El nuevo mundo nace sin ruido como el amanecer prístino, el nuevo mundo no brota con fondo de batalla, sino con suave sinfonía aunada, con canción del alma. El nuevo mundo está emergiendo como la clara luz del alba, lenta y silenciosamente, cargado de promesa. El nuevo mundo está naciendo de la mano de quienes labran sano, con amor y sin química, en las escuelas donde ese cultiva el alma, no sólo el intelecto, en los bancos en los que se apuesta exclusivamente por el apoyo a empresas respetuosas de la Tierra y los trabajadores… El nuevo mundo está naciendo en las comunidades alternativas, en las ecoaldeas, en las cooperativas, en los centros donde se estudia cómo y por qué nace la enfermedad, cómo poder recuperar la salud por métodos naturales. El nuevo mundo nace allí donde prosperan los principios de solidaridad, de colaborar y compartir… El nuevo mundo rueda allí donde un ciclista pedalea, donde un constructor levanta con balas de paja, donde un agricultor llama a la puerta con una cesta de productos ecológicos, donde unas madres se preparan para un parto natural, donde unos niños amasan un pan con levadura viva… La nueva sinfonía se eleva desde todos los países, condiciones, sociales y razas. El nuevo mundo nace en tantas partes, en tantos lugares a la vez, que no tenemos tiempo, ni ganas para combatir a quienes velan para que el viejo sistema no se derrumbe. Lo viejo se desplomará privado de la energía que nosotros mismos le cedimos para que se mantuviera.

Aquello que combatimos es aquello que reforzamos. No vinimos a combatir el viejo orden del individualismo y el materialismo que se caerá solo a nada que le restemos nuestro miedo, nuestro dinero..., sobre todo nuestro rencor. Somos las fuerzas de la reconstrucción, no de la destrucción. No vamos a la zaga del Sistema, ni siquiera a la contra. Vinimos a construir lo nuevo. Vinimos a levantar juntos/as codo con codo, corazón el Reino de Dios. Vinimos para ensayar a vivir por fin como hermanos.

Ante la flagrante injusticia sí nos ha de aguardar la primera línea de firmeza. Por eso el nuevo mundo nace también allí donde alto y firme se clama “basta” a la conculcación de los derechos humanos, donde se trata de detener el abuso y la explotación, desde la serenidad, desde la no-violencia ni física, ni verbal, desde la conciencia de que el opresor, el dictador, el abusador… no se le ganará para la noble causa con el ataque, sino con el corazón y la razón. Él también es nuestro hermano.

No nacimos para ir a la contra de nadie, nacimos para crear por fin el nuevo paradigma que superaría por fin el modelo anterior basado en el rencor y la confrontación. Si nosotros cambiamos, el mundo cambia. Los creyentes de todas las fés, también de las fés unidas, estamos llamados especialmente a ser la fraternidad que deseamos ver encarnada en el mundo. Creemos que si algo caracteriza el nuevo paradigma, la nueva civilización que estamos invitados a levantar, es la superación de esa espiral de la confrontación. Una vez más seguramente el desafío se debate en nuestro interior, ¿cómo no ser yo también confrontación, cómo no añadir leña a ese fuego antiguo de la violencia del humano contra el humano, cómo ser firmeza ante el oprobio, la explotación, el abuso y a la vez no atacar a quien desde su supina ignorancia lo comete?, ¿cómo ser yo primero encarnación del mensaje eterno de Jesús el Cristo y vaciar mi bolsillo de toda piedra calentada por mi mano y mi ignorancia? Apunto sobre todo hacia mí querido amigo, las veces que yo no fui abrazo, ternura, pomada…, las veces que yo también fui hierro, pólvora y fuego, las veces que encarné el paradigma que quiero ver superado.

Las filas revolucionarias no necesitan ya teólogos que las animen, sino clara visión que reconduzca hacia dentro todo ese caudal transformador.¿Confrontó Jesús con el viejo orden o trató de crear otro nuevo? ¿Estamos llamados a convertirnos en los celotas que no quiso ser Jesús o en los apóstoles del fraterno y universal amor que Él reunió? Es que nuestros sueños, es que el linaje crístico de amor fraterno que arrancó con Jesús culminaba en un Maduro insultando a la mitad de la población de Venezuela, en un Chavez enfurecido, en un Fidel de conmigo o contra mí… ¿Hasta ahí daban nuestros sueños? ¿No tenían otro recorrido?

Mi sentir y el de tantos que tratamos con sencillez de servir al mundo es que ya no somos internamente llamados a las filas de ningún combate contra nadie; que la beligerancia, la ofensividad de cualquier orden está llamada a ceder en el corazón del humano, especialmente de los hombres y mujeres espirituales y de buena voluntad. Creemos en la ley de evolución y por lo tanto, que tras toda una historia humana cargada de violencia y guerra, el nuevo estado evolutivo que nos aguarda se caracterizará por un mayor grado de armonía y de paz en nuestras relaciones.

Desde nuestro disenso ya antiguo, desde nuestras diferentes posiciones en este varipionto teatro de la vida, desde nuestra distinta percepción de nuestro papel en medio de este mundo tan maravilloso, como convulso; desde el gran respeto a la labor que incansablemente despliegas, con mi más fraterno abrazo.

Arteixo 12 de Marzo de 2017


Carta fraterna a un sacerdote combativo

12.03.17 | 21:58. Archivado en Autor

Querido amigo:

Lo intentamos en vano muchas veces. Quisimos afiliar a Jesús a una causa celota de la que siempre se mantuvo distante. Quisimos extraer hierro de un evangelio que no lo contenía. Pudimos abrazar una Teología de Liberación cuando no vimos otra salida, pudimos levantar el puño cuando aún no habíamos logrado aparcar la rabia. Pudimos equivocadamente clamar a favor del grupo violento de turno cuando nos cerraron tantas avenidas…, pero ya no es ese tiempo. Esa hora dura felizmente ya pasó. Ahora somos llamados a un ulterior paso. Se abren nuevos y luminosos cauces para acercar el mañana.

El nuevo mundo nace sin ruido como el amanecer prístino, el nuevo mundo no brota con fondo de batalla, sino con suave sinfonía aunada, con canción del alma. El nuevo mundo está emergiendo como la clara luz del alba, lenta y silenciosamente, cargado de promesa. El nuevo mundo está naciendo de la mano de quienes labran sano, con amor y sin química, en las escuelas donde ese cultiva el alma, no sólo el intelecto, en los bancos en los que se apuesta exclusivamente por el apoyo a empresas respetuosas de la Tierra y los trabajadores… El nuevo mundo está naciendo en las comunidades alternativas, en las ecoaldeas, en las cooperativas, en los centros donde se estudia cómo y por qué nace la enfermedad, cómo poder recuperar la salud por métodos naturales. El nuevo mundo nace allí donde prosperan los principios de solidaridad, de colaborar y compartir… El nuevo mundo rueda allí donde un ciclista pedalea, donde un constructor levanta con balas de paja, donde un agricultor llama a la puerta con una cesta de productos ecológicos, donde unas madres se preparan para un parto natural, donde unos niños amasan un pan con levadura viva… La nueva sinfonía se eleva desde todos los países, condiciones, sociales y razas. El nuevo mundo nace en tantas partes, en tantos lugares a la vez, que no tenemos tiempo, ni ganas para combatir a quienes velan para que el viejo sistema no se derrumbe. Lo viejo se desplomará privado de la energía que nosotros mismos le cedimos para que se mantuviera.

Aquello que combatimos es aquello que reforzamos. No vinimos a combatir el viejo orden del individualismo y el materialismo que se caerá solo a nada que le restemos nuestro miedo, nuestro dinero..., sobre todo nuestro rencor. Somos las fuerzas de la reconstrucción, no de la destrucción. No vamos a la zaga del Sistema, ni siquiera a la contra. Vinimos a construir lo nuevo. Vinimos a levantar juntos/as codo con codo, corazón el Reino de Dios. Vinimos para ensayar a vivir por fin como hermanos.

Ante la flagrante injusticia sí nos ha de aguardar la primera línea de firmeza. Por eso el nuevo mundo nace también allí donde alto y firme se clama “basta” a la conculcación de los derechos humanos, donde se trata de detener el abuso y la explotación, desde la serenidad, desde la no-violencia ni física, ni verbal, desde la conciencia de que el opresor, el dictador, el abusador… no se le ganará para la noble causa con el ataque, sino con el corazón y la razón. Él también es nuestro hermano.

No nacimos para ir a la contra de nadie, nacimos para crear por fin el nuevo paradigma que superaría por fin el modelo anterior basado en el rencor y la confrontación. Si nosotros cambiamos, el mundo cambia. Los creyentes de todas las fés, también de las fés unidas, estamos llamados especialmente a ser la fraternidad que deseamos ver encarnada en el mundo. Creemos que si algo caracteriza el nuevo paradigma, la nueva civilización que estamos invitados a levantar, es la superación de esa espiral de la confrontación. Una vez más seguramente el desafío se debate en nuestro interior, ¿cómo no ser yo también confrontación, cómo no añadir leña a ese fuego antiguo de la violencia del humano contra el humano, cómo ser firmeza ante el oprobio, la explotación, el abuso y a la vez no atacar a quien desde su supina ignorancia lo comete?, ¿cómo ser yo primero encarnación del mensaje eterno de Jesús el Cristo y vaciar mi bolsillo de toda piedra calentada por mi mano y mi ignorancia? Apunto sobre todo hacia mí querido amigo, las veces que yo no fui abrazo, ternura, pomada…, las veces que yo también fui hierro, pólvora y fuego, las veces que encarné el paradigma que quiero ver superado.

Las filas revolucionarias no necesitan ya teólogos que las animen, sino clara visión que reconduzca hacia dentro todo ese caudal transformador.¿Confrontó Jesús con el viejo orden o trató de crear otro nuevo? ¿Estamos llamados a convertirnos en los celotas que no quiso ser Jesús o en los apóstoles del fraterno y universal amor que Él reunió? Es que nuestros sueños, es que el linaje crístico de amor fraterno que arrancó con Jesús culminaba en un Maduro insultando a la mitad de la población de Venezuela, en un Chavez enfurecido, en un Fidel de conmigo o contra mí… ¿Hasta ahí daban nuestros sueños? ¿No tenían otro recorrido?

Mi sentir y el de tantos que tratamos con sencillez de servir al mundo es que ya no somos internamente llamados a las filas de ningún combate contra nadie; que la beligerancia, la ofensividad de cualquier orden está llamada a ceder en el corazón del humano, especialmente de los hombres y mujeres espirituales y de buena voluntad. Creemos en la ley de evolución y por lo tanto, que tras toda una historia humana cargada de violencia y guerra, el nuevo estado evolutivo que nos aguarda se caracterizará por un mayor grado de armonía y de paz en nuestras relaciones.

Desde nuestro disenso ya antiguo, desde nuestras diferentes posiciones en este varipionto teatro de la vida, desde nuestra distinta percepción de nuestro papel en medio de este mundo tan maravilloso, como convulso; desde el gran respeto a la labor que incansablemente despliegas, con mi más fraterno abrazo.

Arteixo 12 de Marzo de 2017


Las puertas del Misterio (A propósito del "Guardián invisible")

07.03.17 | 14:08. Archivado en Autor

Lo digo con todos los respetos, pero no termino de comprender ese empeño de entrar en el Misterio por puertas equivocadas. Nuestra tradición, nuestro legado ancestral era luz, esperanza y vida, antes que asesinatos y muerte. Lo comparto con supremo respeto, pero no siento como buena noticia el que esta proyección internacional de nuestro legado esté teñida de tanta sangre. No entiendo por qué hay que arrojar cadáveres, siquiera ficticios, en las cunetas, en la orilla de los ríos para atraer la atención pública.

En lo profundo de sus valles abrazamos la niebla y todo lo invisible que escondía. Amamos el Baztán, hemos hollado sus bosques cargados de magia, al anochecer hemos dormido en las cabañas de sus montes aún vírgenes. Nos ha desbordado su húmedo y verde interrogante, nos ha colmado su belleza. Hemos llamado silente a las puertas de sus misterios. No sé si dimos con el susurro perdido, pero allí sólo hallamos recuerdo, paz y acogida.

Los Guardianes, los Devas de esos parajes mistéricos aguardan nuestra llegada por otra Senda más clara. Gure basoetako lagun izkutuak, gure Basajaunak zai ditugu, baina ixilik, apalez, Argiaz gidaturik haiengana urbildu behar degu. Goazen alkarrekin!!


mutuo respeto

02.03.17 | 09:54. Archivado en Autor

El respeto a nuestras legítimas opciones de todo orden debe presidir la vida social. Es la base de la sana convivencia. Los hermanos transexuales merecen todo el respeto a su opción sexual, pero también el colectivo transexual ha de respetar los íntimos sentimientos de los católicos. No soy católico. El show ganador del la gala Drag Queen de Palma ha herido los sentimientos de los católicos y así lo han hecho saber a través de su Jerarquía.

No hacer a los demás lo que no queremos que nos hagan a nosotros, es la más elemental pauta de buena ciudadanía. Si no es afortunado el rodar del autobús de "Hazte oír", tampoco lo es la mofa sobre sensibles momentos de la vida de Jesús de Nazaret. Arriba son indiferentes al teatro humano, la ofensa nunca alcanzará los Cielos, pero abajo hay epidermis con derecho a ser más vulnerables.

No puede haber dos varas de medir. Hay una extendida cultura "progre" que a veces las usa. Los hermanos transexuales merecen todo nuestro respeto, los hermanos católicos también.


Mi oración de hoy

01.03.17 | 20:15. Archivado en Autor

"Hay que empezar a ganar guerras otra vez" declara ese personaje bronco que gobierna la nación más poderosa de la tierra. ¿Será capaz de enviar sus hijos a los frentes de batalla que ya está inventando? ¿Será capaz de mirar mañana a los ojos llorosos de las madres del marines muertos en sus absurdas aventuras bélicas...?

¿Cuánto dolor va a ser necesario para que reviertan los votos en los EEUU? No pido al Cielo que pare a Donal Trump, porque sé que le hemos de parar nosotros, pido para que alcance el corazón de sus votantes de sentimiento de paz, de cordura, de elemental solidaridad. Pido que ilumine sus mentes de forma que jamás, jamás vuelvan a elegir como presidente a un hombre tan poco apropiado para el cargo que ocupa. Pido para que jamás vuelvan a llevar a la Casa Blanca a un magnate que no ama la Tierra, ni a sus hermanos de otras razas y colores, que sólo sabe exhibir infantil orgullo patriótico.

Pido para que este delirio populista no se contagie ahora a Francia, ni a ningún otro país. Pido para que vuelvan los Obamas a la jefatura de la nación más poderosa, los hombres y mujeres de buena voluntad que creen en la palabra, en la diplomacia, en el encuentro. Pido, pidamos para que acabe más pronto que tarde esta locura del pistolero metido a presidente.


Lunes, 24 de abril

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