Final Express
31.01.09 @ 13:03:35. Archivado en Tenis Femenino, Grand Slam, Open de Australia
El que llegara tarde a la cita estrella de hoy, la final femenina del Open de Australia, pudo haberse encontrado tranquilamente con la ceremonia de premios. No se adelantó el partido ni nada por el estilo, sino que la mejor Serena Williams se enfrentó con la peor versión de Dinara Safina. La estadounidense cumple la estadística de que en los años impares triunfa en Melbourne, esta mañana se ha coronado tetracampeona y será, a partir del lunes, la nueva número uno del mundo.
Menuda paliza la de esta mañana, hora española, en la Rod Laver Arena. Serena Williams demostró que en forma es casi imposible vencerla. Ese juego físico junto a unos golpes más propios del circuito masculino hace que esta tenista, si continúa a este nivel, pueda permanecer mucho tiempo en el trono mundial del tenis femenino. La norteamericana no ha podido comenzar mejor el año haciendo doblete en Australia al ganar tanto en individuales como en dobles, formando pareja con su hermana Venus. Ahora le tocará algo que no está siendo nada fácil en el circuito femenino: mantener la corona.
Una de las decepciones de esta jornada ha sido Dinara Safina. Pero hay que darle tiempo. Con este tipo de derrotas es con las que irá cogiendo la experiencia necesaria para llegar a ser la número uno del ranking WTA. Tras perder en Roland Garros, hoy todos nos esperábamos más de la moscovita. La tercera mejor jugadora del mundo no pudo parar el vendaval de Serena Williams y acabó cayendo de una forma algo humillante. La rusa salió nerviosa y le costó entrar en el partido. Esta situación propició que cometiera un número altísimo de errores no forzados, facilitando la victoria de su rival. Pero esta actuación no debe empañar el gran ejercicio de Dinara Safina en el primer grande del año.
Esta final fue fugaz, un visto y no visto. Un global de 6-0 y 6-3 y tan solo 59 minutos le bastaron a Serena Williams para proclamarse, por cuarta vez, como campeona del Open de Australia. Es, sin duda, una de las finales más cortas que se recuerden. Me viene una a la mente, la protagonizada por Ivanovic y Henin en Roland Garros hace dos temporadas. La serbia acabó pagando, al igual que Safina, la novatada.
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