Teselas

Elegía por Gabriel, el niño "pescaíto"

12.03.18 | 11:35. Archivado en Valores

Ha amanecido un día lluvioso. Hasta el cielo no deja de llorar pensando en el “pescaíto”. Toda España está llorando hoy. Los guardias civiles que rompieron a llorar cuando vieron el cadáver envuelto en mantas de Gabriel, son el reflejo del llanto de toda España. Magnífico trabajo el de la Guardia Civil y de los voluntarios, que no siempre sabemos valorar suficientemente. ¡Cuánta humanidad y servicio detrás de sus uniformes!
Un niño, con cara de ángel, ingenuo y risueño, ha sido asesinado por la novia de su padre. La misma que le había vestido esa mañana.
Un clamor de dolor y de rabia, no siempre contenida, ha llenado todos los teletipos y las portadas de los periódicos nacionales.
Se nos ha ido Gabriel y nos ha visitado la tristeza.
La presunta asesina ha sido una mujer dominicana. El origen y el color de su piel morenita dan igual, podría haber sido de cualquier lugar y su piel de cualquier color. Por desgracia estas cosas suceden con frecuencia en todos los lugares y muy cerca de nosotros. No aprovechemos la ocasión para mostrar la intransigencia que llevamos dentro hacia los inmigrantes. Ni reaccionemos desde las vísceras en lugar de usar la cabeza y la sensatez. Los reclamos de pena de muerte y cadena perpetua que están multiplicándose en las redes sociales y para lo que, incluso, se están recogiendo firmas nos retrotraen a periodos oscuros de nuestra historia. La pena de muerte es algo inhumano y degradante para quien la aprueba y más para quien la ejecuta. En momentos así, seamos cuerdos y vayamos más bien a las causas que generan estas atrocidades. Esas causas no se arreglan con la pena de muerte ni con la cadena perpetua. Da grima ver las reacciones viscerales que esto está produciendo más allá de las reflexión que estas situaciones han de invitarnos a realizar.
Ha sido una barbarie sin nombre; es verdad. Requiere que la justicia actúe con contundencia, cierto. Pero de ahí a volver a periodos negros de la historia y a quema de brujas va un largo trecho al que no podemos volver a retroceder por nuestra higiene humana. Se impone la cordura y dejar que la justicia actúe.
Lo que sí es un desafío es conocer por qué estamos llegando a estas situaciones, los de fuera y los de aquí. Yo tengo mi propia teoría que no todos compartirán: ¡Hemos perdido muchos valores¡ Estamos en caída libre en cuanto a valores se refiere. Quisimos apartar a Dios del centro de nuestras vidas porque era más cómodo vivir al margen de Él, a nuestro aire, sin sus propuestas y leyes y lo hemos desterrado de la familia, de la casa y de sociedad presumiendo de laicista. Y así estamos como estamos.
Lo que importa es conseguir dinero rápido, pasarlo bien y disponer de autoridad y mando para conseguir nuestros fines. Y los valores evangélicos de servicio, amor y respeto a la vida los hemos dejado aparcados para mejor ocasión. El aborto es un derecho y no una calamidad y la vida se ve tan poco valorada que puedo decir, porque tengo derecho, que “yo con mi cuerpo hago lo que quiero”. De aquí a hacer con el cuerpo del otro lo que quiero solo nos separa un adjetivo posesivo.
Ojalá me equivoque pero si no ponemos medios en la educación de los niños, en la familia y en la escuela, como transmisora de valores no solo de contenidos, nuestro futuro se verá salpicado por muchos más pescaítos.
No seamos ciegos a la situación que nos rodea. Que la presunta asesina sea inmigrante o de color no es significativo. Eso mismo lo hemos visto aquí en España, hecho por españoles. Lo verdaderamente significativo y preocupante es cómo estamos desarmando a la sociedad de los valores fundamentales para crecer en humanidad.
No a la pena de muerte; no a la cadena perpetua; sí al rearme moral de la sociedad.
¿Qué es lo que estamos viendo en televisión estos días de manera machacona? Los divorcios constantes de los famosos, algunos alcanzando ya records, Operación Triunfo hasta en la sopa –pura evasión- y huidos a Bruselas y confrontación independentista hasta el hartazgo
Con toda esta mezcolanza ¿hacia dónde nos dirigimos? ¿Qué podemos esperar de un futuro inmediato?
Mi llanto y mi oración hoy por este ángel, que es Gabriel, el niño “pescaíto” y mi llanto también por esta sociedad aguada, de vuelo corto y miras materialistas que estamos construyendo. Mañana volveremos a llorar, no solo por Gabriel sino por nosotros mismos.


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