Teselas

Nunca el olvido

05.02.18 | 19:47. Archivado en Valores

Entre los amigos que he tenido a lo largo de mi vida figura uno especial. Compartí con él momentos muy gratos de mi juventud; estudiamos juntos y pasamos ratos muy agradables en un conjunto musical, llamado “Aleluya”, que entonces teníamos en el Seminario mercedario. Guitarras eléctricas, bajo, órgano y batería de la buena. Adrián era el organista del grupo pero si tenía que tocar la batería también lo hacía con gracia y yo era el solista. Bordábamos las canciones de Los Beatles y llegamos a interpretar el “Superstar” de Camilo Sesto con gran profesionalidad. Aquellos años setenta de las utopías y los sueños de un mundo mejor. Adríán era un hombre bueno de verdad. Tenía un vocación de servicio y altruismo innegable, por eso todos pensábamos que llegaría sin duda, a ser sacerdote mercedario. Un triste día nos dejó a todos sorprendidos cuando, en pleno noviciado ya, nos dijo que se marchaba. “Busco, nos dijo, más acción. Yo necesito gastar más adrenalina”. Y se nos fue.

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