1. La raíz de la crisis de la Iglesia No parece que sea ninguna exageración afirmar que, en las últimas décadas, jamás se había hablado tanto de crisis de la religión y, más en concreto, de crisis en la Iglesia. Pero, en un asunto tan delicado y tan grave como éste, no basta con lamentarse de escándalos y del daño que hacen quienes los cometen. Por supuesto, es importante saber lo que pasa, si es que queremos de verdad ponerle remedio y atajar el mal. Pero, si nos limitamos a eso, el mal no se ataja. Lo que importa de verdad es ir derechamente a la raíz de la crisis. ¿Dónde está el fondo del problema?
El cardenal Sistach, arzobispo de Barcelona, ha dado orden a su obispo auxiliar que le comunique al párroco de Sant Medir la prohibición de que el teólogo Juan José Tamayo no puede pronunciar una conferencia en la mencionada parroquia. El cardenal no ha dado - al menos que se sepa - explicaciones de la decisión que ha tomado, ni ha justificado su prohibición. Ni, por supuesto, se ha molestado en comunicárselo, él mismo, al párroco con el que le une una amistad de bastantes años.
El comunicado de ETA anunciando el fin de la violencia armada está poniendo en evidencia lo que cada cual lleva en su corazón. Es verdad que el comunicado no es claro en algunas cuestiones fundamentales. Es explicable, por eso, que haya quien se hace preguntas a las que no encuentra respuesta. Pero lo que no puedo entender es que haya personas que van a misa, quizá con devoción, y al mismo tiempo no son capaces de perdonar hasta el fondo y con todas sus consecuencias. Porque las palabras del Evangelio están muy claras: “Si yendo a presentar tu ofrenda al altar, te acuerdas allí de que tu hermano tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí, ante el altar, y vete primero a reconciliarte con tu hermano; vuelve entonces y presenta tu ofrenda” (Mt 5, 23-24).
Después de un curso sobrecargado de no pocas cosas, necesito un tiempo de más tranquilidad, sosiego y reflexión. Retomaré la tarea del blog más adelante. A cuantos se interesan por los contenidos de este portal, les deseo un feliz descanso.
Con un saludo cordial
El pasado 13 de mayo la Universidad de Granada celebró un acto de investidura en el que se concedió el doctorado “honoris causa al profesor José María Castillo. Se trataba del primer doctorado que una universidad estatal concedía a un teólogo español. Este es el video de la ceremonia y de los discursos oficiales
Ante todo, pido disculpas por el silencio de los seis últimos días. He estado en Italia presentando un libro mío que han editado en italiano. Se trata de "La ética de Cristo", publicado por le Edit. Citadella, de Asís. Han sido días de mucho trabajo, viajes, etc. No he podido escribir. Perdón por mi silencio.
Cada día que pasa, se hace más difícil la fe. Y cada día que pasa, hay más gente que anda hecha un lío con esto de la fe. Por eso, me parece que vendrá bien ir poniendo algo de orden en lo que pensamos y sentimos sobre este lío y este embrollo de cosas.
Hace unos días, hablaba yo de "los que tienen fe según los evangelios": paganos, samaritanos, publicanos, prostitutas.... Pues bien, hoy hablamos de los que no tenían fe o la tenían tan deficiente, que no era en modo alguno una fe sólida y firme en Jesús.
Aclaro tres cosas, que ya han aparecido en los comentarios:
El tema de la fe nos ha llevado al tema de Dios. Y, dado que no es posible entender el uno sin entender el otro, me ha parecido conveniente decir algo - cuanto antes - sobre el problema de Dios. Para que así podamos comp'render mejor el problema de la fe. No intento convencer a nadie. Simplemente pretendo informar de datos que, a mi juicio, es conveniente conocer. Porque se trata de datos que, con frecuencia, no se tienen en cuenta. Y pienso que son datos de enorme importancia.
Según el Diccionario de la RAE, la fe es "la primera de las virtudes teologales: luz y conocimiento sobrenatural con que un ser se cree lo que Dios dice y la Iglesia propone". En este sentido, tener fe es aceptar una serie de verdades. Es, por tanto, esencialmente un acto intelectual. Pero, cuando hablamos de la fe, no nos referimos sólo a eso. Porque tener "fe en alguien" es "fiarse" de esa persona. Es, por eso, "confiar" y "ser fiel" (tener "fidelidad") hacia aquél en quien confiamos o en quien tenemos depositada nuestra fe. En este segundo signidicado, la fe ya no es esencialmente un "acto intelectual", sino una "experiencia", que nos lleva a fiarnos y a ser fieles, no ya sólo a lo que "dijo" el Señor Jesús, sino, antes que eso, a la "persona" misma del Señor Jesús. O sea, la fe cristiana, antes que fidelidad a las "verdades" que enseñó el Señor, es fidelidad a la "vida" que llevó el Señor.
En esto de la religión y de las creencias, las cosas se han puesto de tal manera que, si todo este asunto se piensa detenidamente, pronto se tiene la sospecha (la fundada sospecha) de que hay gentes que se ven a sí mismos como agnósticos, heréticos o ateos, y que sin embargo lo más razonable es pensar que tienen fe, que (sin saberlo ellos) creen en Dios, buscan a Dios, son creyentes. De la misma manera que, en el extremo opuesto, también hay personas (quizá más de las que imaginamos) que se ven a sí mismas como creyentes y, sin embargo, seguramente no lo son.
Miércoles, 22 de mayo
José Mª Castillo
Manuel Mandianes
Religión Digital
Asoc. Humanismo sin Credos
Josemari Lorenzo Amelibia
JC Rodríguez, A Eisman
El Pórtico
Francisco Margallo
FEREDE
Juan Jáuregui Castelo
Sor Gemma Morató